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Antiguo 09/03/2008, 14:00   #16
arcilla{MJ57}
 
Rol: sumiso
Sexo: Mujer
Ubicación: Alicante
Fecha de Ingreso: Jun 2006
Mensajes: 1.936
Predeterminado Iniciando el segundo capítulo... en la mazmorra (1ª Parte)

Por la mañana... me levanté procurando hacer el menor ruido posible... y después de una ducha... me vestí en silencio... besé a mi Amo... lo justo para que supiera que me marchaba... pero para que no se despertara del todo... y me fui a trabajar.

La mañana fue de perros... y nunca mejor dicho... pero no porque ese día tuviera auditoría interna... que me hizo salir más tarde... sino porque estaba impaciente... por regresar al lado de mi Amo.

Cuando llegué al Hotel... mi Amo ya estaba listo para que nos fuéramos... ya que había reservado mesa para comer en Torrevieja.

Así que... sin darme tiempo a cambiarme de ropa... cogí la bolsa con los juguetes... el portaplanos donde llevo todas las fustas... el traje de colegiala que tanto le había gustado a mi Amo... y nos marchamos.

El regalo de “aniversario” de mi Amo... era el alquiler de una mazmorra en dicha ciudad... algo que a mí me emocionaba por un lado... y me asustaba por otro... así que evitaba hablar de ella.

El restaurante elegido... era espectacular... en primera línea de playa... simula una corbeta de tres palos... con varios cañones por banda... castilletes de proa y de popa... sillas de madera maciza talladas... luces de mampara... brújulas... timones... cabos... redes... cavillas... mástiles... cartas de navegación... ojos de buey... bodega... mascarón de proa... cartas de navegación... y dibujos del puerto de Torrevieja... en los albores del siglo XX.

Finalizábamos la comida... cuando mi Amo empezó a hablar de la mazmorra... y de todo lo que me iba a hacer allí... y los nervios... empezaron a hacer mella en mí... amenazando con cerrarme el estómago.

Para los cafés... nos dirigimos a la barra... único lugar en el que se podía fumar.

Junto con su café y mi infusión... mi Amo pidió un vaso con hielo.

Las mesas... aunque sin puertas... estaban separadas... formando una especie de reservados... y a pesar de su proximidad a la barra... si mi Amo se ponía delante mía... nadie podía verme.

Es lo que hizo... para meter... dos hielos en mi sujetador... uno en cada copa... a la altura de los pezones... y mientras me besaba... los apretaba... para que sintiera aún más el frío.

Antes de sentarse... pasó otro hielo por mi espalda... por mi cintura... antes de meterlo en la braguita... justo a la altura del clítoris.

Yo llevaba vaqueros... así que... ya podéis imaginar... que al deshacerse el hielo... la imagen era... de que me había hecho pis encima... lo que divertía enormemente a mi Amo.

Yo recurrí al viejo truco de... no mirar a nadie... no fijarme en nadie... para no ser consciente... minimizando así... la sensación de vergüenza.

De todas formas... el saber que era agua... también era una baza a mi favor... ya que... en el fondo... me da igual lo que piense la gente... mientras yo sepa que no es verdad.

Mientras esperábamos la llegada de la dueña de la mazmorra... mi Amo atendía una llamada de trabajo.

Yo le miraba... con una mano en el bolsillo... y la otra al teléfono... paseando arriba y abajo... y aunque no entendía de que hablaba... me llegaba su tono de voz... su firmeza... su mente ágil... y me sentía orgullosa de Él.

Apenas veinte minutos más tarde... llegó la dueña de la mazmorra... que nos llevó... echando lexes... hasta la misma.

Un rápido recorrido por la mazmorra... un par de instrucciones... abonar el alquiler... y nos dejó solos.

Es curioso... como el ambiente... puede influirte.

Durante un año... cuando mi Amo ha pagado el Hotel... me ha parecido lo más normal del mundo... sin embargo... al pagar el alquiler de la mazmorra... me sentía... como si estuviera pagando... por usarme.

Encima... nada más quedarnos solos... mi Amo se desnudó... y me ordenó hacer lo mismo... dejándome puestas solo las bragas y el sujetador... añadiendo que... “estaba impaciente por empezar”.

Aunque muchas veces... me ha llamado “su puta”... era la primera vez... que yo me sentía como tal.

Al colocarme delante de la Cruz de San Andrés... me percaté de que no era como las otras... a las que alguna vez me había atado.

La de esta mazmorra... tenía las aspas más separadas... como para atar a alguien con un tamaño superior al mío... lo que me hacía estar en una posición... mucho más forzada.

Después de atarme... mi Amo se alejó de mí... le oí coger algo... no sabía el qué... pero no debía ser nada de lo que llevábamos... puesto que no había escuchado el ruido del portaplanos al abrirlo.

Y de repente... zasssssssssssssssssss... no supe por donde me había llegado el azote... ni qué me lo había producido... sólo sentí el costado arder... como si me hubieran abierto la carne.

Sé que grité... no sé el qué... pero grité... como nunca había gritado.

Por más que lo intento... no recuerdo que gritaba.

Lo que sí recuerdo... es que me agitaba en la Cruz de San Andrés... lo poco que podía moverme... pero lo hacía con fuerza... sin parar... y que lloraba... lloraba desesperadamente... mientras mi mente... por unos segundos... se trasladó a los campos de algodón... y me acordé de la serie “Raices”... y de Kunta Kinte... y pensé que... yo hubiera dicho Toby al segundo latigazo... y eso que aún no sabía... que el azote... provenía de un látigo.

Para mi gusto... mi Amo tardó en acercarse... más de lo debido... o quizás es que yo recuerdo esa escena... como a cámara lenta... no sé... porque no lo oí acercarse.

- No puede dolerte tanto, mi perrita, ni siquiera tienes marca,- me dijo acariciándome el pelo
- Tengo que tenerla fijo... aquí... en el lado... que es donde más me duele

Los dos dirigimos la vista al costado... y efectivamente... allí estaba la marca... parecida a la que me deja la fusta... un poco más ancha quizás... más roja... más profunda... y terriblemente... más dolorosa.

La cercanía de mi Amo... sentirlo pegado a mí... recorriéndome con sus caricias... la excitación de su miembro al rozar mi culo... me relajó un poco... pero sólo lo suficiente... como para que dejara de agitarme en la Cruz.

Dejé de llorar... en el momento en que... estirándome del pelo... echó mi cabeza hacia atrás... para preguntarme... mientras me besaba... ¿qué eres????... tu perra... le contesté como siempre... pero sin apenas voz.

¿Y qué puedo hacer contigo?... silencio... dudé... empecé a temblar sin control... “lo que quieras”... respondí al fin... y giré de nuevo la cabeza hacia delante... colocándome lo mejor que pude... para que siguiera haciendo conmigo... lo que quisiera.

Reconozco varias cosas... 1º que si le hubiera dicho que paráramos y nos fuéramos... así habría sido... 2º que si me hubiera dado un segundo latigazo... se lo hubiera pedido... 3º que si en vez de estar atada... hubiera estado suelta... como otras veces... posiblemente... me hubiera quedado encogida en el suelo... y no hubiera podido continuar... 4º que dudé... por un breve instante... dudé... 5º que a pesar del dolor, de las lágrimas y los temblores... que no podía controlar... confiaba en Él... y que por eso... volví a colocarme.

No volvió a coger el látigo... pero siguió azotándome... con todo lo que había por allí.

No hice el más mínimo intento de mirar... sentí en mi espalda sudorosa... algo áspero... como con nudos... posiblemente... otra variedad de látigo.

Bajó mis bragas... y con algo plano... y ancho... azotó mi culo... y un flogger... y dejé de intentar identificar... con qué me azotaba.

No podía evitar... que las lágrimas... silenciosas... siguieran rodando por mis mejillas... pero trataba de ocultarlas... escondiendo la cabeza detrás de un brazo.

De vez en cuando... mi Amo se acercaba por detrás... me echaba la cabeza hacia atrás... tirándome del pelo... me besaba... y seguía azotándome... o bien tocaba mi sexo... que con su contacto... no tardaba en humedecerse.

Para mí... era vergonzoso... e incomprensible... que con todo el dolor que tenía encima... y no siendo masoquista... mi cuerpo reaccionara... con tanta excitación... apenas me tocaba un poco el coño... o si metía un dedo dentro.

Cuando me soltó de la Cruz... masajeó mis muñecas y tobillos un rato... antes de permitir que me sentara en el sofá... y que me fumara un cigarro.

Al notar que aún temblaba... se sentó a mi lado... y me abrazó... permitiendo que diera rienda suelta... de nuevo al llanto.

Ya más tranquila... me ordenó ponerme el conjunto de colegiala... pero sin los zapatos.

Esta vez... al estar los dos solos... pude disfrutarlo más... pues saber que le gustaba tanto... me hacía sentir más segura... y eso era algo... que necesitaba en esos momentos: confianza en mí.

Con mis respetos,

arcilla
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