El primer encuentro
Bueno, este no es mi primer relato, pero si el primero tan específico.. Espero que os guste, no llevo mucho en este mundo, pero espero haber captado la esencia :
La primera de sus caricias me hizo estremecer. Era la primera vez que me tocaba y yo estaba tan nerviosa que sentía que mi cuerpo no me respondía. Recorrió mi cuerpo analizándolo delicadamente, contemplándome y estudiando cada una de mis curvas que poco a poco moldeaba con sus manos. Sus labios empezaron con un pequeño beso en la frente y bajaron lentamente hasta mi boca de manera que toda mi mente se perdió en ese primer beso dejando hasta de pensar. Lenta pero firmemente, desabrochó la blusa y la falda de tapaban mi cuerpo y tal como él me había pedido, me encontró desnuda al no llevar ropa interior. Se separó un poco de mi y me observó con detenimiento. Yo sólo esperaba que la vista fuera de su agrado y por la sonrisa que se dibujó en su cara pude entender que no estaba decepcionado. Me pidió que me diera la vuelta, yo obedecí inmediatamente y me giré con delicadeza para que pudiera verme la espalda. Me rozó una nalga con las yemas de los dedos y mi cuerpo tembló ligeramente. Imaginé que ese acto casi reflejo hizo que volviera a sonreir. Luego me cogio con sus manos por los hombres y me hizo volver a ponerme de frente a él. Me acarició suavemente un pecho y lo besó con la misma suavidad y con una delicadeza que se me antojó inmesa. Me pidió, casi en un susurro que le desvistiera. Yo, me dispuse a desabrocharle su camisa, pero ordenó que empezara por los pies. Entonces, me arrodillé le quité los zapatos y los calcetines que llevaba puestos. Su siguiente petición fue un primer beso en las plantas, me humedecí los labios y le besé. Un beso en cada una. Luego procedí a quitarle los pantalones, la camisa y la ropa interior. Me pidió que le esperara sentada en una de las sillas que habia de espaldas a la puerta y se marchó a otra habitación. Volvió en apenas unos minutos. Oí sus paso, pero no me giré para mirarle. Me recogió el pelo y me rozó la nuca con algo que me pareció frio y metálico. Me dió un beso en el cuello y para mi sorpresa y alegría me colocó un collar de cuero. En ese instante me sentí tan suya que me pareció que salía de mi cuerpo. Me ordenó que me arrodillara en la cama. El primer cachete lo sentí muy dentro, después, todo se me fue. Ya era totalmente suya, a su merced y su disposición, para que hiciera conmigo lo que quisiera. La noche se me hizo eternamente encantadora. Me encontré bella entre sus brazos y sintiendo el cuero que había traido para mi. Me porté como el quería que me portara. Tan sumisa, tan obediente. Al final de la noche, cuando el alba despuntaba y yo temía separarme de él, me hizo el regalo más bello. Me agarró con firmeza de la cintura y me estiró en la cama, colocándose el encima mío. No recuerdo durante cuanto tiempo estuvo dentro de mi, pero fue éxtasis puro lo que sentí durante aquellos interminables momentos. Aquella mañana, cuando volví a mi cuarto, a mi pequeño escondite del mundo, recordé sus últimas palabras con una sonrisa en los labios: A partir de ahora, soy tu Amo.
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