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| Relatos Si te gusta escribir, comparte tus experiencias o fantasías. |
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| | #1 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Feb 2006
Mensajes: 172
| Bueno, inicio la publicación o el "cuelgue" como quiera llamarse, de mi novelita. Como dije en mi presentación en el foro, está publicada en Ed. Aljibe, de Archidona (Málaga). Aunque me parece que está descatalogada. Yo tengo algunos ejemplares en casa y si alguien tiene el capricho de tenerla fisicamente, puedo enviársela. De todas manera, salvo que no vea interés por parte del foro, puedo colgarla entera por capítulos (cartas). Antes de nada la presentación que aparece antes de iniciarse el relato: TREINTA Y UNA CARTAS DE SILVIA de MARÍA BREMOND (es el seudónimo) Placer y dolor caminan juntos a menudo. Si llegan a fundirse en un abrazo, engendran los más perversos pasatiempos. Silvia quiso jugar con fuego virtual y terminó quemándose donde peor cicatrizan las heridas. Ahí va el primero: Carta 1 Hola Ramón. Soy Silvia, la del anuncio en la revista de contactos. Si viste la foto que me publicaron, ya me conoces un poco, aunque sea en lo que se refiere a mi cuerpo. Y si has escrito supongo que es porque te ha gustado. Yo estoy casada. Soy una chica normal y corriente, ni rara ni extravagante. Y como has podido comprobar no estoy nada mal. Me pone muy cachonda saber que la gente se excita viéndome desnuda y se masturba pensando en mi. Soy muy exhibicionista, lo que pasa es que mi marido es una persona de cierta relevancia social y debo mantener una imagen de amantísima esposa, decente y formal. Así que no puedo ir por ahí enseñando “mis cositas” tanto como me gustaría. Por eso se me ocurrió lo de enviar mis fotos en cueros, que queda más discreto y sin problemas. Como comprenderás, no llevo a revelar mis carretes a ningún establecimiento de aquí, de mi ciudad; podría resultar peligroso. Los mando por correo a Barcelona. Es más caro, pero vale la pena, ya que es totalmente anónimo y seguro. Así me quedo más tranquila. He tenido que ponerles precio a las fotos para cubrir gastos; ya sabes: carretes, revelados, copias, envíos, etc. No pretendo hacer ningún negocio, ni mucho menos, sino que todos gocemos con este “inocente” juego erótico, sin que nadie salga perdiendo. Creo que 250 pts. por foto puede estar bien para todos ¿no te parece? Bueno Ramón, cielo. Si te animas, y espero que sí lo hagas, puedes enviarme un billete de 1000, bien tapadito, en un sobre, y yo te mandaré cuatro de mis fotos. O si lo prefieres, para probar o porque no acabes de fiarte -lo entendería perfectamente, teniendo en cuenta los tiempos que corren- me puedes mandar 250 pts. en sellos y de ese modo te enviaría tan solo una foto. Todas son en color y de 10 x 15 cms. Tengo un montón; con poses diferentes, primeros planos, de cuerpo entero, casi desnuda, completamente desnuda, atada, etc. Me encantaría que te decidieras a montarte tus buenas pajas viéndome desnuda y ofrecida en las fotos. Y más aún, me encantaría que me dijeras cómo me usarías, cómo me humillarías. Me gusta ser tratada como una zorra en lo relacionado con el sexo, con insultos, torturas... Tengo cierta tendencia masoquista. Soy toda tuya para satisfacer tus instintos más bajos. Recibe una larga mamada hasta correrte en mi boca. Tu putita Silvia |
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| | #2 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Feb 2006
Mensajes: 172
| Carta 2 Hola Ramón, violador mío. Acabo de recibir tu carta y me he puesto enseguida a escribirte para que no te impacientes. Debo decirte que leyéndola, se me ha puesto el coño como un volcán. Al acabar he tenido que hacerme un dedo mientras me pellizcaba y retorcía los pezones para sentir algo de dolor a tu salud. Ya estoy impaciente por recibir una nueva carta tuya donde me trates de nuevo como la puta que soy, sin miramientos. Te contaré algo de mi, como me pides. Soy animadora sociocultural juvenil y me dedico a organizar campamentos, colonias y otras movidas culturales y de ocio para niños y niñas. Este trabajo es bastante esporádico, siendo en verano cuando más encargos de este tipo recibo. De vez en cuando me llaman de algún colegio, instituto o de la administración para organizar algo de esto. Siempre se trata de cosas puntuales, por lo que soy ama de casa durante mucho más tiempo. Puedes imaginar que con esta profesión, sería muy peligroso que se conocieran mis aficiones sexuales, ya que podría montarse un escándalo. Sí, algunas veces he jugado a exhibirme en público, sobre todo cuando voy de viaje o de compras a Valencia. Cuando me he atrevido a hacer algo, termino con el coño empapado. Es posible que haga algo que decidas ordenarme. Siempre que no te pases, puede que te obedezca. Y es que, como al parecer te dije en mi primera carta, me va el masoquismo. A veces le pido a mi marido que me azote o me coloque pinzas y me folle así. Algunas veces acepta, aunque de mala gana, ya que no le va el sadismo. Es una lástima. Como ves, te mando una foto con un primer plano de mi chocho para que puedas apreciar las pinzas de la ropa enganchadas en los labios. Así te vas haciendo una idea de la puta que tienes en (.....................) También te mando otra exhibiéndome en plena naturaleza. Esta sesión de fotos que, como todas, me hizo mi esposo, fue especialmente excitante ya que buscamos un sitio apartado, pero en el que cabía la posibilidad de que alguien nos descubriera; bien un labrador, bien un cazador, un pastor o algún excursionista. Ves que se trata de un campo de cultivo y no se si alguien me vio, pero me gusta pensar que algún tío pasó por allí y se escondió para mirar con tranquilidad cómo me desnudaba, paseaba, cogía flores y me tiraba un buen rato tal y como me ves en la foto. Imagino que se pajeó como un mono mientras me observaba. La idea no es tan descabellada y me puso tan cachonda que terminamos follando como salvajes en medio del campo: aunque eso sí, mi marido completamente vestido y yo totalmente desnuda. Bueno Ramón, dueño mío, espero que disfrutes con tu sumisa perra faldera y que me escribas cuantas aberraciones desees. No temas ser duro o desagradable. No hay ningún límite. Recibe una lamidita de tu esclava. Silvia |
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| | #3 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Feb 2006
Mensajes: 172
| Carta 3 De nuevo tienes aquí a tu zorra Silvia. Espero que te gusten las nuevas fotos que te mando. Deseo que sean lo suficientemente excitantes y provocativas para que resulten de tu agrado. He tardado un poco más de la cuenta en escribirte porque quería contestar a tu carta con algunas de las cosas que me ordenas cumplidas. Ojalá que no te hayas impacientado mucho. Veamos en primer lugar las medidas que deseabas tener y que he realizado para ti, tal y como me ordenabas. Por cierto que me ha excitado hacerlo sabiendo que era un capricho tuyo y que se trata de algo tan íntimo. Perímetro de mis muslos por la ingle: 69 cms. Desde la ingle hasta el tobillo: 63 cms. La aureola del pezón en reposo: 39 mms. de diámetro. La aureola con el pezón erecto: 22 mms. de diámetro. Entre los dos pezones hay 31 cms. La longitud de mi coño es de 7,5 cms. De mi chocho a mi ano hay 5,5 cms. Desde mi pezón hasta el lóbulo de mi oreja: 29 cms. Estirándome el pezón hacia arriba todo lo que he podido, haciéndome daño como me ordenas y manteniendo la cabeza rígida, he medido 16 cms. Mis tetas no son muy grandes, ya lo sabes. Espero que estés satisfecho. Yo estoy contenta de darte gusto. Como me pides, te hablaré un poco de mi casa. Es un edificio de 8 pisos con dos viviendas en cada rellano y ascensor. Por delante da a la calle, bastante ancha y por detrás a un patio de luces no demasiado pequeño. Las ventanas de enfrente son de la finca de la calle de atrás y a sus propietarios no los conozco demasiado. En el ático de mi escalera vive un policía bastante antipático y con pinta de gorila. Tanto él como su mujer nos caen bastante mal a todos los vecinos. Justo el piso de enfrente está deshabitado, aunque suelen venir los hijos de los dueños -de unos veintipocos años- con sus amigos a pasar algún que otro fin de semana. Son de un pueblo del interior. El resto de los vecinos es bastante corriente. Mi casa tiene una terraza en el comedor que da a la calle y otra en la cocina que da al patio de luces, no muy grande; para la lavadora y el tendedero. Contestando a otra de tus preguntas (eres muy curioso, ¿lo sabías?), efectivamente todas las fotos las hace mi marido; le calienta mucho fotografiarme y siempre acabamos las sesiones con un polvo descomunal. Los carretes los guardo yo: esa es la condición. El no lee mi correspondencia, aunque sabe que me carteo con gente y que les mando fotos. Le parece bien el “jueguecito”. Bueno, violador mío, aquí me tienes, esperando impaciente tus malos tratos, insultos, torturas y humillaciones que, como siempre, me pondrán como una moto. Tu furcia sin remedio Silvia |
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| | #4 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Feb 2006
Mensajes: 172
| Carta 4 Hola dueño mío: Tengo aquí dos cartas tuyas por contestar. Dos cartas que ya me han hecho correrme unas cuantas veces. Tu putita lamedora te pide disculpas por tardar en escribirte. Ya sabes que debido a mi trabajo es en verano cuando más ocupada estoy. He estado en la organización de tres campamentos y colonias. Además he montado actividades para una residencia infantil, ya que en verano se quedan prácticamente sin educadores y contratan a gente de fuera. Hoy tengo algo más de tiempo y te escribo para cumplir parte de tus órdenes. A saber: Estoy completamente desnuda -mi marido ha salido a llevar el coche al taller-. Tengo una pinza en cada pezón y no me las quitaré hasta que acabe la carta. Son nuevas y de muelle duro, como tu querías. También como me indicabas me he pinzado los pezones con la parte que más oprime, y no aprovechando el hueco de la pinza. Dentro de un ratito dejará de dolerme, el pezón se pondrá blanquecino por la poca circulación de la sangre y cuando me las quite se quedará aplastado un rato y me dolerá mucho. Lo considero un castigo que me impones por demorarme en contestar a tus cartas. Me da mucha envidia todo lo que le hiciste a esa putilla y creo que sí habría disfrutado de haber sido yo la protagonista; creo incluso que, en momentos de excitación, hubiese soportado muchísimas más cosas. Y tienes razón, yo soy mucho más puta porque lo haría sin cobrar, por pura depravación. No me avergüenzo. Creo que estarás orgulloso de tu perra Silvia, porque he realizado alguno de los “atrevimientos” que me indicabas: He ido con minifalda y sin bragas por la calle, a la compra y a diferentes establecimientos, incluyendo bares. Me he sentado sin cruzar las piernas aunque debo reconocer que las mantenía muy juntas. Voy por casa con una bata y sin ropa interior y recibo así a las visitas. Practico el top-less en la playa y ... ya te contaré. Estoy empezando a ponerme cachonda y me he puesto dos pinzas más en cada teta. Ahora te contaré lo de la exhibición en Valencia el año pasado. No es muy fuerte, pero te aseguro que me calentó un montón. Era Septiembre u Octubre. Fui a Valencia a comprar ropa. Suelo ir bastante. Iba sola y con la idea de montar algo. El viaje lo hice en tren; al llegar pedí un taxi y le di una dirección cualquiera. Iba vestida con una minifalda negra, no exagerada, una camisa y un sujetador blanco muy fino y con encajes, de los que clarean perfectamente los pezones. Llevaba una bolsa de deporte, zapatillas blancas... muy deportiva. Sentada detrás en el taxi me quité la camisa y quedé con el sujetador. Hacía ver que quería cambiarme de blusa. El taxi iba por calles céntricas de la ciudad, en plena mañana, concurridas de gente y de tráfico. Yo, con toda naturalidad, demoraba la operación al máximo. Plegaba bien la camisa quitada, abotonándola, mientras enseñaba los pezones, que se me pusieron duros y gordos por la excitación. El vehículo paraba en los semáforos, los conductores de los otros coches no daban crédito a lo que veían y no paraban de mirar. Unos chicos hicieron comentarios expresivos mientras me miraban. Los peatones también me miraban, aunque más fugazmente. El taxista no quitaba ojo del retrovisor. Cuando consideré que ya estaba bien de comedia, ya que no quería dar la imagen de puta, sino de chica liberal y sin prejuicios, me puse la otra blusa y la abroché. El taxi paró, pagué la carrera y aquí acabó la historia. Ya ves que no fue gran cosa, para lo que me hubiera gustado, pero me dio mucho corte. Eso sí, te aseguro que mojé las bragas. No es muy atrevido pero es real. Estoy pensando en aumentar la intensidad este año. Quiero hacer lo mismo pero esta vez cambiarme de camisa y de pantalones, para enseñar también las bragas. O cambiarme la camisa y el sujetador, aunque esto último no se si me atreveré pese a que me apetece un montón. Solo de pensarlo ya estoy como una ramera en celo a punto de caramelo. Escríbeme cosas bien guarras y humillantes para animarme a seguir con estas cochinadas que tan a tono me ponen. Te dejo, violador mío. Voy a hacerme un dedo. Luego elegiré cuatro fotos y te las meteré en el sobre. Lamidas de la más grande de las furcias de la comarca. Silvia |
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| | #5 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Feb 2006
Mensajes: 172
| Carta 5 Hola Ramón, mi violador favorito: Me encanta cómo me tratas en las cartas; de veras haces que me sienta una auténtica ramera. Ya sabes que en la “vida normal” soy y quiero seguir siendo una mujer respetable, responsable y digna, pero en lo tocante al sexo me despendolo como una cerda. A mi marido no le va lo del sado y es una lástima. A lo más que he conseguido llegar con él es a que me ate y me de unas palmadas en el culo mientras follamos, así que para la propuesta de las agujas tampoco he podido contar con él y lo he intentado yo solita. Lo había pensado algunas veces, pero imaginaba que sería muy doloroso. Una vez alquilamos una película porno donde a una chica le clavaban agujas en las tetas. Yo me puse “chorreosa” como una laguna, pero a mi marido apenas lo excitó. No tengo agujas hipodérmicas, pero lo he intentado de todos modos siguiendo los pasos que tu me diste: Cogí agujas de coser, las puse a hervir y, mientras, me lavé bien las tetas con alcohol. Luego, con un dedal para que la aguja no se me clavara en el dedo, probé a clavármela, pero sentía un dolor muy fuerte desistí una y otra vez. Quise hacerlo primero en los pezones y, en vista de que no era capaz, lo intenté después en el pecho: conseguí clavarme la puntita, pero me dolía tanto que no llegué a clavarla lo suficiente como para que se mantuviera allí. Fui probando en diferentes sitios pero no llegué a hacerlo. Seguramente si lo hiciera “con mucho calor”, en plena faena, sería distinto; también si me lo hiciera alguien estando yo atada y “en situación”. O quizás las hipodérmicas se claven sin tanto dolor. No lo se. Lo siento mucho, pero no he podido cumplir una de tus órdenes. Sí me gustaría probar una lavativa, pero no se cómo se hace. Si se te ocurre algún modo sin tener que adquirir ningún artilugio -a ver cómo le explicaba luego a mi cabroncete para qué era aquello-, me lo dices y te prometo que lo haré. También me gustaría saber si se puede hacer una lavativa por la vagina y cómo. Este año aún no he ido a Valencia para hacer algún numerito, el que me propones me parece muy fuerte, pero tal vez sea capaz de hacerlo si voy muy lanzada. Ya te contaré. En contestación a tus preguntas puedo decirte que hay pocos animales que me den asco, pero siento “repelús” por los ratones y más aún por las ratas. Respecto a los miedos, tampoco tengo muchos pero, por ejemplo, procuro evitar ir sola por la dos zonas de chabolas que hay aquí. Ya he cogido la costumbre de escribirte, tal y como me mandabas hace algunas cartas, con una pinza en cada pezón. Ahora estoy así, aunque no completamente desnuda, ya que empieza a hacer frío; me he limitado a quitarme las bragas y levantarme la falda hasta la cintura. Llevo también una pinza en cada labio del coño, lo que pasa es que éstas me hacen mucho daño y tengo que cambiármelas de sitio cada poco tiempo. Te voy a contar ahora una cosa que te gustará. Tal y como me sugerías en una de tus cartas, la última que te escribí el mes pasado fui a echarla a correos, que está a unos 15 o 20 minutos de mi casa a pie. Me puse una minifalda muy corta y con algo de vuelo que me he comprado a propósito y dejé las bragas en casa. No sucedió nada ni creo que nadie se diera cuenta, pero el miedo a que se me levantara con una ráfaga de viento, a tropezar o resbalarme y caer, de forma que pudieran verme el culo y el chocho, me llenó de excitación. Sentir el roce de mis nalgas desnudas al caminar y el aire que llegaba a mi chomino sin ninguna dificultad es super-cachondo. La mayoría de las situaciones que me describes me dan muchísimo miedo y vergüenza pero, a la vez, me llenan de morbo. La posibilidad, que me explicas, de que la gente que me contrata sepa lo zorra que soy leyendo una carta o viendo una foto de las que te envío me mata de miedo, pero solo de imaginarlo se me inundan las bragas. Sin embargo, una cosa así sería mortal, ya que mi trabajo requiere una reputación impecable debido al contacto con niños y jóvenes. Aún no me he atrevido a subir desnuda a mi casa, aunque es una cosa que seguramente terminaré haciendo, si bien tomando todas las precauciones necesarias para intentar no ser descubierta. Lo de mis vecinitos va a ser más difícil porque tardarían muy poco en ir diciendo por ahí la clase de zorra que soy, pero ya te digo que seguramente consigas que suba completamente desnuda hasta mi piso sin utilizar el ascensor. En cuanto esté preparada te lo diré. Respecto a esa amiguita tuya que deseas sea tan puta como yo, tengo una sugerencia: oblígala a realizar mi numerito de Valencia. Cogéis un taxi y que se cambie de blusa o jersey quedándose en sujetador. O si se atreve a otro nivel mayor, que se quede con las tetas al aire. Si lo hacéis, cuéntamelo ¿vale? Bueno, cielo, te dejo, tengo los pezones totalmente doloridos, aunque ya apenas los noto; lo peor viene luego, cuando los libero de la mordedura que sufren en tu honor. Y los labios del chocho los tengo ya rojos de tanto cambiar las pinzas de sitio. Definitivamente esta carta ha durado más de lo previsto. Cuéntame más cosas en tu próxima carta y no olvides insultarme y humillarme como solo tu sabes hacer. Sin límites. Besitos de tu perra Silvia |
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| | #6 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Feb 2006
Mensajes: 172
| Carta 6 ¿Cómo está mi dueño, el violador de la puta más grande que jamás haya existido? Creo que no hace falta decirte cómo me ha excitado tu carta. Como siempre. Me haces ver lo que me cuentas con todo lujo de detalles. Me he podido sentir en esa nave abandonada, colgada del techo boca abajo, desnuda y sintiendo la presencia de las ratas a mi alrededor en completa oscuridad. He sentido tus castigos y humillaciones como si realmente me los estuvieras infligiendo. Eres increíble. Para seguir la costumbre acabo de prenderme una pinza en cada pezón. A medida que avance la carta iré colocándome más. Al final te diré cuántas me he puesto. Seguro que acabo haciéndome un dedo. Tu fiel perrita ha sido obediente y te ha hecho caso: me he aplicado una lavativa. Fui a una farmacia y pedí una pera para enemas, tal como me indicaste. Me preguntó la dependienta si era para niños o para adultos. Le dije que para adultos y me dieron la más grande. Guardé el artilugio en el armario y ayer, cuando me quedé sola en casa, la utilicé. -Acabo de introducirme un rotulador grueso por el culo y me he sentado sobre él; lo tengo hasta el fondo. Me estoy poniendo muy cachonda. Tengo el coño encharcado-. Sigo. Llené la pera de agua tibia y, tras sentarme en el bidé, la apreté para introducirme el agua en mis entrañas. Cuando la saqué aún quedaba bastante agua en el depósito, por lo que volví a llenarla y a introducírmela hasta cuatro veces. Siempre quedaba agua en el depósito, tal vez porque debí hacerlo boca abajo. Noté una sensación muy rara de hinchazón en el vientre y muchísimas ganas de cagar. Me levanté y caminé un poco, tal y como me habías ordenado, pero no podía aguantar. El agua me caía en un hilillo por los muslos abajo, goteando en el suelo, a pesar de que apretaba el culo cuanto podía para retenerla. Cuando ya no pude más (te prometo que aguanté al máximo) porque el dolor era insoportable, me senté en la taza y estuve casi 15 minutos soltando agua a presión de vez en cuando. Notaba el agua moviéndose de un lado a otro dentro de mi tripa, haciendo ruido. Pasé todo el día con una sensación muy rara, como si tuviera ganas de defecar, pero me sentaba y no salía nada. Además me escocía el agujero del culo de tanto meter la pera y soltar luego el agua. Pero bueno, pollita mía, ya ves que tu zorra es obediente y necesita que la insultes y la trates a muerte en tus cartas para que se ponga bien cachonda. Y para que veas que yo también tengo iniciativas, observa que una de las cuatro fotos que te envío la he convertido en postal. Te cuento lo que me gustaría que hicieras con ella: Mándamela al apartado, pero no dirigida a mi. Pon el nombre de un chico y cualquier cosa que se te ocurra. En correos de tu pueblo me van a ver con las tetas al aire y aquí también, aunque naturalmente he escogido una foto con la cara tapada. Quiero ver qué siento al abrir el apartado y ver mi foto, que habrá pasado por varias manos, imaginar los comentarios de los funcionarios... Solo de pensarlo ya me pongo como una moto. Me da algo de miedo, pero creo que no puedo ser reconocida y, además, me produce mucho morbo esta pequeña exhibición pública. ¿Qué te parece? Tengo el rotulador metido hasta dentro. Seguramente tendré que hacer fuerza para sacarlo, como si cagara. Me he colgado tres pinzas más en cada teta y dos en el chocho. Estas últimas me están haciendo bastante daño. Este próximo sábado tengo previsto ir a Valencia. Mi cuñada quiere acompañarme, aunque no sabe si podrá. Si finalmente voy sola tal vez me anime a hacer el numerito del taxi aprovechando que aún no hace frío. Ya te contaré si me atrevo a realizar tu versión. Bueno, chupador mío, creo que esto es todo de momento. Voy a hacerme una paja antes de sacarme el rotulador y de quitarme las pinzas releyendo tus cartas y viendo mis propias fotografías. Te dedico esta corrida que será de campeonato. Besitos de tu mala zorra. Escríbeme pronto, humillándome y maltratándome como sabes. Te recuerdo que por carta no hay ningún tipo de límite, aunque sea roída por las ratas. Creo que “en vivo” habría perdido el conocimiento. Chao Silvia |
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| | #7 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Feb 2006
Mensajes: 172
| Carta 7 Hola cariñín: Ya se, ya se que hace mucho tiempo que tendría que haber contestado tu carta. Soy una informal; pero las cosas se me han complicado un poco. Bueno, como de costumbre, acabo de ponerme una pinza en cada pezón. A pesar de que hace frío, voy sin sujetador y puedo ponerme las pinzas de lado por debajo de la ropa sin que estorben. A finales de Noviembre tuve que irme a París. Fue un viaje de estudiantes de instituto. No tenía que ir yo, pero la monitora que debía encargarse de ellos se puso enferma y tuve que sustituirla. De regreso cogí una gripe que me tuvo cuatro días en cama y con fiebre. Y ahora han venido las fechas estas de comidas, visitas, compras, etc., con lo que me ha quedado muy poco tiempo para mí misma. Ahora mi marido y mi hijo están con mis suegros y yo aprovecho para escribirte un poco y mandarte las cuatro fotos que te debo. Espero que también te gusten; hay, como ves, alguna al aire libre, de las que a ti te gustan, y dos atada. No consigo que mi marido me pegue varios correazos para que veas mi piel marcada, como deseas. De todas formas creo que son bastante excitantes ¿no? Y hablando de excitación; recibí la postal que me enviaste con mi foto en cueros. La verdad es que me puso a tope. Imaginé por cuantas manos habría pasado y los comentarios que habrá suscitado en los tíos que me hayan visto completamente desnuda. También me excitaba pensar en la cara que habría puesto algún funcionario de correos si llega a reconocerme. Me hizo sentir como un objeto a disposición de todos y eso me produce mucho morbo. Ya sabes lo puta que soy. Ya se que en la playa hay mucha gente que me ve las tetas, aunque voy muy poco, pero no es lo mismo. Me gustaría que repitieras lo de la postal, si a ti te gusta, porque es una experiencia muy caliente. En estos días he hecho muy pocas cosas de las que me has ordenado y tampoco se me ha ocurrido hacer algo de mi cosecha. Estoy siendo casi una persona formal. Además con el frío que está haciendo se me pasan las ganas de exhibirme como una zorra en celo en cuanto salgo a la calle. Que recuerde, me queda pendiente lo de la lavativa, pero cagándome encima, subir hasta mi piso por las escaleras totalmente desnuda (salvo los zapatos) y alguna otra cosa que tendrá que esperar hasta que mejore el tiempo. ¡Ah! por fin hice el numerito del taxi en Valencia. No el sábado que tenía previsto, porque mi cuñada quiso acompañarme a las compras, sino que fui al sábado siguiente. Me dio muchísimo corte, Ramón; un poco más y no lo hago. Al final me lancé... y sin sujetador. Ya te lo contaré con todo lujo de detalles en mi próxima carta, cuando esté menos liada. Tengo ganas de contártelo, porque estoy segura que al recordarlo para escribirlo me pondrá otra vez a cien. Te aseguro que fue muy fuerte. No pensaba que fuera capaz de hacer algo así y menos porque me lo pidiera un desconocido que disfruta con mis guarradas, pero ha sido fantástico. Por favor, escríbeme un relato de esos que tu sabes; bien guarro y fuerte. Todo lo que se te ocurra para mi depravación. Haz que me corra como una puta asquerosa. He acabado la carta con tres pinzas en cada teta, pero ninguna en el coño. Castígame sin piedad. Tu trozo de carne Silvia |
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| | #8 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Feb 2006
Mensajes: 172
| Carta 8 Hola, dueño y señor mío: Como siempre, tienes toda la razón en lo que me dices en tu carta. Además de una puta barata, soy una informal. Pero esta vez soy obediente y, después de recoger tu carta del apartado y leerla, me he sentado con calma para contestarte a todo lo que me cuestionas y contarte lo de Valencia. De momento voy a colocarme una pinza en cada pezón y prometo mantenerlas ahí hasta que acabe la carta, aunque luego, cuando me las quite, tenga los pezones doloridos y blanquecinos por la falta de circulación sanguínea. Lo hago por ti, porque sé que mi dolor es tu placer. Estoy sentada, sin bragas, sintiendo la madera de la silla en mis nalgas, y a medida que vaya calentándome, me voy a enganchar un par de pinzas en los labios del coño y luego me seguiré poniendo más en las tetas y en el vientre. Tengo sobre la mesa la cestita del tendedero con más de cuarenta pinzas. Son de plástico y de las que más duelen... Respecto a lo de vernos algún día, yo de momento lo descarto. No me gustan las palabras “nunca” ni “siempre”. No se qué me puede deparar el futuro ni las vueltas que va a dar la vida; pero ni me planteo el relacionarme personalmente con quienes mantengo esta correspondencia. No es que no me fíe, en este caso de ti. Más bien es que no me fío de mi misma. Tengo que tener las cosas muy claras antes de dar un paso. Soy muy cerebral en ese aspecto. Cuando me lancé a mandar mis fotos desnuda, abrí un apartado y tomé precauciones. Me puse a mí misma unas normas sagradas. Una de ellas era no contactar vía teléfono o personalmente con nadie. Otra es que, antes de que este “juego” pudiera poner en peligro mi familia, mis relaciones, mi trabajo, etc., lo cortaría por lo sano. Sin vacilación. Una de las primeras personas que respondió a mi primer anuncio, hace ya casi tres años, fue una mujer de treinta, casada. Lo que comenzó con un intercambio de fotos y de confidencias acabó peligrosamente. Esta amiga se enamoró de mi. Quería incluso que dejáramos a nuestros maridos y nos juntáramos. Yo le tomé mucho cariño, pero no tenía más remedio que darle largas. Intentaba explicarle que se lo pensara bien, que no podía ser bueno para ninguna de las dos... mil cosas, pero ella no atendía a razones. Me escribía unas cartas tristes, desesperadas. Dejé de escribirle. Aún así, cada semana tenía una carta suya en el apartado. Lo pasé muy mal porque sentía en mí misma lo que sufría aunque supongo que en realidad ella sufría aún más. Al final se rompió la relación y no se que habrá sido de ella. Otro caso es el de un señor empeñado en que nos conozcamos y en hacer un trío con mi marido. Me manda regalos. Dice que es paciente y que esperará a que nos decidamos. Todo esto me confirma que hago bien manteniendo las distancias. Además, yo misma noto que voy pasándome ciertas fronteras. Antes me calentaba con tan solo saber que la gente se masturbaba a mi salud. Luego comenzó a excitarme más que me insultaran y humillaran a través de las cartas. Y ahora llegas tu y encuentro un morbo increíble al realizar cosas que antes tan solo me las permitía en el reino de la imaginación. Si me hubieran dicho que iba a destrozarme las tetas y el chocho con las pinzas, que iba a hacerme lavativas, que iba a ir sin bragas y con minifalda por ahí, que iba a circular una foto mía como postal o que iba a enseñar las tetas en una ciudad como Valencia, no me lo hubiera creído. Debo reconocer que todo esto me excita extraordinariamente y que mi chocho se hace un charco. Pero precisamente por eso veo la necesidad de respetar las fronteras que me impuse, negándome a dar mi dirección o mi teléfono y a verme con nadie. De todos modos, ya ves cómo las limitaciones en la vida real van disminuyendo, aunque muy poco a poco. Tu eres responsable de esto en una gran parte y no se que pensar de ello. Pero aunque me reafirmo en mis principios, recuerda que en la ficción sigue sin haber límites de ningún tipo. Hay como dos Silvias en mi; una formal, cariñosa, amable y responsable, la que todos conocen, y otra depravada, sucia y servil, la que solo conocéis unos pocos. De momento y espero que para siempre, prefiero que predomine la primera y dejar que la segunda aparezca tan solo en determinadas circunstancias, para correrme como una puta loca. Acabo de ponerme una pinza más en cada teta. Las de los pezones me están martirizando, así que voy a contarte ya lo de Valencia ¿vale? Como te comenté, mi cuñada no vino conmigo al final, de lo que me alegré, porque más que ir de compras, iba preparada para hacer el numerito. Te aseguro que comencé a temblar nada más vestirme esa mañana. Tenía un miedo enorme y una excitación de yegua. Me vestí con unos pantalones vaqueros, zapatillas y una camisa; llevaba otra camisa en una bolsa. No llevaba sujetador. Quería hacer lo mismo que el año pasado pero con las tetas al aire. Estuve excitada y asustada en el tren, durante el viaje a Valencia. No hacía más que pensar en el numerito que iba a organizar y a veces me daban ganas de aplazarlo para mejor ocasión. Como no hacía mucho calor, los pezones estaban duros y puntiagudos todo el rato; no se si por el frío, por la excitación o por las dos cosas a la vez. Yo, ya lo sabes, no tengo unos pechos voluminosos, pero cuando los pezones se ponen tontos se notan mucho por encima de la camisa. Aquel día te aseguro que no hacía falta fijarse mucho para darse cuenta de que no llevaba sostén. Los viajeros del tren que iban sentados delante de mi debieron fijarse en el bultito de los pezones. De hecho el hombre me miraba a la altura del pecho de vez en cuando con el disimulo de que era capaz. Creo que estuve colorada todo el trayecto por la vergüenza y sé que eso te gusta. |
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| | #9 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Feb 2006
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| Acabo de realizar una pausa para ponerme una pinza en cada labio del chocho. Ahí si que duele. No se si aguantaré hasta el final, pero lo intentaré para darte gusto, para que te excites sabiendo que sufro por ti. Al llegar a la estación de Valencia busqué un taxi que estuviera conducido por un hombre joven y de apariencia liberal. Supuse que con alguien así tendría menos problemas. Monté en uno y le di la dirección al taxista. Estaba en la otra punta de la ciudad: necesitaba tiempo. Me temblaban las manos. Había llegado el momento y tenía un miedo atroz. El taxi iba por calles muy céntricas, deteniéndose en los semáforos, como es lógico. En medio de un montón de coches, al lado de aceras repletas de gente caminando... De repente sentí como si miles de ojos estuvieran pendientes de mi, como si alguien les hubiera avisado a todos de lo que iba a hacer, de que ya estaba allí la ramera exhibicionista para deleite de todos los mirones de Valencia, para vergüenza de ella misma y para satisfacción de un amo desconocido que la controlaba a distancia. Dudé mucho si hacerlo o no. Finalmente me decidí. Lo hice cuando el taxi cogió una avenida ancha, pensando que, al ir más rápido, la gente no se fijaría tanto. Me temblaban los dedos y casi no podía desabrocharme la camisa. Lo tenía que hacer con calma y respirando profundamente, intentando relajarme. A medida que lo cuento y lo recuerdo, Ramón, me voy poniendo cachonda. Me he colocado otra pinza más en cada teta y una a cada lado del ombligo. No se cómo aguanto aún las del chocho; tengo un escozor horrible. Las de los pezones ya casi no las noto; lo peor vendrá al quitármelas, como siempre. Bueno, continúo con la historia: Comencé a desabrocharme la camisa -era azul clarito- primero los botones de las mangas y luego de abajo hacia arriba. El taxista dedicaba alguna mirada al retrovisor, pero sin darle demasiada importancia. Todavía. Tenía la camisa totalmente desabrochada, aunque sin mostrar nada. Por un momento pensé sacar la otra camisa y dejarla preparada para hacer el cambio lo más rápidamente posible; afortunadamente tomé otra decisión mucho más excitante: Casi sin pensarlo me quité la camisa. Allí estaba yo, dentro de un taxi, en pleno centro de Valencia, con las tetas al aire: una puta calentando al personal y poniéndose ella misma como una vaca en celo. Los pezones estaban enormes; creo que nunca se me habían puesto tan tiesos y duros. Ya desnuda de cintura para arriba, saqué la camisa de la bolsa. Temblaba como un flan. El taxista, ahora sí, no quitaba ojo del retrovisor, aunque cuando yo levantaba la vista él la bajaba intentando que no me diera cuenta. Creo que él también se puso nervioso: encendió la radio, tal vez para disimular o quizá para tranquilizarse. No me estaba dando cuenta de por donde iba el coche y de repente noto que reduce la velocidad y finalmente se detiene. Levanto la vista asustada y compruebo que habíamos llegado al final de la avenida y nos habíamos detenido en un semáforo. Era mediodía, hora punta: estábamos completamente rodeados por otros automóviles a derecha e izquierda, por delante y por detrás. Mi primer impulso fue ponerme la camisa a toda velocidad, pero mi chocho, húmedo y caliente a más no poder, me aconsejó lo contrario. Le hice caso y me quedé erguida, abotonando y doblando la camisa que me había quitado sin preocuparme, aparentemente, de mi desnudez. No me atrevía a levantar la vista, pero la curiosidad y el morbo pudieron más y miré de reojo: El taxista bajó la vista inmediatamente; a mi derecha había un coche negro con una mujer que me miraba con cara de asombro, mientras en el asiento de atrás jugaban tres niños; a mi izquierda, mucho más cerca, porque yo, aunque en el centro del asiento posterior del taxi, estaba girada hacia ese lado para doblar la camisa sobre el asiento, otro taxi: el conductor quedaba algo adelantado y no me miraba, tal vez no se había dado cuenta o quizá le resultaba violento girarse para mirarme delante de sus clientes, pero los dos hombres de mediana edad, vestidos con traje y corbata que iban detrás, me miraban con absoluto descaro. El que iba en el lado más alejado se inclinaba y acercaba a la ventanilla derecha del coche para verme mejor. Yo me mantuve todo el rato erguida, mostrándoles abiertamente mis pechos y unos pezones que me sorprendían incluso a mi. Aunque todavía más me sorprendía mi capacidad para exhibirme como nunca lo había hecho antes. Finalmente el taxi arrancó y nos metimos en una calle más pequeña. El coche iba muy despacio. Creo que el conductor lo hacía adrede porque iba mirando constantemente al espejo retrovisor para verme medio desnuda y tenía que conducir con mucho cuidado. Añado dos pinzas más en las tetas y otras dos en el vientre. Estoy ardiendo. Y a continuación te cuento lo más gordo que me pasó: Aunque al contarlo se hace largo, todo esto sucedía en un par de minutos, calculo. Pues bien, de repente el taxi se para y el taxista se vuelve para decirme “ya hemos llegado”, al tiempo que aprovecha para echar una última ojeada a mis tetas, esta vez “en directo”, sin necesidad de espejo. Yo seguía allí sin camisa, sin sujetador, con las tetas al aire, parada al lado de una acera por la que no paraba de pasar gente y con un montón de coches que pasaban por el otro lado muy despacio, ya que la calle era muy estrecha y había mucho tráfico. Yo no había previsto esto. Esperando una buena ocasión para desnudarme sin que se dieran mucha cuenta, se había pasado el tiempo y, cuando por fin me decido, resulta que es el peor de los sitios para la discreción y el mejor para la exhibición. Puedes estar contento. Tan asustada y excitada había estado que no me di cuenta de por dónde íbamos ni de que estábamos a punto de llegar a nuestro destino. En efecto, al parar en el último semáforo, al final de la avenida, solo quedaba girar a la derecha y aparcar en la parte de atrás de los grandes almacenes a donde quería ir, ya que en la parte delantera no se puede parar. Aquella era la dirección que había dado al taxista. Voy a ponerme más pinzas; luego las contaré: tengo los labios del chocho ardiendo por su mordisco y el interior del coño chorreando; empiezo a sobármelo con la mano izquierda. Imagínate paseando por una acera, ves parar un taxi, miras por curiosidad o por rutina y te encuentras una puta con las tetas al aire. O imagina que vas con tu coche y pasas muy despacio al lado de un taxi aparcado. Para medir el espacio que te permite pasar por aquella calle tan estrecha sin rozar el taxi, miras y ves dentro a Silvia, la putona pervertida, aparentemente desnuda, ya que a través de la ventanilla puedes ver claramente sus tetas de duros y oscuros pezones, mostrándose a todo el que pueda verla, a plena luz: a la una y media del medio día. Los coches pasan uno tras otro, en caravana y la mayoría de los conductores, por no decir todos, se llevan un buen recuerdo de esta zorra. El taxista, tras avisarme de que habíamos llegado, no vuelve a girarse. Se limitó a esperar con el motor en marcha. Cuando por fin reaccioné, me puse la camisa corriendo, abotoné y metí la otra en la bolsa y me bajé del coche. De lo que sucedió en ese momento y que paso a contarte enseguida, no me di cuenta hasta después: Con los nervios, las prisas y el temblor de manos, me había dejado desabrochados los tres botones superiores de la camisa. Así que cuando me agaché para quedar a la altura de la ventanilla y poder pagarle al taxista, mis tetitas quedaron justo a la altura de sus narices, colgando y perfectamente a su vista a través de la enorme abertura de la camisa. Podría haberme lamido los pezones con solo estirar la lengua un poco. Como yo no me daba cuenta de esto, tuvo todo el tiempo que quiso para verme, primero mientras buscaba suelto en el monedero, luego contándolo en la mano y después guardándolo porque no tenía bastante, para finalmente sacar la cartera y darle un billete, esperando por último a que me diera el cambio y recogiéndolo cuando me lo entregó. Durante todo este proceso me mantuve agachada y apoyada en la ventanilla. Si lo hubiera tenido preparado y lo hubiera hecho de manera premeditada, seguro que no me habría mostrado tan escandalosamente provocativa. Cuando me incorporé y me di la vuelta fue cuando caí en la cuenta de lo que había pasado, al notar la tela de la camisa apoyarse sobre mis tetas. Me abroché aquel escote desvergonzado y entré a toda velocidad en los grandes almacenes. Estuve todo el día temblando de miedo; pero te aseguro que fue para mi toda una experiencia y que las braguitas, cuando me las quité al llegar a casa, estaban tremendamente húmedas y oliendo a cerda en celo, a juguitos de perra lamedora; de tu perra. Ahora, recordándolo, me he puesto como una moto. Bueno, cielo. Ya ves que me he portado bien. Espero que tu me correspondas con un relato donde llegues incluso a matarme a palos si es tu antojo, porque para ti solo soy un asqueroso montón de carne con tres agujeros que usar en tu provecho y para tu placer. De momento no tengo ningún proyecto. Queda pendiente lo de la escalera y tienes razón, tengo que hacerlo, tengo que subir desnuda hasta mi piso; y si hace frío, mejor, ¡me jodo, por puta! ¡Ah!, el recuento: Tengo una pinza en cada pezón, dos en el chocho que ya apenas si soporto, cinco en cada teta y seis en el vientre. En total veinte pinzas. Voy a quitármelas; los labios del chocho van a descansar, pero los pezones me van a doler horrores cuando los libre de la presión que han aguantado durante tanto tiempo. Me lo merezco ¡por puta! Silvia |
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| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Feb 2006
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| Carta 9 Hola Ramón, mi señor: He retrasado mi carta porque quería hacer algún numerito para contártelo y ponerte contento y cachondo, pero la verdad es que no he hecho nada destacable. La semana pasada se acabaron las fiestas de (.....................) Ahora se aproximan las vacaciones de Semana Santa y aunque no lo se cierto, tal vez tenga algún trabajillo para esas fechas. De todas formas preferiría quedarme tranquila en casa. Me alegro de que te gustara la aventura de Valencia. No se si volvería a hacerlo: fue una pasada. Cada vez que lo pienso me pongo coloradísima; lo noto. Lo del año pasado, enseñando el sujetador, estuvo bien; pero esta vez, con las tetas al aire y a la vista de tanta gente... No sé ni cómo llegué a hacerlo. Me resulta increíble que me hayas convencido para hacer algo así. Sin embargo, cada vez que lo recuerdo se me erizan los pezones y se me pone el chocho saltón. Como tu dices, todos tenemos nuestra personalidad secreta y esos deseos tan íntimos e inconfesables. Parece mentira, pero en el terreno sexual sabes más de mí, que mi propio marido. Todas esas aberraciones que, según cuentas, me harías y que me ponen a cien, los atrevimientos que me ordenas llevar a la práctica y que termino realizando, todo lo que experimento en esta extraña relación contigo, hacen que me sienta como una putona arrastrada, que es exactamente como me gusta sentirme. No en la vida “normal”, por supuesto, en la que quiero seguir siendo lo que soy a los ojos de todo el mundo, pero sí en ese mundo secreto que creas para mí. Ahora, por ejemplo, estaba escribiéndote sin más y lo he dejado un momento para ir a la terraza y coger la canastilla de las pinzas de tender la ropa, porque solo de contarte estas cosas ya noto mi coño de ramera ardiendo. Por eso he comenzado a engancharme las pinzas que tienen el muelle más fuerte, tal y como me ordenabas en tu última carta. Como siempre, mis tetas son las primeras en recibir su mordisco y les seguirán en ese dulce tormento los labios del chocho, donde el dolor, ya lo sabes, resulta especialmente lacerante y cruel. He releído tus cartas y he retomado una idea que me comentabas hace tiempo en una de ellas: colocarme una pinza en cada pezón por debajo de la ropa, de manera que pueda salir a la calle sufriendo ese castigo y sin posibilidad de quitármelas, por mucho que me duelan, hasta volver a casa o pasar a algún sitio donde haya un cuarto de baño, aunque esto último me lo prohibías y por supuesto no lo haré. Voy a probar la experiencia cuando vaya a echar esta carta. Tengo un buzón no muy lejos de casa, pero llegaré hasta correos, que me supone unos 15 o 20 minutos ya que, por supuesto, iré a pie para que duren más el sufrimiento y la humillación de obedecerte, pese al dolor que voy a soportar en los pezones. Lo haré si las pinzas no se notan demasiado bajo la ropa, aunque creo que se marcarán mucho, pese a que no tengo unas tetazas que estiren demasiado el vestido. Probaré con una prenda holgada. Ya te contaré que tal. En esta carta, como ves, te envío cuatro fotos, las otras cuatro te las mandaré en otro sobre, porque prefiero no enviar sobres más abultados de lo normal que resulten “sospechosos”. Ya me conoces: seguridad y discreción ante todo. Espero que te gusten porque en ellas se muestra esta puta que has conseguido por correo tal y como me pedías. La del coño depilado es antigua, porque hace tiempo que no me lo rasuro, ya que luego, cuando vuelven a salir los pelillos, resulta molesto. Pero como durante una época lo tenía así, aquí tienes esa imagen, “lo más desnuda posible”. La de la minifalda sin bragas, sentada con las piernas abiertas le he tenido que pedir a mi marido que me la haga. Bajarme también los tirantes del sujetador para que me veas una teta y media ha sido idea mía, creo que te gustará el “detalle”. Ves que te las mando todas mostrando la cara, como a ti te gusta, incluso la de cuerpo entero “completamente desnuda en la terraza del chalet”. Se que es un riesgo enorme pero confío en ti y no puedo negarte tampoco ese capricho. A la que muestra mi culo y mi espalda, estando yo apoyada en la pared, le faltan las marcas de correazos, porque no he conseguido que mi marido me azote lo suficientemente fuerte. Es incapaz de hacerme daño, qué se le va a hacer. Lo siento; lo más que puedo hacer es azotarme yo misma, pero entonces se niega a hacerme las fotos. Quizá pruebe con el disparador automático y un trípode, pero es que a mi se me da fatal hacer fotografías, sobre todo con una máquina tan complicada. Escríbeme, por favor, contándome más obscenidades, insultándome y humillándome. He descubierto que ni siquiera me desagrada la violencia máxima en los relatos: me excitarían incluso grandes palizas con sangre y todo. No me horrorizan como pensaba antes. Así que te dejo campo libre para que puedas desahogarte conmigo sin límite, sin miedos. Es más te pido que, si a ti no te molesta, me envíes un buen relato de estas características. Destrózame. Besitos y lamiditas de tu puta, que se despide con tres pinzas en cada teta, otra más en cada pezón y otras dos en los labios de la almeja. Silvia |
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