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Antiguo 20/08/2007, 13:43   #1
 
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Predeterminado Mis ju(e)gos con Violeta I

MIS JU(E)GOS CON VIOLETA (I).

Todo transcurrió después de la publicación de mi último relato. En aquél, y víctima de un ataque de excitación, yo me ofrecía para satisfacer todo gusto de cualquier mujer. Pero no fue cualquier mujer, sino una amiga la que me convenció para poder realizar una prueba. Yo le había enviado el relato por correo, y hablando y bromeando sobre él, me comentó que podíamos intentar algo parecido, para investigar e ir descubriendo si yo podía llegar a cumplir cada palabra que habría escrito. Prometió no traicionarme. Para mí aquello ya me provocaba excitación, ya que aunque Violeta sabía de mis inquietudes, nunca se había prestado para llevarlas a cabo conmigo. Siempre lo había entendido, pero ella no se sentía como yo atraída por estos juegos. No sabía cómo iba a reaccionar, si asumiría un papel de dominadora, o si sencillamente me dejaría actuar movido por mi propósito. Violeta es mi gran amiga, lo sabe todo acerca de mí, mucho más que otras personas más cercanas, es un gran gran amor. No necesito estar con ella para saber que la amo, que la deseo en cualquiera de sus facetas, y que a menudo la echo mucho de menos. Es también por esto que ella me ofrecía toda la confianza posible, por eso no dudé dos veces en acceder a su propuesta.

Violeta tendría una reunión de trabajo en casa con algunos compañeros de su oficina. En principio vendrían dos compañeras y un compañero. Algo me disgustaba lo del compañero, pero a efectos finales no tendría ninguna consecuencia distinta. El asunto es que yo podía estar encerrado en uno de los muebles del salón, mientras ellos mantenían su reunión de trabajo. Por supuesto que pedí a Violeta que deseaba estar totalmente desnudo y atado dentro de aquel mueble, a lo que me contestó que tenía muchas ganas de verme y tenerme desnudo otra vez, y que lo de las ataduras no lo veía un problema, que con las bridas podía atarme en cuestión de segundos. Justo después de decirme aquello, le contesté que si tenía ganas alguna vez de verme desnudo, sólo me lo tenía que pedir, y entonces hice amago de quitarme la camiseta, a lo que ella con una sonrisa pícara asintió como para que siguiera. ‘No tengo ningún problema en desnudarme delante de ti, sabes que me gusta que conozcas todo lo mío, mi cuerpo y mi pensamiento, me gusta y a la vez me excita’, comenté a Violeta, y ella hizo una señal con el dedo para que callara y siguiera con lo mío.

Me quité la camiseta muy despacio, contoneando mi cintura, y haciendo que mi torso quedara cada vez más a la vista. Luego saqué los zapatos de mis pies y me desabroché el pantalón. Me coloqué de espaldas a Violeta y comencé a sacudir el culo con movimientos secos hacia los lados de manera alternativa mientras me bajaba el pantalón y lo dejaba caer hasta los tobillos. Dos pasos hacia delante bastaron para despojarme de él, y luego volví a dar la cara hacia Violeta, que tenía una sonrisa increíblemente preciosa, y se mordía con los dientes el labio inferior de su boca. Le pregunté si quería ver antes mi polla o mi culo, pero me dijo que esperara, que tardaba un segundo en ir a por algo, que me fuese dando la vuelta de nuevo. Mientras ella se levantaba del sillón e iba a otra habitación, yo me coloqué de nuevo de espaldas y empecé a acariciarme suavemente la polla para que fuese incrementando su tamaño, suponía que aquello gustaría más a mi amiga.

La escuché llegar hasta mi espalda, pero no me giré a mirarla. De manera muy rápida llegué a ver cómo se colocaba ante mis ojos un pañuelo oscuro, y sentí cómo se anudaba firmemente alrededor de mi cabeza. Violeta entonces tomó mis brazos y los levantó hacia arriba, dando un breve golpe final en señal de que no los moviera de allí. Después pasó sus dedos por mi nariz, y los paró en mis labios, presionó ligeramente para que yo abriera la boca, e introdujo dos dedos en ella, que empezaron a caminar mi lengua. Tras unos minutos y unos tímidos gemidos míos, sacó sus dedos de mi boca y comenzó a recorrer progresivamente con sus dos manos mi cuello, pecho y pezones, mis flancos, el vientre y las caderas hasta llegar a mi polla que difícilmente trataba de esconderse bajo el slip.

Entonces tomo aquel slip con las dos manos a la altura de mis caderas, y comenzó a deslizarlos hacia abajo muy lentamente mientras yo los sentía rozar mis piernas hasta que tuve que levantarlas para que abandonaran mi cuerpo de manera definitiva. La sensación que inundaba mi estómago tan sólo la puedo describir como bella. Y qué decir de mi polla, que adquirió entonces un tamaño más apropiado para la ocasión. ‘Violeta, me estás excitando demasiado, por favor para’. ‘¿Realmente quieres que pare amor?’. ‘No Violeta, sigue, por favor, sigue’. Noté que se colocaba frente a mí, y comenzaba a pasear alrededor de mi cuerpo exhibido ante ella durante algún minuto. Entonces de nuevo frente a mí empuñó mi polla y tiró de ella para hacerme andar, no sabía hacia dónde me llevaba, pero sentir su mano firme y suave sobre mi polla anulaba la molestia de cualquier tirón que iba proporcionando para dirigir mis pasos. Noté que abría una puerta, por la dirección supuse la de su terraza, me dijo que levantara los pasos para no tropezar con el pequeño desnivel, y de repente sentí el calor de julio recorrer mi cuerpo de arriba abajo.

‘Tengo que hacer unos recados, no tardaré más de media hora. Creo que sabes que estás en mi terraza. Quiero que te quedes de rodillas y con las manos en la cabeza, trata de no moverte y no te quites la venda de los ojos. Voy a dejar mi cámara grabando para ver cómo te has comportado en mi ausencia, espero que no te masturbes, no me gustaría nada. Cuando llegue pasaremos el vídeo y lo borraremos. Cerraré con llave la puerta de la terraza. Confía en mí ¿vale?’. Asentí con la cabeza, me arrodillé, coloqué mis manos y escuché cómo Violeta entraba de nuevo en la casa y luego un pequeño sonido de cerradura. Yo podía estar tranquilo ya que su casa es de reciente construcción y la terraza da a unas vistas preciosas aún sin ningún tipo de edificación ni viandantes. Violeta sabía lo que hacía. Mas me sentía muy alterado, cada momento había sido tan excitante, y su voz, su voz pidiendo, pidiéndome, exigiéndome, cuántas veces había soñado con aquella voz en ese papel. Y nunca había esperado hasta lo real aquella situación junto a Violeta, pero ¡Violeta podría pedirme tantas cosas...!

Continuará.
ossimmush está desconectado   Responder Citando
Antiguo 14/09/2007, 14:11   #2
 
Rol: sumiso
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Predeterminado Mis ju(e)gos con Violeta (II).

Es increíble cómo llega a perderse la noción del tiempo cuando uno se encuentra en una situación como ésta. De todas maneras, mis rodillas ya no podían más. Estuve muy tentado de cambiar de postura y ponerme en pie, pero supuse que la cámara de vídeo apuntaría amenazadora con su luz roja. Lo que para mis rodillas se hacía eterno, fue solamente un tiempo de algo más de una hora. Violeta regresó y la escuché acercarse. Intenté hacer oído para comprobar que llegaba sola. Había tardado demasiado y no me sentí muy cómodo con la duda. Pero no se escuchaban nada más que sus pasos y sus quehaceres.

Después sentí abrirse la puerta de la terraza y Violeta me hizo pasar. “Corazón, entra a cuatro patitas, a ver cómo desfila tu culito”. Cuando logré entrar, Violeta me agarró la cabeza y me hizo incorporar a la posición de rodillas de nuevo. “¿Has estado cómodo?”, a lo que respondí que me dolían un poquito las rodillas. “Bueno, he visto que te has portado muy bien, y además, no sé qué habrás estado pensando, porque tu pollita no ha caído en todo este tiempo…¿has tenido ganas de masturbarte?”.

¿Que si había tenido ganas? ¡Ganas locas!, pero ella había dicho que no me moviera, así que mis manos no habían bajado de mi cabeza. Ella se rió y comentó algo así como que era bastante obediente, que estaba totalmente desperdiciado. “Quiero que te pongas de pie y te masturbes tú solito, quiero verte aplacando tu deseo, si no va a ser imposible meter eso en el pantalón…¿o quieres irte desnudito a casa?”. Contesté que prefería masturbarme. “Yo te diré cuándo comienzas y harás las paradas que yo te diga, además quiero que utilices solamente tu mano izquierda, la otra que no baje de la cabeza”.

Así que a la orden de “cuando quieras, amor, y comienza despacito” empuñé mi polla con la mano izquierda y empecé con un suave y lento vaivén. Al minuto Violeta apuntó que quería más rapidez, así que obedecí y comencé a notar que el deseo se hacía sustancia dentro de mí. “Abre un poquito más las piernas, y mueve tus caderas”. Entonces escuché a Violeta realizar un breve jadeo, bajo la prenda que cubría mis ojos supuse que ella también se estaba masturbando. “¡Para, date la vuelta y sigue moviendo el culo, las manos a la cabeza!”. La duda se desvaneció cuando volví a escuchar a Violeta un largo “mmm”, realmente se estaba masturbando a mi costa.

“¡A cuatro patas, y acércate a mí, cariño!”. Cuando llegué hasta ella, dirigió mi cabeza mientras solicitó: “Ahora muy despacito, quiero tu lengua”. Así que empecé a lamer el coño de Violeta como ella lo había pedido, de manera muy suave, primero recorriendo un labio, después el otro, luego subiendo por el medio hasta encontrar su clítoris, deteniéndome en él, succionándolo, sujetándolo con los dientes, luego metiendo y sacando la punta de mi lengua en su vagina; quería que Violeta se corriera en mi cara, y bebérmela. Y así fue. Violeta comenzó a jadear más violentamente, agarró mi cabeza y la llevó contra su coño, yo saqué mi lengua entera para lamerla de arriba abajo, después apretó mi cabeza con las piernas mientras se corría, y yo comencé a besar su coño desenfrenadamente. Después todas sus fuerzas desaparecieron, y noté como me retiraba hacia atrás. Lanzó un gran suspiro y me ordenó ponerme en pie.

“Me lo has hecho pasar genial, amor. Creo que voy a hacerte algo que te va a gustar, ahora vengo, quédate quieto”. Entonces escuché a Violeta desaparecer, escuché después la ducha, y un momento más tarde reapareció y me dijo: “es ya muy tarde, así que vamos a arriesgarnos a hacer una cosa. Toda tu ropa se queda en casa”… y paró. Contesté que no creía que pudiese hacerlo, pero ella me cortó y prosiguió: “bajamos al garaje, te subes en el asiento trasero del coche y te llevo a casa”. Yo, a esas alturas, estaba tan excitado que creía que no podía estarlo más, pero aquella aventura que proponía Violeta lo consiguió. Todo pasó muy rápido por mi cabeza, cómo llegaríamos hasta el coche, y qué haría para entrar en casa. Pedí a Violeta que quitase la venda de mis ojos, llevaba ya mucho tiempo con ella, pero contestó que sería mejor que la siguiera manteniendo en su sitio.

Así que con una sensación intensa, mezcla de excitación y miedo, salí de la casa de Violeta cuando ella dio la señal. Ella me dirigía sujetando mi mano. Noté cómo entrábamos al ascensor. Noté cómo éste bajaba, sentí el silencio propio del garaje cuando aparecimos allí, y escuché abrirse una de las puertas traseras del coche y a Violeta cuando decía: “túmbate abajo del asiento”. Ya estaba conseguida la primera parte.

El coche salió a la calle, y comenzó a recorrer calles. Mi casa no estaba a más de diez minutos de allí. Pero Violeta comentó: “corazón, vamos antes a la gasolinera, ¿quieres que eche yo gasolina o pedimos que nos la sirvan?”. Violeta se rió mientras yo contestaba que por favor, la pusiera ella, pero contestó que ya lo decidiría cuando llegáramos. Entonces comenzó a pasar tiempo y más tiempo, y Violeta de vez en cuando me preguntaba cómo estaba. El nerviosismo comenzó a vencer a la excitación, y yo siempre respondía que estaba muy nervioso. “Vamos a una gasolinera que está fuera de la ciudad, no te preocupes, es por darte un paseo mayor, si quieres te puedes bajar aquí…”, junto a otra gran carcajada. “De todas maneras, podemos dejarlo si lo prefieres así… ¿quieres dejarlo?”. Y yo aún no sé por qué contesté no.

El coche hizo un giro y paró. No se escuchaba un alma. Violeta salió del coche y de repente comenzó una conversación con otra mujer: “¿cuánto te pongo, Violeta?”. “Veinte, por favor”. Sonó el surtidor anunciando el tipo de combustible, moverse la tapa del depósito y tras unos segundos…: ”me parece que esta noche lo estás pasando muy bien, ¿verdad Violeta?, y unas risas. “Sí”, contestó Violeta, “lo estamos pasando muy bien”. “¿Quién es?”, preguntó la otra mujer. “Es un secreto, Paula”. Así que ellas se conocían, y además se apreciaba una cierta complicidad entre ellas. Cuando todo acabó, Violeta subió de nuevo al coche, arrancó y proseguimos la marcha.

Con un simple “¿qué tal?”, Violeta pidió mi parecer. Le contesté que se había pasado, que yo no estaba preparado para aquello, pero que mi polla estaba más tiesa que nunca. Y reímos los dos.

Cuando llegamos a mi edificio Violeta bajó del coche, abrió la puerta trasera y me quitó la venda de los ojos. Encontré de nuevo su mirada, y vi en sus ojos una suma de felicidad, satisfacción y complicidad tan enorme que me acerqué a besarla en los labios. “Ahora toca bajar, amor”, susurró. Tomó mis llaves, abrió la puerta del portal, llamó al ascensor, y desde allí dentro dijo: “ahora”. Entonces bajé del coche, y corrí desde él hasta el ascensor así, completamente desnudo como estaba. Violeta puso mis llaves en mi mano, nos besamos de nuevo y se marchó. Yo apreté el botón de mi piso, se cerraron las puertas del ascensor, y subí.

Continuará…



Ossimmush.
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Antiguo 14/09/2007, 14:42   #3
 
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jajajaja ossimmush, continúaaaa siiii por fi....que bien se lo pasa Violeta jolín jajajajaja..continua el relato y...si las encuentro pongo alguna foto de algun sumiso sentado en mi mecedora de las torturas...

Talis
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Antiguo 16/09/2007, 13:52   #4
 
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Talis, yo continúo, pero tú encuentra por favor esas fotos del sumiso en la mecedora. A continuación dejaré la tercera parte de los juegos con Violeta.

Besos.
ossimmush está desconectado   Responder Citando
Antiguo 16/09/2007, 13:53   #5
 
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Predeterminado Mis ju(e)gos con Violeta (III).

El ascensor paró en mi piso, no escuché ningún ruido amenazador, así que con la llave en mano salí deprisa de éste y alcancé mi puerta. Abrí y entré en casa. No pude evitar un gran suspiro de alivio mientras colocaba mi espalda contra la puerta ya cerrada. Mi excitación comenzó a aparecer de nuevo conforme las imágenes de todo lo sucedido iban haciendo acto de aparición una tras otra. Agarré mi polla fuertemente con mi mano izquierda y comencé a recrear la situación ante Violeta, pero sentí que no quería que aquella noche acabara todavía, así que evité cualquier derramamiento que me llevase abatido a la cama.
Pensé en alguna de mis auto-dominaciones habituales, y cobró fuerza la de la exhibición ante el edificio que hay frente a casa. Coloqué una alarma en el reloj para que sonase en media hora. No quise mirar si existían luces encendidas tras alguna ventana, por lo que busqué una venda para mis ojos y me la coloqué rápidamente, y así a ciegas entré en la habitación apropiada, encendí mi luz, deposité el reloj en el suelo y me coloqué de rodillas ante la ventana con las manos en la cabeza, estaría así exhibido hasta que sonase la alarma, luego programaría de nuevo la alarma otra media hora para permanecer ofreciendo mi parte trasera. Una hora de castigo estaría bien para mis rodillas y para el posible público.
Tras la segunda alarma me puse en pie y me masturbé aún de espaldas a la ventana con los ojos vendados. Cuando terminé, a cuatro patas y con la lengua, busqué manchas de mi semen en el suelo, lamí todas las que encontré. El espectáculo estaba terminado. Pensé que para ser gratuito estaba perfecto. Apagué la luz y miré a través de la ventana. No había ninguna luz encendida en el edificio de enfrente. Pero pensé que si yo tuviese la posibilidad de ver un espectáculo así, también apagaría mi luz para no ser descubierto… ¿o tal vez no?
Me despertó el teléfono, pensé que aún era bastante temprano, pero eran ya las once de la mañana. Descolgué y escuché la voz concisa de Violeta: “te quiero en mi casa esta tarde a las cuatro en punto”, y colgó. Una especie de vértigo me recorrió entero, Violeta sabía cómo manejarme, cómo excitarme, no en vano me conocía perfectamente, pero yo nunca había imaginado que ella pudiese manejarse tan bien en tales circunstancias, de hecho, yo creo que ella siempre había evitado anteriormente esas situaciones; muy probablemente estaría ayudándola a descubrir alguna nueva vertiente en su paraíso sexual.
Cogí una mordaza y algunas cuerdas de las mías, y a las cuatro en punto tocaba el timbre de Violeta. Ella abrió, nos abrazamos y después estuvimos tomando café mientras me contaba asuntos de su oficina y los trabajos que la ocupaban actualmente. Así fui adivinando las posibles personas que podrían asistir a la reunión de trabajo en casa de Violeta, programada a las cinco. Después la conversación pasó a los menesteres que más me interesaban. Violeta me indicó el lugar en el que iba a estar encerrado. Vaciamos entre los dos el contenido de dos puertas contiguas en la parte baja del mueble del salón, y a las cinco menos cuarto yo ya estaba completamente desnudo. Hice una visita al baño, no quería molestias de ese tipo… y cuando regresé saqué de mi bolsa la mordaza y las cuerdas y le pedí por favor a Violeta que me las colocase. Sonriendo asintió, colocó la mordaza en mi boca y la abrochó fuertemente. Luego tomó una de las cuerdas con las que ató mis muñecas por la parte delantera de mi cuerpo, me giró, dio un azote en mi culo con su mano, y con un “vamos” me dirigió hacia mi pequeña estancia dentro del mueble. Cuando al final conseguí estar dentro, Violeta tomó otra de las cuerdas y ató fuertemente mis piernas por los tobillos. Después las introdujo completamente y probó que las puertas cerrasen de manera adecuada. Unos sutiles haces de luz entraban por las delgadas junturas de las puertas, así que comprobé que no tendría problemas con el aire. Violeta abrió de nuevo pasados un par de minutos, levantó mi cabeza y colocó una venda sobre mis ojos. Entonces sonó el timbre. Violeta volvió a cerrar las puertas del mueble, esta vez con llave. Tras esto pude escuchar un jocoso “¡shhhhh!”.
Por las voces que pude escuchar, a la reunión asistieron cuatro personas, además de Violeta, y además de mí, que estaba pero ¡no debía estar! Tres chicas y un chico, Paula, Sonia, otra de la cual no se mencionó su nombre en toda la reunión, y Roberto, todos compañeros de Violeta en uno de sus proyectos. La reunión versó sobre asuntos de estrategias a seguir, y presupuestos para cada una de las partes. Todos exponían y defendían sus criterios de manera categórica, a mí no me hubiese gustado tener de jefe a ninguno de ellos. Y aunque la dirección correspondía a Violeta, se notaba que todos ansiaban algún puesto de mando. Pero yo realmente a quien prestaba atención era a mi corazón, que latía de manera desenfrenada, y a intentar no realizar ningún tipo de ruido que no fuese lo más parecido a los crujidos de la madera; y es que allí pude comprobar lo difícil que resulta permanecer completamente inmóvil durante tanto tiempo. Luego estaba esa especie de rayo que me recorría internamente y que era consecuencia de pensar que Violeta ya había demostrado que podía traspasar accidentalmente los límites, y que no sé por qué tenía la sensación de que aquella era una situación en la que bien podría hacerlo. La reunión duró algo más de una hora. Tras finalizarse, Roberto y la chica de la que no sé su nombre se marcharon. Violeta salió a despedirles, y cuando regresó al salón se sentó encima del mueble justo en la parte en la que yo estaba encerrado, para comenzar con una serie de golpecitos de sus talones a las puertas que me advertían de que el juego todavía estaba presente en su cabeza. Esperé que Violeta pudiese deshacerse pronto de sus compañeras.
“Bueno, basta ya de trabajo, ¿os apetece tomar algo?”, preguntó Violeta a sus dos compañeras. La contestación fue afirmativa por ambas partes, así que sentí a Violeta abrir otra de las puertas del mueble en las que guardaba algunas botellas. Estuvieron preparando las mezclas, y luego se sentaron a charlar de manera desenfadada. Primero tuvieron para Roberto y la otra chica, supongo que se referían a ellos cuando hablaban de “ésta” y “éste”, y parece ser que últimamente andaban degustándose mutuamente hasta en la oficina. Luego otros rollos personales, hombres, más rollos y más hombres. Las copas repitieron y la conversación mudó a la polémica machismo-feminismo. Tras varios minutos de comentarios tantas veces ya escuchados, de repente, una de ellas rompió la tarde con esta frase: “a mí, lo que me gustaría tener es a un calzonazos al que tener a raya, dedicado a la casa y a mis cuidados, y que me follara genial únicamente cuando yo quisiera, cambiar radicalmente la historia, ¡coño!”. A lo que la otra chica replicó: “tú lo que necesitas es un esclavo, cabrona”. Y riéndose la primera apuntó: “pues mira tú, no estaría nada mal, ¡joder, sí que me encantaría tener un esclavo, seguro que hay más de un viciosillo por ahí al que le gustaría!”. Las dos rieron, pero pronto callaron cuando escucharon a Violeta decir: “lo de tener un esclavo está de puta madre, chicas… ¿no lo habéis tenido nunca?”. “Pues no”, fue la respuesta, “¿tú sí?”. Y entonces Violeta contestó afirmativamente, a la vez que parecía que mis entrañas querían salirse fuera de mí. “Y dónde lo tienes, ¿atado a la cama?”. Risas. “No, atado y encerrado en ese mueble… ¿verdad esclavo?”, pronunció Violeta alzando un poquito la voz. Pero yo no contesté, no creía todavía que aquello fuera en serio. Ambas compañeras comenzaron a reír otra vez, creyendo que todo era una broma. “¿Verdad esclavo?”, volvió a repetir Violeta, ya a voz en grito, “¡contesta o lo pagarás caro!”. Entonces, al escuchar la llamada tan sentenciosa de Violeta, comprendí que no había ninguna duda en su intención, por lo que como bien pude tras la mordaza, emití un breve pero notorio “¡mmmmmm! “Aquí está la llave, ¿queréis abrir vosotras mismas?”. “Joder, creía que el alcohol te estaba afectando Violeta, me ofrezco voluntaria”, expresó una de ellas. Así que, tras unos segundos, escuché la llave evitando el obstáculo de la cerradura, y un momento después, abrirse las dos puertas del mueble. Luego, únicamente se escuchó un largo “¡hostias!

Continuará.
ossimmush está desconectado   Responder Citando
Antiguo 15/08/2011, 15:04   #6
 
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Predeterminado Mis ju(e)gos con Violeta (IV).

“Vuelve a cerrar las puertas, por favor Paula, este esclavo todavía no ha terminado con su castigo”. Las puertas se volvieron a cerrar, y la llave giró lenta y sonoramente. Luego llegó un breve silencio, y tras este una ristra de comentarios de Paula y Sonia hacia Violeta: “¿desde cuándo?, ¿y vive aquí continuamente?, ¿y qué le haces?, ¿lo conocemos?,…”, comentarios que Violeta iba contestando uno tras otro. Después sentenció “si queréis, podemos jugar con él un ratito, ¿os apetece?”. “Joder, a mí me apetece de verdad”, “y a mí”, contestaron una tras otra. “Entonces, vamos a ver qué queremos que este esclavo nos demuestre, ¿qué os gustaría chicas? Pedid por esa boquita” continuó Violeta: “¿lo humillamos?, ¿lo azotamos?, ¿lo masturbamos?, ¿hacemos que nos masturbe?, ¿alguna se lo quiere follar?, ¿lo paseamos por la calle?, ¿nos lo llevamos a las afueras y lo dejamos atado y desnudo como está un tiempecito? Venga, ¡pedid! Seguro que está ahí dentro con la polla más tiesa que nunca, ¿apostamos?”. ¡¡¡Perro!!!”, escuché enérgica a Violeta mientras se acercaba al armario, “como estés empalmado te has ganado diez azotes de cada una en tu pequeño culito”. ¿Cómo no iba a estar empalmado? Todo lo que iba siendo sugerido me ponía cada vez más caliente: humillarme, azotarme, masturbarme, pasearme, ¡¡¡mmmmm, vamos chicas, comprobad mi estado y sometedme!!!

Las puertas se volvieron a abrir, y Violeta esta vez tiró de mis piernas para ayudarme a salir de mi aposento. Una vez ya en el suelo me levantó y me giró hacia sus dos compañeras para que notaran cómo de pronunciada era mi erección. “¿Véis como estas cosas gustan a este puto perro? Empezemos a darle su merecido”. No había visto nunca así a Violeta, pero se había metido en el papel de mi dueña de una manera plena. Entonces me sujetó mientras me empujaba hacia adelante, a lo que yo respondí con pequeños saltitos. Cuando paró, me dobló hasta que pude darme cuenta de que estaba apoyándome sobre la mesa baja del salón, así que me dejé caer hasta notar sus bordes en mi pecho, y en la parte superior de mis piernas. Comprendí así que esa sería mi posición para recibir los azotes que ya me había ganado. “Bueno, ya tenemos al esclavo preparado para su próximo castigo. Damas, elijamos herramienta y turno, por favor, enseguida vuelvo”, comentó Violeta. De vuelta, siguió: “¿Quién prefiere qué, cinturón, paleta o cable?

Todo mi culo quedó así expuesto a los treinta y tantos azotes que me vinieron de cinco en cinco, cambiando el utensilio golpeador cada vez. Comenzaron cinco azotes de cinturón, no demasiado fuertes, pero que me hacían reaccionar con ligeros movimientos después de cada uno de ellos. “Eso no es nada Sonia, verás estos”, dijo Paula, y comenzó a dar sonoros paletazos, mientras yo sentía mi culo cada vez más caliente. Tras estos, Violeta utilizó el cable en ambas direcciones, cruzándome cada cachete de afuera hacia adentro, cinco precisos latigazos que comenzaron a doler de una manera seria. “Bien, aún nos queda la mitad, esclavo, ¡danos las gracias!”, ordenó Violeta. De mi boca salió lo más parecido a un gracias que se puede decir estando amordazado. “No te hemos oído, ¡gracias Amas!”, y el cable volvió a golpear mi culo. Intenté responder, y ellas comenzaron a reír todas a la vez. “Sonia, second round”. El cinturón comenzó de nuevo, pero de manera más intensa, supongo que Sonia quiso imitar los golpeos mayores de sus compañeras, y así hasta cinco. Tras estos, la paleta también cayó más potente sobre mi culo, y de manera muy rápida. Tanto es así, que estos cinco últimos azotes me excitaron demasiado, a la vez que notaba el ardor cada vez más intenso. Cuando Violeta me había cruzado el culo con el cable dos veces más, yo no pude evitar correrme. Mis caderas comenzaron con su juego de espasmos para darle a conocer a las chicas mi situación. “No te habrás corrido, ¿verdad cabrón?”, y otro latigazo más, “¿verdad?”, y otro. “¡Contesta!”, y el último fue el mayor de todos con una gran diferencia. De mi boca se podían escuchar los gemidos silenciados por la mordaza. Violeta me agarró fuertemente por el pelo, y tiró de mí hacia arriba, para dejar la mesa descubierta, al igual que descubierto el fruto de mi goce. “Será guarro, ¡haz que lo limpie Violeta!”, dijo Sonia. “Sí, que lo lama”, continuó Paula. Entonces Violeta desató la mordaza con una mano mientras seguía agarrando mi cabeza por el pelo con la otra. Una vez liberada mi boca, Violeta ordenó “¡de rodillas!”, mientras dirigía mi cabeza hacia abajo. “¡Saca la lengua, y empieza a chupar, perro!”. Con mi lengua afuera, ella fue sacudiendo mi cabeza de un lado hacia otro, buscando las manchas que había dejado mi semen, manchas que yo aún notaba calientes mientras las llevaba hacia mi boca, “¡trágatelo todo, cabrón!”.

Una vez finalizada mi labor de limpieza, Violeta me incorporó tirando hacia arriba de mi pelo, y mientras jugaba con mi polla rendida propinándole pequeños toques con el cable, dijo: “me pregunto cuánto tardará este perro en tener de nuevo su pollita tiesa. Chicas, ¿lo comprobamos?” Entonces comenzaron una serie de ligeros golpes a mi polla, golpes de cinturón, de paleta, de cable, y de sacudidas de manos, mientras yo, difícilmente guardaba el equilibrio y escuchaba las burlas que dedicaban a mi torturado miembro. “¡Vamos pajarito, conviértete en halcón!”. “¡Venga pichita, que esa cosita así no vale para nada!”. Hubo un par de golpes que vinieron tan seguidos que me hicieron caer al suelo, aunque de una manera suave. Las tres chicas comenzaron a reír a carcajadas, e incluso note algún puntapié en el culo. Fue cuando creo que fue Sonia la que comentó: “¿sabéis lo que seguro gustaría a este perro? ¡Que lo sacáramos a dar un paseo! ¿Qué os parece?”. Al escuchar aquello, mi polla comenzó a reaccionar de nuevo, y a cobrar fuerza de manera inesperada. “Parece que sí le gusta”, gritó Paula, “¡mirad cómo menea la colita!”, y volvieron las carcajadas de las tres. Violeta propuso: “¿qué tal si nos lo llevamos al campo y lo dejamos atado a un árbol toda la noche, así tal y como está en pelotas? Si me levanto temprano mañana y tengo tiempo, vuelvo a por él, si no, ya alguien lo rescatará. ¿Os parece chicas?”. Dos largos “sí” sonaron al unísono. En realidad fueron tres, pero el mío sonó exclusivamente por dentro, aunque mi polla seguro que también se pronunció.

Fue Paula la que propuso que utilizásemos su coche, que estaba aparcado frente al edificio de Violeta. La verdad es que, por las horas que eran, no debía haber mucha gente por la calle, aunque era principio de verano, las noches comenzaban a ser calurosas, y eso daba a pie a eliminar la pereza de algún viandante nocturno.

Mientras ellas se preparaban para sacar a su perro a pasear, decidieron ponerme a tono haciéndome beber dos copas de güisqui bastante cargadas (Violeta sabía de sobra que yo odio el güisqui). Para ello me sentaron en una silla, y ellas se fueron turnando para darme la bebida, mientras ultimaban sus acicalados. “Así te quitamos un poco de frío esta noche, nos lo agradecerás”, explicó Sonia. Cuando terminé con las bebidas volvieron a colocarme la mordaza.

Violeta quitó la atadura de mis tobillos, y utilizó la misma cuerda para rodear mis huevos y mi polla y acabar con un fuerte nudo al final, dejando algo de cuerda para tirar de mí, supuse que sería mi correa de paseo. Hábil y estratégicamente, fueron ocupando lugares del recorrido hasta el coche, haciendo Paula y Sonia de avanzadilla, por si tenían que dar algún aviso de retorno. Antes de salir, Violeta se acercó y me susurró al oído, “¿te lo estás pasando bien, guarro?” Yo asentí con la cabeza. Ella me besó ligeramente en la mejilla. Luego pasó la cuerda anudada a mis partes entre mis piernas hacia atrás, y noté un tirón seco que hizo que comenzase a caminar de espaldas. Violeta me hizo entrar en el ascensor. La sensación de ir desnudo, atado y humillado por fuera del piso de Violeta, junto a los tirones que ella daba a la cuerda para guiarme, hacían que notara mi polla cada vez más dura, cosa que Violeta notó en el ascensor, así que regaló unas caricias a mi polla erguida hasta que el ascensor llegó a la planta baja. Después salimos a la calle, y me dirigieron rápidamente hacia el coche de Paula, que me esperaba con la puerta del maletero abierta. Me sentaron en el borde del maletero, me dejaron caer dentro, levantaron mis piernas hasta que las metieron también en el interior, y cerraron con un seco portazo.
ossimmush está desconectado   Responder Citando
Antiguo 15/08/2011, 15:06   #7
 
Rol: sumiso
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Predeterminado Mis ju(e)gos con Violeta (V).

El viaje pudo durar como unos veinte minutos. Al principio sólo sentía los movimientos del coche levemente, la aceleración, el freno, los giros. Luego llegó un momento en que los pequeños aunque interminables botes hicieron que la parte final del viaje fuese algo más incómoda. Claro es que yo no tenía la menor idea de adónde estaba una vez el coche paró y me ayudaron a bajar. “Se nos olvidó traerte zapatos, ¡ah, si los cerdos como tú no los utilizan!”, gritó Sonia, “dejadme que lo lleve yo”. Así que esta vez fue Sonia la que tomó la cuerda y comenzó a tirar. Notaba el suelo de tierra bajo mis pies, así que definitivamente me habían llevado a alguna zona fuera de la ciudad. No sé si era Violeta, o tal vez Paula, la que aprovechaba para ir dando sutiles azotes a mi culo con algo que yo adiviné como cuerdas, ya que sentía a las dos tras de mí. El paseo paró de repente cuando Sonia comentó: “¿aquí está bien? ¿Lo atamos a este árbol?”. La respuesta de las otras dos chicas fue afirmativa. Violeta propuso: “lo colocamos mejor de espaldas, no se arañe la polla con la corteza, porque va a necesitar apoyarse en el tronco para descansar”. “Yo lo haría de frente”, dijo Paula, “¡que se la despelleje!, además, así podemos azotarle un poco más”. “Está bien”, pronunció Violeta, “además se me está ocurriendo una última tortura”. Las tres volvieron a reír, y colocándome de pie frente al árbol, comenzaron a atarme por los pies al tronco, que noté de bastante envergadura. Una vez que mis pies estaban fijados fuertemente uno a cada lado del tronco, elevaron mis brazos, apoyaron mis manos atadas junto al tronco, y las afianzaron con otra cuerda, pasando ésta alrededor de aquél. “Bueno, aquí es donde vas a pasar la noche, como un animal, en el campo, pero en este estado”, dijo Violeta, y propinó un azote en mi culo expuesto.

“Y chicas, os comento lo que se me ha ocurrido”, anunció Violeta. “Tenemos dos opciones, azotarlo y marcharnos, dejándolo más caliente que el horno de un panadero, y seguramente así se desollará la polla con el tronco para desahogarse”. “Uuuhhh, pobrecita…”, se escuchó. “La otra, hacerle dos pajas seguidas mientras lo azotamos, hacerle beber su semen otra vez, dejarlo descansado pero con pocas ganas de seguir aquí, y olvidarnos de él hasta mañana. ¿Qué os parece? ¿Qué preferís? ¿Votamos?”, preguntó finalmente Violeta. “A mí me gustan las dos ideas”, contestó Sonia, “me parece más cabronada la segunda, ¡aunque no me lo perdería restregando su pollita contra el tronco para correrse!, pero ya no estaremos aquí”. “¡Yo quiero hacerle una paja!”, exclamó Paula, “se va a enterar este cerdo”. “Decidido muchachas, busquemos utensilios, un par de ramas para los azotes, algo para separarlo del tronco y que tengamos libre acceso a su polla, y a ver si encontramos algún recipiente para conseguir sus frutos”, concluyó Violeta. “Yo llevo en el coche vasos de plástico y una manta, la enrollamos y con eso tendremos más que suficiente para separarlo”, anunció Paula, “voy a por todo”.

Pasaron algunos minutos mientras yo escuchaba sus lejanas conversaciones salpicadas de risas, a la vez el ruido de los pasos de Paula hacia su coche, y sus puertas abrirse y cerrarse. Todos estos sonidos rompían el silencio acostumbrado de aquel lugar, silencio que volvería a envolverme, haciéndome suyo también, si es que las chicas decidían finalmente abandonarme allí, y aquello no era otra parte del juego que Violeta me estaba regalando. Sea como fuere, mi excitación aumentaba paulatinamente El calor que notaba, fruto de la excitación propia de la situación, y combinada con los dos güisquis que me hicieron beber, provocaba que alguna que otra gota de sudor resbalase por mi cuerpo, entregando una dulce caricia en el recorrido.

Paula llegó primero, me tomó la cabeza agarrándome del pelo hacia atrás y me ordenó: “Sepárate, saca el culo hacia afuera. Te voy a arrancar la polla, cabrón”. Intenté hacer lo que decía, y en esas encajó algo entre mi estómago y el tronco que impedía que me acercase a él. Seguidamente propinó un manotazo hacia abajo a mi polla, seco y contundente. No tardaron en llegar Violeta y Sonia, cosa que pude comprobar porque comenzaron a examinar sobre mi culo la multitud de ramas que habían encontrado, para decidir con cuáles de ellas se quedaban. Después de más de diez azotes, eligieron dos. Violeta preguntó: “Bien chicas, ¿cuál de las dos empieza a ordeñar a este potrillo? Yo prefiero azotarle”. “¡Yo quiero ser la última!”, exclamó Paula con una risa burlona. “Bien, me toca”, comentó Sonia agarrando mi polla firmemente. “Paula, ¿sujetas tú el vaso para que pueda concentrarme mejor en mis artes? No creo que este perro dure mucho, está totalmente empalmado y expulsando líquido”. “Ve lenta, Sonia, que podamos dejarle el culo como un tomate”, pidió Violeta. Y dicho esto Paula comenzó con una serie de movimientos suaves pero amplios hacia delante y hacia atrás, retorciéndomela, colocando su pulgar en la parte inferior de mi glande y acariciándolo, subiéndola, bajándola, llevándola a un lado y a otro. Violeta comenzó a azotarme el culo, las piernas, la parte baja de la espalda. A veces notaba dos azotes en el mismo lugar, otras veces los notaba cruzándose sobre mi cuerpo, y también de arriba hacia abajo. Cuando ya no podía más, y estaba a punto de lanzar mi fluido, preguntó Sonia: “¿Paro ahora? ¡Estamos a tiempo!”, y soltó mi polla de repente. Las risas de las tres chicas fueron estruendosas, me llegaban desde la parte derecha, desde la izquierda. Yo ya no podía gemir más, pero la mordaza achicaba dichos gemidos. De manera súbita, Sonia aferró duramente mi polla, le dio tres sacudidas bruscas hacia atrás, y entonces noté como todo mi cuerpo se salía a empujones por el pequeño agujero, mientras ella apretaba fuertemente la base de mi exultante miembro, y Violeta lanzaba una sarta de azotes un tanto especiales.

“¡Joder!”, exclamó Paula, “¡más de un dedo de semen en el vaso!”. “Ese se lo metes en la boca tú Sonia”, comentó Violeta. “¡Y sin descanso. Paula, comienza tu turno!”. Mientras Paula se colocaba, y comenzaba a jugar con mi polla aún erecta, propinándole sonoros manotazos, Sonia sacó la mordaza de mi boca, cogió mi cabeza por el pelo hacia atrás y me ordenó: “¡Abre tu boca, perro. Trágatelo todo!” “¡Abre la boca te han dicho!”, gritó Violeta mientras cruzaba mi culo con un fuerte azote. Inmediatamente accedí a la orden, y comencé a notar recorriendo mi lengua ese líquido espeso y caliente que unos segundos antes estaba pidiendo a gritos una rápida liberación. Mientras me lo tragaba todo, seguí sufriendo los golpes de Paula en mi polla, y los azotes variados de Violeta. Sonia acabó y colocó de nuevo la mordaza en su sitio mientras vociferaba, creo que ellas también empezaban a pasarlo realmente bien, y yo allí, tan humillado y expuesto, listo para ser ordeñado por segunda vez sin ningún intermedio, caliente, azotado y dolorido, y jadeando todavía por ese placer que no quería marcharse, me sentía completamente feliz.

“¡No la voy a dejar que se desinfle, chicas!”, anunció Paula. “¡Voy a arrancarle la polla a este perro!” Y comenzó a tirar fuertemente de mi polla, a empujarla fuertemente y soltarla hacia abajo, a pegarle con la mano en cualquier dirección, a apretarla, a estrujarla, con movimientos tan violentos e imprevistos que lograron que en un principio mi polla se asustase, y se relajara inoportunamente. Esto no gustó nada a Paula, qué pidió a Violeta que me azotase más fuerte. “¡Vamos cabrón, excítate, levanta tu pequeña polla! Como se te baje te la destrozo”. Entonces comencé a concentrarme de nuevo en la situación que estaba experimentando, a verme desde fuera para poder excitarme más, a verme a mí atado al árbol, siendo violado por aquellas dos desconocidas, azotado por mi querida amiga Violeta, y finalmente mi polla comenzó a renovar su ya más que acostumbrada dimensión durante aquella noche.

Pasados unos minutos, yo no sé de dónde pudo salir semen de nuevo, supongo que todos aquellos pensamientos y todo aquel entorno, elaboraron porfiadamente la última parte de lo que estaba siendo mi cena en aquel lugar. Cuando Paula inclinó de nuevo el vaso hacia mi boca, lo dejó un tiempo lo suficientemente grande como para que bajase todo mi esperma hacia su destino final. Después me ordenaron que lo lamiese hasta dejarlo completamente limpio. Finalmente ya no me colocaron de nuevo la mordaza, cosa que agradecí.

“Bueno, perro, quiero que agradezcas a tus tres amas todo el placer y el dolor que te han brindado esta noche”, me dijo Violeta. Entonces me quitó la venda que había evitado mi visión durante toda la velada. La luna aquella noche era amplia, y tal era su luz que al principio me molestó. Después Violeta, cogiéndome por el pelo, giró mi cabeza hasta encontrarme con el cuerpo físico de Sonia. “Esta es a partir de ahora tu Ama Sonia, mírala a los ojos, dale las gracias, y dile que puede utilizarte cuando ella quiera y para lo que quiera”. Tuve un instante para contemplar a Sonia, recordaba su preciosa cara de alguna ocasión en que tuvimos que coincidir. La ropa que llevaba le dibujaba una insinuante figura, así que no me costó nada dirigirme a ella, y ofrecerle mi deseo de ser suyo siempre que a ella se le antojase. Después Violeta me hizo mirar a Paula. A diferencia de Sonia, creo que aquella era la primera vez que nos encontrábamos. No era tan guapa como Sonia, pero tenía un cuerpo perfecto. Aún no he olvidado la imagen de Paula aquella noche ante mí, con aquellos jeans ajustados y sus botas de caña alta. También agradecí a Ama Paula su dedicación hacia mí, y le brindé mi deseo de ser suyo siempre que a ella se le antojase. Después hice lo propio con Ama Violeta. “Más te vale”, contestó, “tenemos varios vídeos y fotos de toda la noche, así que estás totalmente vendido, ¡esclavo!”.
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Antiguo 15/08/2011, 15:06   #8
 
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Predeterminado Mis ju(e)gos con Violeta (VI). Final de la serie.

De nuevo entre risas, me desearon suerte para aguantar toda la noche allí, desnudo y atado. Se mofaron de mi culo completamente rojo y marcado, y de mi polla ya relajada y escondida. Comentaron que esperaban que no hubiese muchos animales por los alrededores, ni nadie que buscase el mismo lugar que ellas para alguna otra aventura. Escuché cómo se subían al coche, y se iban.

Conforme fue pasando la noche, la incomodidad se hacía más palpable. Las cuerdas en mis pies comenzaban a molestar, mis brazos levantados y atados al tronco del árbol se empezaban a dormir, cosa que yo no podía hacer. Estaba demasiado alerta, me asusté por el comentario de que los animales u otras personas podrían aparecer por la zona. En otros momentos me olvidaba de todo, y volvía a repasar cada uno de los momentos acaecidos desde que Violeta me había llamado por teléfono pidiendo mi presencia en su casa. De esta manera mi polla también volvía a recordar y a alegrarse, y aunque no podía acercarla al tronco para rozármela, ya que habían dejado muy bien encajada la manta enrollada entre el tronco y mi cuerpo, me daba cuenta de que el deseo de vivir tales situaciones superaba por completo a todo lo demás.

No sé cuánto pasó, hacía bastante que había perdido la noción del tiempo, no sabía a qué hora habíamos abandonado la casa de Ama Violeta, ni cuánto tiempo habíamos pasado allí los cuatro. Yo estaba consiguiendo abandonarme finalmente a una especie de sueño ligero, había conseguido relajar mis músculos y mi mente lasciva. Pero de pronto comencé a escuchar a lo lejos un ruido de motor. No estaba amaneciendo, luego seguramente no era ninguna de mis amas a rescatarme. El ruido se hacía cada vez más cercano, y el miedo comenzó a afianzarse en mí de manera importante. Nunca había estado en una situación así, pero es más, en el estado en que yo me encontraba, poco o nada se podía hacer. El motor paró tras de mí, y unas luces enfocaron el lugar en el que yo estaba. Yo no podía girar mi cabeza demasiado, así que no podía ver quién había parado su coche tras de mí. Las luces alumbraron lo que a mí me pareció una eternidad, pero pudieron ser unos quince minutos. Quienquiera que fuese, estaba claro que estaba simplemente observándome. No pude evitar orinarme allí, aunque no era la primera vez que lo hacía, pero supuse que esa vez fue del miedo. Finalmente escuché unos tenues gemidos de hombre y de mujer que venían seguramente del coche. El motor arrancó de nuevo, las luces se movieron, y el ruido desapareció poco a poco.

Me volvió a invadir entonces una vigilia más acrecentada e incómoda que la de antes, y aunque empecé a escuchar ruidos probablemente donde no los había, el sueño me arrastró inexorable hacia otros mundos menos carnales.

Me despertaron un fuerte azote en el culo, y unas risas exacerbadas. Ama Violeta y Ama Sonia estaban allí, supongo que eran parte del rescate esperado. El día estaba ofreciendo sus primeras luces de manera muy tímida. “¿Qué tal perrito? ¿Cómo lo has pasado?”, preguntó Ama Violeta. “He pasado mucho miedo, amas”, conseguí decir. “¿Miedo?”, añadió Ama Sonia, mientras seguía azotando ligeramente mi culo. “Sí, ha venido un coche, ha estado aquí alguien iluminándome mientras follaba, se han corrido y se han vuelto a ir”, expliqué. “Ja, ja, ja, esa seguro que ha sido Paula, qué tía”, rió Ama Sonia.

“Bueno esclavo, Ama Sonia y yo hemos decidido regalarte una nueva azotaina a dúo, después vamos a atar tus manos a la parte de atrás del coche, y vamos a llevarte así paseando hasta que entremos en la ciudad, ¿qué te parece? ¡Agradécelo!”, pidió Ama Violeta. Después de agradecer personalmente las próximas dedicaciones de mis amas, éstas comenzaron a despertarme realmente mediante sus azotes. El despertar fue general, pero también en cierto modo particular. Mi polla comenzó también a saludar al nuevo día, cosa que ambas notaron. “¿Que tal ahora unas semanitas de abstinencia para este esclavo?”, preguntó Ama Sonia. “Perfecto”, subrayó Ama Violeta.

Después de recibir seguramente más de cien azotes, mis amas me desataron, y yo no pude sino caer inerte al suelo. “¡Vamos, perro, en pie!”, ordenó Ama Violeta. Ama Sonia me ofreció un vasito de agua, según dijo ella, para eliminar el sabor a semen de cerdo. Después, con una larga cuerda ataron mis manos a la parte de atrás del coche de Ama Violeta. Subieron, arrancaron, y la cuerda dio un pequeño tirón de mí, que me hizo avanzar por los caminos que la pasada noche me habían traído hasta aquel lugar.

La actitud de mis amas durante el trayecto fue jovial. Mientras Ama Violeta conducía, Ama Sonia me hacía fotos. Las dos se reían, aflojaban la marcha, luego aceleraban, paseaban alegremente a su esclavo desnudo y descalzo por caminos de tierra. “Perdona, se nos ha olvidado traerte calzado, ¿quieres ponerte mis zapatos? Ja, ja, ja”, gritó Ama Sonia.

Cuando se divisaba una carretera, mis amas pararon el coche, me volvieron a vendar los ojos y a colocarme una mordaza, abrieron el maletero, y me introdujeron dentro de él. Comenzaba el camino de vuelta a casa de Ama Violeta. Me sacaron en su garaje, me condujeron hasta el ascensor, haciendo de nuevo Ama Sonia de avanzadilla para comprobar que no nos encontrábamos con nadie, para llegar finalmente al piso de Ama Violeta. Una vez dentro, me desataron completamente, quitaron mi vendaje y mis mordaza, y Ama Violeta se dirigió hacia mí y me dijo: “Esclavo, lo primero prohibido tocarte, como haya alguna prueba de ello vas a pagar duramente las consecuencias. Son las siete de la mañana. Descansa tres horas, te levantas, comes algo, limpias a fondo salón, cocina y baño. Queremos también comida preparada en principio para tres hacia las tres de la tarde, te dejo algunas ideas sobre la mesa de la cocina. ¿Queda todo entendido?” Yo asentí. “Después de comer, volveremos de nuevo a hablar de ti”.

Dedicado a todos los seguidores de este foro, especialmente a las Amas.
ossimmush está desconectado   Responder Citando
Antiguo 15/08/2011, 16:49   #9
 
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Predeterminado

Muy bueno, me ha encantado. Una lástima que sea el final de la serie, que por lo que veo ha durado en el tiempo más que falcon crest jajajaj
Un saludo
perrigon está desconectado   Responder Citando
Antiguo 03/10/2011, 18:41   #10
 
Rol: sumiso
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Mensajes: 82
Predeterminado

Gracias perrigon. No te preocupes, intentaré que vengan otras, ¡¡¡y con capítulos más seguidos!!! Pero tienes toda la razón, no me podría ganar el sueldo como guionista... Saludos.
ossimmush está desconectado   Responder Citando
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