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| Rol: Switch Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Aug 2006
Mensajes: 2.176
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Hay un grupo de personas que me parece fascinante y, desde el punto de vista intelectual, muy estimulante. Personas que van por libre y que te hacen pensar con cada una de sus frases, estés o no de acuerdo con ellas. La mayoría fueron militantes activos de la izquierda, incluso de la izquierda más radical. Con el tiempo descubrieron las mentiras y evolucionaron a un liberalismo conservador. Miembros de este grupo son los conocidos Federico Jiménez Losantos, Gabriel Albiac, César Alonso de los Ríos, Fernando Sánchez Dragó y Pío Moa. Su discurso destaca por criticar duramente a la izquierda, dado el profundo conocimiento que tienen de sus entrañas, y también por denunciar las deficiencias de una derecha española anémica. Otra persona con un discurso parecido que no ha militado en la izquierda es César Vidal, proisraelí al igual que Gabriel Albiac y además protestante. Esta entrada está dedicada a Gabriel Albiac. A propósito de Gabriel Albiac Felipe Giménez Pérez Sobre el Diccionario de Adioses, Seix Barral, Barcelona 2005, 417 páginas Gabriel Albiac fue marxista, comunista, progresista, revolucionario, bolchevique, etc. Fue muchas cosas y también fue y es antisocialista, antiprogresista y proisraelí. Tuvo que romper con muchos amigos por defender la legitimidad del Estado de Israel frente al terrorismo de la OLP. Tuvo que separarse de muchos por trabajar en la COPE. Ahora es un liberal, conservador y de orden. Nada de malo tiene eso. Es más bien el destino de los izquierdistas lúcidos, darse cuenta de que todo eso era vanidad y vacío. Quien de joven no es comunista es que no tiene corazón y quien de viejo aún lo es, es que no tiene ya cabeza. Lo que se denomina, para demonizarla, «la derecha» es un conjunto de individuos procedentes de las generaciones o degeneraciones de las izquierdas. Es Albiac erudito, sabio, complicado, una escritura tiene este autor español muy a lo francés, alambicada y difícil de seguir. Su vocación es literaria más que filosófica o tal vez ambas a la vez. Literatura, ensayo, filosofía, política. Así encuentro yo la prosa de Gabriel Albiac, por lo menos en su último libro: Diccionario de Adioses, Seix Barral, Barcelona 2005, 417 páginas. A través de nueve entradas de un diccionario presunto: «Escribir», «Exilio», «Idénticos (los): Nacionalismos, socialismos, fascismos», «Idolatrías», «Judeofobia (De Dreyfus a Yenín)», «Nada, muerte, guerra, política», «Revolución», «Revolucionario» y «Terror(ismo)», divididas en sus correspondientes parágrafos o comentarios breves, Albiac expone sus pensamientos sobre algunos temas del siglo XX que han llamado su atención. Cada entrada de este diccionario constituye un pequeño ensayo o una pequeña reflexión sobre el particular. A mí me parece que la mayor parte de tales términos son interesantes e importantes para la reflexión política de nuestros días. Es hora ya de hacer balance de la Edad Contemporánea (1789-1992), que todavía en cierta manera forma parte aún de nuestro presente. Voy en lo que sigue a seleccionar lo que me ha parecido más valioso de la reflexión desarrollada por Albiac en su reciente libro. Para empezar, la caída del socialismo real de los países del Este de Europa deja sin sentido el izquierdismo. Se puede decir que liquida el sentido de las palabras de los revolucionarios izquierdistas. «Cayó el muro. Nos quedamos sin palabras. Fue lento. Al principio, ni nos dimos cuenta. Dos siglos se cerraban sobre nuestros despojos. La era de la revolución. Y un día percibimos –los más ni siquiera lo sospecharon, siguen aún sin sospecharlo, morirán sin haberlo sospechado– que lo que nuestra voz decía no significaba nada. Ya.» (pág. 9.) Por lo demás, como el hombre, Heidegger dixit, es un ser que camina hacia la muerte, toda la vida es muerte, irse muriendo. Por tanto, todas las obras humanas son testamentarias, legados. «Cuando, hace ahora algo más de treinta años, tuve la certeza –no me gustó– de que ya nada haría que no fuera escribir –aun cuando no escribiera, y sobre todo entonces–, me atenazó la sospecha, que supe algo ridícula, de estar siendo testamentario.» (pág. 30.) Lo que hacemos en vida es morir. Pensamientos sombríos de quien se dice discípulo de Epicuro y de Spinoza. Epicuro dijo que la muerte era insensible y que no existía. Spinoza que un hombre libre en menos piensa que en la muerte. Albiac lo va repitiendo a lo largo del libro, el asunto de la muerte y de la nada: «Que un hombre nada hace sino morir: eso es su vida. Eso y saberlo. Que sólo en el muriendo estamos vivos, y de esa sabiduría sólo nos viene toda fuerza. Se escriben voluntades últimas. Nada más. A las cuales no sobrevive el que las dicta.» (pág. 31.) Particularmente lúcida me parece la reflexión de Albiac sobre el fascismo. El fascismo, afirma Albiac no es un fenómeno de la derecha, conservador. El fascismo es socialismo, es revolucionario. El único fallo que yo le encuentro a Albiac es que mete en el mismo saco al nazismo y al fascismo. No los distingue: «El nazismo no es sino la forma administrativamente centralizada –esto es, socialista– del nacionalismo, y la nación nada pone sino la ficción de un sentido a la historia: identidad de ‘destino en lo universal’, por utilizar una fórmula cara a su fofa variante española. El fascismo no es una anomalía del modelo de poder burgués: es una deriva interna de su paradigma formal: una variación extrema del socialismo. No se ubica en uno de los polos de la metáfora topográfica derecha/izquierda. Es transversal a ellos.» (pág. 94.) Albiac insiste en este diccionario en la secreta afinidad entre nazismo y bolchevismo. Hasta 1934 por lo menos, «Adolf Hitler ha concebido –en público cuanto en privado– su proyecto político como una depuración nacional del socialismo obrero, cuyo extremo sería el ‘nacional-bolchevismo’ de Röhm, pero también la disposición de Goebbels hacia una ‘comunidad de espíritu’ con la URSS de Stalin» (pág. 95). Gabriel Albiac se remite a las conversaciones de Hitler con Hermann Rauschning para probar sus afirmaciones. Hitler se define como socialista, claro, nacionalsocialista. «Mi socialismo –ha proclamado Hitler– es distinto del marxismo. Mi socialismo no es la lucha de clases, sino el orden... Os pido que llevéis con vosotros la convicción de que el socialismo, tal cual lo comprendemos, aspira, no a la felicidad de los individuos, sino a la grandeza y al porvenir de la nación toda. Es un socialismo heroico. Es el ligamen de una fraternidad de armas que no enriquece a nadie y todo lo pone en común.» (págs. 96-97). Hay una tenue frontera entre el fascismo y el comunismo o entre el nazismo y el comunismo. Desde 1789 a 1992 se ha producido un conjunto de revoluciones. Esto procede de la Ilustración. «El sueño de la revolución –que es la instancia suprema del sueño de la razón ilustrada– ha dado a luz sus monstruos ya, a lo largo de dos siglos. Y se cierra, no dejando tras de sí sino tierra quemada.» (pág. 120). Esta época contemporánea también ha sido la época de la judeofobia más feroz que ha desembocado en el Holocausto. Pero ya en Francia, en la Francia laica y republicana, «en 1891, una moción parlamentaria a favor de la total expulsión de los judíos de Francia obtenía 32 votos en la Cámara de los diputados» (pág. 137). Después de 1945 el antijudaísmo, la judeofobia ha resurgido en forma de antisionismo en Europa. Gabriel Albiac nos cuenta cómo ha tenido que romper con algunas amistades por esta razón, porque rechaza de plano la judeofobia de las izquierdas. Se trata del cerco de Yenín por parte del Ejército israelí. «Yenín acababa de ser tomado, tras un breve y duro asedio. Y toda –toda– la opinión pública española hablaba de genocidio, por aquellos días. Primero fue la loca comparación de Yenín con Auschwitz. Los más moderados sólo condescendían hasta igualarlo al ghetto de Varsovia. Era un deber moral no ceder a su pesada interferencia. Ni siquiera a la –infinitamente más pesada– del afecto hacia los amigos perdidos. Fui –fuimos, los pocos que desertamos del armónico coro de lo establecido– un canalla sionista, un asesino sádico de niños palestinos, un racista sanguinario, un notorio agente a sueldo del Mosad y de la CIA... Fui todo lo que, en algún momento, leí que habían sido todos los que, en instantes infinitamente más duros que los míos, decidieron romper con la mortal fantasmagoría estaliniana, entre los años veinte y los cuarenta.» (pág. 140.) Así es el progresismo hoy día en España, judeófobo. Gabriel Albiac prefirió la honradez, la verdad que lo políticamente correcto, que sus viejas amistades de las izquierdas definidas pasadas ya al detritus de las divagantes, extravagantes y bogavantes. «Escribí. No por capricho. Ni siquiera por preferencia o afecto: yo ya no tengo afectos en política –lo digo sin alegría alguna; los tuve; no los añoro; ni me arrepiento de ellos–. Lo escribí por respeto a la lógica, que es algo por encima de cualquier deseo. Y por respeto a los hechos. Lo escribí porque no hay más deber moral de aquel que escribe que el de no mentir nunca, que el de no mentirse nunca. Y jamás tomar en cuenta el precio que no mentir, que no mentirse, acarree.» (pág. 140.) Última edición por tTiger; 03/09/2008 a las 00:31 |
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| Rol: Switch Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Aug 2006
Mensajes: 2.176
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Ahora hay una cierta islamofilia por parte de las izquierdas o por parte de esos individuos náufragos de la extinción de las izquierdas rojas definidas (anarquismo, socialismo, comunismo) y de su degeneración en izquierdas indefinidas o simplemente, progresismo. Llenos de rabia y de rencor y resentimiento, en su impotencia teórica e intelectual, no tienen ningún proyecto político ni económico, sino que más bien dirigen su odio contra el capitalismo y el liberalismo y por ello optan por el Islam. Esa es la estupidez progresista, que es suicida. «Bajo regímenes teocráticos así, todos y cada uno de los manifestantes antiglobalización que claman contra la arrogancia estadounidense, habrían sido, hace mucho, pasados por las armas» (pág. 142). Lo mismo podría decirse de la complacencia de la prensa europea con el terrorismo palestino de la OLP y con el injusto desprecio a Israel. Albiac afirma que se olvida la verdad: que los países árabes no sólo han querido eliminar a Israel sino que inicialmente no han admitido ningún Estado palestino. «Olvidamos, con demasiada facilidad, lo esencial: los países árabes no sólo negaban el derecho de Israel a existir; negaban también (y aún más) la posibilidad de existencia de un Estado palestino» (pág. 157) Arafat llevó a su pueblo a la catástrofe. «Todo el mundo sabe (hasta el último canalla sabe) que no hay crimen peor que el de llevar a los subordinados a la muerte, por pura y simple incompetencia y sin necesidad alguna. O sí, hay algo peor: sobrevivirles después de eso» (pág. 158). Por todo ello, «Si algo puede reprochársele a Israel, es su exceso de tolerancia con semejante indeseable. Mueve al vómito. El individuo. También la tolerancia» (pág. 159). Así, pues, Arafat fue un terrorista. Pudo haber sido un santo y se convirtió en verdugo. «Arafat fue, en sus años mejores, un eficaz terrorista: es una alabanza. Sus diez últimos años son los de un loco. Y nada hay peor que un hombre de cerebro deteriorado al frente de una organización armada» (pág. 163). Así pues, el antisemitismo hoy es antisionismo. Los antisemitas de hoy se autodenominan antisionistas. En esto Gabriel Albiac acierta. Por lo demás, una buena parte del libro o diccionario de Albiac insiste machaconamente en la muerte, en la nada, en el vacío. Por ejemplo, «Sólo la muerte no muere» (pág. 174). Respecto a la guerra, Albiac adopta una posición materialista, realista. Rechaza a las gentes de buen corazón, que simplemente no entienden el fenómeno bélico. Se guía principalmente por las ideas de Clausewitz. El humanitarismo, doctrina que subyace al SPF, síndrome pacifista fundamentalista, es una posición errónea, puesto que «lejos de lograr el amable objetivo que proclama, el humanitarismo sólo multiplica –y lo hace exponencialmente– las bajas: las propias como las adversas. «La guerra –concluye, con una serenidad analítica casi conmovedora– es un asunto tan peligroso que los errores debidos a la benevolencia son los peores de todos» (pág. 204). Como afirmaba Clausewitz, profusamente citado por Albiac, «Introducir el principio de moderación en la teoría de la guerra siempre conduce al absurdo lógico» (pág. 204). Todo depende, para una mayor inteligencia del asunto, de no contraponer guerra y paz como dos estados diferentes y opuestos. Se trata de depurar el «tópico común, que embrolla todo el supuesto saber humanitario: aquel que cree poder contraponer paz y guerra como estadios excluyentes, el segundo de los cuales vendría a turbar la primacía ontológica del primero. La paz es un acto de guerra: tal es la hipótesis más original del ensayo clausewitziano» (págs. 208-209). En el fondo, la política es una forma de guerra «y todo ejercicio del poder de Estado, forma determinada de dictadura» (pág. 227). Como decía el sabio Schmitt, «Política no es sino teología de la hostilidad» (pág. 227). Albiac es lúcido respecto a las gentes bienpensantes de buen corazón víctimas del SPF: «Nada hay más dulce que condenar la guerra, cualquier guerra, toda. Como si habláramos de algo que rige nuestra mano o nuestro deseo. Nada hay más necio, nada engaña de un modo más perverso, ni tiene consecuencias más homicidas» (pág. 230). Respecto a la situación política europea y española, Gabriel Albiac reconoce la descomposición de Europa y de España. No lo lamenta, porque todo lo que nace tiene que morir. Su posición es de aceptación del inexorable destino histórico de nuestra Patria, España. «No lamentemos, pues, ni la agonía de España ni la de la vieja Europa. Son acontecimientos determinados e irreparables. Lamentemos nuestra desdicha de haber venido a nacer para ver eso. La capitulación sin condiciones del 14 de marzo de 2004» (pág. 233). Toda revolución implica terror, terrorismo. El terror es revolucionario. No hay libertad para los enemigos de la libertad. Como dice Albiac, el terror es la liturgia de la revolución. «El terrorismo es la forma específicamente ilustrada del monoteísmo; transcripción política que, donde Dios, pone Estado» (págs. 366-367). Así, pues, «El terror es la democracia» (pág. 369). Es pues, este libro un buen libro que puede ayudar a tener claras las ideas políticas y a realizar la reforma del entendimiento. |
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| | #3 |
| Rol: Switch Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Aug 2006
Mensajes: 2.176
| Columna publicada en La Razón en el año 2005 Si algún día, loco o canalla... Gabriel Albiac Mejor que nadie, Martin Amis ha alzado acta de este estupor, que es el de los de mi edad que se niegan a morir irremediablemente imbéciles, irremediablemente cómplices. El libro se llama «Koba el terrible», en referencia al apodo familiar de Stalin. Su subtítulo es «La risa y los veinte millones ». Los veinte millones son los asesinados, con planificación metódica, por un Stalin que, desde luego, no estaba loco. La risa, o la obscena sonrisa complaciente, es la que seguimos exhibiendo, en la alegre y confiada Europa, ante el relato de aquel tiempo aberrante. Y es verdad que es la pregunta más grave acerca de la distorsión mental en la cual vivimos los hombres de final del siglo pasado y del inicio de éste, no puede ser otra que ésta: ¿qué odiosa perversión nos permite ser, a un tiempo, dignamente implacables con los genocidas hitlerianos y untuosamente benévolos con los genocidas stalinianos? Porque esos veinte millones de asesinados, a los que Amis se refiere, lo fueron por Stalin, sí. Pero también, y esencialmente, por la bien jerarquizada tropa de asesinos profesionales que, bajo el control directo del GPU y la NKVD, tejieron el nervio de acero de Komintern y Kominform: aquellos «hombres de una materia diferente », que, en torno al dictador georgiano, desplegaron la mayor red de crimen político que ha conocido la historia moderna (escribo «la mayor », porque, por fortuna para Europa, el ciclo exterminador del nazismo fue mucho más breve en el tiempo). Aquellos gigantes, a un tiempo desmesurados y monstruosos, de los que diera cuenta la primera gran novela sobre la matanza en curso: «El cero y el infinito » de Arthur Koestler, quien dio a su versión inglesa otro título más preciso: «Midnight at Noon »; porque eso era, eso es, sin duda, el stalinismo; decir que es medianoche en pleno mediodía. Y que todos te crean. Si nos cruzáramos hoy a un tipo que hubiera ejercido de Gauleiter de las SS en Auschwitz, lo más amable que haríamos sería escupirle a la cara. Nos cruzamos con don Santiago Carrillo y le hacemos un homenaje nacional, con participación de lo más granado (de lo más podrido) de la política española: Barrionuevo, Corcuera y alto comisionado de las víctimas del terrorismo, incluidos. Nadie podrá negar la admirable coherencia estética de la foto de familia. La ética, tampoco. Santiago Carrillo. Hay que leer la ruda desnudez de la documentación contenida en el imprescindible «Miseria y grandeza del PCE, 1939-1985 » de Gregorio Morán, para percibir el grado de horror del personaje. El libro fue publicado en 1986 y desapareció casi inmediatamente de las librerías. Los documentos de los que en él da cuenta Morán ya no son accesibles: fueron muy profesionalmente depurados cuando alguien, en Madrid, se apercibió del alto riesgo político de lo allí contenido. Por fortuna, existen los archivos del KGB. Y la sección Carrillo en ellos. «Si alguna vez yo me volviera loco o canalla, lo que creo que no sucederá... »: voz tonante de Santiago Carrillo, aniquilando a su predecesor Uribe en el Pleno del Buró Político de Bucarest. Abril de 1956. Nace una estrella del post-stalinismo. No, loco no lo fue nunca; sería un excesivo consuelo para lo que hizo. ¿Canalla? ¿Qué «aparatchiki » comunista que sobreviviera indemne a las purgas de stalinismo y post-stalinismo en esos años no lo fue? No estaba loco el crío de apenas veinte años, a quien los soviéticos encargaron la matanza masiva de los detenidos en Madrid ante el avance franquista. Cinco mil, en Paracuellos fueron ejecutados por Carrillo; de todas las edades y condiciones; sin trámite judicial alguno; en esa amalgama de cuerpos anónimos y barro de fosa común, que sella con su infamia indiferente las prácticas políticas más definitorias del siglo veinte: de Auschwitz a Kolyma. No. Loco no, el combatiente stalinista que, aún no cumplidos los treinta años, procede a depurar - con la ayuda de su entonces aún colega Claudín- a todos y cada uno de los viejos dirigentes que se interponen en su avance hacia la secretaría general, en esos que Morán llama los «años de plomo de la era staliniana en el PCE». El que sobrevuela los procesos del «Complot del Lux» (eco en la organización española de las purgas stalinianas de posguerra, que aniquilaron, en Siberia, a toda una generación de comunistas, la que se había jugado la vida en la segunda guerra mundial). El ejecutor de la atroz venganza sentimental de Dolores Ibarruri contra su ex amante Antón, convertido, tras su abandono marital, en agente fascista infiltrado, y condenado, bajo supervisión personal de Ibarruri y control político de Carrillo, a trabajos forzados en Polonia. El comanditario del asesinato del incómodo líder comunista Trilla en Vallecas. El maquinador de las entregas de Quiñones, Monzón y Comorera a sus torturadores y ejecutores. El liquidador de los estúpidos idealistas que seguían empecinados en una guerrilla que Moscú condenaba... Nada loco, el hombre que, tras romper con los soviéticos, que tratan de darle un golpe interno en la dirección del PCE cuando lo del 68 checo, pasa hacerse financiar - así seguirá durante los años setenta- por la flor y nata de la democracia mundial: el coreano Kim-Il-Sung y el rumano Ceaucescu... Grandes tipos. Grandes amigos. Ambos. No. Ni un ápice de locura hubo en la vida tenebrosa de Santiago Carrillo. Crimen, sí; todo. Cinismo, sí; todo. ¿Traición...? - La verdad es que no hay palabras para describir la capacidad de doblez del personaje: superviviente nato, al precio de pasar por encima de los cadáveres de sus más íntimos: Claudín y Semprún incluidos. Fue un político. En la más odiosa acepción del término. Hoy es una piltrafa física. Moral, lo fue siempre. Pero somos así de raros, los humanos. A un Gauleiter de las SS, le escupiríamos a la cara. Como mínimo. Al viejo predador staliniano, le rendimos tierno homenaje. Encantador viejecito. Eichmann, de haber sobrevivido, se le parecería mucho. |
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| | #4 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Ubicación: Madrid Fecha de Ingreso: Apr 2006
Mensajes: 1.359
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Muy interesante hilo, tTiger, como todos los que abres. Esta vez no voy a interrumpirte, no voy a interrumpirte demasiado, digo. Sólo un par de comentarios: Me ha gustado mucho lo del "socialismo heroíco" para definir el nazismo de Hitler, ese hombre que murió consecuente con sus ideas. Por otro lado,"lo de Paracuellos", para aquellos que no sean españoles y que no tengan ni puta idea de a lo que se refiere tTiger (se cree que está en la parroquia de su calle y que a todo el mundo le interesa), es un terrible capítulo de la Guerra Civil española documentada por varios autores cuya fuente de documentación principal es la "Causa General", que como dice la wikipedia: La denominada «Causa General» fue un proceso abierto por los vencedores en la Guerra Civil en 1940. En palabras de sus promotores tenía: ...la honrosa y delicada misión de fijar, mediante un proceso informativo fiel y veraz —para conocimiento de los Poderes Públicos y en interés de la Historia—, el sentido, alcance y manifestaciones más destacadas de la actividad criminal de las fuerzas subversivas que en 1936 atentaron abiertamente contra la existencia y los valores esenciales de la Patria, salvada en último extremo, y providencialmente, por el Movimiento Liberador. Citado en (Gibson 2005: 37-38) Disculpa, tTiger, por esta breve intromisión y por favor continúa con el hilo... |
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| | #5 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Ubicación: Madrid Fecha de Ingreso: Apr 2006
Mensajes: 1.359
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Espera, espera, otra pequeña puntualización... Me gusta mucho esta otra frase memorable: «Bajo regímenes teocráticos así, todos y cada uno de los manifestantes antiglobalización que claman contra la arrogancia estadounidense, habrían sido, hace mucho, pasados por las armas» Y no porque defina al autor, que lo define, sino porque nos define a los que le leemos mientras nos tocamos la polla y nos bebemos una birra a su maltrecha salud... sólo quiere morirse, el pobre ! Ya, ya no te interrumpo más. |
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| | #6 |
| Rol: Switch Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Aug 2006
Mensajes: 2.176
| Podría, a fin de cuentas, soportar que la vida me la jodieran grandes monstruos del mal a escala histórica. Los que invocara un Joseph Roth descuartizado entre dos guerras. Que me la joda una banda de idiotas es más de lo que todo estoicismo podría hacer tolerable. No hay siquiera epopeya en ver perecer este país a manos de caricaturas: Pepe Blanco, Zapatero, Rubalcaba... [y Rajoy, más su pandilla] Muy miserables hemos debido de ser –y muy medrosos– para merecernos esta casquería. Y no hay dolor al contarlo. Ya. Ni siquiera la rabia asesina del vencido. No es ni resignación. Sólo vergüenza. Gabriel Albiac |
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| | #7 |
| Rol: Switch Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Aug 2006
Mensajes: 2.176
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Con típica golfería dice Ian Gibson sobre la memoria histórica: "La ley va bien encaminada pese a la crispación que produce el Partido Popular, por ejemplo diciendo que somos unos revanchistas. Yo viajo mucho por España y no veo sed de venganza, sino sed de justicia de restitución y derechos, es una cuestión de decencia humana". En parte es cierto. A pesar de todo el veneno y el rencor involucrado en las campañas de los carroñeros, la gente en España, la gran mayoría, no tiene sed de venganza. Pero habría que preguntarse qué derechos, qué restitución y qué decencia. Toda la campaña se basa en la presunción de que los muertos izquierdistas y separatistas luchaban "por la libertad", "por la democracia" y "por la república", cuando fueron ellos, indiscutiblemente, quienes arruinaron la legalidad republicana y lo que ella tenía de democrática, y combatieron bajo la protección y la dirección de Stalin, el adalid de las libertades. Hoy no cabe la menor duda al respecto para cualquier persona medianamente documentada. ¿Y qué decir de las masacres entre los propios izquierdistas, qué decir de esos "perdedores" de los que nunca quieren acordarse? Lo que hay que restituir, los derechos que hay que defender, la decencia que hay que imponer, son los de la verdad histórica, tan maltratada por los gibsons, los prestons, los juliás, los viñas y tutti quanti. Es una cuestión de salud social, nada menos. La izquierda tiene una clara conciencia de la importancia del pasado como condicionante del presente, y lo explota de forma masiva, falseándolo sin escrúpulos. En cambio la derecha quiere "mirar al futuro", como insiste el patético, y ojalá fuera solamente patético, PP de Rajoy. ¡Qué verá, el hombre, en el futuro, quizá una gigantesca poltrona! "Si yo tuviera un abuelo enterrado como un perro en una cuneta, buscaría a mi abuelo. Todos los cristianos deben entender que el ser humano necesita enterrar a sus muertos", dice Gibson. Verá este sembrador de cizaña: los cristianos puede que “necesiten” eso, pero él, Gibson, al igual que la mayoría de la izquierda y de los componentes del Frente Popular, no son cristianos; son, precisamente, anticristianos, son los que quemaron, o se identifican con los que quemaron, templos, monasterios, bibliotecas y centros de enseñanza por el mero hecho de su carácter cristiano y asesinaron a miles de clérigos y laicos por la misma “razón”. Si Gibson no fuera un redomado hipócrita no invocaría un cristianismo en el que no cree, e invocaría en cambio sus propias creencias. Los suyos, señor Gibson, expresaron perfectamente su punto de vista en las frases de la Pasionaria incitando a usar los cuerpos de los enemigos como abono de los campos. Esta actitud, señor Gibson, es perfectamente coherente con su interpretación digamos materialista. Se puede enterrar los cadáveres simplemente por razones higiénicas, pero no cabe duda de que es mucho más “racional” y productivo darles esa utilidad como fertilizante. Después de todo ya no son más que un amontonamiento de células en descomposición ¿no? Esa es la lógica de su pensamiento, sean ustedes consecuentes y déjense de trucos baratos con el cristianismo. En cuanto a los cristianos, le bastará visitar Paracuellos o el Valle de los Caídos para comprobar que allí se mantienen los restos, en anonimato impuesto por las circunstancias, de miles de personas inidentificables, como ocurre en las fosas que todavía guardan a cientos cientos (no 40.000, desde luego) de fusilados de uno u otro lado. Son muchos los cristianos que han renunciado a encontrar los restos de sus deudos y que no se dedican a buscar subvenciones ni menos a hurgar en viejas heridas con ese pretexto, como hacen ustedes. En el Valle de los Caídos hay también numerosos restos de combatientes izquierdistas o separatistas (que no demócratas, señor Gibson), en pro de una reconciliación que ustedes no sienten en lo más mínimo y que nunca aceptarán, y menos bajo la cruz del monumento; lo que no obsta para que, de repente, les dé a ustedes por recurrir al cristianismo, con su tradicional falta de escrúpulos. Dice también este sembrador de odios que "hasta que los perdedores no busquen a sus asesinados y les den un entierro digno, este país no está en paz". Señor Gibson, España está en paz y vive en paz desde 1939. Una paz que ustedes pretenden perturbar ahora con esa “memoria” falsa de la raíz a la copa. Y un consejo, señor Gibson y compañía: dejen en paz a los muertos, porque al final los muertos van a revolverse contra ustedes, van a poner en evidencia toda la vileza de quienes intentan utilizarlos de munición política y contra una paz que, le repito, dura ya en España casi setenta años. Compruebo que las infamias de Gibson han sido reproducidas por numerosos periódicos en toda España y supongo que también por otros muchos medios de comunicación. Eso lo saben hacer muy bien estos caballeros. Tienen derecho a ello, nada que objetar ...salvo que los puntos de vista contrarios, como los aquí expresados chocan con la censura (inquisitorial o chequista, como se prefiera), exceptuando unos pocos medios. Obstáculo que debiera salvarse con la actividad difusora de las personas que sienten la paz y la democracia. Lástima que esa actividad sea tan poco activa, tan por debajo de lo que exige el momento. Pío Moa Última edición por tTiger; 09/09/2008 a las 01:13 |
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| | #8 |
| Rol: Switch Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Aug 2006
Mensajes: 2.176
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No menos indicativo fue un suceso que levantó densa polvareda a finales del verano de 2003: el hallazgo, en un barranco de Órgiva, Granada, de un osario durante la construcción de unas obras del ministerio de Fomento. De inmediato empezó a hablarse de una enorme fosa común "perfectamente documentada", de "fusilamientos masivos", de "exterminio de compatriotas por motivos ideológicos". Un catedrático de Economía de la universidad de Granada caracterizó el barranco como "lugar de crímenes y de muertes" por donde "había corrido un río de sangre". Supuestos testigos recordaban la llegada de camiones cargados de "hombres, mujeres y niños", a quienes bajaban, mataban a tiros y hacían caer rodando a la zanja, echándoles luego cal viva, "y así un día y otro". El catedrático calculó en 5.000 las víctimas, si bien la Asociación por la Memoria, algo menos sanguinaria, las rebajaba a la mitad. Se aumentó el dramatismo poniendo en la picota la "indiferencia" del gobierno Aznar, o hablando del "miedo" de los obreros a perder el trabajo si hablaban de los huesos hallados. Los de la "memoria" señalaban piadosamente que sólo buscaban "el respeto a las familias" de los fusilados, como si alguien les faltara a ese respeto. El ayuntamiento resolvió homenajear a las víctimas y erigir un gran monumento recordatorio en medio de un parque a crear ex profeso. El dinero vendría aprovechando una orden oficial que subvencionaba a los ayuntamientos para "coordinar actuaciones de recuperación de la memoria histórica". Se exigió la paralización de los trabajos de Fomento, y que los gastos de excavación entrasen en los presupuestos de la obra. En muchos periódicos y en Internet corrían las noticias y comentarios. Aquello venía a ser el Paracuellos de la izquierda, después de años de excavar y lanzar insinuaciones, pero sin encontrar más que algunos restos dispersos, de origen no siempre claro. El diario El País dedicó al acontecimiento una página el 1 de septiembre, ofreciendo además de lo ya reseñado, la siguiente información, como si la fuente mereciera alguna confianza: "Según datos de los socialistas, más de 500.000 personas sufrieron prisión y otras 150.000 murieron fusiladas". Y para hincar más el aguijón en el gobierno de Aznar sugería el carácter fascistoide de éste al mencionar que había gastado 13.000 euros en recuperar cadáveres de la División Azul y honrar su memoria mediante un pequeño monumento (en realidad el gobierno recuperó restos de españoles de los dos bandos caídos en Rusia, y hubo otro pequeño monumento para los comunistas españoles muertos allí, que fueron muchos menos). Se anunciaba, evidentemente, una ofensiva mediática de gran estilo. Pero el 2 de septiembre El País informaba, no a toda plana, sino en el lugar menos visible de una página muy interior: "Los restos óseos hallados el pasado sábado son, según los forenses, de origen animal". De cabras y perros, en concreto. Así se vino abajo la operación. La derecha, prácticamente la pasó por alto, pero puede imaginarse la oleada de sarcasmos, insultos y comentarios moralmente aniquiladores si hubiera sido ella la autora del montaje. Durante muchos años seguiríamos oyéndolos. Cito el caso no como prueba de que la derecha no cometiera atrocidades, pues ciertamente las cometió, sino como muestra de la explotación cínica de los sentimientos ligados a las víctimas del pasado para sacar tajada política actual. Un hecho muy desgraciado de los últimos años ha sido precisamente la sistemática recuperación de los rencores, que no de la memoria, por los partidos de la izquierda y separatistas. Y como insisten en esa vía y por desgracia logran hacer creer a mucha gente su propaganda, no queda más remedio que hacer un esfuerzo, aun si penoso, por restablecer la verdad histórica, único modo de combatir los odios. Pío Moa Última edición por tTiger; 09/09/2008 a las 01:21 |
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| | #9 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Ubicación: Madrid Fecha de Ingreso: Apr 2006
Mensajes: 1.359
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No interesante, interesantísimo me parece el artículo de este grandísimo periodista e historiador que es Pío Moa. Y hablando de las vergüenzas de la memoria histórica: ¿Es cierto, tTiger, que este señor perteneció a los GRAPO? |
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| | #10 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Ubicación: El cinismo consiste en ver las cosas como realmente son, y no como se quiere que sean. Fecha de Ingreso: Dec 2006
Mensajes: 590
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Lo de la identificacion de ADN de los "abuelitos" esta claro lo que es. Uno de los muchos globos sonda que lanza el gobierno para distraer al personal de los problemas que realmente deberían importar. Si discutimos sobre rojos o nacionales, no discutismos de la profunda crisis económica que esta afectando al pais y de lo que hace el gobierno por solucionarla. |
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