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hazlo sano... hazlo seguro... hazlo consensuado |
| | #1 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Localización: Sevilla Fecha de Ingreso: Dec 2005
Mensajes: 259
| Ante todo, un breve prologo. Este relato fue escrito para quien lo inspiro. Hace de eso algunos años. No he vuelto a releerlo, pues me trae recuerdos que prefiero dejar dormidos. Asi que no se si tendra errores, espero me disculpeis. Es literatura fantastica, asi que os pido un ejercicio de imaginacion para trasladaros al mundo que describo. Evidentemente no esta concluso, pues mi relacion con la persona que lo inspiro, termino. Y con el, las ganas de continuarlo, pero os dejare aqui hasta la ultima de las frases que escribi para ella. Lo hare en forma de capitulos cortos, ojala y os guste. Gracias... ![]() |
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| | #2 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Localización: Sevilla Fecha de Ingreso: Dec 2005
Mensajes: 259
| El octavo día de viaje nos llevó frente a las majestuosas murallas de La Ciudad Púrpura. Los altos estandartes del Senescal ondeaban al viento de la mañana y las caravanas de mercaderes y esclavos, con su habitual trajín, atravesaban las puertas occidentales, flanqueadas por guardias fuertemente armados. El heraldo de mi séquito llego cabalgando y sin esperar a que su montura se detuviese, salto de la silla para postrarse ante mi y anunciarme que el Senescal nos esperaba en su Palacio, que nos daba la bienvenida y que agradecía a los dioses que nuestro viaje se hubiera desarrollado sin incidentes. Nos mandaba todos sus parabienes y nos invitaba a la hospitalidad de su ciudad. El largo viaje desde L´Anduin, el reino de mi padre, era debido a un encargo recibido personalmente de el y donde yo probaría mi lealtad a la corona en mi primera salida como representante de mi país y heredero del trono. Mucho dependía de ese viaje, del tiempo empleado, de las visitas a las provincias del reino durante el mismo y de las relaciones con nuestros vecinos más cercanos, aquí en su capital, en la gigantesca Ciudad Púrpura. Además de todo eso, mi padre me había dado la consigna de encontrar esclavos dignos para su servicio, con que celebrar los 30 años de su subida al trono. Grandes festejos se preparaban para esa fecha y la cantidad y calidad de los regalos debían sin duda, estar acorde con la majestuosidad del momento. Así que, en este primer viaje como portavoz de mi pueblo, me propuse ganarme toda la confianza de mis hombres, cumpliendo fielmente con los mandatos de mi señor y Rey. Pensé que por fin vería el gigantesco mercado de esclavos por el que La Ciudad Púrpura era famoso en todo septentrión y por el cual, cientos de caravanas se arremolinaban a su alrededor, a la espera de un espacio donde mostrar su mercancía. Fornidos hombres, bellas mujeres, animales exóticos y especias, telas y metales de mas allá del los grandes mares. No negaré que una especial excitación recorría mi ser, en espera de contemplar dichas maravillas, que se narraban en las suaves noches de verano en mi palacio, allá en L´Anduin, a muchas leguas de distancia. Decidí no esperar más y ordené a mi escolta espolear las monturas, no quería permanecer más tiempo con el polvo del camino pegado a mi piel, sabiendo que el Senescal pondría un sequito de bellas esclavas a mi servicio, para mi cuidado personal. Llegamos a la plaza donde el alto palacio del Senescal desembocaba sus escaleras, y donde guardias del mismo recogieron mi montura, llevándola sin duda a las caballerizas, atendidas por esclavos que darían descanso a las bestias. Subí las escalinatas de Palacio, con la mano puesta sobre el pomo de mi espada, y la capa de viaje , recogida sobre mi brazo izquierdo, en porte digna de un hijo de Rey y flanqueado por mis ocho mejores guerreros, que acompañaban mi ascenso con un sonido metálico de cotas y armaduras. El chambelán del Senescal, con su clásica túnica de protocolo negra se arrodillo ante mí y besando el sello de mi mano derecha, agradeció el largo viaje que me había traído hasta su ciudad, y rogó a los dioses por la bondad con la que los salteadores de caminos habían respetado mi travesía. Agradecí sus palabras y le pregunté cuando seria recibido por el Senescal, ya que traía ordenes concretas de mi padre para el, a parte de unos presentes que el personalmente había escogido para esta ocasión. El Senescal se encontraba en reuniones con la liga de mercaderes libres de aquella región, pero había dispuesto todo para que mi espera fuera lo mas cómoda posible, poniendo a mi disposición una docena de esclavos que me asearían y atenderían hasta el momento en que fuera recibido. Seguí al chambelán hasta mis aposentos en el ala sur del palacio y ordené a mi escolta que descansara y estuvieran preparados para el momento de la recepción. Luego me adentre en mis habitaciones, donde obtuve la primera sorpresa del día, ya que todo mi séquito de esclavos eran mujeres, mujeres jóvenes que con sus túnicas color blanco, el color de la esclavitud en La Ciudad Púrpura. Me esperaban arrodilladas, en una perfecta línea, y con sus ojos mirando al suelo, humilladas. Una de ellas, quizás la jefa de esclavos de aquel grupo levanto la cabeza del suelo, pero sin llegar a mirarme y me dijo : Amo, soy Leri, jefa de esclavas, estamos a tus órdenes Conteste que en esos momentos, mis deseos eran refrescarme y tomar un baño, y por supuesto, cambiarme para mas tarde, el momento en que me encontraría a solas con el Senescal. A un movimiento de manos de Leri, tres de las esclavas se incorporaron y dirigiéndose a mí, comenzaron el bello ritual que una esclava usa para desnudar a su Amo. Va soltando las prendas una a una, con parsimonia y doblándolas primorosamente, mientras yo, inmóvil, disfruto de la coreografía de estas esclavas que sin duda han sido instruidas sabiamente por manos expertas, ya que en poco tiempo, me encuentro desnudo, y las tres esclavas están arrodilladas detrás de mi, con sus frentes apoyadas en la ropa que acaban de quitarme. Siempre escoltado por las esclavas, caminé el corto trayecto que me llevaba hasta el salón de baño, donde una piscina de agua tibia, severamente perfumada por aceites y plantas silvestres, me aguardaba en medio de la sala. El húmedo ambiente comenzó a relajarme y solo en este momento, me percaté del cansancio que los días de largas jornadas a caballo había hecho mella en mi. Cerré los ojos mientras dos esclavas desnudas, y dentro de la bañera, frotaban mi cuerpo con largas hojas de Nenmial, el árbol de los reyes, cuyo fragante olor se impregna en la piel y acompaña muchos días. Frotaron mis pies, cansados, mientras canturreaban canciones de baño, enseñadas para que el momento del aseo, sea aún más relajante para el Amo. Son canciones que hablan de brumas y cascadas donde el agua limpia la roca y la deja brillante. Donde el pájaro de las brumas, el Allen-Myr, bebe y se refresca del calor del medio día. Mi cuerpo reaccionaba al baño y se abandonaba a las caricias de las esclavas, que sin duda habían sido escogidas para mi uso personal por el mismo Senescal, ya que la tersura de sus cuerpos, la suavidad de sus manos y la belleza de sus movimientos eran dignos del hijo de un rey. |
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| | #3 |
| Rol: Dominante Sexo: Mujer Localización: coslada Fecha de Ingreso: Feb 2006
Mensajes: 169
| Asi que amante de la literatura fantastica querido??? jejejej Esta muy bien redactado y la atmosfera me parece increiblemente buena,sigue asi que me a encantado deleitarme con tu pequeña obra fantastica.... Un besazo Mistress Tammy |
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| | #4 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: Girona Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 1.408
| Sentada en en el suelo, alzando la vista hasta la única luz de mi habitación -la del monitor de mi pc- te leía. Escuchaba la música de tu historia y un vivo mosaico se deslizó ante mis ojos. Poco a poco, los límites de mi cuarto se disolvieron en la nada, se expandieron y el humo de las visiones lo envolvió todo. Me encontré en otra realidad. Me hallé en tu mundo. Y me dormí arrullada por tus sueños. Gracias. Jehanna |
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| | #5 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Localización: Sevilla Fecha de Ingreso: Dec 2005
Mensajes: 259
| Cuando sus caricias llegaron a mi sexo, un largo escalofrío recorrió mi espalda mientras las hábiles manos de una de ellas descubrian mi glande para limpiar todo resto de suciedad. Lo hizo de tal forma que sus manos, en movimientos circulares, levantaron mi pene, tras ocho días de abstinencia por el transcurso del viaje. La esclava, percatada de la reacción de mi sexo, se detuvo, algo azorada quizás, aunque estoy totalmente seguro de que sabía cual seria la reacción de un Amo ante semejantes caricias. Quizás pensó que en ese momento no me apetecería y que la mandaría azotar, por causar tal reacción. Pero su cuerpo se relajo cuando acaricié su barbilla y le pregunte que más de una semana de viaje, requerían servicios más especiales. Ella entendió, como lo hace una buena sierva, que debía continuar, y siguió frotando con manos jabonosas mi pene erguido, que había alcanzado toda su erección. La otra esclava, que se ocupaba de mis pies, al ser consciente del momento, comenzó a pasear su lengua caliente por mis plantas. Entre ambas consiguieron un largo suspiro que salió de lo más profundo de mí, y me abandone al juego sexual que se había desatado en la bañera. Mientras que mi pene era sometido a un masaje delicado, como hecho con alas de pájaro, la otra esclava sorbía cada uno de los dedos de mis pies, y golpeaba con su lengua en mis yemas, que lanzaban mensajes de placer a mi cerebro, embotado por oleadas de placer. Cuando sentí que el orgasmo era inmediato, la esclava al cargo de mi pene, atenta a mi, introdujo la cabeza bajo el agua y formo con sus labios un apretado anillo sobre mi glande, mientras yo me abandonaba en una copiosa eyaculación que ella recibió hasta la última gota en su boca, esperando a que las sacudidas de mi pene de detuvieran y retirando suavemente sus labios de el. Solo entonces saco la cabeza del agua, y pudo tomar aire, peinando su mojado cabello hacia atrás. Me preguntó si estaba satisfecho con el baño y si deseaba algo más. Me encontraba descargado de tensiones y de mi cuerpo desapareció cualquier rastro de cansancio. En las sabias manos de una esclava de placer, un hombre encuentra el bálsamo que ni los mas afamados médicos o curanderos saben proporcionar. Es la magia que la naturaleza ha dado a una esclava entrenada, y sin ella, el mundo sería aún mas salvaje y despiadado. Los poetas y juglares cantan que un guerrero mide la calidad de su vida en los caballos montados, el temor a su espada y la calidez de sus esclavas. Es un dicho corriente que entre guerreros de alta cuna se agradezcan los favores realizados con la frase : "Que tu collar sea portado por tu mujer soñada".Lo cual dice mucho de la importancia de la misión que mi padre me había encomendado y la cual recordé en ese momento, perdido como estaba en las sedas del placer. Así que me incorporé de la piscina y al unísono ambas esclavas me siguieron hasta el vestidor, donde mi equipaje había sido ya extendido y perfumado, y donde junto a ellas, comencé a prepararme para la comida con el Senescal de La Ciudad Púrpura. Francamente quería hacer de mí, la imagen de un hijo de Rey, así que elegí los colores del pabellón de la casa de mi padre, Azul y Dorado, y puse sobre mi cuerpo, la túnica que habían bordado para mí, las esclavas costureras de palacio. Ceñí sobre mi cintura, la daga que mi padre me había regalado para la ocasión, con el escudo de la familia y decorada ricamente con gemas de las minas de "Erionlas" las mas preciadas de Septentrión. Las muchachas a mi servicio colocaron mi capa de ceremonia sobre mis hombros, y pensé que iba siendo hora que yo también eligiera ya a mi servicio personal. Había cumplido la mayoría de edad y era el momento en que todo noble impone su collar a su grupo de esclavas, las que se ocuparían de su aseo, su vestuario y por supuesto, su placer. Con la firme idea de hacerme de mi propia collera de siervas avancé por los pasillos que llevaban al gran comedor del castillo, flanqueado por mis dos mejores hombres que vestían la roja coraza de ceremonia que la escolta del hijo de un rey siempre lleva. El Senescal se encontraba con sus consejeros, observando unos documentos sobre la mesa, cuando hice la entrada en el amplio salón. Un gesto de sus consejeros hizo que este mirara hacia mí y una amplia sonrisa se dibujo en su rostro, marcado por cicatrices de batallas y moreno por largas jornadas bajo el sol. El había sido y aun era, gran amigo de mi padre, aun recuerdo capítulos de mi niñez cuando el Senescal de la Ciudad Púrpura, cuyo verdadero nombre era "Smur-Eleq-Semhar", me enseño el manejo de la espada y el arco de guerra, en una de sus muchas visitas a mi reino. Me abrazó cálidamente, y me llamo "cachorro de león", como solía hacerlo. Me agradeció el viaje para ir a verlo, ahora que se sentía viejo y cansado, gustaba de que recuerdos de su juventud guerrera hicieran aparición en el palacio, y sin duda, junto a mi padre, habían protagonizado capítulos guerreros que habían dado fama, riqueza y prestigio a La Ciudad. |
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| | #6 |
| Rol: Switch Sexo: Mujer Localización: Las Palmas de Gran Canaria Fecha de Ingreso: Oct 2005
Mensajes: 299
| Sr Master Sumun....la verdad es que me han gustado mucho los dos relatos, pero me han dejado desconcertada con respecto a los otros, tienen algo distinto.........no sabría explicarle lo qué es, parecen escritos por otra persona (por favor, esto sin ningún ánimo de dudar de usted, nada más lejos de mi intención)....o es que era usted OTRA PERSONA cuándo los escribió??(disculpe la indiscreción) Saludos. mayera |
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| | #7 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Localización: Sevilla Fecha de Ingreso: Dec 2005
Mensajes: 259
| Asi es....yo era propietario de un tesoro de persona. De alguien que me hizo como Amo, y que me inspiro en este relato. Ademas, como dije en el prologo, este relato esta escrito hace unos años...y no esta revisado. Mi estilo ha podido cambiar, por supuesto. Pero lo que sin duda ha cambiado, es que...esta historia era para alguien. Gracias por tu observacion... ![]() |
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| | #8 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Localización: Sevilla Fecha de Ingreso: Dec 2005
Mensajes: 259
| Hablamos y reíamos mientras las esclavas nos servían las viandas en ricas bandejas doradas. Smur me preguntó cuando pondría mi collar a mis propias esclavas. La Ciudad Púrpura era el sitio indicado para que fuera eligiendo muchachas a mi servicio, y que tenia algo especial que ofrecerme, ya que una rica caravana proveniente de Catania, traía una remesa de mujeres jóvenes capturadas en los palacios de Buhar-Nar, la capital de Catania, y que entre ella, decían que venían las mismas esclavas personales del rey. El me llevaría al mercado de esclavas y me acompañaría a visitar las jaulas antes de que salieran a subasta, y que con motivo de mi visita, me regalaría una esclava que yo mismo elegiría. Agradecí con un gesto su voluntad de complacerme y una súbita curiosidad me asalto de repente. Las jaulas del mercado más importante de Septentrión. Y yo las visitaría con el hombre mas poderoso de la ciudad...era una oportunidad única para alguien que buscaba imponer su collar a una buena remesa de esclavas, e impacientemente, le pregunté si iríamos así que termináramos de comer. El Senescal rió fuerte, con esa risa que yo recordaba de pequeño y me dijo que la impaciencia era lo que mas enviaba de la juventud, pero que yo era su invitado y si quería ir en ese mismo instante, sería así. Las esclavas nos asearon las manos y retiraron los despojos de la abundante comida y bebida que se había servido, huevos rojos de Leante, arroz de las riveras del Mhir, fruta de los jardines de Súcuba, carne de venado de los bosques de La Ciudad y el delicioso vino de mi tierra que yo mismo había llevado para la ocasión. Retirado el servicio, nos dirigimos siempre entre risas y anécdotas hacia las jaulas de esclavos. Solo al llegar a las cercanías de las jaulas de esclavos, imponentes hileras de jaulas alineadas con los sellos de cada mercader y los colores de su establecimiento, me di cuenta de la importancia que La Ciudad Púrpura ponía en la presentación de sus mercancías. Mercaderes de todo el mundo, nobles y caballeros, poderosos navegantes y ricos nómadas cuyas caravanas cruzaban el país de norte a sur, se daban cita allí para el mayor mercado de Septentrión. Quizás mi inexperiencia en ese momento me hacia detenerme en casi cada jaula donde cuerpos desnudos de esclavas y esclavos se mantenían arrodillados, postura obligada en esos momentos, dentro los barrotes. Algunas esclavas aun mantenían la esperanza de que con su llanto, evitarían su destino o quizás ablandarían el corazón de sus mercaderes, otras portaban el gesto orgulloso, levantando la cabeza, como si quisieran demostrar que estaban por encima de todo aquello y que su voluntad seguía siendo suya. Bien, un buen látigo de piel trenzada borraría cualquier gesto de orgullo de sus preciosas caras, solo que ellas, aún no lo sabían. El Senescal me llamó y me dijo que no era propio del hijo de un rey mirar en las jaulas de los esclavos de tarima (así llamaban a los esclavos que eran subastados en público y por los que cualquier persona podía pujar). El me llevaría al mercado privado, donde solo los grandes nobles y las grandes casas podían aventurarse a entrar y donde solo lo más selecto de la carne era puesto a la venta. Bajamos unas grandes escaleras de piedra, que supuse llevaban a una plaza bajo el edificio de la plaza principal. Era una enorme bóveda de piedra iluminada con espejos que reflejaban la luz de arriba y lámparas de metal colgando del techo de la bóveda, que daban un cálido color al ambiente, perfumado con parterres de flores de Calán de apariencia vainillada y espeso olor dulzón. Según me dijo el Senescal, pícaramente, el color de las lámparas se reflejaba sobre el sudor de los cuerpos de los esclavos, y el espectáculo era más hermoso que un amanecer marino. Pensé que todo era una ceremonia alrededor de la venta de los esclavos, que hacían de los días de mercado una fecha especial irrepetible y siempre novedosa. El Senescal me acompaño a conocer al mercader que expondría su cuadra de esclavos ese día y en cuya calidad el confiaba sobre manera. Su nombre era Alcreón, un hombre fornido de raza morena que venia de una incursión por las tierras Cátalas , y cuyo botín incluía esclavas del propio palacio real, de lo que se jactaba, por que llevaban años de litigio en la frontera Cátala y el robo de esclavos era propio entre ambos, así como el saqueo de aldeas y ciudades. Servidos siempre por varias decenas de bellas esclavas, que vestidas con gasas y transparencias y adornadas con bellos collares de tintineantes cascabeles, repartían con sus bandejas, el cálido vino de la provincia del Herim, muy preciado entre las castas de guerreros, nobles y gobernantes. Observamos como los lotes de esclavos iban subiendo a la tarima de la bóveda y como las pujas iban haciendo cambiar de dueño a las colleras, que enseguida eran conducidas hacia las jaulas de sus nuevos propietarios. En el bullir de las risas, las pujas y los gritos de exclamación por la belleza del género, Alcreón vino hacia mi, apartando entre empellones y juramentos a los hombres que enervados, miraban hacia la tarima de esclavos. Al llegar mi altura, con una mirada extraña en su rostro, y con un raro tono en su voz, exclamo: Mi joven señor, no perdáis de vista el siguiente lote, es de mi propiedad, traído de las fronteras Cátalas y sobre todo no perdáis de vista a la favorita del palacio del Cahib de Cátala, su nombre es Annearag . Saldrá la primera a la tarima, ruego vuestra atención. Dando un largo sorbo al especiado vino de Herim, y preguntándome si la expectación merecería la pena, me gire hacia la tarima donde el jefe de jaulas, anunciaba el lote que a continuación subiría. A viva voz, explico que tras una incursión en los palacios, el botín capturado tenía el valor de mil tesoros y que el material expuesto era solo digno de lo más selecto de la nobleza. A un golpe de su látigo trenzado, que restallo en el aire como una orden, una mujer subió los escalones de madera que la llevaban justo al centro de la tarima, allí donde la dorada luz de las lámparas, dibujaba sobre su cuerpo, voluptuosas curvas. La vi...mire su cuerpo blanco, su manos atadas a la espalda y sus pechos proyectándose hacia delante. No pude mirar su rostro, por que sus ojos, miraban el suelo de la tarima que sus pies pisaban, humillados y esquivos. Pero note algo. Algo que presentí, que adivine, y gritándole al jefe de jaulas, le ordene que levantara su rostro, todos queríamos ver el botín de Cátala. Sus ojos nos miraron a todos y por un momento, dude de quien estudiaba a quien. Jamás había visto mirada igual en una esclava. Supe en ese momento, que ni látigo ni castigo alguno harían desaparecer esa mirada de sus ojos. Y también supe en ese momento que la quería para mí...y que sería el regalo que sin duda, mi padre esperaría recibir de mi mano. Era lo que venia buscando, sin duda era a ella a quien venia buscando. Volví a mirarla, su manos firmemente atadas, la delicadeza de sus pies, su grupa, digna de ser acariciada con el mejor de los látigos, su ombligo enjoyado, la larga trenza de negro cabello sobre su espalda, que contrastaba con la blancura nevada de su piel . Ciertamente, me dije, es la favorita de un harén. El jefe de jaulas gritó que semejante joya no estaba al alcance de cualquiera y que solo las mejores bolsas alcanzarían el precio de salida de aquella hembra. Miré a Alcreón casi atravesándole las retinas con mi mirada y le dije que no había necesidad de pujar por algo que sería mío por el valor de mi dinero o por la fuerza de mi espada, y que como añadidura, compraría todo el lote, sin verlo, con tal de llevarme a esa mujer a presencia de mi padre. |
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| | #9 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Localización: Sevilla Fecha de Ingreso: Dec 2005
Mensajes: 259
| Alcreón me miró y en ese momento supe que no vio ante mi al joven hijo de un rey, si no a un hombre con la determinación de hacerse con algo que deseaba. Alguien que era capaz de hablar así, debía sin duda tener la determinación de cumplir con su promesa, así que levanto su mano derecha e hizo un gesto al jefe de jaulas, que enseguida, y bajo el griterío de los hombres allí presentes, retiro de la tarima a aquel objeto deseado por mi. Alcreón puso la mano sobre mi brazo derecho, la señal que todo hombre sabía que significaba respeto sobre el otro, y dijo que reconocía en mí a un verdadero Amo y que solo podía desearme que mi collar fuera portado por alguien que lo mereciera. Sin duda con el tiempo, sería un collar muy preciado. Me agradeció la oferta y me dijo que sería para el un honor visitarme en mi país, allá en L´Anduin cuando necesitase esclavos de nuevo. Poniendo mi mano sobre su brazo derecho, agradecí sus atenciones y lo invité, tantas veces como quisiera, a la hospitalidad de mi casa. Nos despedimos, y yo me apresuré a dirigirme a las jaulas de esclavos para hacerme cargo de mi nueva adquisición. Pude ver varios esclavos siendo castigados, atados a los postes de azotes, mientras me dirigía hacia las jaulas. La disciplina mientras duraba la venta, era muy exigente y cualquier desplante, gesto o insumisión era castigado duramente, era necesario para mantener el nivel de negocio siempre alto. Llegue a la altura de las jaulas de los colores de Alcreón y pedí al jefe de jaulas que me mostrara mi mercancía, quería tomar posesión de ella lo antes posible, y no demorar mi estancia en La Ciudad Púrpura, mas de lo necesario, 8 jornadas a caballo me separaban de mi hogar, y una caravana de esclavos era siempre un blanco apetecible para salteadores y ladrones. El jefe de jaulas me abrió la reja de la jaula que contenía todo el lote que me pertenecía, y siempre flanqueado por mis dos guardias personales, entre en las estancias que olía a paja, tierra y resignación. Pregunté quien era el esclavo de mas edad y entre los 20 o 30 cuerpos que arrodillados y en silencio, se agrupaban al fondo de la jaula, un hombre de cuerpo enjuto y cabello blanco se incorporó para decirme que su nombre era Jorhé y que era el mas anciano de todos. Su ocupación en los palacios cátalos era la de enseñante. Le ordené que transmitiera a todos los esclavos, que yo era su nuevo propietario, que sin duda recibirían de mí el trato que merecieran, y que nuestro destino era L´Anduin y sus palacios. Mientras decía esto en voz alta, mis ojos buscaban entre la semi oscuridad a la mujer que me había hecho comprar aquella masa de hombres y mujeres, y cuya presencia encima de la tarima, había despertado en mi, sentimientos que ignoraba pudiera sentir. La vi, arrodillada junto a tres mujeres mas, sin levantar la cabeza de la arena de la jaula, y la llame para que se incorporara. Ahora iba vestida con la sencilla túnica de esclava, por supuesto descalza, y con un sencillo collar de cuero, cuyo único adorno era una argolla metálica, algo que todos los esclavos llevaban. Le pedí que me mirara y levantó su rostro hacia mí. En ese momento pensé que algún tipo de hechizo o brujería, hacía mella en mi voluntad. No eran sus ojos, oscuros, si no la profundidad de estos, los rasgos de su rostro tranquilo, que escrutaban el mío sin miedo, sin preocupación, con la resignación serena de quien hace de su suerte, su destino. Le pregunté si sabía quien estaba delante de ella y me respondió que sin duda, yo era su nuevo dueño. Le respondí que así era y que la ponía a ella al mando de las mujeres del lote, y que esperaba no tener que castigarla por alguna desobediencia de cualquiera de ellas. Asintió sumisamente con la cabeza, bajándola hacia su pecho, casi tocándolo con su barbilla y de su boca, suavemente, casi como un suspiro un : Así se hará, mi señor- surgió cruzando el espacio entre ambos. Esa jornada no volví a verla, los preparativos para la marcha de La Ciudad Púrpura fueron largos y las despedidas, como todas, tristes y a la vez ilusionantes, pues muchas veces invité ese día al Senescal a que nos visitara en mi tierra. Con la firme promesa de que cumpliría su palabra, mi caravana de soldados y esclavos, conmigo a la cabeza, partió rumbo sur, rumbo a la tierra de mis antepasados, rumbo a L´Anduin. La salida de La Ciudad Púrpura se hizo con todo el esplendor que se ponía en la despedida de grandes caravanas de soldados, mercancías o esclavos, la trompetas claras sonaron desde lo alto de todas las torres, el mismos Senescal, los despedía brazo en alto desde la balconada de su palacio, y los curiosos se arremolinaban para ver y envidiar la calidad del género que salía por las puertas. Dejamos muy atrás la ciudad, al caer la tarde, soldados y esclavos a pie, acusaban el cansancio de las mas de 4 horas de marcha que llevábamos, y pensé que era el momento de reponer fuerzas, descansar hasta el día siguiente, cuyo amanecer nos traería otra larga jornada de marcha. Viajábamos siguiendo el curdo del río Empur, cuyas frondosas orillas, serían durante buena parte de nuestro camino, lugar de acampada y refresco, mi intención era llevar el lote de esclavos en las mejores condiciones posibles a los ojos de mi padre, cuya alegría ya presentía, llenándome de orgullo. Una vez los esclavos instalaron las tiendas de piel de Marukc y los soldados montaron la guardia, grandes hogueras rompían la oscuridad de la noche, con rugientes llamas donde la carne era abundante, y los esclavos, arremolinados a su alrededor, comían su ración. En mi tienda, todo era calma, la suave brisa del río me traía añoranzas de las noches de verano en mi tierra, pensé que era una noche para compartir con alguien y el nombre de ese alguien me vino a la mente, sorprendiéndome. Ordene a mi capitán que trajera a la mujer llamada Annearag hasta mi tienda y que fuera presto en cumplir mi orden. Antes de terminar el segundo sorbo de mi copa de vino, una sombra tímida se recorto en la puerta de mi estancia, iluminada por detrás por el fulgor del las hogueras, se encontraba envuelta en un halo casi mágico, que me dejo ver por unos segundos, su delicada figura al trasluz. Sin despegar la copa de mis labios, la ordene pasar con un gesto de mi mano, y como si casi no pesara al caminar, sus pies descalzos, sin ruido alguno, la llevaron hasta el borde de mi cama de pieles, arrodillándose de la manera que solo alguien que tiene asumido ese gesto, como la postura correcta de estar ante un Amo, sabe hacer. Arrodillada ante mí, sin emitir ruido alguno, salvo el pausado compás de su respiración, observe en la penumbra a aquella mujer, tratando de adivinar, de averiguar, el motivo de la atracción que desde el primer segundo me obsesionaba. Ningún Amo debe sentir un elevado apego hacia un esclavo, son mercancía, son objetos de cambio, sirvientes cuyo objeto en el anillo de la vida, era ocuparse del bienestar y placer de sus Amos, que los protegerían como se protege una propiedad privada, un objeto preciado, pero cuyos sentimientos poco importaban. |
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| | #10 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Localización: Zaragoza Fecha de Ingreso: Dec 2005
Mensajes: 12
| Estimado Master Sumun va a ser un auténtico deleite leer esta entrega muy acertadamente recomendada... Jashi... Permite que pose mi mano sobre tu brazo derecho... |
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