![]() |
hazlo sano... hazlo seguro... hazlo consensuado |
| | #1 |
| Rol: sumiso Sexo: Hombre Ubicación: Navarra, ESPAÑA Fecha de Ingreso: Jun 2005
Mensajes: 7
|
Tengo 18 años y mi nombre es Yolanda. Sé que soy hermosa y que mi destino es dominar a los hombres. Advierto como ellos vuelven su cabeza para a mirarme y veo sus ojos llenos de deseo resbalar por mi cuerpo, recorrerlo con delectación, con ansia. Sé que mi larga melena negra les enloquece, que mi culo les vuelve locos y que mis pechos les hacen perder la razón, veo como miran mis piernas. Sé que son capaces de hacer cualquier cosa por mí. Y me encanta utilizar eso a mi favor, me encanta ver como un hombre suspira al verme y no puede dejar de posar sus ojos sobre mí, me encanta ver como el deseo aumenta y le consume, como su respiración se entrecorta, como no puede disimular su erección, aunque lo intente, ¡pobrecito!; y como es capaz de hacer cualquier cosa que yo le pida, como se convierte en un animalito a mis pies, como se arrastra y suplica. Me encanta ver a un hombre humillándose ante mí. Me gusta dominarlos, ser la dueña de la situación, la que manda. Y tengo multitud de ocasiones para aprovecharlas. Siempre he sabido que los hombres me miran y me desean, noto como me observan, como tragan saliva si me dirijo a ellos, como me adoran, como están pendientes de mis caprichos, dispuestos a satisfacerlos aún con sus novias y esposas delante. Me gusta esa sensación, ser deseada, ver como un hombre es incapaz de controlarse y entonces ayudarle a hacerlo, controlándole yo. He aprendido mucho últimamente pero, antes, hace apenas un año esta situación era nueva para mí. Sabía que era el centro de atención (que era deseada y admirada), siempre lo he sabido, pero no sabía que pudiera controlar la situación hasta tal punto, no que pudiera aprovecharlo de esta forma. Todavía recuerdo mi, digámosle, iniciación el pasado verano en Cullera, yo tenía 17 años. Era tan ingenua. Mis padres habían alquilado un apartamento como todos los años y teníamos de vecinos a una pareja joven; ella tendría unos 32 años, era rubia, delgadita, bastante alta. Muy mona. A mi padre se le iban los ojos detrás de ella cada vez que salía la piscina con un pequeño bikini negro. Él, tenía 36. Era alto, moreno, atlético, muy simpático. Mi madre decía que parecía un latin-lover. Ella y sus amigas fantaseaban a la hora del café sobre su cuerpo y de cómo lo debía hacer en la cama. Sí, la verdad que era mono y tenía una mirada penetrante de machito y seductor. De esos que van rompiendo corazones. Pero, la verdad, para mí no era nada especial (ninguno lo es), se comportaba como todos los demás. Cuando me veía se quedaba mirando, embobado, explorando mi cuerpo, desde mi pelo negro hasta la punta de mis pies. Al principio no le di importancia, había percibido el mismo comportamiento en muchos hombres: en compañeros mayores de colegio, en mis profesores, incluso en los maridos de mis tías. No perdían oportunidad para acercarse a mí, para contemplarme, y cuando conseguían acercarse no se despegaban, sentía su sudor pegajoso, advertía como me espiaban, (sin poder controlarse, sin dejar de admirarme ni un solo segundo), me fijaba en como les costaba tragar saliva, como su respiración se hacía profunda, inconstante, arrítmica. Como su atención se centraba exclusivamente en mí. Me gustaba, era una sensación cómoda, me sentía poderosa de una manera especial, dueña de la situación. Yo aprovechaba, inocente de mí, para que mis cándidos caprichos se cumplieran. Me apetecía un refresco pues lo pedía, ponía cara de niña inocente y los miraba directamente a los ojos poniendo ojitos tiernos, intensamente, sin apartar la mirada. Apretaba mis tetas con los antebrazos para que se juntaran formando una montaña de carne prieta y joven y ellos, se volvían locos, el refresco estaba al momento en mi mesa. Y enseguida preguntaban si quería algo más. Siempre eran cosas por el estilo, un refresco, un pañuelo, cosas así. Pero un día todo fue diferente y a partir de ese momento mi vida cambio para siempre. Mis padres y yo fuimos a comer con mis vecinos, todos juntos, para celebrar el comienzo del verano. Al terminar dimos un paseo. El calor era penetrante, sentía como el sol prendía mi cuerpo, como lamía cada centímetro, como se enroscaba sobre mi piel, abrazándome perezosamente. Sentía el calor dentro de mí, un calor profundo y dulce. Y tenía sed, mucha sed. Necesitaba que el agua fresca besara mi garganta y apagara el infierno que se había despertado en mi interior. Mientras caminábamos vi una fuente -algo apartada del camino-, el agua salía a borbotones cada vez que abrían su grifo, refrescante, incitante, ofreciéndose como un regalo. Quería sentir esa frescura en mi garganta, que ese agua saludara mi cuerpo. En ese momento, me hubiera bañado en ella desnuda. Era hermoso mirar el agua saliendo de la fuente, el sol explotaba en mil colores en cada gota, manchando los jardines cercanos. Era un día hermoso. |
| | |
![]() |
| Herramientas | |
|
|
Temas Similares | ||||
| Tema | Autor | Foro | Respuestas | Último mensaje |
| Yolanda [y iii] | AGutxi | Relatos | 1 | 28/12/2006 20:30 |
| Yolanda [ii] | AGutxi | Relatos | 0 | 23/09/2006 13:52 |