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| Rol: Dominante Sexo: Hombre Localización: Islas Canarias, Las Palmas Fecha de Ingreso: Dec 2005
Mensajes: 63
| ¿Eres consciente, Hana, de porqué lo mereces? ¿De que has hecho mal y mereces un correctivo por ello?. Jamás te he castigado sin que comprendieras el motivo del castigo, no basta con que seas castigada, has de comprender las razones, no serviría de nada tu castigo si no va acompañado de un aprendizaje, Repito, ¿Sabes porqué vas a ser castigada Hana?. - Si Señor, entiendo mi falta y lo recibiré con respeto. - -Ahora serás disciplinada, ve a buscar tus ataduras y mi fusta..., rápido, no me mires y hazlo. - -Bien, ¡¡colócate, ya sabes hacerlo!!, ahora ponte las esposas tu misma, y acóplalas a la cruz. ¡¡No me mires!! Aun no mereces mirarme. - Perdón Señor - -¿Qué has de decir antes de recibir tu enseñanza? - Mi Señor, merezco un castigo que me haga corregir mis errores. - -¡¡Más alto!! - SEÑOR, MEREZCO UN CASTIGO QUE ME HAGA CORREGIR MIS ERROES - -Bien, recuerda, en cada golpe, cual ha sido tu error eso te ayudará a recibirlo. - Abre las piernas, no es necesario atártelas, cada vez que las cierres, recibirás un azote más. Ofrécete al castigo. correcto, veo que has aprendido, ya elevas tus nalgas a la altura adecuada. Esta vez vendaré tus ojos para que no esperes el golpe, sé que es cruel y no deseo serlo contigo, pero la afrenta de tu error merece que así sea. Ahora... bésame antes de comenzar, y besa la fusta que te ayudará a corregirte. Hana lo besó con timidez, entregada en manos de aquel a quien amaba. Una vez situado a la distancia adecuada, alzó la fusta y azotó sus nalgas exiguamente, pero aun así resonó en sus nalgas, apretadas por la espera de sentir el primer golpe. - Gracias Señor Dos - Gracias Señor Tres - Gracias Señor La fuerza de los golpes se iba acrecentando a medida que incrementaba el numero de ellos, una lágrima corrió en silencio por sus mejillas, pero Hana, lejos de llorar, apretó sus labios con fuerza, quería demostrar a su amo su dignidad y orgullo de ser sumisa y de sentirse voluntariamente sometida. Cuatro - Gracias Señor Cinco - Gracias Señor Sus palabras ahora nacían entre leves sollozos, pero Hana se mantenía dignamente aprestada al castigo. Seis - Gracias Señor Su piel se enrojecía a cada sacudida, sentía como la fusta se precipitaba en sus nalgas, y en cada golpe se entremezclaban el dolor y el placer de someterse a su Amo. A estas alturas, sus nalgas ya estaban relajadas, rendidas a cada golpe que su Amo le diera. Los azotes continuaron hasta siete, un número simbólicamente mágico para ellos. Al concluir, él se acercó a Hana y suavemente retiró la venda que cubría sus ojos, la tomó de la barbilla levantando su cabeza y la miró a los ojos, estaban llenos de lágrimas, ella lo miró con sumisión, con amor, todo el amor del mundo estaba en aquella mirada que ella le ofrecía. - Perdón Esa palabra fue todo cuanto ella llegó a pronunciar mirando tiernamente a los ojos de su Amo. Tomándola por las mejillas, él enjugó sus lágrimas, una a una, con besos de ternura, Hana continuaba sollozando, avergonzada inclinó la mirada al suelo, y él entonces la besó apaciblemente en la frente. Soltó sus manos y la sujetó entre sus brazos llevándola hasta el suelo cubierto de una alfombra apacible. La reposó allí, de lado, suavemente, con la intención de no hacerle daño en sus magulladuras. Mientras él admiraba su belleza, la acariciaba tiernamente. Lentamente recorría su espalda y sus nalgas con sus caricias, con la suave yema de sus dedos. Hana se estremecía ante él con cada roce tierno que le daba. Aquellas manos fuertes y firmes, se convertían ahora en pétalos de dulzura, y hacían que se sintiera la más afortunada de las mujeres, comprendió que él la amaba, la cuidaba, la mimaba como quien protege a una niña delicada tras recibir una herida. Hana volvió a cerrar sus ojos, y sumisamente le ofreció sus labios, lastimados por la presión que había ejercido en ellos momentos antes, al tener que morderlos con sus dientes, testigos doloridos de su resignación. Mirando dulcemente a los ojos de su Amo, brotaron de su boca las palabras, llenas de ternura, para decirle: - Señor, he aprendido algo más con el castigo, he aprendido lo grande es el amor de mi Amo. SIR. STEPHEN Editado por Sir_Stephen en 02/02/2006 a las 02:51. |
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| | #2 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: bajo los pies de mi Dueño Fecha de Ingreso: Jan 2006
Mensajes: 1.330
| que hermoso relato Sr. y las lagrimas aun siguen derramando y aun siento el ardor de los azotes y si que dolio!! Gracias gaby |
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