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hazlo sano... hazlo seguro... hazlo consensuado |
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| Charlas Todo menos sexo. Este es el lugar para conversar sobre todo aquello ajeno al sexo. Lugar de reunión para confraternizar. |
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| | #11 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Ubicación: Barcelona Fecha de Ingreso: Jul 2006
Mensajes: 411
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Una descripción magnífica para un "viaje" tremendo que realizamos, la mayoría de nosotros, incluso, con demasiada asiduidad. Mi Señor, mi Amor, esta lectura es para tenerla presente. Esas "certezas engañosas" que nos dejan atrapados en la sima son potentes armas de destrucción pero con ésa consideración final: Sin embargo, es tan seguro, en la mayoría de los casos, que sólo nos pasa a nosotros, que estamos solos en esto, que un bizarro habitante de esta sima anegada podría, si quisiera, caminando un corto trecho, salir del cenagal, siempre subiendo, en dirección a la luz, hasta que se deshagan las penumbras, a retazos, soplando en su nuca, arriba, hasta contemplar el espectáculo, el que estaba sobre nuestras cabezas sin saberlo consigues reflejar la quintaesencia de la esperanza. Lo que, a mi entender, proporciona al texto una visión realista, sana y pertinente a la situación en él planteada. Como siempre, convencida y orgullosa de ello, estoy a Tus pies. ambar{Ea} Guardada en y por Tí PD. khadija{Yxo} gracias por abrazarme, me encanta. Te envío un beso muy cariñoso |
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| | #12 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Ubicación: cerca de mi Mediterráneo Fecha de Ingreso: Jul 2006
Mensajes: 645
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Conrado no tiene sueño. Hace tiempo que sufre de insomnio y que no pega ojo, a no ser dando alguna cabezada apoyado en la barra de su taberna, donde subsiste a base de tragos y conversaciones ajenas. Acostado se ahoga. No quiere acabar así. -Vale, poco que decir y mucho que escuchar; la vida tiene mucho de esta guisa, aunque se suela decir lo contrario-. Ha bajado la persiana metálica hasta la mitad y ha apagado casi todas las luces. Sólo ha dejado la luz que ilumina el viejo tocadiscos. Dentro de un rato pondrá un vinilo sobado de Mamá Rainey, como suele hacer después de dejarse enredar en la trampa de los recuerdos. El sonido ondulado y cálido de los takes lo calma. Es la primera grabación de voz humana que uno pueda escuchar. Por algún motivo, ese pensamiento lo consuela y hasta encenderá un ducados para, seguidamente, abandonarlo, con desaliento, en la soledad del cenicero. Echa un vistazo hacia la sala esforzándose para ver a pesar de la forzada penumbra. La pareja sigue ahí. Ninguno se va a su casa, esculpidos en la misma silla. Tal vez también desconfían de sus propias pesadillas. He y She (los llamaremos así hasta que sepamos sus verdaderos nombres) continúan hablando en susurros. Conrado casi no los oye, con los ojos semicerrados. No hay nadie más, el resto del bar está desierto. Parecen esperar a alguien. --¿Cuánto hace que nos conocemos?— está preguntando She. --Tanto como la suma de los años que tenemos entre los dos—contesta He. -- No puede ser, no tiene sentido. -- Sí, porque los años que hemos vivido juntos son los tuyos y los míos. Son dos tiempos distintos, por eso hay que sumarlos. -- Es extraño lo que dices. Por esta regla de tres, el tiempo de la humanidad sería el total de todos los años que las personas han cumplido, desde la primera hasta la última, desde Adán hasta el nene que acaba de nacer hace un instante. -- Sí, algo parecido. Aunque acaso haya habido dos fulanos alguna vez para las que una parte de su tiempo coincidiera. -- Si hubiera sido de este modo, en ese preciso momento el universo se habría doblado sobre sí mismo. -- Así es. Te cuesta pillarlo, pero al final lo consigues. Por eso te aguanto todavía. -- Quieres decir que por eso me quieres. -- Quiero decir lo que he dicho. -- Comprendo. Sólo estás aquí sin irte a la cama porque soy un buen añadido para el disparate que destilas. Algo así como una referencia cualificada. -- …/... “bonita pareja”, concluye Conrado en la maraña de su duervemela. .../... Nota: La segunda parte de la historia es más complicada y me llevará algún tiempo pulirla. ¿Debe reflexionar 'mesié' Conrado sobre sus correrías de juventud? ¿Es más interesante su vida que la de sus accidentales clientes? ¿Está a la altura de un héroe atormentado? Fausto no acaba de tenerlo del todo claro. Promete releerlo y decirme algo. ElaNgel . |
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| | #13 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Ubicación: cerca de mi Mediterráneo Fecha de Ingreso: Jul 2006
Mensajes: 645
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A los hombres siempre les han gustado los uniformes. A las mujeres, por lo que he podido comprobar, también. Así que no es de extrañar que a Fausto y a mí nos excitaran, sobre todo, los que llevaban las chicas de las monjas. Sinceramente, me siento incapaz de dilucidar si fueron pensados con ese fin, o, como sería más razonable, para justo lo contrario. Es decir, para evitar que nuestros prematuros ardores se despertaran de forma inconveniente. Si esa fue la intención, con nosotros fracasaron estrepitosamente. Nos complacía verlas bajar en grupos, a menudo alborotados, por las calles que descendían al centro del pueblo. También nos gustaban, y cómo, las ocasionales gacelas solitarias, las que, sintiéndose, quizá, desprotegidas fuera del calor del grupo, corrían a encerrarse en sus casas para, ¡qué lástima!, cambiarse de ropa. Gran parte de nuestro interés se desvanecería cuando volvieran a salir, unas y otras, las solitarias y las que iban en grupos, con los anodinos y corrientes vestidos de paseo. Jamás tuvimos la oportunidad de llegar a tocar una de aquellas solapas blancas de celuloide. Cuando tuvimos acceso a alguno de los preciados cuellos que con tanta crueldad debían ahogar o incluso herir, o ya habían sido eliminados o, simplemente, no los llevaban. Las chicas los odiaban, sin duda. ¿Cuál era su tacto y textura? No pudimos averiguarlo. Conocíamos el sonido que hacían al golpearlos, un clac-clac desafortunado, todo hay que reconocerlo, pero que podía pasar por un reclamo ritual. Algunas lo practicaban, tamborileando con su uñas en sugerente redoble. Nuestro inofensivo fetichismo se veía, entonces, reforzado. ¿Y el resto del uniforme? De una tela ciánica y áspera (ahí sí pudimos hacer algunos avances, un roce casual, una palmada disfrazada de compañerismo) que trataba de disimular los cuerpos y mitigar las formas. Pero no se puede ocultar el movimiento, la gracia de las corzas saltando, los músculos restallando como látigos de carne y nervio. Por el contrario, la rigidez del hábito brindaba el marco para los gestos animales, gacelas, ciervas, lobas o panteras, toda una sinfonía de elasticidades. Las ropas, así concebidas, no se ceñían al cuerpo, pero eso mismo hacía que transmitieran y amplificaran posturas y giros. El peto armado de ballestas, o al menos acartonado —no quisiera exagerar—, podía aplastar el pecho pero no anular las cinturas. Las caderas se perdían bajo las faldas entabladas; sin embargo, esos mismos fuelles, traicionando su propósito, multiplicaban el poder de unos pasos vigorosos o una forma de cruzar las piernas, todavía infantil aunque ya decidida. Todo el conjunto estaba destinado, desde las blusas abotonadas por la espalda hasta las líneas verticales de las faldas, a llevar la mirada hasta las rodillas, un gran centro de atención como más tarde nos enseñaría Rohmer en “Le genou de Claire”. Nosotros ya lo habíamos descubierto. Medias ocres, calcetines marrones o verdes y zapatos negros, sin interés. Pero los pies...Oh, ¡esos maravillosos tesoros! Nota: Fausto insiste en que haga constar como fabulábamos arrancando uniformes con rudeza o, todo lo contrario, desvistiendo con delicada torpeza...¿Me pregunto si ellas se imaginaban, de la misma manera, como víctimas-protagonistas de tal situación? ElaNgel . |
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