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| Rol: Dominante Sexo: Hombre Ubicación: Sevilla Fecha de Ingreso: Dec 2005
Mensajes: 259
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Llevaba mucho tiempo encapuchada, no tenia ni la más mínima noción de donde estaba y de cuanto tiempo llevaba de pie, moviéndose de un lado a otro, por oscuros pasillos, custodiada por dos hombres que de vez en cuando, gruñían una frase o la empujaban por unas escaleras. Sus desnudos pies habían notado la humedad del suelo, las piedrecillas que se clavaban en sus plantas, la frialdad de la piedra... Al bajar los últimos escalones, flanqueada por los hombres que prácticamente la llevaban en "volandas" por los brazos, se detuvieron. Uno de los hombres arrancó la capucha de su rostro, y pestañeando puedo ver que se encontraba frente a una puerta de madera vieja con goznes de hierro, junto a la cual, había dos antorchas que iluminaban el pasillo, dándole un aspecto fantasmal a la escena. La humedad de las piedras, las caprichosas sombras que la luz de las antorchas proyectaba sobre las paredes, los gemidos ahogados y lejanos que rebotaban en el pasillo, el goteo del agua, el olor a moho y humedad. Todo ello fue un impacto en la mente de Susana que incontrolablemente comenzó a sentir un temblor en su cuerpo. Uno de los hombres, golpeo con el mango de su porra sobre la puerta y desde dentro, una voz ahogada dio el permiso para entrar. Empujando pesadamente la puerta, esta emitió un chirrido que auguraba la maldad que tras ella se escondía. Entraron en la estancia, aun parpadeando por haber estado tanto tiempo encapuchada. Había humo de los cigarrillos en el ambiente, una mesa a la izquierda, con un hombre y una mujer, ambos tras unas gafas de sol y papeles ante ellos. Detrás y a la izquierda de la mesa, una persona manipulaba una cámara de vídeo sobre un trípode, sin prestar demasiada atención al resto. Mirando a su alrededor, Susana pudo ver cadenas colgando del techo, un catre metálico a un lado, armarios, argollas en las paredes, una bañera justo al fondo y multitud de objetos que no supo definir. El hombre tras la mesa tomo un papel y mirándolo le dijo: -"Tenemos fundadas sospechas de que usted trabaja para la contra revolucionaria apoyada por fuerzas capitalistas. Se le ha requerido aquí, para que nos de toda la información necesaria, a fin de desbaratar las acciones que sus "amigos" quieran llevar a cabo en nuestro país". -"Se equivocan - contesto Susana con la voz apagada- soy turista en viaje de placer, alguien les dio una mala información, por favor, pónganse en contacto con mi embajada, ellos les dirán que..." - ¡Basta! - la corto la mujer - hemos hablado con su embajada y niegan tener información sobre usted. Es usted un agente y sabe mucho sobre las acciones que quieren llevar a la caída de nuestra república. Colabore, y en media hora estará en un centro de detención, esperando ser reportada." "¡Pero si no se de que me hablan - contesto sollozando Susana- no se que quieren de mi...! La mujer de la mesa dio una orden con la mano a los guardias que la custodiaban y estos la llevaron hasta el centro de la habitación, colocando en sus muñecas unas correas de cuero que sujetaron a una cadena enganchada a una polea. Manipularon una manivela algo mas allá y Susana quedo colgada por las muñecas a unos 20 centímetros del suelo. Colocaron correas de cuero en tus tobillos y estos fueron atados a una gruesa argolla empotrada en el suelo. -"Ahora voy a comprobar que realmente no sabes nada" - dijo la mujer. Y tomo de un armario una porra eléctrica que conecto mientras se dirigía hacia Susana. "¿Que va ha hacer?, ¡por Dios..no puede...!- fue lo que trataba de decir Susana, mientras que la mujer acariciaba el vientre de la detenida con la porra...antes de apretar el conmutador y soltar una descarga de medio segundo sobre el pecho izquierdo de la chica, que profirió un alarido de dolor, impotencia y rabia. "¡Maldita hija de puta...déjame inmediatamente! Otra descarga sobre el pezón derecho, hizo que Susana se tensara como un arco, tratando de tomar aire por la boca. La mujer caminaba a su alrededor, y miraba la zona de la siguiente descarga, que fue la axila derecha. Susana apretaba los dientes ante los latigazos de la electricidad y los músculos de su mandíbula parecían de acero. El sudor bañaba el precioso cuerpo desnudo de la chica, cuando la mujer agachándose un poco, soltó una nueva descarga sobre las plantas de los pies de la chica. El alarido de Susana sorprendió a la verdugo que fríamente le comentó al hombre que aún seguía en la mesa, con la barbilla apoyada sobre las manos: -"Parece que la zorrita tiene los pies delicados. Tomaremos nota de ello" La siguiente descarga fue en la zona de los riñones. Su cuerpo pareció romperse por la mordedura de la corriente. Susana tenia un rictus de dolor en la cara, ojos cerrados, mandíbula apretada...pero aun le quedaron fuerzas para insultar de nuevo a la verdugo, que introdujo la porra entre sus piernas y pulsó el interruptor. La descarga fue tan efectiva que dejó a Susana sin sentido. Una enorme losa negra cayo sobre sus ojos, y se desmayó en una espiral de dolor. El tiempo se hizo algo inconsistente, pero lejanos rumores ahogados llegaban a su mente. Las brumas se iban despejando y su cuerpo lanzaba mensajes de dolor en varias partes definidas, allá donde la mordedura de la porra eléctrica había marcado la piel. Oyó antes de abrir los ojos como la mujer decía: -"Esta despierta". Y observó que su espalda estaba sobre el frío suelo de piedra, las manos atadas y las piernas levantadas en un ángulo de 45 grados sobre su cabeza, colgadas de la misma cadena donde ella colgó anteriormente. Pudo ver como junto a sus pies elevados un hombre remangaba la camisa con algo en la mano que ella definió como una vara o bastón. Aún no había analizado la situación cuando el hombre descargó la vara sobre sus plantas desnudas. Susana gritó con todo lo que sus pulmones podían soltar. Y cadenciosamente, el hombre fue soltando golpes sobre sus pies, con un ritmo estudiado para que pudiera absorber los impactos y para que no hubiera demasiado espacio entre un golpe y otro. La mujer mientas iba interrogando a Susana preguntándole nombres y sitios de contactos en la ciudad. Susana gritaba y negaba con la cabeza, y a cada golpe, las preguntas se repetían una y otra vez. Los impactos lanzaban mensajes de dolor a su mente, que divagaba entre un océano de sensaciones, dolor, rabia, incomodidad, dudas...los verdugos sabían hacer bien su trabajo por que el dolor no era extremo, no era para herirla o lesionarla, era para romper tu entereza y que su mente se convirtiera en un libro abierto para ellos. Llevaban mas de 50 golpes sobre las plantas de Susana, el hombre sudaba por el esfuerzo y la chica, temblaba a cada azote, aullando de dolor. No conseguían el propósito de arrancar una confesión de la boca de la mujer, y el hombre de la mesa se levantó, ordenando parar al verdugo. Se acercó hasta la detenida, que lloraba y movía la cabeza, y acarició las rojas plantas de sus pies, que ardían. Ella encogió las piernas, al leve contacto de la mano del carcelero. Este, cogiendo el cigarrillo que portaba, dio un leve toque con la brasa en la planta desnuda de Susana, que emitió un grito seco. -"Podemos estar aquí horas. Y estamos seguros de que al final, dirás lo que queramos que digas. ¿Por que no te ahorras todo esto y contestas a nuestras preguntas? Susana sollozaba, negando con la cabeza y sorbiendo. El hombre tomó aquello como una negación a colaborar y no como lo que era, el desconocimiento de lo que querían que dijera. Así que el hombre, dando otra calada, volvió a tocar las plantas de los pies con la brasa del cigarrillo. Susana gritaba como un animal herido, sin fuerzas ya para levantar la voz, pidiendo que terminaran con aquella tortura. El verdugo fue tocando cada uno de sus desnudos dedos con la brasa del cigarrillo, en una vorágine de dolor que hizo que la chica perdiera el sentido por segunda vez. Esta vez, una sensación de sed y vacío la llevaron hasta el desmayo. Los carceleros vaciaron un balde de agua helada sobre ella..que despertó tosiendo y escupiendo agua. La mujer hablo con el verdugo de la chica, diciendo que llevaban mas de una hora de interrogatorio, y que no conseguirían nada. Dejarían que ella pensase un rato en todo esto y continuarían mas tarde. Así que desatando sus pies la llevaron hasta el catre metálico donde fue atada por muñecas y tobillos. La mujer se volvió hacia ella y le dijo: -"Volveremos en un par de horas, y comenzaremos de nuevo. Tenemos tiempo y métodos. Si quieres decir algo, grita, habrá un guardia tras esta puerta. Recapacita y deja de hacerte la heroína, al final dirás lo que queremos oír". Cerraron la puerta y Susana quedó sola en la habitación, que olía a sudor, humo ...y miedo. |
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