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| | #1 |
| Rol: sumiso Sexo: Hombre Ubicación: Madrid Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 23
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MIS JU(E)GOS CON VIOLETA (I). Todo transcurrió después de la publicación de mi último relato. En aquél, y víctima de un ataque de excitación, yo me ofrecía para satisfacer todo gusto de cualquier mujer. Pero no fue cualquier mujer, sino una amiga la que me convenció para poder realizar una prueba. Yo le había enviado el relato por correo, y hablando y bromeando sobre él, me comentó que podíamos intentar algo parecido, para investigar e ir descubriendo si yo podía llegar a cumplir cada palabra que habría escrito. Prometió no traicionarme. Para mí aquello ya me provocaba excitación, ya que aunque Violeta sabía de mis inquietudes, nunca se había prestado para llevarlas a cabo conmigo. Siempre lo había entendido, pero ella no se sentía como yo atraída por estos juegos. No sabía cómo iba a reaccionar, si asumiría un papel de dominadora, o si sencillamente me dejaría actuar movido por mi propósito. Violeta es mi gran amiga, lo sabe todo acerca de mí, mucho más que otras personas más cercanas, es un gran gran amor. No necesito estar con ella para saber que la amo, que la deseo en cualquiera de sus facetas, y que a menudo la echo mucho de menos. Es también por esto que ella me ofrecía toda la confianza posible, por eso no dudé dos veces en acceder a su propuesta. Violeta tendría una reunión de trabajo en casa con algunos compañeros de su oficina. En principio vendrían dos compañeras y un compañero. Algo me disgustaba lo del compañero, pero a efectos finales no tendría ninguna consecuencia distinta. El asunto es que yo podía estar encerrado en uno de los muebles del salón, mientras ellos mantenían su reunión de trabajo. Por supuesto que pedí a Violeta que deseaba estar totalmente desnudo y atado dentro de aquel mueble, a lo que me contestó que tenía muchas ganas de verme y tenerme desnudo otra vez, y que lo de las ataduras no lo veía un problema, que con las bridas podía atarme en cuestión de segundos. Justo después de decirme aquello, le contesté que si tenía ganas alguna vez de verme desnudo, sólo me lo tenía que pedir, y entonces hice amago de quitarme la camiseta, a lo que ella con una sonrisa pícara asintió como para que siguiera. ‘No tengo ningún problema en desnudarme delante de ti, sabes que me gusta que conozcas todo lo mío, mi cuerpo y mi pensamiento, me gusta y a la vez me excita’, comenté a Violeta, y ella hizo una señal con el dedo para que callara y siguiera con lo mío. Me quité la camiseta muy despacio, contoneando mi cintura, y haciendo que mi torso quedara cada vez más a la vista. Luego saqué los zapatos de mis pies y me desabroché el pantalón. Me coloqué de espaldas a Violeta y comencé a sacudir el culo con movimientos secos hacia los lados de manera alternativa mientras me bajaba el pantalón y lo dejaba caer hasta los tobillos. Dos pasos hacia delante bastaron para despojarme de él, y luego volví a dar la cara hacia Violeta, que tenía una sonrisa increíblemente preciosa, y se mordía con los dientes el labio inferior de su boca. Le pregunté si quería ver antes mi polla o mi culo, pero me dijo que esperara, que tardaba un segundo en ir a por algo, que me fuese dando la vuelta de nuevo. Mientras ella se levantaba del sillón e iba a otra habitación, yo me coloqué de nuevo de espaldas y empecé a acariciarme suavemente la polla para que fuese incrementando su tamaño, suponía que aquello gustaría más a mi amiga. La escuché llegar hasta mi espalda, pero no me giré a mirarla. De manera muy rápida llegué a ver cómo se colocaba ante mis ojos un pañuelo oscuro, y sentí cómo se anudaba firmemente alrededor de mi cabeza. Violeta entonces tomó mis brazos y los levantó hacia arriba, dando un breve golpe final en señal de que no los moviera de allí. Después pasó sus dedos por mi nariz, y los paró en mis labios, presionó ligeramente para que yo abriera la boca, e introdujo dos dedos en ella, que empezaron a caminar mi lengua. Tras unos minutos y unos tímidos gemidos míos, sacó sus dedos de mi boca y comenzó a recorrer progresivamente con sus dos manos mi cuello, pecho y pezones, mis flancos, el vientre y las caderas hasta llegar a mi polla que difícilmente trataba de esconderse bajo el slip. Entonces tomo aquel slip con las dos manos a la altura de mis caderas, y comenzó a deslizarlos hacia abajo muy lentamente mientras yo los sentía rozar mis piernas hasta que tuve que levantarlas para que abandonaran mi cuerpo de manera definitiva. La sensación que inundaba mi estómago tan sólo la puedo describir como bella. Y qué decir de mi polla, que adquirió entonces un tamaño más apropiado para la ocasión. ‘Violeta, me estás excitando demasiado, por favor para’. ‘¿Realmente quieres que pare amor?’. ‘No Violeta, sigue, por favor, sigue’. Noté que se colocaba frente a mí, y comenzaba a pasear alrededor de mi cuerpo exhibido ante ella durante algún minuto. Entonces de nuevo frente a mí empuñó mi polla y tiró de ella para hacerme andar, no sabía hacia dónde me llevaba, pero sentir su mano firme y suave sobre mi polla anulaba la molestia de cualquier tirón que iba proporcionando para dirigir mis pasos. Noté que abría una puerta, por la dirección supuse la de su terraza, me dijo que levantara los pasos para no tropezar con el pequeño desnivel, y de repente sentí el calor de julio recorrer mi cuerpo de arriba abajo. ‘Tengo que hacer unos recados, no tardaré más de media hora. Creo que sabes que estás en mi terraza. Quiero que te quedes de rodillas y con las manos en la cabeza, trata de no moverte y no te quites la venda de los ojos. Voy a dejar mi cámara grabando para ver cómo te has comportado en mi ausencia, espero que no te masturbes, no me gustaría nada. Cuando llegue pasaremos el vídeo y lo borraremos. Cerraré con llave la puerta de la terraza. Confía en mí ¿vale?’. Asentí con la cabeza, me arrodillé, coloqué mis manos y escuché cómo Violeta entraba de nuevo en la casa y luego un pequeño sonido de cerradura. Yo podía estar tranquilo ya que su casa es de reciente construcción y la terraza da a unas vistas preciosas aún sin ningún tipo de edificación ni viandantes. Violeta sabía lo que hacía. Mas me sentía muy alterado, cada momento había sido tan excitante, y su voz, su voz pidiendo, pidiéndome, exigiéndome, cuántas veces había soñado con aquella voz en ese papel. Y nunca había esperado hasta lo real aquella situación junto a Violeta, pero ¡Violeta podría pedirme tantas cosas...! Continuará. |
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| | #2 |
| Rol: sumiso Sexo: Hombre Ubicación: Madrid Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 23
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Es increíble cómo llega a perderse la noción del tiempo cuando uno se encuentra en una situación como ésta. De todas maneras, mis rodillas ya no podían más. Estuve muy tentado de cambiar de postura y ponerme en pie, pero supuse que la cámara de vídeo apuntaría amenazadora con su luz roja. Lo que para mis rodillas se hacía eterno, fue solamente un tiempo de algo más de una hora. Violeta regresó y la escuché acercarse. Intenté hacer oído para comprobar que llegaba sola. Había tardado demasiado y no me sentí muy cómodo con la duda. Pero no se escuchaban nada más que sus pasos y sus quehaceres. Después sentí abrirse la puerta de la terraza y Violeta me hizo pasar. “Corazón, entra a cuatro patitas, a ver cómo desfila tu culito”. Cuando logré entrar, Violeta me agarró la cabeza y me hizo incorporar a la posición de rodillas de nuevo. “¿Has estado cómodo?”, a lo que respondí que me dolían un poquito las rodillas. “Bueno, he visto que te has portado muy bien, y además, no sé qué habrás estado pensando, porque tu pollita no ha caído en todo este tiempo…¿has tenido ganas de masturbarte?”. ¿Que si había tenido ganas? ¡Ganas locas!, pero ella había dicho que no me moviera, así que mis manos no habían bajado de mi cabeza. Ella se rió y comentó algo así como que era bastante obediente, que estaba totalmente desperdiciado. “Quiero que te pongas de pie y te masturbes tú solito, quiero verte aplacando tu deseo, si no va a ser imposible meter eso en el pantalón…¿o quieres irte desnudito a casa?”. Contesté que prefería masturbarme. “Yo te diré cuándo comienzas y harás las paradas que yo te diga, además quiero que utilices solamente tu mano izquierda, la otra que no baje de la cabeza”. Así que a la orden de “cuando quieras, amor, y comienza despacito” empuñé mi polla con la mano izquierda y empecé con un suave y lento vaivén. Al minuto Violeta apuntó que quería más rapidez, así que obedecí y comencé a notar que el deseo se hacía sustancia dentro de mí. “Abre un poquito más las piernas, y mueve tus caderas”. Entonces escuché a Violeta realizar un breve jadeo, bajo la prenda que cubría mis ojos supuse que ella también se estaba masturbando. “¡Para, date la vuelta y sigue moviendo el culo, las manos a la cabeza!”. La duda se desvaneció cuando volví a escuchar a Violeta un largo “mmm”, realmente se estaba masturbando a mi costa. “¡A cuatro patas, y acércate a mí, cariño!”. Cuando llegué hasta ella, dirigió mi cabeza mientras solicitó: “Ahora muy despacito, quiero tu lengua”. Así que empecé a lamer el coño de Violeta como ella lo había pedido, de manera muy suave, primero recorriendo un labio, después el otro, luego subiendo por el medio hasta encontrar su clítoris, deteniéndome en él, succionándolo, sujetándolo con los dientes, luego metiendo y sacando la punta de mi lengua en su vagina; quería que Violeta se corriera en mi cara, y bebérmela. Y así fue. Violeta comenzó a jadear más violentamente, agarró mi cabeza y la llevó contra su coño, yo saqué mi lengua entera para lamerla de arriba abajo, después apretó mi cabeza con las piernas mientras se corría, y yo comencé a besar su coño desenfrenadamente. Después todas sus fuerzas desaparecieron, y noté como me retiraba hacia atrás. Lanzó un gran suspiro y me ordenó ponerme en pie. “Me lo has hecho pasar genial, amor. Creo que voy a hacerte algo que te va a gustar, ahora vengo, quédate quieto”. Entonces escuché a Violeta desaparecer, escuché después la ducha, y un momento más tarde reapareció y me dijo: “es ya muy tarde, así que vamos a arriesgarnos a hacer una cosa. Toda tu ropa se queda en casa”… y paró. Contesté que no creía que pudiese hacerlo, pero ella me cortó y prosiguió: “bajamos al garaje, te subes en el asiento trasero del coche y te llevo a casa”. Yo, a esas alturas, estaba tan excitado que creía que no podía estarlo más, pero aquella aventura que proponía Violeta lo consiguió. Todo pasó muy rápido por mi cabeza, cómo llegaríamos hasta el coche, y qué haría para entrar en casa. Pedí a Violeta que quitase la venda de mis ojos, llevaba ya mucho tiempo con ella, pero contestó que sería mejor que la siguiera manteniendo en su sitio. Así que con una sensación intensa, mezcla de excitación y miedo, salí de la casa de Violeta cuando ella dio la señal. Ella me dirigía sujetando mi mano. Noté cómo entrábamos al ascensor. Noté cómo éste bajaba, sentí el silencio propio del garaje cuando aparecimos allí, y escuché abrirse una de las puertas traseras del coche y a Violeta cuando decía: “túmbate abajo del asiento”. Ya estaba conseguida la primera parte. El coche salió a la calle, y comenzó a recorrer calles. Mi casa no estaba a más de diez minutos de allí. Pero Violeta comentó: “corazón, vamos antes a la gasolinera, ¿quieres que eche yo gasolina o pedimos que nos la sirvan?”. Violeta se rió mientras yo contestaba que por favor, la pusiera ella, pero contestó que ya lo decidiría cuando llegáramos. Entonces comenzó a pasar tiempo y más tiempo, y Violeta de vez en cuando me preguntaba cómo estaba. El nerviosismo comenzó a vencer a la excitación, y yo siempre respondía que estaba muy nervioso. “Vamos a una gasolinera que está fuera de la ciudad, no te preocupes, es por darte un paseo mayor, si quieres te puedes bajar aquí…”, junto a otra gran carcajada. “De todas maneras, podemos dejarlo si lo prefieres así… ¿quieres dejarlo?”. Y yo aún no sé por qué contesté no. El coche hizo un giro y paró. No se escuchaba un alma. Violeta salió del coche y de repente comenzó una conversación con otra mujer: “¿cuánto te pongo, Violeta?”. “Veinte, por favor”. Sonó el surtidor anunciando el tipo de combustible, moverse la tapa del depósito y tras unos segundos…: ”me parece que esta noche lo estás pasando muy bien, ¿verdad Violeta?, y unas risas. “Sí”, contestó Violeta, “lo estamos pasando muy bien”. “¿Quién es?”, preguntó la otra mujer. “Es un secreto, Paula”. Así que ellas se conocían, y además se apreciaba una cierta complicidad entre ellas. Cuando todo acabó, Violeta subió de nuevo al coche, arrancó y proseguimos la marcha. Con un simple “¿qué tal?”, Violeta pidió mi parecer. Le contesté que se había pasado, que yo no estaba preparado para aquello, pero que mi polla estaba más tiesa que nunca. Y reímos los dos. Cuando llegamos a mi edificio Violeta bajó del coche, abrió la puerta trasera y me quitó la venda de los ojos. Encontré de nuevo su mirada, y vi en sus ojos una suma de felicidad, satisfacción y complicidad tan enorme que me acerqué a besarla en los labios. “Ahora toca bajar, amor”, susurró. Tomó mis llaves, abrió la puerta del portal, llamó al ascensor, y desde allí dentro dijo: “ahora”. Entonces bajé del coche, y corrí desde él hasta el ascensor así, completamente desnudo como estaba. Violeta puso mis llaves en mi mano, nos besamos de nuevo y se marchó. Yo apreté el botón de mi piso, se cerraron las puertas del ascensor, y subí. Continuará… Ossimmush. |
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| | #3 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Ubicación: Castellon Fecha de Ingreso: Aug 2006
Mensajes: 1.088
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jajajaja ossimmush, continúaaaa siiii por fi....que bien se lo pasa Violeta jolín jajajajaja..continua el relato y...si las encuentro pongo alguna foto de algun sumiso sentado en mi mecedora de las torturas... ![]() Talis |
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| | #4 |
| Rol: sumiso Sexo: Hombre Ubicación: Madrid Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 23
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Talis, yo continúo, pero tú encuentra por favor esas fotos del sumiso en la mecedora. A continuación dejaré la tercera parte de los juegos con Violeta. Besos. |
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| | #5 |
| Rol: sumiso Sexo: Hombre Ubicación: Madrid Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 23
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El ascensor paró en mi piso, no escuché ningún ruido amenazador, así que con la llave en mano salí deprisa de éste y alcancé mi puerta. Abrí y entré en casa. No pude evitar un gran suspiro de alivio mientras colocaba mi espalda contra la puerta ya cerrada. Mi excitación comenzó a aparecer de nuevo conforme las imágenes de todo lo sucedido iban haciendo acto de aparición una tras otra. Agarré mi polla fuertemente con mi mano izquierda y comencé a recrear la situación ante Violeta, pero sentí que no quería que aquella noche acabara todavía, así que evité cualquier derramamiento que me llevase abatido a la cama. Pensé en alguna de mis auto-dominaciones habituales, y cobró fuerza la de la exhibición ante el edificio que hay frente a casa. Coloqué una alarma en el reloj para que sonase en media hora. No quise mirar si existían luces encendidas tras alguna ventana, por lo que busqué una venda para mis ojos y me la coloqué rápidamente, y así a ciegas entré en la habitación apropiada, encendí mi luz, deposité el reloj en el suelo y me coloqué de rodillas ante la ventana con las manos en la cabeza, estaría así exhibido hasta que sonase la alarma, luego programaría de nuevo la alarma otra media hora para permanecer ofreciendo mi parte trasera. Una hora de castigo estaría bien para mis rodillas y para el posible público. Tras la segunda alarma me puse en pie y me masturbé aún de espaldas a la ventana con los ojos vendados. Cuando terminé, a cuatro patas y con la lengua, busqué manchas de mi semen en el suelo, lamí todas las que encontré. El espectáculo estaba terminado. Pensé que para ser gratuito estaba perfecto. Apagué la luz y miré a través de la ventana. No había ninguna luz encendida en el edificio de enfrente. Pero pensé que si yo tuviese la posibilidad de ver un espectáculo así, también apagaría mi luz para no ser descubierto… ¿o tal vez no? Me despertó el teléfono, pensé que aún era bastante temprano, pero eran ya las once de la mañana. Descolgué y escuché la voz concisa de Violeta: “te quiero en mi casa esta tarde a las cuatro en punto”, y colgó. Una especie de vértigo me recorrió entero, Violeta sabía cómo manejarme, cómo excitarme, no en vano me conocía perfectamente, pero yo nunca había imaginado que ella pudiese manejarse tan bien en tales circunstancias, de hecho, yo creo que ella siempre había evitado anteriormente esas situaciones; muy probablemente estaría ayudándola a descubrir alguna nueva vertiente en su paraíso sexual. Cogí una mordaza y algunas cuerdas de las mías, y a las cuatro en punto tocaba el timbre de Violeta. Ella abrió, nos abrazamos y después estuvimos tomando café mientras me contaba asuntos de su oficina y los trabajos que la ocupaban actualmente. Así fui adivinando las posibles personas que podrían asistir a la reunión de trabajo en casa de Violeta, programada a las cinco. Después la conversación pasó a los menesteres que más me interesaban. Violeta me indicó el lugar en el que iba a estar encerrado. Vaciamos entre los dos el contenido de dos puertas contiguas en la parte baja del mueble del salón, y a las cinco menos cuarto yo ya estaba completamente desnudo. Hice una visita al baño, no quería molestias de ese tipo… y cuando regresé saqué de mi bolsa la mordaza y las cuerdas y le pedí por favor a Violeta que me las colocase. Sonriendo asintió, colocó la mordaza en mi boca y la abrochó fuertemente. Luego tomó una de las cuerdas con las que ató mis muñecas por la parte delantera de mi cuerpo, me giró, dio un azote en mi culo con su mano, y con un “vamos” me dirigió hacia mi pequeña estancia dentro del mueble. Cuando al final conseguí estar dentro, Violeta tomó otra de las cuerdas y ató fuertemente mis piernas por los tobillos. Después las introdujo completamente y probó que las puertas cerrasen de manera adecuada. Unos sutiles haces de luz entraban por las delgadas junturas de las puertas, así que comprobé que no tendría problemas con el aire. Violeta abrió de nuevo pasados un par de minutos, levantó mi cabeza y colocó una venda sobre mis ojos. Entonces sonó el timbre. Violeta volvió a cerrar las puertas del mueble, esta vez con llave. Tras esto pude escuchar un jocoso “¡shhhhh!”. Por las voces que pude escuchar, a la reunión asistieron cuatro personas, además de Violeta, y además de mí, que estaba pero ¡no debía estar! Tres chicas y un chico, Paula, Sonia, otra de la cual no se mencionó su nombre en toda la reunión, y Roberto, todos compañeros de Violeta en uno de sus proyectos. La reunión versó sobre asuntos de estrategias a seguir, y presupuestos para cada una de las partes. Todos exponían y defendían sus criterios de manera categórica, a mí no me hubiese gustado tener de jefe a ninguno de ellos. Y aunque la dirección correspondía a Violeta, se notaba que todos ansiaban algún puesto de mando. Pero yo realmente a quien prestaba atención era a mi corazón, que latía de manera desenfrenada, y a intentar no realizar ningún tipo de ruido que no fuese lo más parecido a los crujidos de la madera; y es que allí pude comprobar lo difícil que resulta permanecer completamente inmóvil durante tanto tiempo. Luego estaba esa especie de rayo que me recorría internamente y que era consecuencia de pensar que Violeta ya había demostrado que podía traspasar accidentalmente los límites, y que no sé por qué tenía la sensación de que aquella era una situación en la que bien podría hacerlo. La reunión duró algo más de una hora. Tras finalizarse, Roberto y la chica de la que no sé su nombre se marcharon. Violeta salió a despedirles, y cuando regresó al salón se sentó encima del mueble justo en la parte en la que yo estaba encerrado, para comenzar con una serie de golpecitos de sus talones a las puertas que me advertían de que el juego todavía estaba presente en su cabeza. Esperé que Violeta pudiese deshacerse pronto de sus compañeras. “Bueno, basta ya de trabajo, ¿os apetece tomar algo?”, preguntó Violeta a sus dos compañeras. La contestación fue afirmativa por ambas partes, así que sentí a Violeta abrir otra de las puertas del mueble en las que guardaba algunas botellas. Estuvieron preparando las mezclas, y luego se sentaron a charlar de manera desenfadada. Primero tuvieron para Roberto y la otra chica, supongo que se referían a ellos cuando hablaban de “ésta” y “éste”, y parece ser que últimamente andaban degustándose mutuamente hasta en la oficina. Luego otros rollos personales, hombres, más rollos y más hombres. Las copas repitieron y la conversación mudó a la polémica machismo-feminismo. Tras varios minutos de comentarios tantas veces ya escuchados, de repente, una de ellas rompió la tarde con esta frase: “a mí, lo que me gustaría tener es a un calzonazos al que tener a raya, dedicado a la casa y a mis cuidados, y que me follara genial únicamente cuando yo quisiera, cambiar radicalmente la historia, ¡coño!”. A lo que la otra chica replicó: “tú lo que necesitas es un esclavo, cabrona”. Y riéndose la primera apuntó: “pues mira tú, no estaría nada mal, ¡joder, sí que me encantaría tener un esclavo, seguro que hay más de un viciosillo por ahí al que le gustaría!”. Las dos rieron, pero pronto callaron cuando escucharon a Violeta decir: “lo de tener un esclavo está de puta madre, chicas… ¿no lo habéis tenido nunca?”. “Pues no”, fue la respuesta, “¿tú sí?”. Y entonces Violeta contestó afirmativamente, a la vez que parecía que mis entrañas querían salirse fuera de mí. “Y dónde lo tienes, ¿atado a la cama?”. Risas. “No, atado y encerrado en ese mueble… ¿verdad esclavo?”, pronunció Violeta alzando un poquito la voz. Pero yo no contesté, no creía todavía que aquello fuera en serio. Ambas compañeras comenzaron a reír otra vez, creyendo que todo era una broma. “¿Verdad esclavo?”, volvió a repetir Violeta, ya a voz en grito, “¡contesta o lo pagarás caro!”. Entonces, al escuchar la llamada tan sentenciosa de Violeta, comprendí que no había ninguna duda en su intención, por lo que como bien pude tras la mordaza, emití un breve pero notorio “¡mmmmmm! “Aquí está la llave, ¿queréis abrir vosotras mismas?”. “Joder, creía que el alcohol te estaba afectando Violeta, me ofrezco voluntaria”, expresó una de ellas. Así que, tras unos segundos, escuché la llave evitando el obstáculo de la cerradura, y un momento después, abrirse las dos puertas del mueble. Luego, únicamente se escuchó un largo “¡hostias! Continuará. |
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