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| | #1 |
| Rol: Switch Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: May 2006
Mensajes: 10
| A menudo, cuando cierro los ojos, veo un bonito prado que se extiende desde mis pies hasta el horizonte. A lo lejos veo a mi madre, feliz y sonriente, que me saluda con el brazo. Mi madre fue violada por los bárbaros en presencia de mi padre; después lo mataron. Se dice que por aquel entonces mi madre estaba embarazada, y que fue llevada cautiva a un lugar desconocido fuera de nuestras fronteras. Yo tenía cinco años cuando esto ocurrió, y no supe de la historia hasta cumplir los doce. Ese día juré matar a todos los bárbaros que existieran. Mi padre era uno de los comandante en jefe más respetados del ejercito romano, y mi madre nunca se separó de él en sus años de campaña. Yo, sin embargo, me quedaba en Roma a cargo de mis tíos. Mi tío Lucius –hermano de mi padre- formaba parte del senado, y junto a mi tía Gnaea, pertenecían a una de las familias más importantes de la ciudad. Ambos me trataron muy bien; y aunque mi tía fuera de carácter dominante y severo, siempre se mostró afable conmigo. Cuando yo contaba con doce años, los rumores sobre los excesos sexuales de mi tía en ausencia de mi tío habían corrido por toda la ciudad. Yo conocí los detalles de sus aventuras por medio de una esclava a la que tenía gran confianza y afecto. Publia, que así la llamaron desde pequeña, fue traída a Roma como esclava después de que mataran a sus padres durante la guerra en España. Ella presenció un gran número de las orgías de mi tía, confiándomelas a riesgo de ser ejecutada si ella se enteraba. He de confesar el profundo dolor que me provocaban sus confidencias, pues yo la quería, y su implicación en la escena era casi siempre directa. Publia era cuatro años mayor que yo, y siempre me decía que soñaba con servirme en un futuro y pasar a formar parte de mi propiedad. Un día acudí con mis tíos al anfiteatro para ver un espectáculo que, por más tiempo que haya pasado, retengo en mi memoria como si fuera ayer. En uno de los combates enfrentaron a un esclavo negro del África, provisto únicamente de una red, con un león. La fiera era un animal enorme, pero al lado del esclavo se veía más pequeña de lo que en realidad era. El esclavo poseía unas dimensiones descomunales pero bien proporcionadas, y unos marcados músculos que destacaban sobre la piel oscura. Cualquier guerrero experimentado hubiera podido derrotarlo en una lucha con armas (espada, tridente, maza...), pero cuerpo a cuerpo hubiera destrozado al más fuerte de los soldados del ejercito sin el menor esfuerzo. Observé por un momento a mi tía; esta no perdía detalle del esclavo, y por la expresión de sus ojos, deduje que estaba impresionada. El esclavo salió desconcertado a la arena. Miraba rígido a un lado y a otro de las gradas. Cuando soltaron a la fiera se puso en posición de alerta flexionando las piernas y abriendo los brazos con la red. Al principio el león parecía estar aturdido frente al clamor de la gente, pero pronto advirtió la presencia del esclavo y comenzó a caminar sigiloso hacia él. El esclavo retrocedió. El león desaceleró el paso cuando estuvo a pocos pasos de él, y súbitamente se abalanzó sobre su cuerpo. Este cayó al suelo y solo tuvo tiempo de interponer entre ambos la red, pero la fiera consiguió dar un zarpazo en su pierna, provocándole unos cortes profundos por los que manaron gran cantidad de sangre. Todos sabíamos que era cuestión de tiempo que la fiera devorara al esclavo, y todos los que estaban allí esperaban expectantes el momento. De manera sorprendente, el esclavo rodeó con su enorme brazo el cuello del león y comenzó a darle mazazos con el puño en la cabeza. Cada mazazo era producido con una fuerza colosal y violenta que obligaban a cerrar la amenazante boca del animal. Parecía imposible que pudiera propinar tal cantidad de golpes con la misma intensidad cada uno de ellos, si bien hay quien dijo que, a muy lejos de no disminuir la intensidad, la aumentó. Pronto el animal se separó, cosa que aprovechó el esclavo para abalanzarse sobre él y continuar descargando su fuerza. Esta vez repartió los golpes en las costillas del animal hasta que, exhausto en el suelo, el esclavo machacó nuevamente la cabeza con el puño como si fuera un mazo. Logró partir el cráneo del animal en poco tiempo. Por la comisura de la boca del león corría un hilo de sangre que tintaba la arena. Un enorme fragor envolvió el ambiente. La gente estaba excitada y revuelta. Volví a observar a mi tía. Esta parecía estar viendo un milagro de los dioses. Poco después convenció a mi tío –no con demasiado esfuerzo- para que le comprara el esclavo negro. Cuento esto con la intención de poner en antecedente el episodio que me dispongo a narrar, y que me fue confiado por Publia varias noches después de que ocurriera: Pasado un tiempo de nuestra visita al anfiteatro, mi tía regresó a casa de mal humor después de haber consultado a un brujo su futuro. Cuando llegó hizo llamar a su habitación a Publia, a otra esclava y al esclavo negro, que ya se había recuperado de las heridas de la pierna. Hizo desprenderse a este último de la ropa y lo colocó de pie delante de ella. Mi tía lo examinó, deteniéndose en su enorme pene –según palabras de Publia- y continuando por la espalda. -Voy a desahogarme contigo- dijo mi tía – no sé para que te digo nada... aún no logras entenderme, ¿o sí?. Lo veremos cuando supliques que me detenga Dicho esto, cogió el látigo y descargó sobre su espalada todo su mal humor. El esclavo no movió ni un solo músculo de la cara durante su flagelación, mientras que mi tía acabó gritando del esfuerzo. La espalda del esclavo pasó del negro de su piel al rojo de la sangre, pasando por las distintas tonalidades que adquiere la piel con semejante castigo. Me hubiera gustado saber lo que pasaba por la mente de ese esclavo en esos momentos. Mi tía cayó rendida en la cama tras el enorme esfuerzo, y llamando a Publia, le ordenó continuar con la flagelación. Recuperada mi tía, se levantó de la cama y paró la acción; entonces hizo traer unas toallas húmedas para limpiar la espalda del esclavo y contemplar las heridas. Una vez limpias paseó sus manos por encima de ellas, deleitándose en cada corte. Debía levantar los brazos y separarlos para abarcar toda la espalda del esclavo, ya que esta era de grandes dimensiones. Después se sentó en la cama e hizo un gesto para que el esclavo se acercara a ella. Mi tía parecía fascinada por el enorme tamaño de su miembro, y tras cogerlo con la mano, hizo acercarse a Publia. -¿Habías visto alguna vez un miembro tan grande Publia?. -No Domina. -Me lo creo, me lo creo... y dudo que alguna vez tengas oportunidad de verlo. Excítalo Publia... quiero verlo en su máxima vigorosidad. -¿De que manera Domina?. -Con la boca. Como en tantas otras veces deseé que dejara de contar la historia. Siempre que aparecía ella se me formaba un molesto nudo en el estomago. Era muy desagradable, pero Publia insistía en continuar. Puede parecer un poco brusco –lo es-, pero aún no he hecho una descripción de las tres mujeres que se encontraban en la habitación, y creo que sería interesante hacerlo, aunque sea de manera superficial: Publia era bajita, de pelo negro y ojos oscuros, blanca de piel y un cuerpo armónico y sensual. Mi tía tenía el pelo largo y rizado y de color rojizo; unos labios carnosos, unos grandes ojos azules y rasgados y un cuerpo voluptuoso. La otra esclava –capturada en una guerra- era una joven germana de rasgos delicados y figura endeble. Sin duda alguna, mi tía destacaba sobre las demás por su belleza. Dicho esto... continuo con la historia: |
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| | #2 |
| Rol: Switch Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: May 2006
Mensajes: 10
| Mi tía Gnaea guió el miembro del esclavo hasta la boca de Publia, que ya se encontraba de rodillas entre ambos. Después de recorrer su lengua a lo largo del miembro, Publia forzó al máximo la abertura de su boca para que este pudiera entrar, ya que para entonces comenzaba a hincharse, aunque débilmente. Publia continuó excitando el miembro del esclavo, que, como pudo comprobar al mirar hacia arriba, revelaba en su rostro cierto placer en el acto oral. Mi tía se desesperaba al ver que el miembro no endurecía, por lo que se arrodilló junto a Publia y se sumó al festín. Ambas lamieron con fervor durante largo rato, encontrándose a menudo las dos lenguas entre si, y pasando la una por encima de la otra, sin que el pene adoptara la forma deseada por mi tía. Mi tía era una mujer muy impaciente, y a buen seguro ya comenzaba a perder las esperanzas de obtener ningún éxito. Pararon y mi tía desvistió a Publia. La hizo sentarse al borde de la cama y abrir las piernas. El esclavo mantenía la mirada firme al frente. Puesto que no entendía el idioma, mi tía le dio un golpe en las costillas y le indicó con el dedo el sexo de Publia. Este miró sin hacer nada más. Entonces llamó a la otra esclava y le dijo: -Bésale el sexo a Publia. La esclava se puso de rodillas frente a Publia, y comenzó a lamer su sexo. Al poco, mi tía levantó las ropas de la esclava, dejándole la parte trasera al desnudo. Agarró con fuerza el miembro del esclavo y lo estiró, obligándole a ponerse de rodillas tras la esclava. Aun sin estar erecto, el enorme miembro del esclavo parecía demasiado grande para una entrada tan frágil como aquella. Mi tía condujo la punta del miembro a la entrada del orificio. La esclava -según Publia- la miró desde abajo con expresión aterradora cuando notó la punta tras de si. Todos sabían que aquella unión era un acto casi imposible. Mi tía se subió a lomos de la esclava, a la altura del coxis, mirando hacia el esclavo. Separó las nalgas de la joven para observar mejor la operación, y, haciendo un movimiento de cabeza, indicó al esclavo que empujara hacia adentro. Este comenzó a penetrar a la esclava con gran esfuerzo. Mientras Publia acariciaba el pelo de la esclava, esta apretaba con fuerza sus muñecas y gritaba de dolor. Después de un rato de esfuerzo, gran parte del pene se había introducido –se supone que llegando a los más profundo de la pobre esclava-, y mi tía indicó al joven que permaneciera quieto. -Publia. Colócate detrás y con la lengua estimúlale el ano a nuestro amigo... a ver si eso provoca alguna reacción en su miembro. Publia se colocó detrás del esclavo, separó sus orondas y firmes nalgas, y comenzó a chupar. Eso pareció dar efecto en él, y su enorme pene se fue hinchando en el interior de la esclava –esto se lo contó la esclava a Publia al día siguiente, aunque de forma más detallada-, arrancándole nuevos gritos de dolor. Mi tía lo hizo moverse, para desgracia de la esclava, con intención de excitarlo bien. Al rato lo hizo detenerse y ponerse en pie. Por primera vez observaba el miembro en plena erección. Mi tía y Publia quedaron impresionadas por el tamaño, pero solo a mi tía se le despertó en el rostro una sonrisa lasciva, hambrienta y deseosa. La esclava quedó de rodillas en el suelo y con el torso tumbado sobre la cama. Era el turno de mi tía. Ella quería sentir ese don de la naturaleza en su interior. Tumbó a la esclava sobre la cama. Ella se tumbó encima de esta, pero en posición inversa, es decir, en forma de “69”. Dio la orden a Publia de que indicara al esclavo que debía penetrarla (a mi tía) mientras ella debía continuar estimulando su zona trasera para que no perdiera rigidez. De manera que... mi tía y la esclava se lamieran mutuamente sus partes sexuales, mientras el esclavo penetrara a mi tía, y a su vez, este fuera excitado por la lengua de Publia. Solo cuando mi tía quedó plenamente satisfecha disolvió la orgía. Publia, por suerte, no fue penetrada -como siempre, pues mi tía nunca había permitido que nadie lo hiciera (tiempo después averigüé el motivo)-, ya que, según me confesó después, la idea le producía cierto temor. Yo también agradecí aliviado que no lo hubiera hecho, al igual que en ocasiones anteriores. No sé; puede que... puede que la virginidad de Publia me obsesionara por un mero echo romántico y poético, pero la cuestión es que ese sentimiento me hacía perder la salud. Fueron muchas las veces que nuestros juegos sexuales estuvieron a punto de acabar con este problema, pero si mi tía se hubiera dado cuenta de la perdida de la virginidad de Publia, no hubiera dudado en ejecutarla... o algo peor. Una vez, con catorce años, decidí hablar con mi tía y poner en su conocimiento mi deseo de adquirir a Publia. Estas fueron sus palabras: “No deberías ir enamorándote de las esclavas. Pero si lo que quieres es otra cosa, y por la edad que tienes, no es algo que me extrañe, puedes elegir a cualquier esclava excepto a Publia. Tú serás casado con una mujer de tu clase... nosotros elegiremos la mujer apropiada para ti. De todas formas, no te preocupes, es posible que te regale a Publia el día de tu boda”. Por ese tiempo, mi tío permanecía lejos de casa por asuntos políticos. Su ausencia se prolongó durante varios meses, lo que provocó un desenfrenado y creciente aumento del libertinaje de mi tía. Esa misma noche, ya de madrugada, y yo estando dormido, alguien –sin yo darme cuenta de ello- entró en mi habitación y se metió en mi cama. Yo dormía de lado, y esa persona se tumbó a mi espalda. Desperté al notar su fría mano sobre mi vientre. Publia solía venir a mi habitación pasada la media noche, por lo que, al despertar, coloqué mi mano sobre la suya y la acaricié. Su mano se fue deslizando lentamente hacia abajo hasta llegar a mi miembro –ya endurecido- y comenzó a masajearlo. Sentí el calor de su aliento en mi nuca. Cualquier contacto a esa edad lo percibía con extraordinaria sensibilidad, y eso me estimulaba de manera turbadora y extraordinaria. Después sentí sus labios besándome el cuello, y después su lengua, y después..., y después mi excitación era tal que sentí deseos de poseerla; me giré para besarla, pero al hacerlo, quedé paralizado y sobrecogido. No era Publia quien agarraba mi sexo, sino mi tía. ¡No era posible que existiera mujer más atractiva que ella!. La tenue luz de la luna que entraba por la ventana resaltaba su ondulada figura, que con sus pechos firmes y voluminosos, me incitaban a cometer un pecado. Mi tía apretó su cuerpo contra el mío, hundió sus dedos entre mi cabello y me besó. Yo no dejaba de sentirme culpable, pero la excitación era excesivamente elevada como para interrumpir la acción, aparte de que, si lo hubiera hecho, mi tía hubiera tenido una reacción muy violenta. Por ello, me dejé llevar por los deseos de mi tía. A los dos días de perder mi virginidad, hice saber a Publia mi experiencia. Se lo tomó con abnegación. Meses más tarde llegó una terrible noticia: mi tío fallecía en uno de sus viajes. Desde ese día, los excesos de mi tía aumentaron hasta limites enfermizos. Por aquel tiempo, mi tía andaba obsesionada por un joven mercader llamado Aulus al que compraba telas de muy buena calidad. Conozco parte de esta historia gracias al diario del joven mercader, el cual cayó en mis manos poco tiempo más tarde de su final. Haré uso del principio, copiando únicamente los fragmentos que conciernen a esta historia, para contarla con mayor precisión: “... los intentos de Gnaea por seducirme son inútiles. Pero... gran parte de mis ventas se deben a ella. No debo parecer descortés ni rechazarla bruscamente. Servia desconoce esta situación. Si se lo contara se sentiría muy mal. Seguiré llevando esta circunstancia como hasta ahora. Me incomoda hablar de ella en este diario, pero su presencia en mi vida se hace cada vez más insistente. Hoy ha vuelto a venir acompañada de ese esclavo enorme y de color negro, y mientras le hablaba de la calidad de la tela por la que se mostraba interesada, ha enredado sus dedos entre mi pelo y ha jugado con mis rizos. Me he puesto nervioso y he comenzado a tartamudear; ella se ha reído. Entonces me ha invitado a su casa, y yo he reclinado amablemente la invitación...” “... Tengo la impresión de que esta mujer está obsesionada conmigo, ya no sé que hacer, su acoso es cada vez más insistente. Le haré saber lo mucho que estoy enamorado de mi mujer, a riesgo de perder a mi mejor compradora... “ Según sigue el diario, Aulus rechazó a mi tía, hecho que dañó su orgullo y autoestima profundamente. Mi tía dejó de comprarle durante un tiempo, durante el cual debió maquinar su malévolo plan. Aulus era un joven emprendedor, con ganas de elevar su posición social, y por ello, cuando mi tía le propuso hacerle un préstamo con la intención de aumentar su negocio, este aceptó agradecido. Más adelante, en el diario, el joven Aulus cuenta como acepta -para su desgracia- la oferta. También describe, entre otras cosas, las operaciones en las que se gasta el dinero. Se gastó cuanto dinero le había sido prestado, dando por echo el buen funcionamiento de su negocio –cosa muy razonable, siempre y cuando mi tía no se encontrara metida por medio-. El negocio se vino abajo, y tal y como esperaba mi tía –pues ella se encargó de que así fuera-, Aulus y su esposa quedaron endeudados con ella. |
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| | #3 |
| Rol: Switch Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: May 2006
Mensajes: 10
| Aulus y su esposa Servia pasaron a formar parte de la propiedad de mi tía, perdiendo todos sus derechos como ciudadanos. Ambos quedaron a plena disposición de mi tía, sin posibilidad de desobediencia, y sin esperar recompensa de antemano. Mi tía podía hacer uso de cualquier método que considerara oportuno para forzarlos a obedecerla. Pasaron a formar parte del servicio doméstico, pues la constitución física de ambos no les permitían realizar trabajos más forzados. El primer día que entraron en casa, mi tía los condujo a la azotea en compañía del esclavo africano –al que puso de nombre “animal”, y el cual se había convertido en su más fiel servidor- y de Publia. Allí los ató a una de las vigas del techo y les dijo. -Hace poco me vi obligada a vender una esclava. Se había vuelto muy contestona, y en alguna ocasión se negó a obedecerme. La vendí a un tratante de esclavos para que su cuerpo sirviera de recompensa o apremio a otros esclavos. No gané mucho con ella, pero si algo más que quitándole la vida. Vuestro futuro solo dependerá de vosotros. Quizá algún día recuperéis vuestra libertad. Mientras tanto... os haré colocar un collar a cada uno que os identifique como parte de mi propiedad. (Se trataban de unos collares de metal que tenían escritos el nombre de mi tía junto a las siglas T.M.G.F (tene me quia fugio “detenme ya que soy un fugitivo”). Entonces se dirigió a una vasija que contenía unas finas y largas varas de madera, cogió un par y entregó una a Publia y otra a Animal. Después se acercó a Servia y desgarró la parte trasera de su ropa, dejando su espalda desnuda. Lo mismo hizo con Aulus. -Veinte a cada uno. Con fuerza, para que lo recuerden cada vez que se les ocurra desobedecer una orden. No pasaron muchos días cuando mi tía hizo venir a Aulus a su habitación. Cuentan que este no sufrió ninguna erección, y mi tía lo abofeteó violentamente en la cara numerosas veces. Una noche, mi tía invitó a cenar a un buen amigo suyo. Yo cené con ellos; después, al acabar, me retiré a mi dormitorio. La dramática historia que ocurrió después me la contó Publia. En el comedor se encontraban -aparte de los ya nombrados- Animal, otro esclavo del servicio, Aulus y su esposa Servia. Mientras Servia ponía más vino al invitado, este dijo a mi tía: -Te felicito Gnaea por tu esclava. Es un ejemplar muy hermoso. -Sin duda lo es. Demasiado para tus ojos Servia se mostró vergonzosa y miró a su marido de reojo. -Pues agradezco que hayas tenido la delicadeza de poner a servir en esta cena a semejante criatura para deleite de mis ojos. Cuando quiera adquirir algún esclavo más, te pediré consejo... sin duda sabes elegir lo mejor. -He perdido mucho dinero con ella y su marido- dijo, señalando a Aulus. -Servia- continuó mi tía –quítate la ropa. -Por favor Domina...- contestó Servia. -Servia... quítate la ropa. Ayúdale Publia. Publia se acercó y la desvistió, dejándola desnuda ante todos los que allí se encontraban. Servia se cubrió los pechos con las manos y clavó la mirada en el suelo. -Aparta las manos. Servia apartó las manos lentamente. -Realmente hermosa. Me interesaría comprártela... quizás podamos llegar a un acuerdo. -Jajaja... no está en venta amigo Marcus. -Podrías vendérmela por los favores del pasado. Mi tía hizo acercarse a Servia y le indicó que apoyara el torso boca abajo sobre la mesa. -No. Tómala ahora si quieres, pero no te la vendo. Lucios miró a Aulus, que se encontraba con el rostro desencajado, y le dirigió una sonrisa malévola. Después se levantó de la mesa, se colocó detrás de Servia y dejó asomar su miembro por entre las ropas. Aulus arrancó a correr hacía su esposa, pero Animal lo rodeo por el cuello con su brazo cuando este pasó por su lado, levantándolo unos cinco o seis dedos del suelo. Publia vio como las lagrimas comenzaron a deslizarse por las rosadas mejillas de Aulus. Mientras, Marcus agarraba con ambas manos la cintura de Servía y se adentraba en los más profundo de ella entre gritos de dolor. Me costaba imaginar la escena sin que mi cuerpo tuviera una reacción violenta y placentera al mismo tiempo. -Amigo Lucios, me la vas a estropear si sigues así. Vamos... lo estás deseando... cambia de entrada, seguro que es virgen- dijo mi tía en tono sarcástico y burlesco. Aulus comenzó a chillar y jurar que mataría a todos los que allí se encontraban, por lo que mi tía dijo: -Sácalo de aquí Animal. Puede que no resista ver lo que ocurrirá a partir de ahora. Tú también, Publia, sal. Tú no- dijo refiriéndose al otro esclavo. A ti te necesito. Servia estuvo varios días sin verse por la casa, y nadie llegó a saber nunca lo que ocurrió allí dentro. Otro día hizo llamar a Aulus a su habitación. Una vez allí, se situó frente a él y le dijo: -Que rasgos más finos tienes. Que labios más carnosos. Si fueras una mujer, serías de las más hermosas de roma. La naturaleza se ha equivocado contigo otorgándote eso que tienes entre las piernas. Entonces le acarició el rostro. -Eres muy hermosa. No mereces llevar estas ropas. Publia- dijo dirigiéndose a ella- Trae uno de mis vestidos. Voy a convertirte en una joven hermosa. Una vez cambiado, lo hizo tumbarse boca abajo en la cama, y ordenó a Publia atarlo a la cama por las extremidades. De una caja de madera sacó un objeto de mármol con forma de pene y lo introdujo en la boca de Aulus: -Chupa. Vamos, chúpalo bien para que luego no cueste introducírtelo por otro lado. Quiero que estés preparado para cuando te ceda a otros hombres... tengo varios conocidos a los que quiero ganarme su favor, y con mis encantos no obtendré ningún éxito. Sus inclinaciones les impiden fijarse en las mujeres como yo, y prefieren hacerlo en las que son como tú. Tras decir esto, sacó el objeto de su boca y lo colocó en la parte trasera de Aulus. -Por favor Gnaea...- suplicó Aulus -¡Llámame Domina imbécil!. Mi tía tomó aire y cambio su tono de voz. -No pasa nada. Quiero que te relajes. Publia, pasa tu lengua por esta entrada para que nuestra joven no sufra ningún daño cuando la penetremos. Después de que Publia hiciera lo que se le había ordenado, mi tía excitó con los dedos esa zona tan sensible, introduciéndolos poco a poco. La acción fue realizada con suma paciencia. Excitó y dilató cuanto pudo la entrada del joven mercader, hasta que finalmente se dispuso a introducirle el objeto con forma de miembro masculino. Este entró sin dificultades: -Oh si, debes de ser una joven muy experimentada para que un miembro como este entre con tanta facilidad... probaremos con uno más grande. Publia, acércame el grande. Publia se dirigió a la misma caja de madera de donde había salido el primero, y de ella sacó un objeto igual forma, aunque de mayor tamaño. Después de retirarlo de su interior, introdujo el otro. Lo metió y sacó repetidas veces hasta que dijo: -Publia. Tápale la boca con un pañuelo. Publia obedeció. Echo esto, mi tía dijo: -Que venga Animal. -Sí Domina- respondió Publia. -Quiero que sientas lo mismo que sentirá tu esposa un día de estos- dijo al esclavo. Animal entró acompañado por Publia. Mi tía, que estaba sentada en la cama, hizo acercarse a Animal y desprenderse de su ropa. -Publia. Excítalo con la lengua por atrás. Publia se arrodilló detrás del esclavo negro, en tanto que mi tía agarró su miembro y se lo llevó a la boca. Entre ambas excitaron notablemente su miembro, y tras esto, sacó de la parte trasera de Aulus el objeto de mármol e indicó a Animal lo que debía hacer. Después de mucho esfuerzo y paciencia, mi tía logró su objetivo, provocando el desvanecimiento de Aulus. Una semana después de este episodio, Aulus y Servia se fugaron, pero fueron capturados por la guardia cuando intentaban salir de la ciudad. A su regreso, mi tía los vendió. A ella como ramera, y a él como esclavo rural. ...... Nota: Pido disculpas por los errores históricos que puedan haber. Y los no históricos también ![]() |
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