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Antiguo 15/07/2009, 01:33   #1
 
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LA INICIACIÓN SEXUAL DEL JOVEN MARCO, LLEGADA SU VIRILIDAD

CAPITULO 1

Marco se sentía confuso, temeroso e impaciente a la vez, en aquella situación.

Su juvenil edad, natural e instintivamente le daba el fuerte deseo de la adolescencia y ante él, por expreso deseo de su familia y de todo el resto de personas mayores, a las que se le había enseñado a respetar; tenía allí, delante, desnuda y suya a una muchacha, para saciarse como lo debe hacer un hombre y no como él había comenzado a satisfacerse, en solitario...

Pero las intensas sensaciones qué por primera vez, ese día ya mucho tiempo esperado, le embargaban y tenían algo confuso. Al cumplir la edad de trece años, como varoncito romano, debía comportarse como un adulto. Su mentor, un griego nacido esclavo, pero liberto de su familia desde hacia años, le había adoctrinado y enseñado múltiples materias para hacer de él, un jovencito capacitado y entre las mismas la educación en referencia a las diversas clases de mujeres, para que distinguiese perfectamente, entre la verdadera mujer, capacitada para perpetuar en ella, su linaje, de las otras, que habían nacido para servir como concubinas y meras esclavas de algún hombre, que las mantuviese para su servicio general, personal y sexual. Y él, ahora, desde ese mismo día de su decimotercer cumpleaños, era ya, un hombre; quedaba convertido, social y oficialmente, en un hombre libre en el pleno sentido de la palabra; y, por tanto, debía comenzar una andadura educativa diferente. Como parte de ésta, debería capacitarse para poseer y disfrutar de su futura esposa y ello significa aprender a superar toda su inexperiencia, de forma practica; o sea practicando con alguna esclava de su absoluta pertenencia, sabiéndose dueño del ser y de la vida de la misma.

Delante de él, tenía su primer “juguete serio”, una muchacha joven y plena de belleza y vida. Era una esclava educada y conocedora desde que nació, de los comportamientos adecuados a su condición, en ese ambiente común para ambos y no una salvaje traída a la civilización, procedente del descalabro de un pueblo vencido, o como tributo entregado al mercado de su ciudad. No. Ella, como otras jóvenes hijas de esclava, indiferentemente a quien pudiera haberla engendrado, disfrutando y complaciéndose en su madre, creció con un destino perfectamente asumido: Darle a un amo su servicio pleno, como animal hembra, complaciéndole íntegramente, para cuidarle y complacerle en todo, como su dueño legal y público.

Pero, ella tan sólo conocía esas directrices generales de su misión en la vida y debía esperar a que su futuro amo, las perfilase de acuerdo a sus preferencias. Siendo semejante su finalidad con uno u otro amo, y aún enterándose con los años de la enorme variedad de posibilidades, el ser propiedad de este amo joven e inexperto, no era exactamente lo que hubiera sospechado al verse tan disputada por varios compradores, hacía tan sólo pocas horas, cuando fue sacada desnuda al tablado de venta, suspendida boca debajo de sus tobillos mediante unas cuerdas que separaban sus piernas y sólo pudiendo sostenerse sobre sus manos.

En esta incómoda postura quedo expuesta y en ella examinada por los compradores tras ser obligada al orgasmo, en público, a base de masturbase. Luego, varios compradores pudieron ver bien de cerca sus genitales húmedos, ya que les quedaban justo a la altura de sus ojos, y hasta olérselos, palpándola todita entera, con las manos en sus torneadas y juveniles piernas, nalgas y espalda... Y curiosamente, algunos para contemplarla el rostro y palparle las mamas no se inclinaban sino usaban el pie para levantarle la cara o palparle las mamas, descalzándose previamente. Entre todos ellos subió Marco.

Iba acompañado por su tío, que realmente era el que le regalaba una mocita de edad y características adecuadas para él. Con todo, Marco pudo allí, contemplar próxima y detenidamente, a más mujeres desnudas juntas, expuestas de forma similar de las que recordaba haber visto en toda su vida. Realmente, las miraba con cierta aprensión y hasta no le agradaba del todo ver tantos genitales femeninos que tras el orgasmo brillaban de humedad y olían extrañamente. Sabía que debería introducir su pene en alguno de ellos para probar que ya era un hombre, quisiese hacerlo o no. A ello se sumaba el estar en presencia de su tío que le animaba a escoger mientras le daba su parecer y consejos de hombre hecho y muy experto.

Ella le agradó. Se fijó en su sedosa cabellera, que rozaba el suelo. Su piel era muy agradable al tacto. Pasó su mano por los genitales de ella, por consejo de su tío, que aprovechó para explicarle como se distinguía cuando una hembra era virgen y por tanto educable desde el principio, sin reparos a que pudiera compararle con otro hombre. Esa diferencia se la mostró, en la práctica, al revisar a otras hembras que habían ya dado placer a algunos hombres e incluso, eran madres. Realmente, si el propósito era amortizar la inversión, por vender los productos del vientre de una mujer, las madres o en gestación, eran las deseables, pues una virgen podría resultar estéril; pero, en el caso de Marco, el propósito era otro.

Cuando se agachó, puesto en cuclillas para ver y palpar más de cerca los pezones de aquella esclava, en venta, algo más desarrollados de lo normal a su edad, y ver bien su cara; ella, muy fugazmente, le sonrío, como invitándole a jugar a cualquier cosa. Tras ésto, Marco empezó a considerar que ella era la que mas le apetecía y perdió mucho interés por las restantes, aunque encontró había algunas no despreciables... Pero, se trataba de escoger a una sólo y se decidió por ella, agradándole el contraste entre el sonrosado color de su piel en la que unas venas azules se dejaban ver como transparencias en sus senos, con aquella oscuridad, de noche cerrada, de su pelo en conjunto con unos ojos que eran como dos azabaches insertados en su agraciado rostro y que según explicó su tío eran garantía de fogoso apasionamiento en la entrega sexual. Ella no precisaría ingerir cocimiento de belladona y por tanto, quedar sin enfoque visual, para falsear esta característica de hembra deseable a los varones.

Ahora, tras aquella jornada especial, reunido con los adultos estaba sólo con ella en su habitación. Realmente, le agradaba...; asustándole a un tiempo, el que ya todos le considerasen un hombre. Y ante sí la tenía como una evidencia de este hecho. Todos en su familia, empezarían a tratarle de modo diferente. De hecho, ya habían empezado a actuar así; y todos sus juguetes del día anterior, ahora pertenecían a su hermano, poco menor que él. Igualmente, ya se vestía la ropa viril y su primera posesión, como hombre, era aquella esclava. Por mucho que supiese que era de su total posesión, como lo habían sido sus juguetes hasta el día anterior y que tenia poder de tratarla como a un juguete vivo, por tanto como le gustase y apeteciese divertirse con ella, hasta dañarla o dejarla olvidada; y pudiendo decidir sobre su vida y muerte, no dejaba de impresionarle; pues veía en su total y espléndida desnudez, que era una mujer, como su propia madre, con la natural diferencia de edad, u otra mujer de su familia o de la calle.

Estaba humildemente arrodillada, sentándose sobre sus talones con sus manos recogiéndose los senos y ofertándoselos, tímida e insegura, con deseos de agradarle, pero sin miedo. Hasta que su joven amo no le dijese y enseñase como agradarle plenamente, tan sólo seguía las lecciones, aún no bien comprendidas, que la esclava encargada de las restantes de la casa, le había dado. Sus oscuros ojos cerrados, encuadrados por un joven, lozano y bello rostro sin trazas de maquillaje, con la boca entreabierta y suplicante tal como se le había indicado, debía hacer.

Aún quedaban restos de lágrimas, que se sorbía disimuladamente, cada vez que el más pequeño movimiento, le recordaba la exacta posición y extensión de la marca impuesta hacia poco, por su primer amo efectivo, cruzándole su surco intergluteo. Igualmente sabía que era la primera para su amo, por ser aún la única esclava que poseía, a título personal, su amo, aquel jovencito que la había comprado en el mercado, y ésto compensaba, en cierta forma la incertidumbre que había tenido, antes de ser comprada.

Los muslos en forzada abducción, no sólo dejaban ver claramente la parte superior de su vulva entreabierta, sino que ésta era aun más visible, al haber sido meticulosamente depilada, inmediatamente después de que su jovencísimo amo la marcase a fuego, ayudado por unos esclavos que la sujetaron, permitiéndole tan sólo aullar y gritar sin esperanza alguna de evitar quedar marcada. Dentro de la inexperiencia la marcó con decisión y energía, de golpe y una sola vez. Su marca era natural y lógica, pues, como una propiedad comprada legalmente, debería quedar marcada por su amo, incluso, era un privilegio para una esclava destinada a la complacencia del amo, que este se tomase la molestia de marcarla personalmente, dejando claro que tendría la llave de su dolor y de su placer, tanto de sus premios y castigos, fuesen por corrección o por capricho. No dejaba, a pesar del gran dolor padecido que, afortunadamente, a pesar de su inexperiencia, dijesen había sido bastante diestro al marcarla. El posterior dolor de la meticulosa depilación, desde su pubis hasta su ano, y axilas; y su frotado posterior
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con vinagre, habíase confundido y así mitigado con el persistente escozor de la quemadura, curtida por el vinagre mezclado con ajos muy bien triturados.

Sabía qué debía atender por el nombre de Prima, por ser éste el que aconsejaron a su amo en referencia a su número de registro.

LA INICIACIÓN SEXUAL DEL JOVEN MARCO, LLEGADA SU VIRILIDAD

CAPITULO 2


Marco, realmente no sabía bien que hacer con ella, y estaba, tentado a comenzar a jugar con ella, como hacía poco tiempo lo hacía junto con sus hermanas; pero sabia, igualmente, que antes de iniciar cualquier discreto juego, con su esclava de placer, debería desflorarla y así desahogándose en ella, calmar totalmente la tensión de sus testículos, como se lo recordaba su dolorosamente erecto pene, bajo la túnica.

Además, él no ignoraba que ésa era una de las causas de que ella fuese suya y que todos aplaudirían la lograse poseerla también como a sus anteriores juguetes y aprender que diversiones proporcionaba como hembra. Para tomar tiempo y ánimos, y pensando que la muchacha era tres años mayor que él, según se les dijo, y que éstos podrían hacerla demasiado fuerte, decidió cansarla antes de dar otros pasos y en ese momento, procedió a sentarse y ordenarla que bailase para él. Enérgica e incansablemente, cogiendo una varilla, con firme ánimo de utilizarla sobre las carnes de su esclava, a la menor vacilación de ésta, o torpeza en cumplir sus órdenes.

Debían dejarse muy bien sentadas, desde el principio, y de forma directa y personal, las posiciones respectivas, pues aunque más adelante y lógicamente. Prima sería sólo una entre bastantes otras muchas hembras de su propiedad y a su personal servicio; pero, por el momento, podría pasar tiempo hasta que se desprendiese de ella o bien la utilizase menos, en un probable embarazo, que subrayase su condición viril; o, simplemente que sus mayores le entregasen a otra para disfrutarla tal vez, hasta su próximo cumpleaños; a menos que dejase antes preñada a Prima y argumentase que deseaba poder preñar a otra y enriquecer a su casa con la futura venta de esclavos nacidos en familia, gracias a su labor.

Mientras ella evolucionaba, mirándole ansiosamente, con aquellos grandes ojos plenos de incertidumbre y ansiedad, pendiente de cualquier gesto que pudiese indicar la desaprobación o aburrimiento de Marco, y por tanto, un doloroso varillazo, en cualquier parte delicada de su cuerpo; que, por otra parte, nunca había sido realmente suyo desde que nació y resultó separada de su madre, para aprender las labores serviles de una hembrita nacida esclava. Realmente su danzar era un tanto grotesco por dolerle aun muchísimo la marca a fuego recibida y que tardaría días aun en curársele. Su danzar era algo patoso y Marco no podía por menos que reírse ante los extraños saltitos que Prima daba ante él, poniendo su mejor voluntad.

Él recordaba muy bien al estar recientes, todas las fases y dudas por llegar a decidirse a elegirla, para pujar por ella y comprársela; aunque a él nada le costó, pues el gasto corrió a cuenta de su padrino y tío. Meditaba, al tanto que contemplaba un tanto distraído, su bailar. no había sido fácil, realmente, la elección, pues el puesto de venta estaba muy bien surtido y él se preguntaba a quienes podrían pertenecer ahora todas aquellas otras que tampoco le habían desagradado, pero el regalo era de una sola esclava

Tan solo, más adelante podría intercambiarla con las esclavas de los otros amigos, con los que se encontró en el mercado de esclavos, eligiendo entre las hembras en venta, aquélla misma mañana; ya que sus mayores al haber llegado también a la edad viril, más o menos, por las mismas fechas, les obsequiaban con el mismo tipo de regalo que él. Alguno de ellos, debió aguardar un pequeño tiempo a que se celebrase aquélla subasta, debido a que era famosa por la cantidad y calidad del ganado en venta y merecía la pena esperar a que se celebrase.

Esto no significaba que estuviesen sin su esclava desde su cumpleaños, dado que tenía derecho al acceso sexual de alguna de su propia casa, pero sin ser de su personal propiedad legal... Por ejemplo, éste era el caso de su amigo Julio, tan sólo unos meses mayor que él. Por fin, aquélla misma mañana, a su amigo Julio, le habían comprado y regalado un par de jovencitas francas, mellizas; de hermosura mucho más cuestionable, para su personal gusto, que ésta que lucía su propia esclava, su morena gaditana. Por otra, parte con ella, casi le bastaba y sobraba por el momento, a él... Se preguntaba como desfloraría Julio a las dos francas, en una sola jornada; porque seguramente, según opinaba, al menos una de sus esclavas quedaría sin penetrar por él, de forma natural y maliciaba que su amigo recurriría a romperla con la mano o algún instrumento adecuado, como su estilete de escritura en la tablilla encerada de clase y así quedaría salvada su honra y su deber ante sus mayores, guardándose por años aquel engaño al callarlo él y exigir un absoluto silencio de ambas hermanas, bajo pena de terribles castigos de ser indiscretas, como cortarles la lengua.

Era un adecuado y tajante método de garantizar la obediencia a la discreción; y estaba en su pleno derecho de aplicárselo en caso de que alguna hablase de más y le trajese deshonor. Pero ellas, conocían no ya su deber sino este temible riesgo real y ni entre ellas mismas, comentarían nada de nada del incidente, en caso de producirse... Pero a Marco, Julio no le iba a engañar.

Más por rutinario trato que, por verdadera pericia había observado la dentadura y palpado bien las carnes de las mujeres ofertadas; y a veces por simple curiosidad y obedeciendo a su tío y padrino, como en el caso de aquellas no vírgenes ya, e incluso madres, que a él, no le interesaban nada.

Sin embargo, con la que renombraría él luego como Prima aquélla revisión le resulto no sólo agradable sino verdaderamente de interés personal para él. Prima, tenia un busto firme y agradable al tacto, con pezones oscuros y largos, quo se irguieron al ser acariciados y amasados por él; sus posaderas sin ser muy grandes, estaban femeninamente contorneadas, invitando con naturalidad, a la palmada o al pellizco. Así mismo, repasar sus costados, chocando en su recorrido con los lados de las mamas, le proporcionó grata impresión, como desconocida y placentera experiencia. Ella, lógicamente, permanecía quieta, preguntándose sí este desconocido jovencito después sería su dueño o se decidirá por alguna otra...

LA INICIACIÓN SEXUAL DEL JOVEN MARCO, LLEGADA SU VIRILIDAD

CAPITULO 3

Pero, dentro de no poderse hacer ilusiones, pues de ella no dependía su destino, sentía que las manos de él, recorrían su cuerpo con más dulzura que experiencia. Marco llegó a apreciar el agri-dulce olor que provenía de su vulva, tras aquel su anterior reciente obligado orgasmo; aquella zona reciente humedecida y brillante, también le fue más grata al tacto y a la vista, que la de todas las restantes hembras expuestas para la venta. Ello le estimuló a olfatearla por partes inesperadas para ella que le sorprendieron, como la anal tras separar los glúteos con ambas manos. Marco realmente jugaba así, ya con ella, algo, en una actitud traviesa propia de su edad; pero ponía una cara al hacerlo que imitaba la formalidad experta y distante del comprador que revisaba la mercancía, con que vio su tío actuaba.

También la olfateó sus sudores, pues ella traspiraba debido al esfuerzo de su postura y a toda la actividad reciente que había debido realizar para obsequiar con su orgasmo real, al publico de compradores, según ordenes expresas del capataz que la ponía en venta. Marco decidió que las axilas y piel en general, de aquella esclava joven, exhalaban un olor de hembra que le resultaba muy agradable.

Mientras tanto, escuchaba, sin poner excesiva atención, comentar al vendedor, dirigiéndose principalmente a su tío, al que veía como él que era realmente el verdadero comprador, en caso de que, Marco se decidiese por ella, que el carácter de aquella hembrita era de más lo aconsejable para un joven no avezado aun en disciplinar a esclavas. Decía que certificaba no se arrepentiría de comprarla para su sobrino; que a la vista estaba su calidad física, en juventud, salud, belleza, vigor y posibilidades de complacer tanto en general, como sirvienta personal de un hombre, como hembra de placer sexual; que les certificaba era de carácter obediente, agradable y sencillo; limpia y educada perfectamente como esclava para resultar una excelente adquisición, que nunca había estado enferma, que era inteligente y hasta sabía obedecer con un solo gesto o mirada del amo, sin precisar hablarle y corregirla, pero evidentemente que podría ser perfeccionada, acoplándose mejor al gusto personal de su comprador y acostumbrada a las disciplinas sí se precisaba o simplemente apetecía el disciplinarla, por complacer así en este particular para la diversión y entretenimiento de su amo.

Además sabía dar masajes relajantes, desarrollar labores
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Antiguo 15/07/2009, 01:39   #3
 
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de casa, danzar, cantar y tocar algún instrumento, igualmente recitaba y narraba historias, aunque evidentemente, no sabía leer ni escribir; sí bien, de complacer al hombre, sexualmente sus conocimientos eran teóricos y habría que adiestrarla, la labor de la enseñanza práctica se había reservado al amo que la comprase aunque ya estaba acostumbrada a auxiliar sin participar como hembra en actividades sexuales, de todo tipo, a parejas en sus placeres sexuales.

Era una buena adquisición y dada la cantidad de esclavas en venta en aquella época, tampoco era demasiado cara y ya resultaba algo gravoso alimentar, vestir y alojar a una esclava a partir de cierto momento de su vida, puesto que era hora de recuperar la inversión realizada y para los vendedores era mas rentable vender a las esclavas a precios asequibles, antes de correr el riesgo de que se ajasen, una vez completada su formación, y renovar así la oferta con nuevas hornadas de existencias. El tío de Marco escuchando el conjunto de características de la esclava parecía convencido de comprarla para su sobrino como regalo de cumpleaños.

El capataz, además, ya le conocía como un buen y antiguo cliente; le interesaba conservarle como tal y por ello tenerle contento. Y movido por ver a Marco interesado y feliz, decidió ser generoso; y que la esclava, otra vez orgasmase ante ellos, más en particular. La desató y ella cayó sobre la tarima, sin violencia, pues se sujetó con las manos. Ordenó se levantase y ella lo hizo de inmediato.

Estando de pie, pudieron observarla de un modo mas natural y comprobar que sus mamas permanecían erguidas como era lo correspondiente a su edad y que según el registro era de dieciséis años, recién cumplidos. Era tres años mayor que Marco, pero nacida por cercana fecha, y ésto era otra garantía de que serían compatibles en carácter, cosa accesoria realmente al tratarse de amo y esclava, pero tenida en cuenta en caso de posibles matrimonios entre personas libres, según los astrólogos.

Tras volverla a revisar en esta posición, se tendió de espaldas, sobre la dura tarima obedeciendo la orden del vendedor y así tendida, procedió a separar mucho sus piernas y con sus manos hubo de separar entre sí todos sus bien repartidos pelos genitales para mostrar unos sonrosados pliegues que daban acceso a su interior y comenzar a estimularse como aprendió ya a hacerlo. Marco se volvió a poner en cuclillas entre las piernas de aquélla hembra, para observar mejor y de muy cerca lo que hacía y como lo hacía...

Ella experimentó cierta inquietud, porque ya intuía que ciertamente ésa era la prueba decisiva que ella debía superar para que se cerrase al fin el trato comercial, por el que sería entregada a aquel amo tan joven. Tenía, incluso, un cierto sentimiento de orgullo y poder al sentirse el centro de la atención de aquellos hombres y sabía que de no demostrar, precisamente en ese momento haber aprendido bien lo que le habían enseñado, pudiera ganarse alguna inmediata y dolorosa corrección, innecesaria y evitable por otra parte, sí se esforzaba en que quedasen complacidos aquellos hombres con el espectáculo.

Realmente, el único absolutamente atento a lo que ella hacía, era Marco; porque los otros dos se enfrascaron en una conversación sobre diversos temas en referencia al mercado, las esclavas ya adquiridas, por el tío de Marco, los nuevos lotes futuros que se sacarían a la venta, etc. Pero, Marco si estaba interesado y atento a todo, al avance de la excitante masturbación de ella, a sus movimientos, cada vez mas acelerados, a todos sus jadeos, quejiditos y suspiros, según era afectada por su tan placentero esfuerzo.

Entre los velos de sus labios mayores, y aquellos sus sonrosados labios menores de la vulva de la joven hembra, Marco se percató de estar ante una virgen que exponía ante él, su nítido himen, garantía de que ella sería desflorada por él y su virginidad estaba aun por estrenar. Resultaba una tranquilidad que careciendo de experiencias propias con otro hombre le fuese imposible comparar y así percatarse de que Marco no era experto aún. Le llamó la atención aquel pequeño, gracioso y sensible clítoris, como punto en el que ella se centraba y tomó mentalmente nota, con un interés casi científico.

Realmente, para Marco, todo aquélla jornada había sido de aprendizaje de nuevos conocimientos anatómicos de la hembra humana; al menos los desconocía, tan clara y especialmente expuestos, por una de ellas que tras cerrarse el trato pasaría a ser su nuevo juguete de hombre.

Al recibir la orden del vendedor, para que finalizase, las caricias que se administró fueron instintivamente mas intensas y expertas. Además y simultáneamente, comenzó a aplicarse nerviosos masajes en su cuello y en sus mamas, contorneándose sobre la tarima de forma elegante, pasional e, incluso graciosamente cómica, para Marco. En breve tiempo, como lo hizo notar el vendedor, su vulva resultaba húmeda y brillante por sus fluidos de hembra; y calurosa y congestionada, cosa que se evidenciaba por una nube de vaporcito del que la fresca temperatura de aquélla mañana primaveral, era responsable de provocar.

Sus movimientos se habían ido haciendo más rápidos y finalmente, dentro de su juvenil agotamiento, experimentó, ante los ojos próximos de Marco, un violento orgasmo que llevó a un cerrarse de piernas, brusco, aunque tomó la sabia precaución de flexionar las rodillas y así no golpear a Marco, al evitar juntarlas. Quedó así, con sus pies a ambos lados de Marco, las rodillas flexionadas; ofertándole una nueva imagen del área genital femenina complementada con los glúteos y el ano. Marco tocó aquellas zonas de nuevo, desde su posición y le separó las rodillas del todo.

Observó que a ella le costaba no volverlas a cerrar y que sus genitales no se encontraban cómodos siendo explorados de nuevo tras el reciente intenso orgasmo pues ella frunció ligera y disimuladamente su ceño. A él le agradó verla esforzarse en soportar la molestia ante lo que a él, más bien curioso, le apetecía tocar y, por eso mismo, decidió tocarle lo que deseaba aún más, simplemente para observar mejor las reacciones de su nuevo juguete vivo.

LA INICIACIÓN SEXUAL DEL JOVEN MARCO, LLEGADA SU VIRILIDAD

CAPITULO 4

Cuando se invitó a Marco, a comprobar la realidad del orgasmo de la muchacha, ella obedeció la orden de volverse a exponer a disposici6n de la mano de su posible comprador, y futuro amo, así lo hizo, no deseándolo en su interior realmente; pero aun jadeante, tensionando sus músculos y con su labio inferior mordido, así lo hizo. Marco, un poco torpemente al principio, toco aquellos genitales tan mojados, fragantes y entonces sin duda alguna sensibles, hasta la molestia dolorosa. No dudaba nada de que había orgasmado, pero así y allí, Marco aprendió la poderosa sensación de ser el dueño absoluto de la vida y ser de una esclava personal, tras cumplir todas las legalidades de su compra.

Por parte del vendedor, no había inconveniente en que la esclava por sí era ése el deseo de su tío o del mismo Marco, volviera a repetir, vez tras vez, sus orgasmos, para demostrarles a toda prueba la potencia orgásmica de ella, como artículo garantizado que compraban. Pero ya Marco se había decidido totalmente y le dijo a su tío y padrino:

“Deseo llevarme a ésta tío. ¿Puedo llevármela a casa y dejarte con los trámites, en los que no deseo ya estar?”.

Recibiendo el permiso, ella fue trabada con un yugo que sujetaba, tanto sus muñecas como su cuello y así desnuda, arrastrada de una cuerda por Marco, emprendió el camino a casa de su amo personal, siguiéndole. Y viendo la pareja caminar, de modo tan inusual pues ella iba tal como algún día la parieron y enyugada, la gente se sonreía al comprender que era sólo un amo joven que deseaba jugar, lo más pronto posible con su juguete vivo y recientemente regalado.

Marco caminaba, contento y orgulloso; y tras él su esclava, pensando que no eran precisas tales precauciones para impedir su huida; puesto que, por nada del mundo osaría huir de su propietario. No iba cómoda, pero tampoco extrañada de caminar así, sí con ello su amo era el centro de la atención, como parecía desear. Era un hombre, era un amo y sí deseaba conducirla así, estaba en su pleno derecho. De pronto, él pensó era una solemne tontería ir andando, pudiendo usarla de cabalgadura y así indicó se arrodillase, se sentó a horcajadas sobre el yugo y así prosiguieron hasta llegar a la casa. Ella era fuerte, comprobó.

Se divirtió mucho guiando a su yegua con los talones, de modo que la enseñó que para que girase a la derecha recibía una presión del talón derecho sobre su mama derecha y en caso de ser indicado girar a la izquierda, variaba de forma lógica la orden y así recorrieron el camino. Cerca de su casa ya, le pareció oportuno el bajar al suelo, ordenó se arrodillase de nuevo, sin perder el equilibrio, desmontó de su yegua, antes de doblar la última esquina e indicó que resoplase para expresar su agradecimiento por poder descansar de su carga. En el camino le había enseñado a relinchar.

Aunque hombre legalmente, aun tenía algo de crío travieso
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y juguetón; pero, ambos sabían que bien pronto él debería indicarle otro tipo de juegos bastante diferentes a éste y ella debería serle una yegua de muy diferente tipo, aparte de seguir siendo su juguete, para juegos infantiles como éste último, pero no tan manifiestos públicamente

Nada infantil sería lo que a continuación, ya en casa, ocurriría entre ambos. Y no sería exactamente servir como una cabalgadura de transporte ni sexual. Esto último se demoraría un poco, aun... , aunque no demasiado.

Tras entrar él indicó al portero que llamara a la supervisora de todas las esclavas, al secretario, al físico, al mentor de su enseñanza y avisasen a sus padres notificándoles ya estaba de vuelta con su esclava nueva y que sí era posible, saliesen a verla. Ella permanecía a su lado, observándolo todo; pero discreta y respetuosamente. Mientras nada se le ordenase, esperaba. No todos los citados eran esclavos sino ya libertos pero clientes al servicio de la familia y gozando de la confianza de su padre.

La supervisora se presentó y no fue necesario le dijese nada, tan sólo saludó e indicó que se la volviese a llamar cuando fuese procedente. Luego apareció el secretario y tomó nota de que su deseo era que ella recibía, por nuevo nombre Prima y que su tío regresaría pronto con los restantes datos sobre ella, el contrato de compra-venta, etc., y que procediera a asentarla y censarla en los libros de registro como su esclava personal.

Al físico le dijo que esperase para revisarla como experto en salud y para desempeñar los cometidos que le correspondían en la ceremonia del marcado, siempre que diese su visto bueno a la salud de la muchacha. Cuando se presentó al fin, su mentor, Marco, de forma indirecta, buscaba la aprobación de éste; pues ella, para su mentor, era como otra materia en la que debería asesorarle...

Acudieron sus padres y hermanos, para comentar con Marco cosas de casi mera rutina, y preguntarle sobre como había sido todo. Y al parecer Prima les agradó, en principio, al menos, la madre de Marco la analizó minuciosa pero se sentía feliz viéndole feliz a él y sabiendo que la había seleccionado con cuidado y tenido siempre en cuenta el parecer desde su hermano, pues el tío de Marco era hermano de su madre. El padre reparó poco en ella tras un vistazo inicial y se retiró indicando a Marco que tras marcarla acudiese a su despacho.

Entonces Prima supo que iba a ser marcada, cosa que era de presuponer; pero, ignorando los detalles. En realidad, todo en aquélla casa, era nuevo para ella. Tan sólo sabía que era esclava de aquel amo tan joven, que le debía servir y complacer en todo; pero debería aprender con detalle, a partir de entonces, como comportarse y eso, principalmente era cometido de su amo.

Unos esclavos aparecieron, indicando estaba todo dispuesto y junto con ellos, marcharon el físico, el mentor y Marco, llevando a Prima detrás y de la cuerda sujeta al yugo de madera; que aún, no se le había retirado. El grupo llegó al patio posterior de la casa, un patio extenso y arbolado. Tenía al fondo los barracones para los esclavos; y enseguida, ella comprendió que alguno de ellos sería su alojamiento. Vio a esclavos y esclavas trabajando y afanándose en diferentes labores. Pero aquellos, apenas repararon en ella, ni siquiera por su desnudez y el cepo de madera que llevaba aun al cuello...

Estaba presente el hijo del amo, ya convertido en amo y personas con gran poder sobre ellos, para evidenciar se distraían de sus labores. Prima sí que se fijó en como vestían aquellas esclavas y no encontró nada que le llamase la atención puesto que portaban vestidos toscos, sencillos y recios como ya había visto en muchísimos lugares. Sin embargo, ella sabía que pudiera ser bien que su amo dispusiese ella vistiese de forma más provocativa cuando se le antojase reclamarla, para recibirla a su lado. Esa costumbre también la conocía... Pero, salvo esas ocasiones, sabía sería una más entre muchas, en su vivir normal.

El físico reclamó a dos esclavas y les indicó trajesen lo necesario que ya tenían previamente preparado, según instrucciones recibidas. Estas con celeridad desaparecieron para regresar con otras compañeras, y además la supervisora de esclavas las acompañaba, dándoles indicaciones. Portaban, trabajosamente, un gran balde de madera y multitud de cántaros con agua caliente. Prima se introdujo y se sentó en el balde cuando se le indicó y ahí recibió la descarga de agua de todos los cántaros y una enérgica limpieza, realizada con esqueletos de calabaza enjabonados. Después hubo de salir y recibió un aclarado con baldes de agua fría. Quedaba empapada pero ya limpia para la revisión del físico.

Éste la exploró con práctica profesional, aprobándola en su examen; que realizó estando ella de pie, sentada sobre una mesa grande y tosca que habían traído entre varios esclavos y dotada de argollas en sus laterales. Finalmente, la reconoció estando acostada en decúbito supino y luego prono; indicando a los esclavos la volteasen, pues el yugo impedía pudiese hacerlo por sus medios. Por tanto ella, al final de ese reconocimiento quedo acostada boca abajo, apoyándose el yugo en un extremo de la mesa e impedida de mirar hacia atrás.

Notó como era sujetada por unas fuertes cinchas de cuero atadas a las argollas y anudadas muy ajustadamente, de modo que pasaban sobre su espalda, cintura y muslos. Sus piernas quedaron unidas. Entre aquellas cinchas, notó como pasaban, flanqueándola de arriba abajo unas maderas y gracias a ellas, sus glúteos quedaban juntos y apretados. Era imposible, moverse. Tampoco, podía ver que pasaba tras ella.

Las esclavas volvieron a sus quehaceres y los esclavos tras traer un fogón con los hierros de marca, se retiraron igualmente. Tan sólo estaban a sus lados el joven amo al que pertenecía, por ley, el físico, el mentor y la supervisora de esclavas.

El amo que la marcaría, había diseñado un hierro simbólico y propio para la ocasión, ayudado por su mentor en el diseño. Semejaba a una vulva pero al aplicársela con los glúteos cerrados por el aprisionamiento de esas maderas laterales, cuando recuperaran su posición normal, aquélla figura quedaría dividida en dos partes simétricas, indicando que aquélla esclava tendría siempre su vulva abierta sólo para su amo y aquellos a los que, tal vez su amo, dispusiese entregarla.

Los primeros días hasta cicatrizarse la quemadura, todos podrían verla así marcada, pues la curación aconsejaba fuese con aquélla zona al aire...; pero, posteriormente la llevaría cubierta. Esto la obligaría, durante días a dormir boca abajo, a andar con cuidado y odiar el sentarse.

LA INICIACIÓN SEXUAL DEL JOVEN MARCO, LLEGADA SU VIRILIDAD

CAPITULO 5

El amo se subió a la mesa, colocando sus pies a ambos lados de las rodillas juntas de Prima. Su mentor acercó el hornillo con carbones que estaban al rojo vivo y tomó el largo mango del hierro incandescente por su extremo de pulida madera en forma de T. Desde su posición pudo apuntar certeramente. Ella sintió el enorme calor, tan sólo con la prueba que antes de marcarla, él hizo. Comenzó a aullar creyendo había sido ya marcada por su amo. Pero comprendió su error, al comprobar el momento de la marca y sentir que el hierro la empujaba abrasadoramente sus apretadas nalgas ya que su amo se apoyó sobre el mango, con su cuerpo. Se difundió por todo el patio, un olor a carne quemada, en forma de nubecita blanca. El amo sabía que no sería estética su marca y que debía marcarla con decisión y fuerza.

Ella auténticamente berreaba, pero nada pudo mover de su cuerpo, y salvo por su cerrar los puños hasta clavarse las uñas, abrir ampliamente su boca para tomar aire y gritar desgarradoramente y apretar con sus empeines el borde inferior de la mesa, nadie diría, por su quietud que aquello le dolía. No sólo lloraba de dolor, sino que comenzó a sudar profusamente y hasta se orinó, aunque no pudo evacuar gracias a los listones que la sujetaban a nivel de sus glúteos.

Su amo depositó de nuevo el hierro en el brasero y recibió muestras de aprobación por su entereza al marcar a su esclava personalmente, por parte del físico, de su mentor y de la supervisora. Los esclavos seguían en sus labores, mientras Marco y los citados revisaban la marca reciente que comenzaba a enrojecer las glúteos de la esclava en toda su amplitud pero menos que sí no los hubiese tenido tan sujetos y apretados con los listones Ella había perdido el conocimiento y eso era un consuelo aportado en casos como éste, por la sabia y clemente naturaleza. Antes de desmayarse había tenido, apenas tiempo, para saberse marcada, ya, por su amo personal y al que había sido regalada, para obedecerle, cuidarle, servirle y complacerle.

Marco descendió y fue a reunirse con su padre que le esperaba, para seguir tratando con él asuntos mucho más serios en referencia a su nueva situación. El físico ayudado por la supervisora de las esclavas, aplicaba esa mezcla que tan buenos resultados daba en la cicatrización de quemaduras recientes. Según evolucionase ésta iría aplicando otros remedios sobre ella pero ya lo delegaría en
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Antiguo 15/07/2009, 01:46   #5
 
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la supervisora de esclavas y se limitaría a vigilar los avances del proceso. El mentor, simplemente se despidió y se retiró.

Aun inconsciente, Prima según instrucciones dejadas por Marco fue despojada de su yugo y liberada de las cintas. Despertó, pero en referencia a poderse mover, nada varió. La supervisora cubrió la quemadura cubierta por la fórmula aplicada por el físico, con nuevas aplicaciones periódicas de la misma. Sabía que Marco esperaba a su esclava esa misma noche y debía estar en unas mínimas condiciones para presentarse ante él. Aprovechó el tiempo para explicarle lo más fundamental de lo que se esperaba de ella y le dejó bien sentado que, al igual que su joven amo la había marcado tenía poder para aplicarle o mandar le fuesen aplicados toda clase de castigos sí opinaba precisaba corrección y, por tanto, que no le desagradase jamás por nada y en nada, sino se esforzase con todo su ser en reconocerle como dios personal para ella; y todopoderoso sobre ella.

A Prima no le costó nada en absoluto reconocer que esta era la realidad de su condición y que a pesar de ser su amo, algo menor que ella, todo su ser y hasta su misma vida era algo de lo que Marco podría disponer a su antojo y capricho de jovencito, pero ya legalmente un hombre.

Justamente, se cercioró de este hecho cuando vio regresar a su amo pasadas unas dos horas de haberla marcado y disponer fuese colocada con las piernas muy abiertas y colgada de unas cuerdas, de forma semejante a la postura en que había sido colocada, por la mañana, en aquélla sesión del mercado, donde Marco aún no era su amo y ella no sospechaba que nacería renombrada como Prima, por disposición de Marco. Esa postura incomoda afortunadamente evitaba que su herida contactase con nada más que aire.

Dispuesta así, de nuevo con sus genitales justo a la altura de los ojos de Marco, que ya no era un posible comprador sino su amo personal, hacía muy fácil la labor de éste de depilarla integralmente, pelo a pelo, con unas pinzas. A veces las extracciones, en especial cuando Marco se aburrió de la lentitud del proceso y le arrancaba ya mechoncitos de pelo, notaba dolores pero nada eran comparados con los que le podía provocar cualquier brusco movimiento sobre su herida. De modo que evitaba moverse y por tanto su amo tenía mayor comodidad para lograr acabar con todos sus pelos, hasta el último, puesto que al parecer le desagradaba los tuviese allí, alrededor de su ano, cubriendo sus labios mayores y sobre su pubis.

Cuando acabó y ella esperaba poder descansar ya, Marco decidió depilar sus axilas, y tras revisar la herida y acariciarla rápidamente, ordenó a la supervisora que le aplicase en las zonas depiladas el mismo remedio que en la herida; y así, colgada permaneciese, hasta ser preparada para conducirla a su cuarto.

A última hora, volvió a ser adecentada usándose en ello esponjas y limpiada su herida, muy cuidadosamente, pero sin cura posterior. Su amo no estaba obligado a oler sobre ella lo que pudiese recordarle al vinagre y el ajo de la fórmula que precisaba para sus curas. Cuando decidiese hacer que regresase al barracón de las esclavas, ya se reiniciarían las intensivas curas. La supervisora le repitió sus recomendaciones de intentar en todo lo posible, olvidarse de las molestias de su herida, justo para no quejarse, molestándole, ya que él había decidido marcarla y ella tenia que agradecer lo hiciese personalmente él y no delegase en algún esclavo el realizar este ingrato, pero necesario e inevitable trabajo.

Este agradecimiento debería expresárselo poniendo en ello alegría, sonrisas, caricias y placeres según el dispusiese recibir de ella; y, tal vez, viéndola quejumbrosa y dolorida pedía fuese retirada de su presencia, en cuyo caso, la misma supervisora debería aplicarle la corrección oportuna. Así Prima, totalmente desnuda, y eso era un consuelo para ella, con un torpe andar, fue conducida ante su amo y allí permanecía como ya saben los lectores del principio de esta historia.

Los intensos recuerdos de lo acontecido durante el día en referencia a la torpe danzarina que ocultando sus obligadas limitaciones tenía ante sí y el deseo de descansar de otras emociones vividas por primera vez en su vida, decidieron su próxima orden para Prima. Mandó se detuviese y ella lo hizo de inmediato, no tan sólo por obediencia o por cansancio; sino por así, poder cesar de incrementar sus dolores de quemazón. Realmente, Marco, con su orden de que danzase para él, había conseguido que Prima sudase, pero tampoco su sudor se debía al ejercicio realizado sino al dolor ocultado para no desagradarle en nada. Además, intuía que el olor de su sudor, para Marco era un olor agradable y esto se le confirmaría a lo largo de los días al resultar algo habitual debía sudar antes de ser utilizada más íntimamente para el placer sexual de su amo.

Tras detenerse, Marco decidió se arrodillase de nuevo. Pero también le dijo algo que le resulto muy difícil de obedecer, aunque lo consiguió tal y como su amo le ordenaba. Debía, tras arrodillarse, inclinarse hacia detrás, sobre su espalda, sin echarse ni extender sus piernas. Era una postura que repetiría muchas veces por gusto de Marco, aun siendo incomoda; pero ya casi no se lo parecería; pues con el tiempo no sentiría ardores de angustia en sus glúteos (salvo tras ser azotada en ellos bien por apetecerle a Marco el hacerlo, bien por ella merecérselo como corrección).

Pero normalmente, el contacto de sus glúteos con sus piernas no le provocaría un dolor grande e intenso, como ahora experimentaba. En esta postura y condiciones debió masturbarse pues Marco deseaba orgasmase ante él de nuevo puesto que, estando aún más expuesta al carecer de pelo, simplemente, le apetecía el poderla ver mejor en ese trance. Además ella debía solicitarle respetuosa y suplicante la autorización para saborear un placer que gracias tan sólo a la magnanimidad de su amo, podía ella aspirar a sentir. Debía además, ser su orgasmo como una ofrenda en honor a su amo, buscando complacerle...

Prima le obedeció en todo; pues aunque la postura y el dolor hacían más trabajosa su obediencia, el temor a desagradarle, en lo más mínimo, y su juvenil feminidad, obraban en pro de conseguirlo y así fue finalmente...

Pero, justamente cuando le solicitaba permiso y obtenido empezaba a orgasmar, Marco que la observaba empezar a jadear ante él, se abalanzó sobre ella, con la túnica subida, enarbolando un pene desarrollado para su edad y terriblemente desconsiderado y agresor, la penetró fuertemente de un certero golpe, que acabó tirándola de espaldas y logrando se sumase un recrudecimiento del dolor en su herida, con otro nuevo dolor desconocido, pero esta vez procedente del interior de su ser al ser desflorada.

Aquél su placer esperado y autorizado se volatilizó de repente y de nuevo se percató de que era una esclava sin derecho alguno y su misión era sólo complacer a su amo.

LA INICIACIÓN SEXUAL DEL JOVEN MARCO, LLEGADA SU VIRILIDAD

CAPITULO 6

Marco siguió jugando con ella hasta quedar plenamente satisfecho y feliz de lo divertido que podría llegar a ser su nuevo juguete. Permitió que le abrigase con su boca un pie e introdujo el otro en su sangrante vulva por ir descubriendo nuevas utilidades de la hembra esclava que le pertenecía. Pensó que ya comentaría con Julio y otros amigos, pero más adelante para hacer combinaciones e intercambios de esclavas entre ellos, y teniendo a su Prima enrollada a sus pies y dándole su calor a éstos decidió dormirse y al poco rato lo conseguía.

Ella veló desde allí su sueño, pues sus dolores no le permitieron conciliarlo en toda la noche y despertándose él volvió a usar a su esclava. No tenía otra, pero proyectaba conseguírselas para que Prima supiese que tan sólo sería la elegida para complacerle cuando a él, su amo, le apeteciese ser complacido por ella, puesto que sólo era un grato animal hembra, aunque aparentemente se semejaba a la que debería desposar en su día. Con Prima debería, igualmente, demostrar era capaz de hacer parir a una hembra, de lo que tenía dudas.

Antes del año le avisaron que Prima, estaba pariendo un fruto sembrado por él en su interior, gracias a ella ser un buen campo y el un buen sembrador. Fue otra alegría, entre las muchas que Prima le concedió, al certificarle era capaz de preñar a una esclava. Al cabo de los años, Prima logró dar frutos esclavos que compensaron toda la inversión realizada en ella y en su manutención, con creces al venderlos en aquel mercado donde ella fue comprada.

Los placeres y juegos con los que durante algunos años alegró a Marco son secundarios frente a ese enfoque de inversión rentable, gracias a su fértil vientre. Ella lo entendió así; nunca rechazó el complacer a su amo, aunque fuese debiendo ser a costa de dolor y molestias a las que Marco resultaba ajeno, salvo por divertirse mucho con verla aguantarlos por él; al saber ella, que con su dolor, a veces, también le hacía muy feliz.

FIN
MAESTRODS está desconectado   Responder Citando
Antiguo 15/07/2009, 02:34   #6
 
Rol: sumiso
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Mensajes: 762
Predeterminado

La verdad es que me gusto el relato.,me gustan los relatos con detalles..es una linda fantasia...................... ............................
ensueño está desconectado   Responder Citando
Antiguo 15/07/2009, 03:19   #7
 
Rol: Dominante
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Ubicación: Palma de Mallorca. Baleares. España.
Fecha de Ingreso: Jul 2009
Mensajes: 349
Predeterminado

ensueño cielo
Me alegra. Te garantizo que además de fantasia hay documentación
Sigues sin ser localizable en contactos. Creo se debe a que no te has hecho perfil.
Besazotes
MAESTRODS
MAESTRODS está desconectado   Responder Citando
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