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Antiguo 07/01/2007, 08:41   #1
 
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Predeterminado jonh.o.ann (solo para el verdadero gourmet)

En los viejos tiempos de internet, cuando casi todos navegabamos con los modems, Jonh.o.ann, publico una serie de relatos, muy avanzados para su epoca, y que cada vez son mas dificiles de encontrar en los buscadores.
Antes de que desaparezcan totalmente, voy a ir subiendo a este hilo algunos de ellos.
ildefonso está desconectado   Responder Citando
Antiguo 07/01/2007, 08:43   #2
 
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Predeterminado MÁkina

-¡Maldita esclava novata! Me has hecho quedar mal ante mis amigos, y eso nunca te lo perdonaré. ¡Voy a hacértelo pagar muy caro!
-¡Oh, Dios! ¡Aquel hombre intentó destriparme!
-¡Vamos! El bueno de Jonh sólo quería practicar un poco de fist-fucking con tu culo. Nada nuevo. En realidad, todo un "clásico". Pero tu te has cerrado en banda y te has negado a relajarte como es debido. Has sido tan tozuda que, a pesar de todos sus esfuerzos, no lo ha conseguido.
-Pero es que insistía en hacerlo con su enorme puño cerrado, Y, encima, con aquel horrible guante. Creí que no lo contaba.
-Cállate de una vez, señorita tiquismiquis. ¡Vaya! Por lo visto, nos ha salido con el culo delicado. ¡Pero yo voy a ponerle rápido remedio a eso! No se volverá a decir que un culo de mi propiedad no se deja meter el brazo, por lo menos hasta el codo. Me he informado de alguien que tiene una nueva máquina especialmente indicada para esta tarea. Pero eso sólo son tus mínimas obligaciones. Como castigo suplementario, voy a emplear la fusta contigo más duro de lo que estás acostumbrada. En todas tus partes más sensibles. ¡Cómo hay Dios que acabaré por domarte!
* * * * * * * *

-Desde luego es una máquina magnífica. En tan sólo 24 horas de uso continuado ya ha dado unos resultados sorprendentes. Quizás la única pega es que este culito está disfrutando demasiado con todo esto Y se trataba también de castigarla.
-Pues, si usted tiene interés en castigarla, yo tengo interés en comprobar los resultados de mi máquina con los reguladores adentrados en la zona roja . Pero no se preocupe. Esto ha sido sólo un preparativo, lento pero necesario, pues lo que se quiere es adaptar el culo a los deseos de su propietario, no inutilizarlo. Las volutas consecutivas que forman la pieza que ha estado admitiendo en su interior tienen la finalidad de forzarla a abrirse una y otra vez. Con esto, con la elevadísima temperatura que puede hacerse adquirir al aparato y con la ayuda de la potente vibración, se consigue que el músculo del esfínter acabe por agotarse y permanezca ya abierto de forma constante. Fíjese sino: ya hemos desconectado la maquina, pero su esfínter se ve completamente impotente de ser capaz de volver a cerrarse. Pero ahora ya vamos a poder aplicarle una talla seria de verdad. Eso sí, tendremos que aflojar del todo la correa que la sujeta por el vientre, porque este objeto va a ocupar un volumen muy considerable dentro de su vientre. A este magnífico aparato que vamos a acoplar ahora en el émbolo de la máquina yo lo he bautizado "el devastador". ¿Y sabe por qué? Porque no deja nada a su paso. Tan sólo un enorme boquete.
-Fenomenal. He estado hablando con Jonh -ahora se dirigía a la pobre muchacha que estaba demasiado extenuada como para decir nada. Pero no dejaba de mirarles con los ojos abiertos como platos-. Le he prometido que, en desagravio, iremos a pasar este fin de semana en su granja y te dejarás sodomizar por su mejor semental sin ni siquiera necesidad de atarte. Ya sabes lo mucho que aprecia sus caballos. Si vuelves a defraudarme, te dejaré al cuidado de esta estupenda clínica por un mes completo.
-Eso sería una idea muy buena. Algo que debería considerar en todo caso recomendable. Pero no se preocupe, los resultados están garantizados. Además, para completar el castigo, podemos empezar esta sesión administrándole una nueva lavativa aún más brutal que la anterior. Puede elegir usted mismo la composición del líquido de esta carta, y también su temperatura. Y si quiere podemos pinzarle los pezones y el clítoris y colgarle unos buenos pesos. Ese ejercicio de estiramiento nunca está de más para una esclava. Entre más grandes y sensibles tengan los pezones y el clítoris, más dóciles se vuelven. Además, con los pechos estirados por la tensión de las cuerdas podrá fustigarla mucho mejor.
-¡Es una magnífica idea! Yo creo que 10 Kg en cada pezón y 5 Kg para el clítoris estaría bien para empezar.
-Por supuesto. Aunque yo siempre soy partidario de empezar de la forma más contundente posible. Se trata de domesticarlas, después de todo.
-Lo que usted considere más oportuno.
-Si quiere, podemos conectar también el segundo émbolo, para ir dilatándole de paso la vagina. No, ya veo que no. Prefiere preservarla estrecha para poder castigarla con su miembro.
Aquel doctor diabólico y enfermizo se dirigió a la muchacha para mostrarle el inconcebible objeto que llevaba en sus manos.
-¿Qué te parece esta herramienta, pequeña? Dentro de unos minutos vas a estar echando espumarajos por la boca de puro placer. ¡Y vas a tener por delante al menos otras 24 horas para disfrutar de ella!
ildefonso está desconectado   Responder Citando
Antiguo 10/01/2007, 00:06   #3
 
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Predeterminado Presentación del nuevo semental

Cuando en La Agencia le encargaron a ella para pasar el fin de semana en el rancho de aquel millonario de Texas, Debby no podía ni imaginar lo que le esperaba. Ella había sido la elegida porque el cliente había pedido una chica dispuesta a todo.
No es que Debbie fuese la chica con más experiencia de La Agencia. No, que va. Lo que ocurría es que las naturales tendencias que en ella se habían destapado al comenzar aquel trabajo habían hecho que enseguida la clasificaran como apropiada para todo tipo de "encarguitos especiales".
Ella se imaginó que, en la fiesta de presentación del nuevo semental comprado por el rancho, tendría que chupar y follar con un montón de gordos y sudorosos terratenientes en toda clase de combinaciones.
Incluso contaba con que aquellos clientes hubieran desarrollado ciertas aficiones al uso de los arreos de cuero y las fustas.
Lo curioso es que a aquella fiesta cada potentado había acudido acompañado de su propia chica, casi verdaderas esclavas sexuales muy sumisas. Así que le costaba trabajo entender para qué la habían llamado a ella, desde luego, trabajo sexual no le faltó. De todo lo que se había imaginado y más.
Pero ella estaba destinada a ser la sorpresa, el plato fuerte de la noche.
Cuando el ambiente había decaído porque todo el mundo estaba exhausto después de múltiples corridas, se procedió a la verdadera presentación del nuevo semental del rancho.
Entonces Debby palideció al darse cuenta de cual era su verdadero papel estelar en aquel asunto. Y, lo peor de todo es que ella, inocentemente, acababa de dejarse poner unos duros arreos que la reducían a la más completa impotencia. El bocado que llenaba su boca le impedía incluso manifestar su negativa a aquello. Aunque los desesperados movimientos de su cuerpo por intentar huir eran más que suficientes para dejar evidente su falta de acuerdo. Pero los rudos palafreneros del rancho que acababan de incorporarse a la fiesta la trataron como si fuera una simple yegua joven y nerviosa, que es a lo que en realidad la habían reducido, y no se cortaban a la hora de propinarle duros fustazos para intentar calmarla.
La condujeron hasta amarrarla a un potro de madera que parecía haber sido construido especialmente para "aquello".
¡No había la menor posibilidad de escapatoria!
Pensó que era por completo imposible, que le traspasaría la matriz y le reventaría las entrañas. Pero entonces uno de los hombres, sin ningún miramiento, procedió a atiborrarle el culo, por dentro y por fuera, con una generosa cantidad de grasa. Aquella nueva idea no sabía si le aliviaba o le angustiaba aún más. El shock que sufría su mente era tremendo. Aquello no podía ser real. No podía estar ocurriéndole a ella. Seguro que se trataba de alguna clase de broma pesada y al final la soltarían y se reirían todos de ella.
Pero los mozos de cuadra ya estaban conduciendo el animal para situarlo encima de ella. El fuerte olor que desprendía la grasa con la que la habían embadurnado debía proceder de las secreciones de las yeguas en celo, porque el animal piafó excitado y nervioso y de inmediato su órgano empezó a desarrollarse, saliendo de su funda y adquiriendo con rapidez unas proporciones monstruosas.
El palafrenero masajeó aquel aparato con sus propias manos desnudas sin mostrar la menor repugnancia y sí mucha habilidad y pericia. Después de todo, aquel era su trabajo diario: ayudar y guiar a los sementales para que montaran a las yeguas sin que se produjera ningún accidente.
El contacto de la voluminosa cabeza del miembro viril hizo que instintivamente se le contrajesen todos los músculos del culo.
Mas la potencia con la que empujaba el animal era incontenible. Debby no sabía si es que los caballos tienen algún hueso dentro del pene, pero no entendía de otra forma como podía ejercer tanta presión sin que se le doblara.
Debbie, hasta esta noche, había pensado que, a pesar de su juventud, era una mujer con mucha escuela, que ya se las sabía todas. Pero nada de su corta pero variada experiencia trabajando para La agencia la había preparado ni lo más mínimo para lo que le estaba ocurriendo ahora.
Sintió como si se le desgarraran las carnes mientras el titánico órgano se abría paso a su interior a pesar de toda su posición. Sus mugidos de bestia reventada se abrían camino al exterior a pesar del bocado.
Toda la concurrencia se había sacudido la pereza y se habían acercado a contemplar el espectáculo.
Al verificar como se consumaba la bestial penetración, algunos aplaudieron o rieron excitados. Otros prorrumpieron en vítores de ánimo al animal que la estaba descuartizando. Ánimos que, por cierto, maldita la falta que le hacían.
El semental había hundido un par de cuartas de descomunal virilidad en el interior de su culo y ya se movía adelante y atrás sodomizándola con enloquecida celeridad. Su excitación hacía que emitiera sin cesar potentes y caudalosos chorros de semen que pronto inundaron el abusado intestino de la muchacha y empezaron a desbordarse por el reventado ano, en medio de un excitante ruido de chapoteo.
El animal, como consecuencia de la venta y el traslado, llevaba varios días sin poder desfogarse y estaba incontenible. Debby creyó morirse cuando notó como la poderosa bestia se reafirmaba sobre sus cuartos traseros para conseguir llegar aún más adentro de ella.
La fiesta había vuelto a cobrar vida. Los invitados se entregaban a renovadas concupiscencias, mientras que iban desfilando para ver de cerca e incluso palpar, a los componentes de aquel aberrante acto.
Durante aquellas horas que se le hicieron eternas como el propio infierno, sólo logró mantener la consciencia gracias a las potentes drogas que le administraban. Cuando el animal se retiró agotado, tras demostrar su valía con múltiples cabalgadas y eyaculaciones, aún los invitados e invitadas más viciosos se acercaron a comprobar con morbosa curiosidad el lamentable estado a que había quedado reducido el abierto y babeante ano de la joven. Ya hacía tiempo que la habían despojado de los arreos, pero fue incapaz de mover un músculo para evitar que aquellos degenerados introdujeran sus manos y sus brazos hasta más allá del codo para comprobar por sí mismos con enfermiza complacencia la increíble dilatación a que había sido sometido su culo. Algunas de las mujeres no se cortaron de lamer la leche que desbordaba del reventado orificio mezclada con sus excrementos o los fluidos que manaban de su sobreexcitado sexo, sometiéndola a nuevos y agotadores orgasmos.
Ella sabía muy bien que en La Agencia tenían que estar al tanto de esta encerrona, pero no le habían comunicado nada para que no se negase. ¡El lunes la iban a oír! Pensaba que se había ganado un buen aumento de sueldo si querían que siguiera realizando aquella nueva clase de trabajos.
ildefonso está desconectado   Responder Citando
Antiguo 11/01/2007, 23:40   #4
 
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Predeterminado

Que "así" no? Como muy "asi".........

Pero me han gustado! gracias por traerlos ildefonso, saluditos.
rosa gris{G} está desconectado   Responder Citando
Antiguo 16/11/2007, 07:00   #5
 
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Predeterminado enseñando fisting a Alicia

Alice estaba leyendo el periódico, rebuscando entre las ofertas de trabajo, cuando algo captó su atención:

"Se buscan actrices jóvenes para film erótico (temática anal). No se requiere experiencia previa. Se necesita buen cuerpo y disposición a aceptar cualquier cosa solicitada."

Alice lo leyó varias veces con detenimiento, preguntándose si ella podría conseguir ese trabajo.

A ella no le importaría mostrar su cuerpo ante la cámara. Y estaba convencida de poseer juventud y belleza de sobra.

Se puso un vestido ligero de verano, sin sujetador para permitir que sus hermosos senos se agitaran con sus pasos.

En la oficina, Joan, la secretaria, la observó de arriba abajo con un gesto de aprobación.

-Sí. Puedes muy bien ser lo que está buscando Wanda. A ver, levántate el vestido para que te vea bien las piernas.

Alice obedeció nerviosa pero como una buena chica, complacida con la atención que despertaba en la otra mujer.

-Vamos, hasta arriba. Déjame ver de que color llevas las bragas. Ahora date media vuelta y enséñame el trasero. ¿Oh! ¡Precioso Ahora levántatelo un poco más e inclínate hacia delante.

Alice casi no podía creer que esto estuviera sucediendo, pero obedientemente se subió el vestido hasta la cintura y se inclinó, avanzando el trasero hacia la desconocida.

-Esto es grande. Tienes un culo perfecto, Alice. Dame tus datos personales y pronto podrás pasar a ver a Wanda. Wanda es una directora famosa. Hace películas porno con montones de chicas (solo chicas) y tiene una fijación especial con los culos. Es conocida como el culo más loco de Hollywood. En esta película puede ser necesario que te sodomices a ti misma con un consolador o que permitas que otra chica te administre un enema y después te folle el culo con un buen dildo sujeto a la cintura. ¿Tienes algún problema con eso?

-Bueno... Supongo que no. ¿Pagarán bien?

-Eso dalo por hecho. Y si le gustas a Wanda te utilizará en muchas más películas. Y yo creo que tienes madera para eso. Con un culo unos pechos como esos, querrá usarte una y otra vez. Anda, corazón, sácate el vestido para que pueda hecharles un buen vistazo a tus tetas.

Alice dudó un poco, pero lentamente llevó sus manos hasta el bajo de su vestido.

-Vamos, bonita, no tenemos todo el día. Déjame ver un poco de carne.

Alice estaba un poco embarazada, pero rápidamente se deshizo de su vestido.

-Preciosos pechos. Haz que los pezones se pongan erectos. Vamos, juega con tus tetas y déjame ver como de grandes puedes hacer tus pezones. Me gustan los pezones gordos.

A Alice estaba empezando a gustarle eshibirse ante esta mujer tan dominante. Retorció y pellizcó sus pezones como solía hacer cuando se estaba aproximando al orgasmo. Podía pellizcarlos con fuerza entre sus dedos y luego tirar de ellos hacia fuera tan lejos como podían ir.

En este punto, con Alice retorciendo y estirando sus pezones, la puerta se abrió y una hermosa mujer madura –Wanda- entró por ella. Echó una breve mirada a la escena que se desarrollaba ante ella y sonrió.

-Parece que esta es la candidata ideal.

-Sí, siéntate aquí conmigo y quédate a ver como Alice nos muestra su culo.

-Sí, bájate las braguitas, Alice, e inclínate hacia delante. Quiero ver tu agujero del culo forzado a abrirse para mí. Y Joan también quiere ver tu ano, ¿no es verdad?

-¡Oh, sí! Vamos, Alice, muéstranos tu precioso culito.

Alice estaba en trance. Ella nunca se había expuesto antes ante ninguna mujer (aunque había fantaseado acerca de ello) y ahora se estaba quitando las bragas en orden a mostrarles su culo a dos mujeres. Se dio media vuelta y separó bien las piernas. Entonces se inclinó hacia delante, ofreciéndoles una buena vista a ambas.

-Ábrete el ano para nosotras, Alice, quiero ver ese aujero del culo bien dilatado. Eso es, sepárate bien las nalgas. Ahora empuja un dedo en tu agujero del culo, como una buena chica, y fóllate el ano para nosotras.

Alice lamió uno de sus dedos y lo deslizó lentamente en su recto. Entró con facilidad puesto que Alice jodía con regularidad su propio culo con objetos mucho más grandes que su dedo. La cosa mayor que había embutido en su culo era un pepino de buenas dimensiones. Lo había hecho una noche que estaba muy bebida y quería probar como se sentía (había estado escocida por días y no lo había intentado de nuevo desde entonces).

-Pon otro dedo en tu culo, cariño, y aflójalo por mí.

Alice lamió otro dedo y deslizó ambos fácilmente en su propio ano. Estaba ya muy caliente y podía notar su esfínter distendiéndose muy rápidamente. Era a este punto cuando ella solía necesitar algo mucho mayor rellenando su culo. Aún así, obedientemente usó sólo dos dedos, como Wanda le había dicho, pero al poco pidió gimiente:

-¡Necesito algo más grande en mi culo! ¿Puedo meterme otro dedo, por favor?

-Esta bien –dijo Wanda- putita, pon otro dedo en tu culo si eso es lo que deseas. Y ahora empújalos bien adentro, quiero ver los nudillos desaparecer.

Alice añadió otro dedo con urgencia y empezó a meterlos hacia dentro tan a fondo como podían llegar. Pero aún quería más –su ano necesitaba ser estirado completamente o bien ella no estaría satisfecha.

Dándose cuenta de esto, Joan se ensalivó sus propios dedos minuciosamente y, acercándose a ella, empujó los dedos de Alice fuera y los reemplazó con los suyos propios. Dos dedos de cada mano. Joan introdujo lentamente los dedos a fondo hasta los nudillos y entonces empujo de ellos hacia ambos lados, estirando el músculo del esfínter hasta sus límites. Alice gimió y sintió que le flojeaban las piernas mientras un gran aujero negro aparecía entre los dedos de Joan. Su ano estaba dilatado al límite, justo como a ella le gustaba. Joan metió y sacó sus dedos una y otra vez, tratando cada vez de separarlos tanto como fuera posible, tratando de estirar el aujero del culo aún más, aunque pareciera imposible. De todas formas era claro que ella era una experta. Añadió un tercer dedo de cada mano –ahora tenía seis dedos dentro del culo de Alice. De nuevo los empujó hacia dentro tan lejos como era posible llegar y entonces tiró de ellos para apartarlos tanto como podía. Esta vez el negro aujero era enorme, casi como para dejar entrar una pelota de golf.

-¡Maravilloso, chicas! Mantener ese culo así, abierto de par en par. Quiero grabar un vídeo de esto.

Wanda trajo una videocámara y grabó un primer plano del ampliamente abierto aujero del culo de Alice.

-¡Vamos! Quiero ver el interior de su culo. Toma un poso de lubricante para ayudar. ¿Tú crees que puedes hacerlo mayor?

-Sí, pienso que sí. Esta puta tiene un bonito aujero del culo y me da la impresión de que este es sometido a una buena dilatación al menos una vez al día. ¿No estoy en lo cierto, cariño?

Alice era incapaz de hablar, pero jadeó quedamente y afirmó con la cabeza.

Joan sacó del culo los dedos de su mano derecha y tomó la botella de lubricante que le ofrecía Wanda. Insertó el cuello de la botella en el culo de Alice y presionó el frasco, bombeando el aceitoso líquido al interior. Entonces volvió a meter los dedos. Empujó y tiró de sus dedos dentro y hacia los lados del distendido esfínter, todo el tiempo forzando con sus manos cada vez más aparte. Wanda había puesto ahora el flash de la cámara y estaba grabando muy cerca de la acción de forma que pudiera ver el interior del culo de Alice.

-Es hermoso. Ahora empuja tus dedos aparte y déjame ver bien dentro.

Joan abrió el aujero del culo de Alice tanto como sus fuerzas le permitían mientras Wanda apuntaba la cámara a la abusivamente deformada cavidad. Alice sintió su orgasmo creciendo y buscó sus propios pezones para pinzarlos con salvajismo. Tan pronto como hizo esto estallo. Venía y venía, el más largo y profundo orgasmo que ella nunca había tenido.

Joan sintió los espasmos del esfínter contra sus dedos.

-Se esta corriendo. Realmente le gusta que le abramos el culo de esta forma. ¡Vaya putona!

Dejaba que las paredes del recto se cerraran un poco bajo la fuerza de los espasmos para luego estirar de nuevo de ellas, así hasta que el orgasmo remitió al fin.

-¿Crees que puedes poner algo aún mayor en su culo? Yo pienso que podrías poner todo tu puño ahí dentro si lo intentaras.

Joan extrajo sus dedos del exhausto ano y cubrió toda su mano derecha con lubricante. Entonces emplazó su puño a la entrada del boqueante aujero del culo.

-Ábrete bien, pequeña putita. Ahora voy a sumergir mi mano en tu culo.

-¡Oh Dios! Nunca he tomado nada tan grande como eso en mi culo antes. Por favor, ve despacito –suplicó Alice.

-Tú culo se tragará mi puño. No habrá problema en eso. Puede que no hayas engullido nada tan grande antes, pero aprendes rápido, cariño. Y tu curva de aprendizaje ha de proseguir aún bastante más lejos, si yo puedo hacer algo a ese respecto.

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Alice's Learning Curve

by Jane Lampton(Traduccion libre por Jonh O)
ildefonso está desconectado   Responder Citando
Antiguo 18/11/2007, 07:58   #6
 
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Predeterminado escamas

Hans y Dineke no podían tener más ganas de irse juntos a la cama. No en vano habían pasado más de seis meses sin verse. Pero, sobre todo, era Hans el que tenía más urgencia física. Ella había permanecido en Dinamarca, libre para vaciar tantas pelotas sobrecargadas como le pidiera su voraz apetito. Él era el que venía de pasarse 6 meses en la fría Groenlandia, trabajando en una pesquería, en un lugar en el que no había visto ni una sola mujer. Bueno, solo algunas esquimales, pero no se podía intentar nada con ellas, a no ser que quisieras arriesgarte a que sus padres o esposos te rajaran el vientre y le dieran tus tripas de comer a sus perros sin tan siquiera pestañear.

Así que se puede decir que había estado obligado a mantener, durante seis largos meses, su hermosa verga guardada en un congelador. Por tanto, se le podía disculpar perfectamente por el hecho de que, un par de minutos después de introducirse en el cálido y acogedor estuche rosado de esa rubia preciosidad nórdica que era su novia, acabara por correrse como una fuente incontenible, casi un vaso lleno de leche condensada. Y aún le había costado grandes esfuerzos no correrse en los calzoncillos cuando, nada más llegar a puerto, Dineke se alzó disimuladamente las faldas para mostrarle, ya que no llevaba bragas, su hermoso conejito sonrosado, completamente depilado en honor de su regreso.

Dineke, que era bien consciente de lo que podía pasar en cuanto se metieran en la cama, y esperaba la explosiva reacción, estuvo lo suficientemente lista como para, en cuanto noto la rigidez de los músculos de él, salirse de la penetración y recibir dentro de su boca todo aquel hermoso tesoro acumulado. Lo encontró delicioso, más nutritivo que el desayuno. Incluso tuvo serias dificultades para tragar toda aquella inacabable cascada de lefa, sobre todo por estar tan densa y viscosa.

A ella no le preocupaba en absoluto la precocidad de la explosión. Sabía muy bien que, manteniendo aquel hermoso órgano palpitante en el interior de su garganta, no sólo no llegaría a perder la erección sino que estaría pidiendo guerra de nuevo antes de dos minutos. Pero aunque todo esto ella ya lo tenía previsto, e incluso había estado fantaseando con ello durante el último mes, no podía haber tenido ni la menor idea de lo que iba a ocurrir a continuación.

-Yo también te he preparado una sorpresa. Es algo que me enseñaron lo esquimales. Ellos muchas veces tienen que utilizar todo su ingenio y recursos para lograr hacer entrar en calor a sus medio congeladas mujeres. Además, durante lo seis meses de noche invernal, tienen mucho tiempo que gastar con ellas.

Le mostró una curiosa funda de confección artesanal.

-Angda, ¿qué egs eggso? -le preguntó sorprendida, pero resistiéndose a sacar la trémula estaca de carne del interior de su boca.

-Se llama Ahina-ku. Cada varón se empieza a confeccionar uno a su medida en cuanto llega a la adolescencia. Es quizás el regalo más importante que ha de hacerle a su esposa. Ellos no estilan tener relaciones prematrimoniales, pero las mujeres pueden evaluar muy bien las capacidades amatorias de cada joven basándose en su habilidad para confeccionar el Ahina-ku. Yo llevo cinco largos meses dedicando todas las horas libres a preparar esto para ti. Ya verás, pónmelo, me han garantizado que, gracias a esto, no existe ni una sola mujer con problemas de frigidez entre aquellos esquimales.

-¡Pero sabes muy bien que yo no tengo ningún problema de ese tipo! Es más, estoy tan caliente después de haberme tragado toda esa leche que habías guardado para mí, que estoy segura de que voy a correrme en cuanto vuelva a sentir tu cálida polla en mi interior. No creo que nos haga falta ese trasto para nada.

Dineke se resistía a cubrir la hermosa carne con aquella funda. Pero claro, si el chico se había tomado tantas molestias, no iba ahora a decepcionarle. Menos mal que la funda tenía la forma de un cilindro, dejando el hinchado capullo por completo al exterior.

-Está construido con tiras de piel de gran variedad de peces, mezclada con la más suave y aterciopelada piel de bebe de foca que hayas tocado nunca. Ya verás como te entusiasma el contraste.

Hans estaba apretando los cordones que, como si fuera uno de aquellos antiguos corses femeninos, recorrían la parte superior de la funda, ajustando esta al pene. Luego siguió apretando, comprimiendo el fuste de su órgano viril, haciendo que su capullo se hincara grueso y violáceo, palpitando cada vez más congestionado, enorme.

Dineke tenía que admitir que, engalanado de aquella forma, el pene bien dotado de Hans adquiría el aspecto de un arma formidable , más bien temible. Ella empezó a sentir un picorcillo de expectación en el interior de su cavidad.

-La otra gran utilidad que tiene esto, apare de la intensa estimulación que provoca, es que, apretando bien los cordones, el hombre puede contener la llegada de su eyaculación por tiempo casi indefinido. Ya te he dicho que ellos tienen que buscar como pasar las eternas noches invernales.

Ya la estaba convenciendo. No necesitaba que le promocionara más el producto. El picorcillo de su interior empezaba a exigir con impaciencia que lo rascasen bien. Pero Hans le dedicó una sonrisa un tanto perversa.

-Yo he pensado en darle un uso nuevo al invento, algo para lo que no fue específicamente convencido.

-¿A...? ¿A qué te refieres? -empezó a preocuparse Dineke. Cuando a Hans le daba por ser retorcido, nunca sabía lo que podía esperar de él.

-He pensado que con esto podría hacerte llegar al orgasmo anal. Ya sabes lo mucho que me gustaría.

-¿Con...? ¿Con "eso"? ¿Por el culo? ¡Tu estás loco! ¡Me destrozaría! Ya me cuesta bastante esfuerzo y dolor recibir tu gruesa polla por detrás en condiciones normales. Ya sabes que sólo te dejo hacerlo por lo mucho que te quiero.

-Sí, por eso he pensado que tu también deberías disfrutar con ello. No te imaginas lo ingeniosos que pueden llegar a ser esos esquimales buscando recursos. Me he traído abundante provisión de un aceite especial que ellos utilizan, no solo como lubricante para las relaciones sexuales, sino también para ayudar en los partos por sus notables propiedades dilatadoras. Lo hacen con la grasa de unas glándulas especiales de las focas en celo.

Dineke no estaba demasiado convencida con todas aquellas explicaciones y, mientras él se aplicaba la grasa lubricante (que, por cierto, olía a rayos) observaba con inquietud como la cabezota del pene, debido a la congestión de las venas, adquiría un aspecto cada vez más amenazante. Pero... ¡estaba tan caliente! ¡Necesitaba que le metieran algo dentro! ¡Lo que fuera! ¡Por donde fuera!

Tomó, no sin cierta repugnancia, una porción de lubricante en sus dedos y se volvió para adoptar una posición que, por fuerza, sabía que había de volverle loco.

De rodillas, con las piernas bien separadas, el culo en pompa, bien ofrecido, inclinó la espalda hasta apoyar la cabeza sobre el colchón, arreglándoselas para seguir contemplándole por entre las piernas. Pasó también una de sus manos por allí, para acariciarse el sexo con mucha suavidad, que no era cuestión de meter la pata y correrse de vacío con lo caliente que estaba.

Llevó su otra mano por sobre las espaldas hasta el bien abierto hueco entre las nalgas, y empezó a aplicarse el ungüento. Pronto se metió un dedo en el interior del recto con facilidad. Al poco probó con dos. Desde luego, si había habido un día en que había estado cachonda y con el esfínter relajado, sin nervios, ansioso, ese día era hoy. Antes de que se diera cuenta, su estrecho culito se había tragado los dos dedos hasta los nudillos. Ya no podía ni rozarse el sexo sin provocar un instantáneo orgasmo. Así que llevó su otra mano a la espalda para ayudar a separarse las nalgas. Bien, bien abiertas. Al máximo. Jamás se había sentido tan salida, tan ofrecida, tan obscena, tan abierta, tan ofrecida, como la más puta de las perras en celo. Tenía la sensación de que la crema, que le provocaba un inquietante calorcillo en el esfínter y en el interior del recto, estaba además poniéndola más cachonda si era posible. Tanteo con las yemas de los dedos el orificio que estaba bien penetrado por los dedos de su otra mano. Si que estaba bien distendido. Sí. Seguro que era posible. Hoy por lo menos sí.

No le costó apenas nada introducirse en índice de la otra mano también completamente en el interior del recto. Entonces empezó a tirar hacia los lados. Más y más fuerte. Aunque le doliera. Empleando todas sus fuerzas para abrirse el orificio y ofrecerle a él una increíble visión del interior de su culo, de sus entrañas más intimas. El dolor y el placer casi la obligaban a cerrar los ojos, pero se obligó a mantenerlos abiertos para no perderse el espectáculo. El espectáculo que ofrecía un Hans que se había quedado paralizado. Paralizado con los ojos abiertos como platos, incapaces de ni tan siquiera pestañear. Paralizado con la boca abierta, como lelo, babeante. Paralizado en cada músculo de su cuerpo... excepto su formidable miembro, que brincaba enloquecido en su jaula. A Dineke no le costó ni un centavo conocer los pensamientos que pasaban por su cabeza.
ildefonso está desconectado   Responder Citando
Antiguo 18/11/2007, 07:59   #7
 
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Predeterminado escamas (continuacion)

¡¡¡Cómo hay Dios que el cordón que constreñía la base de su pene era la única razón de que su semen no estuviera saltando en potentes pero inútiles salvas tratando de alcanzar su culo!!!

-¡Vamos! ¡Métemela! ¡Métemela de una puta vez!

Hans, sacado de su estupor, se abalanzó sobre ella. En aquel momento, toda la cuidadosa delicadeza que tenía planeado utilizar para aquella delicada introducción, había quedado irremediablemente olvidada. Estaba caliente como un infierno. Encajó la cabeza de su miembro en el blanco que la muchacha le estaba ofreciendo con tan increíble procacidad y presionó hacia el interior, logrando introducir el glande en el apretado conducto con mucha mayor facilidad de lo que lo había conseguido nunca.

Dineke, a pesar del leve dolor que le produjo la violencia de la entrada, mantuvo sus manos, ahora desplazadas del interior de su culo, ocupadas en sujetar las nalgas tan separadas y abiertas como fuera humanamente posible, perseverando en el ofrecimiento y la provocación.

-¡Clávamela! ¡Clávamela toda entera! ¡La quiero toda entera dentro de mí! ¡Desfóndame el culo!

Él no estaba como para hacerse de rogar. Embistió como un bien entrenado semental. La escamosa piel que recubría el miembro, bien engrasada, se deslizó con gran facilidad por el apretado orificio, obligándolo a dilatarse más y más, llegando con dos envites más adentro del intestino de la joven de lo que ninguno de los dos recordaba haber conseguido nunca, hasta que la pelvis de él quedó pegada a las nalgas de la muchacha.

Dineke lanzó un profundo gemido. Le dolía pero ¡Dios mío! ¡Qué caliente la ponía sentirlo tan profundamente clavado en su vientre!

Pero, cuando Hans se puso a sacarla de nuevo para iniciar los movimientos de sodomización, las cosas se volvieron mucho más complicadas. Las bandas de piel que rodeaban la funda del pene, al tirar de ellas hacia atrás, por la misma forma en que estaban sujetas, se abrieron como un paraguas bajo un viento tormentoso, enganchándose en la carne y haciendo casi imposible su salida. Para Dineke hizo el efecto de tener un gatito, mimoso y de aterciopelada piel, que de pronto hubiera sacado todas las uñas para clavárselas.

Por supuesto, Hans ya estaba informado de que iba a ocurrir esto. Claro, era la gracia del asunto. Así que, cuando la muchacha trató de incorporarse, pegando sus nalgas a él para impedir que le desgarrara las entrañas, él la tomó por las muñecas con sus fuertes manos, se las retorció hasta pegárselas contra la espalda, obligándola a hundir de nuevo la cabeza contra la cama, en aquella postura tan ofrecida, vulnerable e indefensa. Sujetándose a aquella dolorosa presa como si fueran las riendas de un potro salvaje al que había de domar, inició una feroz cabalgada.

Sabe Dios que sólo el colchón contra el que estaba la cara de Dineke impidió que los gritos de ésta alarmaran a todos los vecinos del bloque, haciéndoles pensar que se estaba cometiendo algún espeluznante asesinato.

Y, en verdad, a la joven le parecía que la estaban descuartizando viva, que iba a destrozarle y extraerle los intestinos con aquellas garras.

Hicieron falta muchas lágrimas y mucho sudor para que el martirizado culo se dilatara y distendiera el paso a su través de aquel horrible instrumento sin que lo destrozara en cada ocasión. Dineke seguía sintiendo como si le vaciara el vientre de sus vísceras cada vez que se retiraba, pero la brutal estimulación empezó a tener su efecto y ella volvió a retomar el camino de fiebre sexual que había extraviado. Así que Hans pudo soltarle los doloridos brazos para sujetarla por las caderas y poder cabalgara aún más salvaje. Y ella empezó a remover su culito contra la penetración como una perrita en celo. Levantó la cabeza del asfixiante colchón para dejar escapar sus bravos quejidos, ahora una clara mezcal entre el placer y el dolor...

* * *

Horas más tarde, Hans yacía con todo su peso sobre el cuerpo de Dineke, ambos extenuados y adormilados, el erizado falo de él permaneciendo en el interior del destrozado culo de ella, manteniendo buena parte de su erección, a pesar de las sucesivas eyaculaciones, gracias a la contrición que ejercía la funda sobre su base.

Dineke empezó a removerse. El picor del pinchante artefacto en el interior de su recto la impedía descansar a gusto. Hans, despertándose, empezó a extraerla de su interior.

-¡No! ¡No la saques! ¡Quiero seguir teniéndola en mi interior!

-¡Oh, demonios! ¡Eres increíble! ¡Yo ya estoy completamente agotado!

-¡Sí, claro! Te has portado como un verdadero semental. Anda... déjame ponerme a mí encima.

Ella adoptó su tono de voz más mimoso y aterciopelado, algo que hacía imposible a Hans negarle cualquier cosa que le pidiera.

Dineke se colocó en pie, a horcajadas sobre él. Se separó las nalgas con las manos , ofreciéndole una espantosa pero a la vez muy excitante visión del terrible estado de dilatación y deformación que había adquirido su culo, y fue descendiendo lentamente sobre él, hasta empalarse por completo en su miembro que, aunque pareciera poco probable, había adquirido nuevo vigor para recibirla ante el espectáculo que le ofrecía.

Dineke empezó a deslizarse con lentos movimientos arriba y abajo del terrible órgano. Parecía imposible que pudiera hacerlo sin desgarrarse las entrañas. De hecho, su ano estaba tan deformado por la larga sesión de sexo brutal, que todo el se extendía hacía fuera del cuerpo, e incluso parte del recto se volvía intentando acompañar a la ganchuda funda cuando esta era extraída. El vientre de la muchacha, como consecuencia de todo el maltrato que había soportado a lo largo de aquella interminable tarde, empezó a dejar soltar todo su revuelto contenido como un caudal inagotable. Aún así, a pesar de todo, a pesar del fuerte olor que pronto inundaba la habitación, pronto la joven estaba acelerando sus movimientos, en busca del naciente placer.

Hans estaba asombrado, pero muy complacido, por el nuevo género de pervertida sexual en el que veía que se estaba convirtiendo Dineke.
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