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Antiguo 23/01/2008, 09:55   #51
 
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Prefiero los acrílicos, querido Sea_Lord. Los óleos brillen, o sean opacos, me saturaron al nivel mismo del olor, aun con su señorío adquirido tal como dice en el taller del maestro, durante tanto tiempo. Los acrílicos me resultan más austeros, limpios y directos. Los mezclo a partir de unos pocos colores elementales, en polvo, más el agua y el aglutinante. Nunca los compro fabricados. Me gusta crear mis materias, hacerlas con mis manos.

Gracias por su explicación sencilla sobre sus motivos. Le creo, como al gato, capaz de ensimismarse en el óvalo de un lunar por largo tiempo. Hay una frase que me gusta, dice no mires, observa. Siendo corta habla de dos actos tan hermanos y tan distintos, los cuales cambian, segun sea uno u otro, la forma incluso del pensamiento. Algo en el hiperrealismo me impide esa calma necesaria para la observancia, así que apelo a la subjetividad para no tener que reconocer tal vez una incapacidad o una simple deformación profesional, la misma que me proporciona en la forma, en el color, sin referencia al mundo conocido, o quizás tan sólo sugerido, una particular evasión.

Un beso.
Amapola_Blanca está desconectado   Responder Citando
Antiguo 26/01/2008, 00:35   #52
 
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Predeterminado

Cita:
Iniciado por Black&White Ver Mensaje
Normal que este muchacho halla tenido "una experiencia casi religiosa"...... Según la RAE, la escatología se refiere tanto a la caca como al más allá, a ultratumba más concretamente.

Un besito, hermana (de) casta.
Acabo de leerlo de la Academia por mí misma. Hermano, me pregunto si de tal definición se podría inferir la reducción por fin de ciertos asuntos trascendentales, preferidos de algunos humanos y congregaciones, a lo tan familiar y cotidiano, aliviando así sus metafíscos temores.

Un beso, casto.

Última edición por Amapola_Blanca; 26/01/2008 a las 00:38
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Antiguo 26/01/2008, 01:53   #53
 
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Predeterminado ...

Pues.. castos chicos, me preguntaba, a simple vista y sin pasar por la RAE, la acepción referida al "más allá", ¿no explicaría también aquello de "vete a la mier...!"?
Saludines y hasta lueguines..
Karla..
Karla está desconectado   Responder Citando
Antiguo 26/01/2008, 10:55   #54
 
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Predeterminado

Lo explicaría, sabia mujer.. empìezo a entender.
También, que una frase sea mucho más contundente y profunda que otra. Como "mecachis en la mar", por ejemplo, que no suena igual, ni trasciende lo mismo si sabes que, mecagü..enlamar, su versión mística, significa cuanto menos el anhelo de regreso a los orígenes.
Besines..

Última edición por Amapola_Blanca; 26/01/2008 a las 11:02
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Antiguo 26/01/2008, 16:03   #55
 
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Predeterminado Tecnologías

basura y género

Más acá de las fronteras nacionales, miles de fronteras de género, difusas y tentaculares, segmentan cada metro cuadrado del espacio que nos rodea. Allí donde la arquitectura parece simplemente ponerse al servicio de las necesidades naturales más básicas (dormir, comer, cagar, mear..) sus puertas y ventanas, sus muros y aberturas, regulando el acceso y la mirada, operan silenciosamente como la más discreta y efectiva de las "tecnologías de género."

Así, por ejemplo, los retretes públicos, instituciones burguesas generalizadas en las ciudades europeas a partir del siglo XIX, pensados primero como espacios de gestión de la basura corporal en los espacios urbanos, van a convertirse progresivamente en cabinas de vigilancia del género. No es casual que la nueva disciplina fecal impuesta por la naciente burguesía a finales del siglo XIX sea contemporánea del establecimiento de nuevos códigos conyugales y domésticos que exigen la redefinición espacial de los géneros y que serán cómplices de la normalización de la heterosexualidad y la patologización de la homosexualidad. En el siglo XX, los retretes se vuelven auténticas células públicas de inspección en las que se evalúa la adecuación de cada cuerpo con los códigos vigentes de la masculinidad y la feminidad.

En la puerta de cada retrete, como único signo, una interpelación de género: masculino o femenino, damas o caballeros, sombrero o pamela, bigote o florecilla, como si hubiera que entrar al baño a rehacerse el género más que ha deshacerse de la orina y de la mierda. No se nos pregunta si vamos a cagar o a mear, si tenemos o no diarrea, nadie se interesa ni por el color ni por la talla de la mierda. Lo único que importa es el GÉNERO.

Tomemos, por ejemplo, los baños del aeropuerto George Pompidou de Paris, sumidero de desechos orgánicos internacionales en medio de un circuito de flujos de globalización del capital. Entremos en los baños de señoras. Una ley no escrita autoriza a las visitantes casuales del retrete a inspeccionar el género de cada nuevo cuerpo que decide cruzar el umbral. Una pequeña multitud de mujeres femeninas, que a menudo comparten uno o varios espejos y lavamanos, actúan como inspectoras anónimas del género femenino controlando el acceso de los nuevos visitantes a varios compartimentos privados en cada uno de los cuales se esconde, entre decoro e inmundicia, un inodoro. Aquí, el control público de la feminidad heterosexual se ejerce primero mediante la mirada, y sólo en caso de duda mediante la palabra. Cualquier ambigüedad de género (pelo excesivamente corto, falta maquillaje, una pelusilla que sombrea en forma de bigote, paso demasiado afirmativo…) exigirá un interrogatorio del usuario potencial que se verá obligado a justificar la coherencia de su elección de retrete: "Eh, usted. Se ha equivocado de baño, los de caballeros están a la derecha." Un cúmulo de signos del género del otro baño exigirá irremediablemente el abandono del espacio mono-género so pena de sanción verbal o física. En último término, siempre es posible alertar a la autoridad pública (a menudo una representación masculina del gobierno estatal) para desalojar el cuerpo tránsfugo (poco importa que se trate de un hombre o de una mujer masculina).

Si, superando este examen del género, logramos acceder a una de las cabinas, nos encontraremos entonces en una habitación de 1x1,50 m2 que intenta reproducir en miniatura la privacidad de un váter doméstico. La feminidad se produce precisamente por la sustracción de toda función fisiológica de la mirada pública. Sin embargo, la cabina proporciona una privacidad únicamente visual. Es así como la domesticidad extiende sus tentáculos y penetra el espacio público. Como hace notar Judith Halberstam "el baño es una representación, o una parodia, del orden doméstico fuera de la casa, en el mundo exterior".

Cada cuerpo encerrado en una cápsula evacuatoria de paredes opacas que lo protegen de mostrar su cuerpo en desnudez, de exponer a la vista pública la forma y el color de sus deyecciones, comparte sin embargo el sonido de los chorros de lluvia dorada y el olor de las mierdas que se deslizan en los sanitarios contiguos. Libre. Ocupado. Una vez cerrada la puerta, un inodoro blanco de entre 40 y 50 centímetros de alto, como si se tratara de un taburete de cerámica perforado que conecta nuestro cuerpo defecante a una invisible cloaca universal (en la que se mezclan los desechos de señoras y caballeros), nos invita a sentarnos tanto para cagar como para mear. El váter femenino reúne así dos funciones diferenciadas tanto por su consistencia (sólido/líquido), como por su punto anatómico de evacuación (conducto urinario/ano), bajo una misma postura y un mismo gesto: femenino=sentado. Al salir de la cabina reservada a la excreción, el espejo, reverberación del ojo público, invita al retoque de la imagen femenina bajo la mirada reguladora de otras mujeres.

Crucemos el pasillo y vayamos ahora al baño de caballeros. Clavados a la pared, a una altura de entre 80 y 90 centímetros del suelo, uno o varios urinarios se agrupan en un espacio, a menudo destinado igualmente a los lavabos, accesible a la mirada pública. Dentro de este espacio, una pieza cerrada, separada categóricamente de la mirada pública por una puerta con cerrojo, da acceso a un inodoro semejante al que amuebla los baños de señoras. A partir de principios del siglo XX, la única ley arquitectónica común a toda construcción de baños de caballeros es esta separación de funciones: mear-de pie-urinario/cagar-sentado-inodoro. Dicho de otro modo, la producción eficaz de la masculinidad heterosexual depende de la separación imperativa de genitalidad y analidad. Podríamos pensar que la arquitectura construye barreras cuasi naturales respondiendo a una diferencia esencial de funciones entre hombres y mujeres. En realidad, la arquitectura funciona como una verdadera prótesis de género que produce y fija las diferencias entre tales funciones biológicas. El urinario, como una protuberancia arquitectónica que crece desde la pared y se ajusta al cuerpo, actúa como una prótesis de la masculinidad facilitando la postura vertical para mear sin recibir salpicaduras. Mear de pie públicamente es una de las performances constitutivas de la masculinidad heterosexual moderna. De este modo, el discreto urinario no es tanto un instrumento de higiene como una tecnología de género que participa a la producción de la masculinidad en el espacio público. Por ello, los urinarios no están enclaustrados en cabinas opacas, sino en espacios abiertos a la mirada colectiva, puesto que mear-de-pie-entre-tíos es una actividad cultural que genera vínculos de sociabilidad compartidos por todos aquellos, que al hacerlo públicamente, son reconocidos como hombres.

Dos lógicas opuestas dominan los baños de señoras y caballeros. Mientras el baño de señoras es la reproducción de un espacio doméstico en medio delespacio público, los baños de caballeros son un pliegue del espacio público en el que se intensifican las leyes de visibilidad y posición erecta que tradicionalmente definían el espacio público como espacio de masculinidad.

Mientras el baño de señoras opera como un mini-panópticon en el que las mujeres vigilan colectivamente su grado de feminidad heterosexual en el que
todo avance sexual resulta una agresión masculina, el baño de caballeros
aparece como un terreno propicio para la experimentación sexual. En nuestro paisaje urbano, el baño de caballeros, resto cuasi-arqueológico de una época
de masculinismo mítico en el que el espacio público era privilegio de los hombres, resulta ser, junto con los clubes automovilísticos, deportivos o de caza, y ciertos burdeles, uno de los reductos públicos en el que los hombres pueden librarse a juegos de complicidad sexual bajo la apariencia de rituales de masculinidad.

Pero precisamente porque los baños son escenarios normativos de producción
de la masculinidad, pueden funcionar también como un teatro de ansiedad
heterosexual. En este contexto, la división espacial de funciones genitales y
anales protege contra una posible tentación homosexual, o más bien la condena al ámbito de la privacidad. A diferencia del urinario, en los baños de caballeros, el inodoro, símbolo de feminidad abjecta/sentada, preserva los momentos de defecación de sólidos (momentos de apertura anal) de la mirada pública. Como sugiere Lee Edelman, el ano masculino, orificio potencialmente abierto a la penetración, debe abrirse solamente en espacios cerrados y protegidos de la mirada de otros hombres, porque de otro modo podría suscitar una invitación homosexual.

No vamos a los baños a evacuar sino a hacer nuestras necesidades de género.

No vamos a mear sino a reafirmar los códigos de la masculinidad y la feminidad
en el espacio público. Por eso, escapar al régimen de género de los baños
públicos es desafiar la segregación sexual que la moderna arquitectura urinaria
nos impone desde hace al menos dos siglos,: público/privado, visible/invisible,
decente/obsceno, hombre/mujer, pene/vagina, de-pie/sentado, ocupado/libre…

Una arquitectura que fabrica los géneros mientras, bajo pretexto de higiene
pública, dice ocuparse simplemente de la gestión de nuestras basuras
orgánicas. BASURA>GÉNERO. Infalible economía productiva que transforma la
basura en género. No nos engañemos: en la máquina capital-heterosexual no se desperdicia nada. Al contrario, cada momento de expulsión de un desecho
orgánico sirve como ocasión para reproducir el género. Las inofensivas
máquinas que comen nuestra mierda son en realidad normativas prótesis de
género.



Beatriz Preciado Filósofa e Investigadora

Última edición por Amapola_Blanca; 26/01/2008 a las 16:06
Amapola_Blanca está desconectado   Responder Citando
Antiguo 26/01/2008, 21:21   #56
 
Rol: sumiso
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Predeterminado ...

Egullir-Expulsar
Otra mirada..

"Consumir, masticar, tragar, digerir, devorar... En este mundo todo lo que entra sale, todo lo que es deseable también es detestable, todo lo que se digiere se expulsa... El psicoanálisis habla de una naturaleza humana sublime, de que todo lo que se percibe como un manjar puede terminar convirtiéndose en puro excremento, todo lo que parece bello puede transformarse en un balde de basura. Todo deseo de un objeto, toda fantasía alrededor de él, puede, por un sólo y simple cambio de perspectiva, transformarse en algo ominoso. Ahora que cada uno de nosotros muestra ante las cámaras y en los sitios de Internet sus pasiones, sus fantasías y odios, también se debe estar dispuesto a recibir lo que expulsan los demás. Dando y recibiendo. Soltando y recogiendo. Así se construye el mundo excremental de hoy, en el que lo único que ya no podemos controlar es el exceso. Por más reciclaje y ecologismo, por más cotorra sobre la sostenibilidad y el bla, bla, bla, lo que resulta imposible administrar hoy es la porción de tantos residuos tóxicos, el más peligroso de ellos el ser humano, por supuesto. No es hora de retener nada, mueve tus tripas."

Fuente: aquí

Hasta la próxima,
Karla..

Última edición por Karla; 26/01/2008 a las 21:24
Karla está desconectado   Responder Citando
Antiguo 02/02/2008, 22:53   #57
 
Rol: sumiso
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Fecha de Ingreso: Jan 2007
Mensajes: 717
Predeterminado Políticas

.. de esclava a esclava

" Al parecer, sólo el lesbianismo rechaza, por lo menos ideológicamente, cualquier asociación entre erotismo y violencia. En la práctica (...) no hay ningún movimiento lesbiano que asuma la parafernalia sadomasoquista ni su estética. Por el contrario, se han caracterizado por rechazar cualquier escenificación que ponga en juego ese imaginario y lo han denunciado como patriarcal y fascistoide. Creo que las razones de esta actitud hay que buscarlas en una concepción diferente del amor que preconiza el lesbianismo, según la cual la sexualidad es una manifestación de la persona, y no un aspecto hipertrofiado y separado."

CPR

***

En el campo de concentración
de La sala de música o ergástula
La fria. impasible profesora de guitarra
(Ama rígida y altiva)
tensa en Su falda el instrumento:
mesa los cabellos
alza la falda
dirige La quinta de su mano
hacia el sexo insonoro y núbil
de La Alumna
descubierto como la tapa de un piano

Ejecuta la antigua partitura
sin pasión
sin piedad
con la fría precisión
de los roles patriarcales.
Así sueñan los hombres a las mujeres.
Así nace el fascismo

Cristina Peri Rossi Las musas inquietantes 1999
***

(Karla, te agradezco el aporte. Para ventilar ahora, cambio de tercio.. y tiro porque me toca. Y me cubro por si me dan.
Un abrazo y un beso)

fotos: Nan Goldin
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Amapola_Blanca está desconectado   Responder Citando
Antiguo 03/02/2008, 02:18   #58
 
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Mensajes: 1.359
Predeterminado

Efectivamente el tema éste de que los hombres no sólo meen de pie sino que meen donde les sale de la punta de la polla: en la pared, en el suelo, en la taza, fuera de ella, es un tema que preocupa a mujeres de todo ámbito: novias, esposas, filósofas, investigadoras.... y es que no es para menos !

Va tomando, Amapola, un talante el hilo que entran ganas de exponer.....
Black&White está desconectado   Responder Citando
Antiguo 03/02/2008, 04:33   #59
 
Rol: sumiso
Sexo: Mujer
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Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 1.882
Predeterminado ...

Hola.. Amapoli..
Hola a todos..
Hablando de mujeres..

Grete Stern (1904-1999)

En 1948 –pleno peronismo–, la revista femenina Idilio embarcó a un sociólogo (Gino Germani), un editor (Enrique Butelman) y una fotógrafa (Grete Stern) en un proyecto insólito: las lectoras eran invitadas a enviar relatos de sueños a una sección llamada “El psicoanálisis te ayudará”, donde se los interpretaba y ponía en escena en forma de fotomontajes.

I
“Cada chiste es una pequeña revolución”, escribió George Orwell en un ensayo sobre el humor político de 1945. Un concepto probablemente basado en el principio freudiano de que una buena broma nos permite rebelarnos contra la autoridad y, así, liberarnos. Se ve que las ideas estaban en el aire y que Grete Stern tenía humor a baldes. Además venía de Europa, y tenía una noción propia de cómo la mujer debía abrirse camino en la vida: cuando llegó a la Argentina llevaba el pelo corto, vestía pantalones y caminaba por Ramos Mejía con el pucho apretado entre los labios, de lo más campante, soportando que las vecinas susurraran a sus hijas que las mujeres así, indefectiblemente, terminaban mal.
Stern había nacido en Wuppertal-Eberfeld, Renania, zona industrial del noroeste de Alemania, en 1904. Aprendió diseño y diagramación en Stuttgart, pero al tiempo se fue a Berlín a estudiar fotografía. Allí conoció a Walter Peterhans, que dictaba clases en la Bauhaus y de quien fue alumna durante unos años. Peterhans fue quien le recomendó una Linhof, la máquina que Stern utilizaría toda su vida. Con Ellen Auerbach abrieron el estudio Foto ringl + pit, que recuperaba sus apodos de chicas: Stern, ringl; Auerbach, pit. En un texto sobre la representación de la mujer en la publicidad alemana entre 1929-33, Maud Lavin demuestra que mientras la gráfica tradicional fomentaba la imagen de la mujer como un maniquí de escaparate, la dupla ringl + pit usaba el humor para poner en evidencia la artificialidad de todo eso. Con semejantes ideas, era de esperar que -aunque respetado por sus pares– el dúo tuviera un éxito comercial limitado.
Stern huyó a Londres con el avance del nazismo y en 1935 emigró a la Argentina, donde instaló un estudio fotográfico con su marido Horacio Cóppola, al que había conocido en los talleres de Peterhans. Dos cosas le llamaron la atención ni bien llegó a Buenos Aires: que un edificio de dos pisos estuviera al lado de uno de cinco y de otro de tres, y que los obreros de las construcciones comieran asado todos los días.

II
“Me veo vestida con mi delantal de trabajo, haciendo equilibrio sobre una chimenea alta y ladeada, siempre al borde de caerme. De repente pierdo un zapato y tras él cae mi plumero dando giros como un trompo. Entonces, insegura, comienzo a tambalearme de un lado a otro, y, de golpe, me despierto. Y ahí estoy, en mi cuchitril de siempre, aterrada, pensando que si cierro los ojos nuevamente tal vez termine estrellada contra el piso.
¿Sería usted tan amable de descifrar qué quiere decir todo esto? Le agradece, La Desequilibrada.”
Toda clase de mujeres escribían a la revista: obreras, mucamas, amas de casa. Siempre firmaban con seudónimos del tipo “Desesperada”, “Mendocina narigona” o “Negra fea”. Es verdad que la sección ofrecía una interpretación de los sueños algo salvaje, “más cerca de las creencias populares que de la investigación psicoanalítica”, como comenta Príamo. Lo realmente serio del asunto eran los fotomontajes: tanto su forma como su contenido resultaban novedosos para la época.
[...]
Podrían haber envejecido y pasado de moda, pero no: aun hoy, las imágenes de esas mujeres atrapadas en una realidad anodina son tremendas. “He sido una muñeca grande en esta casa, como fui una muñeca pequeña en casa de papá. Y, a su vez, los niños han sido mis muñecos. Esto es lo que ha sido nuestro matrimonio...”, le enrostra Nora a su desorientado marido sobre el final de Casa de muñecas de Ibsen. Los sueños que llegaban a la revista condensaban en voz baja los reclamos de todas las Noras del país. Stern, que lo entendió, encontraba en el humor la herramienta para enfrentar a la mujer con lo absurdo de su vida. Porque la mejor herramienta para comprender las cosas era mantenerlas a la distancia. Y ya lo había dicho Nietzsche: la risa es una forma ideal de conocimiento; nos permite diferenciarnos del objeto en vez de dejarnos atrapar por él.
De modo que la artista se regodeó en el absurdo: una señorita contrae matrimonio con el doce de oro; otra trepa desesperadamente por la tabla de lavar; una de proporciones gigantescas camina por las calles de un pueblito en miniatura; otra permite que usen su cabeza como brocha gorda para pintar una pared. Y lo fascinante era que todo pudiera convivir bajo el mismo techo. Porque mientras la revista del corazón fomentaba el ideal de una mujer sumisa y hacendosa, siempre con su costurerito a mano, las imágenes de Stern le revoleaban dedales y alfileres por la cabeza.
Heroínas grises de mirada desorbitada, las protagonistas de los sueños se congelan en poses de película de terror o se dejan arrastrar por la situación, livianas y aleladas. Es el mismo mundo de la sirvienta del Arlt de Trescientos millones, soñadora ilusa que, sentada en su camastro, ve su mustia habitación abrirse al mar y poblarse de fantasías de galanes de folletín, transatlánticos y herencias caídas del cielo. Pero en Stern hay más opciones, o por lo menos no hay desesperanza. Porque, si bien es cierto que la situación de las mujeres estaba lejos de ser idílica, las cosas empezaban a cambiar. El proceso de industrialización en el país iba acompañado por una inmigración masiva de la población del interior hacia las ciudades, fenómeno que no tardaría en producir efectos: la transición de la familia tradicional hacia la familia urbana moderna, la progresiva problematización del patriarcado, el aumento del número de mujeres asalariadas y un mayor control de la natalidad. La mujer de Stern está atrapada entre esos dos mundos.

III
Idilio era una revista femenina, juvenil y popular, alejada del ambiente progre y universitario, de las que incluían fotonovelas y artículos sobre cómo preparar milanesas o cómo dejar impecables los puños de las camisas..
[...]
Decía: “Tuve suerte de poder trabajar a mi gusto, sin tener que salir a hacer fotografías de casamientos o de cumpleaños para ganar dinero. Pero si la situación hubiera cambiado, habría preferido lavar y limpiar cocinas antes que enturbiar mi visión fotográfica”. Murió, con la mirada clara, en 1999.
[...]
La Biblioteca Nacional guarda la única colección que se conoce de la revista, pero incluso ahí faltan algunos números. La obra de Stern se entronca en una línea que va desde la alemana Hannah Höch hasta la norteamericana Barbara Krüger o las combativas Guerrilla Girls. Pero los Sueños son un trabajo tan poco pretencioso, y a la vez tan épico, que cuando uno ve la serie ahí, toda junta, siente –plaf– el peso de la historia. Entonces no queda otra que imaginar a Stern tijerita en mano, de rodillas en el piso entre recortes y revistas, viendo pasar por la ventana a sus vecinos de Ramos Mejía y pensando, quizás, que después de todo la mente del hombre es un elástico viejo: si uno la estira lo suficiente, nunca volverá a su pequeña circunferencia inicial.

Fuente: http://www.rimaweb.com.ar/artes/suen...ete_stern.html
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Karla está desconectado   Responder Citando
Antiguo 03/02/2008, 04:39   #60
 
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