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hazlo sano... hazlo seguro... hazlo consensuado |
| | #1 |
| Fecha de Ingreso: Jun 2005
Mensajes: 12
| Lo sentí bajo la piel. Un ardor suave, un vértigo dulce que iba corriendo por mi cuerpo hasta extenderse por completo y subir a mis labios con un sabor intenso. María acababa de entrar en la habitación y había cerrado la puerta tras de sí con cuidado. Avanzaba a pasos cortos hasta mí con la cabeza baja y la mirada en el suelo, tal y como le había ordenado. Me incorporé hasta quedar frente a ella y extendí mi mano hacia su hombro. Sentí cómo reaccionaba su cuerpo a mi tacto, deslicé mi palma abierta hasta su cuello y la acaricié. Tomé su barbilla y levanté su cabeza. Sus ojos me evitaban, rehuían encontrarse con los míos, pude ver cómo se mordía los labios. - Ahora puedes mirarme. Estaban radiantes, iluminados. María temblaba, conocía esa sensación de temor y excitación clavada en una esclava cuando se abandonaba y cedía el control a un Amo. Deseaba tanto ser sometida como temía verse atrapada en un juego que la excitaba de forma extraña, por más que su imaginación lo hubiera repetido ante ella. Deslicé mi mano hasta su pecho, separando los faldones de su blusa para descubrir su cuerpo desnudo, sus pechos grandes y suaves agitándose con la respiración que iba acelerándose piel adentro. Separé sus brazos para soltar los botones de su falda y la dejé caer a sus pies, cubriendo los zapatos de tacón que le había ordenado llevar. Rocé con mis dedos su pubis, jugué a enredarlos en su vello mientras la miraba y la obligaba a mantener mi mirada. Besé su frente. Mis dedos remontaron su cuerpo, recorriendo sus costados hasta volver a sus pechos. Dibujé espirales en su piel hasta llegar a la aureola oscura y extensa de sus pezones, la oprimí con fuerza para endurecerlos y tan pronto como sentí su tacto cálido y duro los pellizqué.ambos a un tiempo, suavemente al principio y con fuerza a medida que ella daba muestras de excitación y dolor. Los tomé entre mis manos y los retorcí, los estiré y castigué mientras mi deseo se hacía mayor y ella iba dejando atrás toda resistencia.Cuando María agitó su cabeza dejando escapar un gemido separé las manos y la abofeteé. Dos golpes rompieron el silencio, María dejó su cabeza inclinada sobre su hombro y pude escuchar un quejido. cogí su cabeza de nuevo y la volví hacia mí con vigor. Sus ojos volvieron a los míos entornados en un gesto de placer. María hizo ademán de aproximarse para besarme, pero una vez más la golpeé obligándola a permanecer quieta. Pasé mi mano por su nuca y recogí el pelo oscuro y suave en una coleta que tomé con fuerza. Estiré de ella hacia atrás y María se vio forzada a levantar su cabeza. Pude ver que tenía los ojos cerrados y aproximé mi boca a su oído.lo lamí suavemente y besé su mejilla, aún enrojecida y caliente tras las bofetadas. Tirando de su pelo, obligué a María a arrodillarse. La contemplé en el suelo, erguida, en silencio. Tomé sus manos y las crucé a la espalda, rodeé sus muñecas con unas esposas y luego sus tobillos con unos grilletes. Acerqué el collar de perra a sus labios y le ordené que lo besara antes de que le fuera impuesto. Cuando hube terminado, me reservé unos minutos para mirarla. Recordé a María cuando la había conocido, recordé sus pantalones negros y su blusa brillante, recordé su pose descarada, su voz suave y su mirada soberbia.la delicia de tenerla desnuda y atada a mis pies se hizo aún mayor. Tiré de la cadena enganchada a su collar y la obligué a mirarme de nuevo. - Ahora eres una perra. Vas a ser tratada como una perra, y vas a obedecerme.¿entendido? María asintió con la cabeza. Adelanté mi pie derecho y lo planté ante ella. - Lame mis botas, María.lámelas bien; quiero sentir tu lengua acariciándolas. María se reclinó y adelantó su cuerpo hasta quedar justo sobre mi pie. Sacudió su cabeza para apartar su pelo y pegó su mejilla a mi bota. Pude ver su lengua sobre el cuero, sus ojos cerrados, los largos lametones y los besos que dejaba sobre mí.aparté el pie y presenté la otra bota. - Sigue. María hizo otro tanto, de nuevo lamió y besó la bota hasta que le ordené que se retirara. - Ahora vas a entregarte por completo.vas a ser azotada y desde ese momento vas a ser mía sin ningún remedio.vas a ser una esclava, vas a ser de mi propiedad, María. Vas a ser mi criada, mi perra.y ahora voy a oírte suplicar para que eso suceda. María bajó la cabeza y pude escuchar su voz. - Soy.soy toda tuya.. - Eso no es bastante, María.quiero escuchar cómo gimoteas y pides que te tome. - Por favor.Amo.tómame.por favor. Aproximé la fusta a los labios de María. - Lámela, querida..quiero que la beses y la lamas antes de que la estrelle en tu cuerpo. María abrió la boca y obedeció. Lamió la fusta suavemente, deslizando su lengua sobre la lengüeta de cuero y la vara recia que vibraba en mi mano.sin apenas dejarle tiempo la retiré de su boca y la lancé contra sus muslos. La sacudida resonó y María dejó escapar un grito. - Así no.no quiero escuchar más que el sonido de la fusta contra tu cuerpo. No puedes gemir ni lloriquear o tendré que doblar el castigo.¿está claro? - Sí.Amo. Tomé la cabeza de María y la doblé hacia abajo, permitiéndole separar las piernas para mantener su equilibrio durante el castigo...y comencé a azotar su culo, sus nalgas hermosas y blancas. Cada azote la hacía vibrar, temblaba bajo la fusta de un modo que me pareció delicioso, y así aumenté la intensidad de los golpes y su frecuencia, intentando hacerla gritar para desobedecerme y permitir así un castigo mayor..pero María me sorprendió guardando silencio, mordiéndose la boca para obedecer, dejando que apenas su respiración agitada se escuchara. - Y bien.dime, María.¿cuántos azotes has recibido.? - No.no lo sé, Amo. - ¿No los has contado? - No. - Deberías haberlo hecho, María.ya te advertí de ello.¿no es cierto? - Perdóname.Amo. - María.noto que la palabra "Amo" aún se te resiste.parece que dudas al pronunciarla o que no la has tomado suficientemente en serio."Amo" es mi único nombre para ti.tal vez tenga que ayudarte a memorizarlo.ahora debo repetir el castigo porque no has estado atenta.y voy a hacerlo de forma que te permita corregir esa torpeza.contarás en voz alta cada azote y añadirás mi nombre. Recomencé el castigo castigando su culo nuevamente, excitándome a cada golpe al escuchar su voz entrecortada diciendo "uno, Amo.dos, Amo.", así hasta llegar a diez. Al terminar, acaricié su pelo y besé de nuevo sus mejillas. Vi su piel surcada de líneas rojas, su cara deliciosa en un gesto de indolencia.tomé su collar y la hice incorporarse. Conduje a María hasta el sofá bajo la ventana y la tendí en él. Tomé su cuerpo, lo acaricié y lo masajeé con dulzura, llevé mis labios desde su cuello a su espalda, y de allí hasta sus nalgas enrojecidas que recompensé con caricias y más besos.le dije que era una buena esclava, que iba a ser mi propiedad más preciada, que iba a hacerla obedecer todos mis deseos.ella asentía sin hablar. Ordené que volviera al suelo y ella lo hizo. Liberé sus manos y le entregué un vibrador. Cambié mi tono de voz de la suavidad a la rudeza mientras la miraba y le ordené que se masturbara para mí, que lo hiciera a mis pies. María obedeció. cogió el vibrador y lo llevó a su sexo. Lo rozó con él, lo deslizó dentro de ella y comenzó a agitar sus caderas lentamente mientras me miraba. Yo la observaba atento, deleitado por aquella escena. María continuó mientras yo acercaba de nuevo la fusta a su cuerpo. La usé para apartar el pelo de su cara, para retirarlo de sus labios. Después, la conduje hasta su pecho y acaricié con ella sus pezones, su vientre.María terminó mientras pronunciaba mi nombre, doblando el cuello de nuevo. - Muy bien.eres una perra obediente. - Gracias, Amo. Retiré el consolador de su manos y volví a esposarla. Esta vez tomé las pinzas que había dejado sobre la mesita y las puse ante sus ojos. Bailoteaban a los extremos de una cadenita y advertí a María que iba a colocárselas. Al oírlo, ella arqueó la espalda y me ofreció su pecho. Pinzé sus pezones en silencio, mientras ella contenía la impresión frunciendo el ceño, cerrando los ojos y apretando la boca. Tan pronto como estuvieron colocadas, aproximé mi boca a la suya y besé a María. Rodeé su cuello con mis brazos y la acaricié. - Ahora vas a permanecer así, quietecita hasta que yo te lo permita. Me levanté y caminé a su alrededor para verla entregada, cumpliendo mis deseos. María permanecía quieta, obediente. Yo me retiré para poder contemplarla sometida, deliciosa y humillada.y me adelanté al dormitorio para preparar los detalles del resto de su castigo. Sigue........... |
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| | #2 |
| Fecha de Ingreso: Jun 2005
Mensajes: 12
| Sigue del anterior...... me adelanté al dormitorio para preparar los detalles del resto de su castigo.......... Desplegué sobre la cama las correas y las cadenas, las cuerdas de nylon y el bocado, bajé las persianas hasta dejar la habitación en una penumbra rojiza perfecta. El olor del perfume flotaba en el aire y todo ofrecía un aspecto decadente y cálido; las cortinas gruesas, las velas iluminadas en el centro de la mesa junto al armario de madera.regresé al salón y tomé a María, retiré las pinzas de su pecho y ella lo agradeció con un suspiro de alivio. Tomé su collar y la conduje a la habitación. Al entrar, le ordené que permaneciera quieta ante la cama, observando la colección de pequeñas crueldades que le reservaba esparcidas sobre la cama. María volvió su mirada hacia mí y creí adivinar un tono suplicante en sus ojos que me enardeció.adoraba verla indefensa y rendida, mezclando la excitación de verse dominada con el temor que le producían mis deseos.quise mantenerla allá un tiempo más, mirando las correas según yo le explicaba al oído que iba a atarla con ellas, según susurraba cómo iba a degradarla hasta convertirla en mi juguete mientras mis manos rodeaban sus caderas, según iba mezclando con besos breves las palabras que le dirigía. Solté sus muñecas otra vez y retiré las esposas. En su lugar, un grueso cordón blanco de nylon volvió a unir sus manos inmovilizándolas sobre su vientre. Luego sus tobillos recibieron el mismo trato, y las correas comenzaron a cubrir su cuerpo, cruzándose sobre su piel y apretando sus pechos, su cadera, sus costados. María se dejaba hacer, ofrecía su cuerpo para que la atara, dejaba caer gemidos breves según las tiras de cuero se adherían a su propia piel. Pronto hube terminado, y pude retrasarme unos pasos para ver mi obra. El cuerpo de María estaba surcado de correas y lazos, inmóvil, a mi capricho. La arrojé sobre la cama y me senté a horcajadas sobre ella, mis rodillas sobre la colcha a ambos lados de su pecho. Tomé un pañuelo negro y lo até en torno a su cabeza, cubriendo sus ojos. Tomé sus brazos y la coloqué de modo que no pudiera moverse. Tomé con una mano una de las velas, y esperé a que la cera líquida bailara en círculos dentro de su funda de plástico. Incliné la vela sobre ella y dejé caer unas pocas gotas sobre sus pechos. María lanzó un quejido y la hice callar. La cera siguió goteando sobre su carne blanca, haciéndola vibrar, hiriéndola suavemente. Seguí unos minutos llevando la vela de un lado a otro, dejando caer las gotas sin orden, poco a poco, de manera que María no supiera dónde esperar el próximo contacto sobre su cuerpo.su ombligo, su vientre, su pubis, sus hombros.de nuevo aquella imagen encantadora de María bajo mi deseo, inmóvil y a mi entera disposición, volvió a acelerar mi pulso. Apagué la vela y tomé una hermosa vara flexible, corta y rematada por una suerte de paleta fina.sentado sobre ella, jugué a castigarla de nuevo en todos los rincones de su cuerpo, a golpear sus muslos y sus piernas, sus brazos doblados, sus pechos, incluso sus mejillas.por una de ellas adiviné una lágrima rodando. Levanté su venda y vi sus ojos humedecidos. Los besé reconfortándola cariñosamente, apretando mis labios contra los suyos, acariciándola con ternura. Retiré algunas de sus ataduras antes de ponerla de rodillas sobre la cama. Tan pronto como la tuve de nuevo erguida, me coloqué tras ella y llevé mis brazos a sus costados, dirigiendo mis manos hacia sus pechos, mi boca hacia su nuca y mi sexo erguido hacia el suyo. La penetré violentamente y mordí su cuello ondulando mi cuerpo contra el suyo, besando su piel castigada mientras entraba en ella, tomado posesión de María como una perla que ahora me pertenecía, adorándola tras haberla pisado.sus gemidos se hicieron agudos y hondos, la tomé y la dejé caer agotada sobre la cama. Me dirigí al baño. Abrí los grifos y llené la bañera, espolvoreé las sales de baño en el agua tibia y volví a la cama. Liberé a María de sus correas y la tomé en mis brazos. Pegué mi boca a sus mejillas y la llevé al baño.con cuidado, la deposité en el agua.hundí la esponja en ella y comencé a frotarla dulcemente, repasando las formas de su cuerpo maltratado, acariciando las curvas de su costado.la tomé por el cuello y la atraje hasta mí, a pocos centímetros de mi cara.María sonrió y acercó su boca a la mía. La besé con toda la dulzura y la fuerza, la besé con el orgullo de un Amo para con su esclava. Pamplona, 19 de diciembre, 1999 |
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| | #3 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Localización: Extremadura Fecha de Ingreso: Jul 2005
Mensajes: 376
| Todo un lujo de relato,mis felicitaciones amne{XaM} chapeau saludos |
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| | #4 |
| Rol: Switch Sexo: Mujer Localización: Bizkaia Fecha de Ingreso: Aug 2005
Mensajes: 174
| A mí también me ha gustado... |
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| | #5 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Localización: barcelona Fecha de Ingreso: Oct 2005
Mensajes: 14
| Buen relato. gracias. |
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