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Viejo 24/01/2006, 21:33   #1
 
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Predeterminado cenicienta segunda parte

CENICIENTA II PARTE

Mi vida seguía del modo habitual en la mansión que fue de mi padre y aunque a veces le añoraba muchísimo, no podía decir que mi existencia fuera infeliz. Había descubierto en mi una vocación por servir, por ser simplemente la última de las marmitonas de la cocina. Y en toda esa humillación -que desde luego sentía- había descubierto un placer oculto, secreto.

Si yo al nacer ya era así o si fue algo, una deformación, que surgió a raíz del trato al que me sometieron en edad tan temprana mi madrastra -La Viuda Chancellot- y sus hijas las Srtas. Anénoma y Críspula (y siguiendo su ejemplo y sus órdenes todos los criados de la casa), no sabría yo decirlo. Quizá era una semilla latente y se desarrolló al encontrar terreno favorable. O mas bien se hubiera desarrollado igualmente bajo cualquier circunstancia...

Mi mentor en estos juegos, el Señor Arrogante, había empezado a educarme siguiendo un manual secreto que tenía en su cuarto del penúltimo piso. Ahora cuando cometía alguna falta -real o imaginaria- me hacía subir a su habitación y allí colgaba una cuerda de la viga de madera del techo, haciéndola pasar por una argolla, sujetaba mis muñecas a ella y me alzaba hasta que sólo rozaba el suelo con las puntas de los pies. Luego -como era compasivo- vendaba mis ojos, a fin de que yo no viera lo que iba a ocurrir. Luego soltaba parsimoniosamente los lazos de mi corpiño, desnudando mi espalda.

Normalmente esperaba un rato antes de azotarme para corregir mis fallos y defectos y yo pasaba ese rato con los brazos tensamente alzados y todo el cuerpo en tensión, equilibrándome sobre la punta de los pies. Sin ver nada, sumida en una sedosa oscuridad, pero intuyéndole cerca de mi, devorándome con la mirada. Sentía sus ojos negros clavados en mi cuerpo semidesnudo y algo en mi gritaba de júbilo y orgullo.

En ocasiones el Señor Arrogante llamaba al Mozo de los establos para que éste me disciplinara por orden suya, en su presencia, y yo sentía en esos momentos un gozo oscuro, aunque mi exterior seguía siendo aparentemente el de una doncella serena y virginal. Esas sesiones de castigo solían terminar descolgándose de la viga del techo, pero sin desatarme las manos ni quitar la venda de mis ojos y entonces llegaba la hora de las caricias. Ellos tomaban su placer en mi y yo me amoldaba a sus deseos con una obediencia que cada día perfeccionaba más, aunque en ocasiones tuviera algun conato de rebeldía que ellos prontamente acallaban.

La vida transcurría placidamente y yo me sentía feliz en cierto modo. La Viuda Chancellot era una Ama Oscura, caprichosa y dominante que siempre encontraba el modo de hacerme llorar y que nunca demostraba estar satisfecha con el modo en que yo obedecía la menor de sus órdenes y llevaba a cabo el mas nimio de sus caprichos. Sin embargo a pesar de ello -o quizá precisamente por ello- yo respetaba su autoridad y el poder que tenía sobre mi y me plegaba también a ella y hacía conmigo su voluntad. Anémona y Críspula eran crueles conmigo y gozaban produciéndome autentico dolor. Entre ellas y yo no sentía la menor complicidad y eso era lo que hacía que lo pasara francamente mal en sus manos. Tenían envidia de mi belleza e intentaban destruirla o aminorarla siempre que tenían ocasión.

Un día llegó un emisario a nuestra casa y hubo un gran revuelo que, como una fiebre, recorrió la mansión de punta a punta. Debido a mi humilde condición fui seguramente la última persona en enterarse de qué lo había producido, pero al final llegó a mis oidos que su Majestad el Rey de Shannador daría una gran fiesta en honor de su único hijo el Principe Christian. Una fiesta a la que invitaba a todas las jovenes casaderas, hijas de las nobles familias del Reino. Su intención era que el Principe -que al parecer era mas que algo reacio a la idea del matrimonio- encontrara a la joven capaz de enamorarle y conseguir que tomara la decisión de formar una familia y dar un heredero al trono.

Al enterarme de esta fiesta al oir la conversación de un pinche de cocina con una marmitona yo sentí que aleteaba una nueva ilusión en mi. Nunca había estado en ninguna fiesta. Pensé que yo era también hija de una noble familia -fuera cual fuera mi lugar en aquella casa en la actualidad- y que por lo tanto tenía tanto derecho como Anémona o Críspula a ir. De hecho la invitación decía: " a las jóvenes casaderas de la mansión Chancellot" y yo era a mis 18 años evidentemente una joven casadera y aquella era mi casa.





Cuando estaba de rodillas encendiendo el fuego de las habitaciones de mis hermanas oí que ellas hablaban de hacer venir inmediatamente a las modistas a fin de confeccionar sus vestidos para la fiesta. En mi ingenuidad yo no había pensado en ello, pero ahora al inspeccionar mis harapos, me di cuenta que necesitaba un vestido nuevo. Pero tengo un espíritu emprendedor y pensé que yo no era una inutil como mis dos hermanastras y que podía hacerme mi propio vestido de fiesta.

Sonriendo puse patas arriba todo el desván pero mi constancia se vió recompensada cuando encontré una pieza de color rosado que debió pertenecer al ajuar de mi madre. Puse manos a la obra y por la noche, despues de limpiar las brasas de la cocina, me lavaba con el agua del pozo, subía a mi habitación y cosía mi vestido a la luz de una candela. Cada dia cosia un poquito, hasta que se me vencían los ojos por el sueño y el cansancio y quedaba dormida.

Como me quitaba horas de sueño al confeccionar mi vestido y me levantaba al alba, un día me quedé dormida mientras limpiaba una chimenea. Era la primera vez que me ocurría pero cuando me descubrieron tendida sobre las losas de la cocina llamaron al Sr. Arrogante,a fin de aplicarme un correctivo. El me hizo salir al patio de detrás de la cocina y me mandó desnudarme por entero.

Obedecí, aunque sentía fijas en mi las miradas de todos los criados que me miraban recreándose tras los visillos de la casa (y seguramente también las miradas de mis Amas) . Con dulzura desaté las cintas de mi corpiño y me lo quité, desabroché mi falda y después de descalzarme me quité las medias de algodón, enrrollándolas. Quedé en camisa, temblando de frio, miré a mi verdugo y el me conminó con la mirada a que continuara hasta desnudarme por completo. Levantando los brazos me quité la camisa, sacándola por encima de mi cabeza. Mis cabellos rubios se soltaron de la cofía y cayeron como una oleada sobre mis hombros y espalda.

Yo temblaba y no se si era de miedo o excitación, aunque el otoño estaba avanzando rapidamente. El suelo del patio estaba cubierto de hojas doradas y un viento gélido soplaba desde el norte y movía mis cabellos. Yo sentía verguenza al estar allí totalmente desnuda e indefensa, pero al mismo tiempo una extraña calidez, un sensual orgullo. El Sr. Arrogante me dominaba con su altura. Se paró delante de mi y recogió la cascada de mis cabellos en lo alto de mi cabeza, sujetándolo con una larga horquilla que sacó de su bolsillo. Pellizcó mis pezones que respondieron a sus dedos, aunque ya estaban erectos. Entonces metió el cubo de estaño en el pozo y lo sacó lleno de agua helada. Vertió el agua por encima de mi y por la impresión no pude evitar soltar un agudo grito. El me abofeteó para llamarme al orden, mientras decía con voz potente: Silencio!!!. Yo tiritaba de frio y de humillación y mientras él enrrollaba una cuerda y la empapaba en el cubo de agua del pozo que otra vez estaba lleno.

Me hizo poner de espaldas a la casa y con las manos extendidas y las palmas apoyadas en la baranda del pozo. Separó ligeramente mis piernas y yo pude sentir como acariciaba ligeramente con los dedos el hueco de mi rodilla. Se separó de mi un poco, lo suficiente para poder maniobrar con su látigo de cuerda y azotarme asi, ligeramente inclinada.

Me dijo: "¿Cenicienta, cuantos azotes quieres? ¿Cuantos crees que mereces?"

Yo respondi: "Todos los que Vd. desee, Señor" "Merezco todos los que Vd. quiera darme"

Buena respuesta -respondió- Te daré 15 azotes y tu vas a contarlos en voz bien alta y a darme las gracias cada vez. ¿Lo has comprendido?

Respondí : "Si, Señor, he comprendido"

Mientras me decía todo esto estaba humedeciendo bien la cuerda en el agua helada a fin de que pesara más. Empezó a azotarme y la cuerda cayó sobre mi espalda. Yo conté: "Uno, gracias Señor". Me azotó cinco veces en la espalda, cruzándola de lado a lado. Yo respondía siempre entre latigazo y latigazo, contándolo y dandole las gracias. Intentaba no temblar y no echarme a llorar, sabía que eso solo empeoraria las cosas. A el le gustaba mi comedimiento. Seguidamente empezó a azotar mis nalgas, me azotó allí siete veces. Yo sentía arder mi piel, notaba el escozor y pensé que no podría sentarme en mucho tiempo sin acordarme de esos azotes. Al mismo tiempo sentía la humedad rezumar entre mis piernas. Yo estaba al limite de mi capacidad de resistencia pero el continuó y descargó los tres golpes restantes en mis muslos, rozando mi sexo como en una salvaje caricia. Al terminar yo estaba sollozando y me sentía tan vulnerable como feliz.
Jehanna está en línea ahora   Citar y responder
Viejo 25/01/2006, 00:14   #2
 
Rol: sumiso
Sexo: Mujer
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Mensajes: 440
Predeterminado

Después de leerte, no veas lo que me gustaría ser cenicienta.
¿No hay una tercera parte? Ojalá sí.

Un beso
zule
zule está fuera de línea   Citar y responder
Viejo 25/01/2006, 18:45   #3
 
Rol: sumiso
Sexo: Mujer
Localización: Girona
Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 1.409
Predeterminado

Hola zule, encantada de saludarte
Pues si, hay una tercera y ultima parte pero aún está en mi cabeza, a ver si tengo un momento para escribirla. Muchas gracias por tu comentario. Realmente a mi también me gustaría ser esa cenicienta, jajaja!

Un cálido beso
Jehanna está en línea ahora   Citar y responder
Viejo 27/01/2006, 20:18   #4
 
Rol: Dominante
Sexo: Hombre
Localización: Valencia
Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 57
Predeterminado

Extraordinario Jehanna. Sigue venciendo tu timidez y obsequiándonos con tu desbordante imaginación. Yo te iba a preguntar si te parecía bien que subiese unos curiosos videos de Blancanieves para ilustrar tu otro cuento, pero después de leerlo creo que son menos imaginativos que tus geniales relatos.

Un saludo

Sibarita
sibarita50 está fuera de línea   Citar y responder
Viejo 27/01/2006, 21:02   #5
 
Rol: sumiso
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Mensajes: 1.409
Predeterminado

Citar:
Originalmente publicado por sibarita50
Extraordinario Jehanna. Sigue venciendo tu timidez y obsequiándonos con tu desbordante imaginación. Yo te iba a preguntar si te parecía bien que subiese unos curiosos videos de Blancanieves para ilustrar tu otro cuento, pero después de leerlo creo que son menos imaginativos que tus geniales relatos.

Un saludo

Sibarita
Sibarita50 gracias!!!, hola, como estás?. Como puedes ver me gusta versionar cuentos (no soporto las versiones endulcoradas de Disney de los clásicos) . No me digas tu que cenicienta no tiene todo el perfil de una sumisa?. Tengo el final en mi cabeza y solo estoy esperando el momento, a ver si puedo este finde, de ponerme ante el Word y escribirlo. En cuanto a lo que me dices de subir unos videos para ilustraar mi cuento de Blancanieves, hazlo por favor, por favor (sonrío). Verás yo tengo un problema (bueno muchos, ja) y es que normalmente no busco videos en la red, bueno excepto aqui. No sé por donde empezar y por eso no los pongo. Si conoces alguna dirección te lo agradeceré porque me gustaria contribuir tambien.
En fin, que no me extiendo más, decirte solo -aunque no es este el hilo- que me gustó mucho tu carta a una sumisa y el video adjunto. Para mi la magia de esto esta mucho mas en la mente que en muchas otras cosas.

Un cálido beso.
Jehanna está en línea ahora   Citar y responder
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