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| | #1 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Ubicación: Buenos Aires, Argentina Fecha de Ingreso: Oct 2006
Mensajes: 360
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La joven Cecilia había decidido no ir a la facultad aquella tarde de otoño de 1994. Tenía un buen motivo para hacerlo. Si se hubiese presentado, tendría que haber asistido a la tediosa sesión de estudio sobre teología antigua que dicta el profesor Ramírez. Seguramente, el obeso profesor haría uno de sus tan fastidiosos y extensos monólogos. Pero Cecilia tenia una fantasía dando vueltas por su cabeza desde hacia mucho tiempo y había tomado el suficiente coraje para hacerla realidad ese día. Le invadía una amarga obsesión - en esas largas noches en que su mente no podía conciliar el sueño - acerca del modo de llevar a cabo su tan recurrente fantasía. No era algo extremadamente riesgoso ni obsceno, sino difícil. Difícil porque debía sentir la suficiente confianza en alguien que a la vez sea un desconocido, algo casi contradictorio. Pero desafiando todas las probabilidades - Internet mediante - había conseguido el compañero ideal. Mediante idas y venidas de e-mail, había llegado a tener la suficiente confianza como para dar un paso adelante. Lastima para Cecilia que no sabia que estaba al borde de un precipicio y que ese paso adelante la llevaría a una irremediable caída sin fin. A propósito, el nunca le dijo su nombre verdadero, pero ella lo bautizo Víctor. Ambos se encontraron en una esquina apartada y poco concurrida de la ciudad. Cecilia le saludo con un tímido beso en la mejilla y evito observarlo en exceso a los ojos. Tampoco quiso tomarle la mano mientras, de acuerdo a lo que ambos chatearon y acordaron, se dirigían a un hotel. Una vez en la habitación, decorada con mal gusto, abundante en espejos y de iluminación escasa y multicolor, Víctor se retiro momentáneamente al baño para refrescarse. Entonces Cecilia comenzó con su tan ansiada fantasía. Tomo de su cartera un par de cuerdas, un pañuelo color rojo y un par de esposas que había comprado - con mucha vergüenza - en una subasta de rezagos policiales. Se quito sus prendas hasta quedar solamente en ropa interior de color negro. En el momento de quitarse los zapatos, dudó. Recordó las imágenes que vio - a escondidas - en un vídeo. Prostitutas haciendo el amor con los zapatos de tacón puestos. Entonces, decidió no quitarse los suyos. Quería ser una mujer totalmente diferente a la tímida y complaciente Cecilia de todos los días. Se acostó algo nerviosa, cuidando de quedar perfectamente ubicada en el centro de la cama. Se vio reflejada en el espejo que estaba frente a ella y sintió algo de vergüenza, por lo que bajo la mirada. Pero era tarde para volver atrás. Si no lo hacia ahora, quizás no tendría otra oportunidad. No podía vivir el resto de su vida con esta fantasía pendiente, ocupando sus pensamientos, quitándole atención a su trabajo y a sus estudios. Entonces, segura pero con las manos temblorosas tomo las cuerdas y ato cada uno de sus pies a los extremos de la cama. Luego, con el pañuelo rojo, amordazo sus labios lo suficientemente fuerte para que ningún sonido pudiera abandonar su boca. Tomo las esposas y coloco las llaves sobre la pequeña mesa de luz, fuera de su alcance. Se acostó y paso las manos por entre los barrotes de la cabecera de la cama. Sabía que cuando cerrara las esposas quedaría totalmente inmovilizada. Sus palabras serian ahogadas por la tensa mordaza. Estaría a merced de ese casi extraño Víctor sin posibilidad alguna de arrepentimiento. La fantasía de Cecilia estaba a punto de hacerse realidad. Deseaba sentir la perversa sensación de por unos momentos, no ser dueña de ella misma. Carecer de toda capacidad de decisión sobre su cuerpo. Entregarse a su compañero pero de un modo totalmente sumiso y sin posibilidad de escape. La idea de ser obligada, no poder negarse ante algo que le desagradara y no poder gritar por ayuda, le provocaba una rara mezcla de morbosa excitación y desesperación. Pero Cecilia también sabia que cuando cerrara las esposas, no solamente sujetaría sus manos, irónicamente, también seria libre. Escondida y apolillada bajo tantos años de represora educación, la verdadera Cecilia saldría a la luz. Terminaría de una vez por todas con el sentimiento de culpa con que censuro toda búsqueda de placer durante su adolescencia. Siempre, los conceptos castradores y caducos con que modelaron su conducta le impidieron vivir en plenitud sus jóvenes y fértiles veintiún años. Cecilia se dio cuenta a tiempo que su juventud se le escapaba como agua por entre los dedos. Pero eso terminaría hoy. Sabe que está de paso por la vida. Sabe que cada momento no volverá. También sabe, con algo de temor, que no volverá a ser la misma después de vivir su fantasía. Cecilia cerró sus ojos y con determinación cerro las dos argollas articuladas sobre sus muñecas. Dos sonidos secos, de cerraduras trabándose, le indicaron que había llegado a un punto del que era imposible volver atrás. Víctor salió del baño luego de tomar una refrescante ducha. Tenía su cuerpo brillante por el agua que se escurría desde su cabello. Al ver a Cecilia atada a la cama y amordazada, comenzó a caminar lentamente hacia ella. A cada paso que él daba, en los ojos de Cecilia se alteraban más. Inocente ella, creyó ver en su misterioso compañero de juegos, la figura del diablo acercándose para poseerla. Comenzó a forcejear con sus ataduras al tiempo que intento gritar, pero todo esfuerzo por liberarse o pedir ayuda fue inútil. Mientras viaja en taxi hacia su pequeño departamento alquilado, Cecilia sentía aun sobre su piel el cosquilleo de las manos de su compañero de aventuras. Se río casi en silencio de su estupidez, de creer que por haber hecho realidad su perversa fantasía, fue el diablo quien la poseyó y no ese “casi desconocido” bautizado Víctor. Poco a poco, la sensación de culpa que debería tener, desapareció. Mientras el taxi se pierde en la noche rumbo a su destino, Cecilia comienza a meditar su futuro. Realmente no esta convencida de seguir estudiando. Desearía vivir en un departamento más grande. Y ya una nueva fantasía esta rondando su cabeza. Se vio reflejada en el vidrio de la ventanilla del taxi y miro fijamente sus ojos. Mañana, abandonara la facultad. Averiguara precios de departamentos en alquiler. Además, deberá llamar al “casi desconocido” Víctor para encontrarse nuevamente con él. Su descenso a los infiernos había comenzado... (Capitulo 2 del cuento “Selen” escrito por mi en el año 1998. Basado en la historia real de una prostituta) |
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| | #2 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Ubicación: Buenos Aires, Argentina Fecha de Ingreso: Oct 2006
Mensajes: 360
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Cuando el timbre sonó en su amplio y nuevo departamento, Cecilia - ahora conocida como Selén - atendió casi ocultándose tras la puerta. Un hombre muy maduro, podría decirse anciano - “conocido” de Víctor - entro rápidamente. Llevaba una caja grande y de buen aspecto bajo su brazo y el rostro lleno de incertidumbre. Camino unos pasos observándolo todo y se detuvo frente a un sillón que se encontraba en una de las esquinas de la habitación. Sin mediar palabra alguna, lo arrastro con mucho esfuerzo utilizando la escasa fuerza que quedaba en su vieja musculatura, y lo coloco en el centro, muy cerca de la cama. Dio la vuelta y le entrego, nervioso, la caja a Selén con un tímido “Ya sabes que debes hacer...”. Con desconfianza, Selén la tomo y paso al cuarto contiguo. La abrió con cuidado y no le sorprendió lo que encontró dentro. A los pocos minutos volvió a la habitación donde el introvertido anciano, le esperaba de pie, vestido solo con una graciosa camiseta blanca y unos calzoncillos inmensos. Selén se sintió por un momento, poderosa. Vestida con el ajustado corset de charol que dejaba sus pechos erguidos y desnudos parecían a punto de estallar, una minifalda de cuero con un cierre en el lugar exacto y un par de botas ajustadísimas e interminables que llegaban mas arriba de sus rodillas, sintió que era la perversa ama del hombre que tenia parado frente a ella. Esa tarde, tuvo dos sensaciones por primera vez en su corta pero agitada vida. La primera es la que sentía precisamente ahora: Sintió que era ella quien utilizaba a alguien en vez de ser siempre la usada. Selén se divertía como una niña en un juego infantil, y sin saberlo, sincronizo con los gustos y necesidades del caballero. Se sentó en el sillón que dominaba el lugar y cruzo sus piernas en un movimiento poco femenino, con mirada desafiante y gesto serio y estricto. El anciano estaba nervioso. Ella, interpreto bien su papel, le dijo que había sido un mal chico, que había desobedecido debía ser castigado. El anciano, con timidez, se arrodillo frente a ella suplicando perdón a media voz. Selén estiro la pierna hasta el pecho del atemorizado hombre, observándolo con un gesto de enojo. Él tomo delicadamente con sus manos la bota de cuero y comenzó a besarla, primero lentamente, y luego se atrevió a lamer cada vez con más pasión. “Dinero fácil”, pensó ella, hasta que las arrugadas y temblorosas manos del servil caballero comenzaron a acariciar sus muslos. El juego que tan divertido le parecía, dejo de serlo cuando los secos y ajados labios de su esclavo llegaron a los pechos desnudos de Selén, habiéndose detenido previamente en cada lugar interesante que encontraron a su paso. La segunda sensación que sintió por primera vez en su vida fue asco, un asco profundo y vomitivo. Se pregunto una y cien veces - mientras el anciano, acercaba sus labios a los de ella - como había llegado a esta situación. Pero cerró los ojos y pensó en el dinero que este trabajo especial le reportaba, y que realmente era mucho. Se dejo besar - quebrantando una ley no escrita - y manosear sin decir una sola palabra hasta que el lapso de tiempo acordado llego a su fin. (Capitulo 6 del cuento “Selen” escrito por mi en el año 1998. Basado en la historia real de una prostituta) |
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| | #3 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Ubicación: Buenos Aires-Argentina Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 1.882
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Ups.. estimado Bikerman.. Que historia tan penosa.. Bueh.. Si, ya se que es parte de la vida.. pero no me gustan las historias donde las mujeres eligen resolver sus problemas económicos por el camino de la prostitución.. Es triste.. muy triste.. Te mando un beso.. Hasta pronto.. Karla. |
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| | #4 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Ubicación: Buenos Aires, Argentina Fecha de Ingreso: Oct 2006
Mensajes: 360
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Estimada Karla, la historia de Cecilia gira en torno a una mujer que encontró en la prostitucion, una vía fácil - al menos eso le hicieron creer - de hacer dinero, no una salida a un mal pasar económico. Afortunadamente (?) para ella, se dio cuenta que no todos sus clientes eran como Richard Geere en Pretty Woman y un problema - serio - de política y corrupción la terminaron alejando de la profesión y del país. Como bien decís, es la vida misma. Un cariño Karla. Bikerman.- |
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