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hazlo sano... hazlo seguro... hazlo consensuado |
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| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Apr 2006
Mensajes: 2.139
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El aire se palpaba y olía tan puro como en una liturgia otoñal con suelo alfombrado de húmedas hojas caídas, en colores tonalidades y matices opacos, dispersas o aglomeradas, en posiciones aisladas o grupos de diferentes dimensiones desde el rojizo ocre al verde pardo, del teja al amarillo dorado, del gris al moteado blanco o el verde apagado de los musgos al blanco cremoso de los pequeños hongos que sobresalían entre ramas sin vida, umbrías serenas al abrigo de rocas y troncos dormidos, donde se cobijaban innumerables insectos entre restos de cercas junto a bordes de fugaces, vivos y cristalinos riachuelos a veces entrecortados por pequeñas cascadas y diques naturales con muros de maleza creando múltiples cadencias, sonidos ritmo y notas acompasadas de forma mágica en su frágil realidad siguiendo una melodía eterna de marcada sumisión en relajación. . Ella, blanca con el hocico olisqueando la tierra húmeda, la hierba de incipiente textura a veces elevando su tez de forma briosa u otras veces parsimoniosas como la serenidad misma: ojos brillantes y una marca estrella de nacimiento perpendicular, alargada y paralela a sus ojos, casi en orden de un eje de simetría en gris igual a una pincelada aguada extendida en forma de llamarada estrecha, alargada que se extendía desde el centro de sus arcos en sus sienes al mismo hocico limpio y húmedo como el de yegua que era olisqueando suelos frescos, charcos y humedades vegetales. . No presentía peligro e iba botando nuevos pasos como un trote o movimiento elegante según sorteaba pequeños obstáculos hasta que llegar al borde de la ladera y regresaba hasta donde serpenteaba un riachuelo mayor donde iban a confluir el resto de las vertientes al tomar las pendientes que lo hacía crecer en dirección a las tierras bajas, Sun contorno y la belleza de su alzada eran espectaculares. Volvió a otear su alrededor y de lejos vio su manada al galope pero no se preocupó, sabia que era un movimiento particularmente de practicas y organización ya que no se sentía preocupación en sus alineamientos ni formas de huir de un peligro. El la miraba de reojo, aparentemente tranquilo también, hacía como que no la veía, pero la miraba y miraba si su estado podría advertir estro de celo, si su virilidad estaba ante la oportunidad de demostrar su poder y su fuerza, si su role en la naturaleza estaba posibilitado para su habilidad en la cópula. Sin embargo estaba tranquilo y solo le intranquilizaba la cercanía de otro joven macho, que aunque no la había visto si advertía un serio peligro en sus intenciones. Trató de hacerse notar moviendo fuertemente su cuello en círculos helicoidales sus crines aparentaban un aspecto regio a la vez que emitiendo suaves pero crecientes relinchos mientras su cuerpo había empezado a experimentar su propia transformación en su propio deseo.. Entonces ella lo vio. - Veo que le gusta escribir, lleva rato ausente, - No es eso, me distrae a la hora de tomar alguna iniciativa o decisión. - Entonces siga, creo que vamos a necesitar esa iniciativa, hoy tienen información que nos puede hacer mucho daño. Aun no había oteado el peligro que se acercaba: empecé a dibujar la silueta de una yegua y la imagine tomando vida. Sonó el teléfono, cerré la carpeta, ajuste el nudo de mi corbata y me dirigí de nuevo a la sala de juntas. Ella siguió observándolo, El cada vez la deseaba más con mayores vibraciones. Sus venas y arterias descubrían los latidos que forzaban su virilidad, se hacía notoria esa necesidad desde su testa, desde su copete hasta sus cascos sin herrar. Sea_Lord Última edición por Sea_Lord; 30/10/2007 a las 22:02 |
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| | #12 |
| Rol: Dominante Sexo: Mujer Ubicación: Entre Guadalajara y Madrid Fecha de Ingreso: Oct 2006
Mensajes: 538
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UUUFFFFFFFF Sea Lord Impaciente me quedo para leer la continuacion. No me haga esperar demasiado, por favor. Saludos AmaAzu (con sumi_pe convaleciente a sus pies). |
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| | #13 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Apr 2006
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Increíblemente malo fue aquel día en el que mejor no hubiese amanecido ni sonado el despertador. Ella se había convertido en el peor y mas despiadado enemigo atacante usando toda su información y quizás deducciones o conclusiones de conversaciones que habíamos mantenido de forma desinhibida en momentos de asueto y relajación. En aquella reunión, no había ni reparos, ni escrúpulos ni los más mínimos principios de la más básica ética, llegándose a utilizar las palabras fuera del argot mas barriobajero y de chusma que podían escucharse en las tabernas de los muelles bajos o en las fondas de los camioneros. Golpes sobre la mesa, sonrisas burlonas y hasta insultos a los que luego se pedían disculpas para lanzar otro mayor en una dinámica imparable y sin sentido a medida que avanzaba la reunión. Parecía que el orden había desparecido y opte por conservar la calma, observar y no intervenir como si aquello no fuese conmigo, mirando a mis compañeros y contrarios mas como en una vieja placa en blanco y negro que perdía la fuerza de las sales de plata, con las sombras de aquellos personajes en sus comentarios sin sentido, preguntas, respuestas, ataques, defensas y formas de locos embestidos por una histeria colectiva salpicada de incongruencias y fórmulas maquiavélicas. Un día perdido, pensé al salir cuando recibí una llamada y vi en la pantalla de mi móvil un número familiar en mi memoria. Opté la primera y segunda vez por no contestar y a la tercera por contestar de mala gana – Hoy no quiero saber nada de nadie! A la cuarta llamada opté por desconectar el teléfono y al llegar a casa también desconectar el fijo, no deseaba otra cosa sino descansar. darme un baño y tomar algún analgésico: tomé un sedante suave y descubrí sobresaltado dos horas después como la bañera rebosaba la parte de agua que el desagüe no eliminaba al haber dejado abierto todos los grifos ciego de aturdimiento con el que había llegado un par de horas antes a mi apartamento. Puse, tras secar el suelo, a hervir algo de pastas y derretí una porción de mantequilla sobre ellas, al alcanzar su punto al dente y esparcirlas humeante sobre un plato ovalado; luego molí algo de pimienta y esparciéndola encendí el televisor que vivía mas tiempo apagado que encendido mientras observaba las noticias en un canal local. Descubrí que aun mantenía en mí el cierto estado crítico y agresivo que me había dominado unas horas antes, entonces decidí apagarlo y buscar hacer alguna otra cosa que me relajara, no estaba sobresaltado pero si algo descontento con mi trabajo y el día que se terminaba temiendo ver empezar otra absurda batalla campal sin sentido al siguiente día. Recordé una hoja que tenía doblada en un bolsillo de mi chaqueta y releí lo que había manuscrito en la mañana unos instantes antes de empezar la reunión. Ella lo vio acercarse. Al principio su Estro la mantenía pacífica pero sucedió que un pequeño lagarto corría entre la maleza en dirección a una roca semienterrada justo al otro lado de donde se encontraba, Su estado de excitación la puso nerviosa y el aceleramiento de los pasos del semental que la observaba la pusieron en alerta. El se dio cuenta y frenó su andadura descelerando sus pasos cuando de repente observo en su flanco derecho como el otro caballo había adelantado su posición inicial, que estaba bastante mas atras. Sin aparente aviso lo embistió y se inició una pequeña lucha. El otro no atacaba solo se defendía y buscaba retroceder hasta ponerse fuera del alcance del atacante y sin embargo por la fuerza de la acometida saltaban astillas, polvo y tierra por doquier. Pronto el semental blanco se vio solo, vencedor y agotado, ella se había alejado varios pasos más sin inmutarse en aquella lucha, quizás hasta tuvo la ocasión de calibrar mejor la posible herencia de su posible próxima descendencia, y la potencia de quien la cortejaba. El comenzó a resoplar con gesto altivo y a la vez cansado se lamía los costados hasta donde su hocico alcanzaba estirarse. La fuerza de la lucha había distraído su virilidad por unos instantes pero no la perdía de vista. Ella continuo olisqueando el suelo húmedo siempre mostrando su impúdica parte, con su vulva doblada en espejeo, mientras el cavilaba si recuperarse o esperar un tanto para iniciar el acercamiento. Entonces apareció otra sombra mayor que un lagarto, quizás un perro o un jabato por su dimensión; ella dio un giro de ciento ochenta grados para no tropezar con aquel animal pero el animal feroz hizo ademán de atacarla, seguramente, se trataba de una rata de enormes proporciones. Sin saber como el semental inició un trote acercándose al galope y lanzándose contra el animal que tenía acongojada a su dama. Ella huía despavorida El pequeño animal a ver acercarse la nube de polvo y piedrecillas que saltaban centelleantes como metralla salió también a toda prisa escurriéndose entre la maleza y perdiéndose colina bajo en dirección al riachuelo mayor mientras caía por las pendientes y corría mas aun alejandose del lugar. El siguió a la yegua, acelero sin control sus movimientos, resoplaba y su estampa parecía la de un caballo al borde de tomar la última curva final fustigada por su jinete. Ella lo vio venir y viendo tanto estrépito empezó a corretear en semicírculos de cada vez mayor diámetro. El frenó en seco frente a ella mirando sus ojos directamente a los otros ojos. No hubo alarido, cuando ella tropezó con un alambre de espino y fue a parar de bruces al suelo arrodillandose sin quererlo, con las patas delanteras dobadas para no caer de lado debido al a perdida de su punto de equilibrio. No podía moverse, se había dañado la pata anterior derecha, el dolor la hacia gemir con fuerza, sangraba su herida y sus ojos se inundaron de lágrimas. El corrió y de forma cauta comenzó un lento giro para que tomase confianza y no le viese como un enemigo. Cuando llegó a ella, ella lo miró y su mirada de dolor llegó al interior del semental. A pesar de mostrar su miembro en erección oteaba el espacio que el rodeaba con el hocico en la máxima posición que alcanzaba y trato de con sus pezuñas y cascos mover el sem. poste que sostenía el espino. Ella gimió más fuerte porque aun se le clavaba más. El se giró y comenzó lamerle el cuello. Respiraba con dificultad sus propios latidos la ahogaban de dolor. El seguía oteando y oliendo su horizonte, entonces sintió el olor de la manada, la lamió en la cara cuando ella parecía haber perdió el conocimiento comenzó un movimiento endiablado sorteando toda clase de obstáculos en busca de ayuda. De repente vi. que era casi las dos de la madrugada, uní el folio al anterior y aunque no hacía frío coloque una almohada sobre el cabezal del sofá y me cubrí con un edredón, trate de conciliar el sueño. A aproximadamente un kilómetro encontró la manada pastando, fue directamente hacia el macho dominante y comenzó a relinchar y ejecutar una serie de movimientos aparentemente violentos corriendo de un lado a otro, Entonces giró su posición y comenzó a correr en dirección a la herida. El macho domínate salió tras él al galope y tras el la yegua del macho dominante, poco apoco en forma de una estrecha ala delta todos corrían tras ellos. Quizás sabían comunicarse de lo que estaba pasando casi mejor de lo que nos entendamos los humanos. Sea_Lord Última edición por Sea_Lord; 04/11/2007 a las 19:54 |
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| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Apr 2006
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Quizás sabían comunicarse de lo que estaba pasando casi mejor de lo que nos entendamos los humanos. Quizás sabían comunicarse de lo que estaba pasando casi mejor de lo que nos entendamos los humanos, repiqueteaba en mi mente dando vueltas en la cama sin poder dormir. Vi la pared y la otra pared y el techo, las sombras y las mínimas luces reales e irreales o quizas el conocimiento de saber la ubicuidad de cada cosa, veía los contrastes en la misma oscuridad y escuchaba la oscilación de un reloj eléctrico que no debería sonar porque no emitía sonido. Decidí encender un poco la luz y segur escribiendo, prepare un te con fondo de ciruelas secas y dejé caer algo de anís en el mientras burbujeaba y el vapor aromatizaba el aire. Eran las tres y quince de la madrugada. Ella yacía mal herida cuando aun debilitada alzó, haciendo un esfuerzo sobreanimal la cabeza y vio acercarse una nube en forma de polvareda a ras de tierra en su dirección con fuerte olor equino ya que el viento soplaba en su favor. Su mirada estaba debilitada y no podía distinguir bien las cosas de forma individual aunque si el todo en una puntillista concurso de imágenes, cegadas en su dolor, palpitaciones y pierna fuertemente herida cada vez cediéndose en un extenso charco de sangre. Algunas moscas habían empezado a acudir al festín y ella las espantaba a duras penas. Esperé que el té se enfriase al punto de no abrasar mi paladar. Descubrí que había dejado la nevera semiabierta y cruce la cocina para cerrarla y volví a sentarme. Eran las cuatro de la madrugada. Empecé a preocuparme de no estar lo suficientemente despejado al día siguiente o ese mismo día lo que era tácitamente lo mismo. Traté de evadirme y seguí escribiendo. El té estaba en su punto. Sin saberse como el macho dominante y él unidos en causa común arremetieron en coses y empujones contra el poste que sujetaba el alambra de espino, una y otra vez sin cesar hasta derribarlo, cuando entonces otros equinos del grupo por deducción lógica equina tiraron en dirección contraria a la herida del alambre y el poste liberando a la yegua del espacio que fuertemente la herida dentro de la carne, entonces ella totalmente coja intento levantarse y dar tres débiles pasos con la pata recogida pero cayó yerta a unos pocos metros de allí. El grupo principal de la manada se alejo unas decenas de metros y organizando sus guardias la dejaron descansar sin saber si vería el amanecer. La acompañaban por turnos el, el dominante y la compañera del dominante, de repente se escuchó el aullar de los lobos. No parecían estar a una gran distancia de allí. Me di cuenta que había dormido en el sofá cuando a las seis y media casi me tiró el despertador al suelo. Corrí en dirección a la ducha, me di cuenta que no había planchado una blusa, aquel trabajo había comenzado a absorberme totalmente y a hacerme perder parte de mi identidad, de mi forma de hacer las cosas e incluso en cosas domesticas que a pesar de aparentar carecer de importancia inclinan la balanza de la comodidad y la autoestima en cualquier personaje si desea vivir en soledad. El olor a los lobos parecía acercarse, y sus aullidos aunque lejanos no eran sino una estratagema para avisar desde las posiciones mas altas lo que se divisaba desde dichas atalayas. El olor ala sangre vertida avisaba de un posible festín. El mismo salio a dar un rodeo alrededor del grupo, vio sombras y relincho con fuerza, parecía echar chispas cuando se aderezaba sobre sus patas traseras mostrando una altura superior a dos metros y medios, el pecho parecía la coraza de un guerrero a punto de arremeter contra un enemigo poderoso, pronto diviso mas de siete u ocho sombras deslizarse. Regreso al grupo y volvió con mas en una ancha franja defensiva. El sonido de los equinos hizo replegarse aquellas sombras por minutos el aullido sin embargo no cesaba. Iba a ser una larga noche, ella dormía y la fiebre la hacía delirar, soñaba con caballos muertos por doquier, de vez en cuando la hembra dominante oteaba el horizonte y observaba si los machos ocupaban sus líneas defensivas en el resto de la manada unos dormitaban y otros esperaban el asalto de la jauría en un semi sueño que les permitiría ponerse en linea de combate en solo unos segundos. Creí que me había vuelto loco, porque aun ya con la ropa puesta, acicalado y habiendo querido pensar que me daría tiempo de desayunar en la cafetería del edificio me había sentado a escribir y por la claridad no era difícil de comprender que ya eran las ocho, justo la hora de iniciar las reuniones de ese día.. Llamé por el móvil, al encenderlo vi seis mensajes y no miré la procedencia, advertí que si querían podían empezar, no había pasado una buena noche y ya me sentía mejor. Que incluso hasta iría en metro por seguridad y esas patrañas que todos nos inventamos para llegar tarde a cualquier compromiso al que deseamos llegar tarde o nunca. Cuando legue, nadie se inmuto de mi llegada, las mismas voces. Tomé asiento en el lado mas ajeno a la reunión, en el extremo mas lejano donde se dirimían las cuestiones con mayor agresividad, cuando de repente me alcanzó un rayo de luz: en un claro juego destructivo comencé como si fuese arbitro y no parte a inquirir a las dos partes. En principio no tenía ninguna intención de emitir una conclusión que claramente debía favorecernos, pero el nuevo estilo empleado dejo fuera de situación a los personajes que desde hacía días habían convertido en suyos sus argumentos mas que defender posturas de equipo. Mi conclusión fue! – No queréis ir a juicio? – Pues vamos a juicio. Yo lo digo por todos! Que decidan los jueces! Aquella intervención causo el efecto de un fuerte martillazo sobre la mesa. Fue tal el silencio que se decidió hacer un break de una hora. Todos estaban desconcertados y sin saber por donde seguir. Quizas habían convertido de aquellos debates un modus vivendi, una adicción o la incapacidad de abandonar un reto sin soluciones de forma paranoide. Empecé a darle gracias a aquella desconocida yegua y descubrí que cada vez era una imagen mas alejada de ella. Lo notó y lo supe cuando me preguntó. - Tienes alguna relación con alguna mujer que yo no sepa? - No, que yo sepa, no. - Te noto muy distante desde hace unas semanas. - Y para eso tiene que haber otra mujer? Me reí, mas bien sonreí, de repente me vino a la cabeza la imagen de la yegua malherida y comencé a pensar en tomar las notas para revisar posteriormente su redacción. Aquel animal herido, aquella hembra, real o irreal empezaba a acaparar mi atención y no me importaba que fuese un montaje de mi propia imaginación. Me ayudaba a encontrarme conmigo mismo. El presidente del consejo de administración me felicitó, y me preguntó. -Genial estrategia, no se me hubiese ocurrido ni a mi mismo su intervención, ahora que ya sabemos más de ellos que nosotros de nosotros mimos. - Por donde seguimos ahora? - Dejemos unos días en stand by contesté, además eso les hará pensar, creo que no iré por la oficina en un par de días pero podrá conectar conmigo por la red o por teléfono en cualquier momento. - Podemos aclarar o compartir cualquier incidencia. El me lo agradeció, también tenía el semblante preocupado desde hacía días, me extraño la pronta atención que me había prestado a pesar de estar a años luz de su posición. Salí de allí y al pasar por unos grandes almacenes vi u libro de ilustraciones y fotografías sobre equinos. Recuero que compre algunos tubos de acuarelle y un block de lienzos para apuntes. Tenia lápices y pinceles olvidados, gomas y ceras, compre algo para comer y no tener que salir y decidí no salir en un par de días. Vi de nuevo un numero de telefono y decidí de nuevo no contestar. Me pareció una falta de respeto hacerlo, pero justo hice lo que deseaba hacer. Me alegue haber hecho el viaje de regreso en metro. En la última salida tome un taxi vivía a dos kilómetros de la ciudad los árboles que hacían hileras a los lados de la carretera me parecieron hermosos, las casas ajardinadas de los lados me parecieron geniales, algo había en mi que me gustaba ese día, había poco tráfico, deseé llegar a casa aunque no me esperase nadie tenía ganas de estar solo, totalmente solo. Los lobos aparentemente habían crecido en número, las hembras protegía o intentaban que los potros no se moviesen del centro de la manada, el macho dominante, él y otro caballo de fuertes condiciones físicas hicieron una avanzadilla con embestida hacía la zona donde mas probablemente se iniciaría un ataque, de pronto se escuchó el sonido de lobos por la retaguardia. Estaban intentando romper ese flanco y atacar a un potro que se sentía seguro unos minutos antes, dos defensas de esa zona saltaron inmediatamente contra uno de los invasores con un fuerte golpe de cascos sin orden y en ataque puso al asaltante malherido en huida, el resto de ls lobos de ese flanco fueron replegándose progresivamente. Ella dormía ausente aquel asalto, él iba y venía de los frentes a ella y de ella a los frentes. Se esperaba su mejoría para desplazar la manada a una posición más segura, el macho dominante no quería perder efectivos, su autoridad estaba siempre en orden a su relación de su fuerza y su sabiduría. Los humanos cada vez entendemos menos de ello. Ella llamaba sin cesar, nadie contestaba: quería saber quien era su contricante. Sea_Lord |
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| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Apr 2006
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Escuchando música de Bocherini recordaba y reflexionaba cuando y como la conocí, y como sin decidirlo los seres humanos entrelazamos nuestros destinos sin apercibirnos de ellos tan solo con cruzarnos en algun momento de la vida. Recuerdo la ingenuidad, la juventud y aquel campus universitario una década atrás, en dinámicas alocadas de grupos, movilizaciones y fiestas interspectivas. Y recuerdo aquel día cuando una compañera de facultad me la presentó en el comedor de visita porque cursaba carrera en el mismo distrito pero en distinta facultad. Aunque al principio no reparé en ella su personalidad comenzó a formar parte en las imagenes de mis experiencias vitales muy a favor y pesar mío. Realmente sí pienso que reparé en ella desde ese momento, en contra de mi mismo pero mas bien por su físico de abultadas proporciones seductoras y el aspecto tan ceñido como ajustado de sus ropa siempre con botas altas, a veces sombrero aun que la situación no fuese la adecuada para usarlo. Apenas se concentraba en ninguna conversación seria dando la impresión de altivez o estar por encima de todos los que hablaban pasando el tiempo entre risas, disminuyendo el interés de los demás o tratando de controlar las ondas electro magnéticas de todas las personas de su entorno como un radar enfocando fijamente en los chicos de mas esbeltas cualidades físicas o aparentemente de mayor condición social en función de su vestimenta, accesorios o forma de expresarse. Su conversación oportunista era tan simple como sencilla ribeteada de palabras evocadas de un diccionario para aparentar un cierto nivel cultural pero tan insustancial como alegre y sin significado dando la impresión de una euforia continuada por lo que su sonrisa, sus formas y ademanes despectivos al moverse o gesticular provocaban los objetivos que imaginaba buscaba provocar. Sus movimientos de caderas o manos no solo hacían fijar la mirada de los chicos sino que a las mismas chicas tampoco les pasaba inadvertidas por su sensualidad o por sus proporciones algo más sobrecargadas que los tipos clásicos de la belleza femenina habitual. Así la conocí: Las primeras veces con un aire superior y aparentemente incapaz de mantenerse en una conversación constructiva incapaz de emitir un suspiro o desmotivarse con cierta familiaridad evocando un absurdo triunfalismo o nombrar y aludiendo a su conocidos y allegados famosos para demostrar una superioridad aplastante frente al grupo que le tocaba aplaudir el día que acudía allí aunque para decir la verdad no se dejaba ver a menudo por la cafetería de nuestro edificio. La imaginaba de la misma manera de facultad en facultad usando la misma estrategia y las mismas combinaciones de comportamiento preestablecido e su conducta social. Su aire de triunfadora o de aparente inteligencia femenina llamaba la atención aunque también daba una inequivocable sensación de ser ave de paso de todas partes buscando encontrar líderes de las manadas para figurar o despellejar tácitamente de envidia a todos o todas sus adversarias dentro fuera del grupo donde se ubicase provisionalmente. Las mujeres la admiraban y los hombres la deseaban intensamente aunque fuese por una noche, despertaba sus pasiones por sus curvas y ademanes , su vestimenta, su mirada provocativa y su paso fuertemente impregnado de cadencias y movimientos sexualmente seductores en cualquier ángulo que se moviese. . Y meditaba así cuando a la luz baja pero de justa luminosidad sobre una mesa camilla con los pies cruzados y pantalones cortos por vestimenta escribía y corregía mis notas manuscritas pasándolas con dificultad a mi portátil en posición incómoda al borde del desequilibrio o de la caída fortuita del aparato con sus cables enredados y yo conciente de ello. Disfrutaba del juego de escribir sin la ambición de ser escritor, de ir repasando vez tras vez mis apuntes corrigiendo errores, modificando la ligüística con la que me iba expresando sin tomar ningun modelo preconcebido, sino tan solo tratando encontrar la esencia de lo que quería llegar a expresar saboreando cada instante como un best seller que de forma comercial disfruta de sus ventas o como yo lo disfrutaba expresándome a mi mismo mis propias experiencias o emociones personales para conocer mi identidad en todos sus rincones y así escribiendo lo que escribía también conseguía evadirme o rectificar su influencia sobre mi, como si de una terapia Gestalt se tratara o un psicodrama con un solo espectador obligándome a responderme mis propias preguntas y dudas o el porque esa fantasía tan repetida en medio de la noche justo antes de clarear cuando amanecía soñaba correr desnudo hasta el agotamiento y el éxtasis por la orilla de la costa mientras una preciosa yegua albina cabalgaba junto a mi. escuchando su forzada respiración equina, oliendo el fuerte aire salino que desprendía las mareas que se retiraban y viendo un centenar de huella de pies humanos y cascos medida que avanzábamos en nuestra onírica carrera, cercanos a bandadas de gaviotas que se elevaban en vuelo ante nuestro rápido acercamiento. Mientras ella convalecía, el macho que la cortejaba y del que narraba mis notas mantenía relaciones y copulaba con una segunda y una tercera yegua pero raramente dejaba pasar tiempo sin acercarse donde ella se mantenía echada y donde la herida trataba de dar incipientes pasos a cojas o intentado enderezar la pata herida notándose en su mirada un fuerte dolor en la herida que le arrancaba el alma tras su fatal accidente. La vida de la manada no había cambiado excesivamente a causa del inoportuno y obligado sedentarismo ya que aun tardarían acercarse las estaciones frías y los pastos n o habían sido arrasados a la totalidad por los herbívoros que se alimentaban de aquellos parajes y la abundancia de agua que fluí camino de las partes bajas de la comarca camino de un lejano mar insospechado. El Jefe a menudo se alejaba de la manada seguido de dos esbeltos generales para controlar el peligro en su territorio, a veces el los acompañaba y avanzaban mas de lo normal para ver los futuros territorios donde se dirigían en el cambio de estación, año tras año, generación tras generación cuando los pastos se empobrecían y las tierras mas altas ofrecían mejores condiciones alimenticias siempre seguidos de cerca por lobos en búsqueda de potros rezagados. Esta vez decidí contestarle, no me parecía mala idea mas descansado charlar con ella, hablé sin tono interesado proponiendo algun lugar italiano para cenar, sin prisas, sin mayor convicción de ningun suceso extraordinario. Sin deseos de incitar una situación de excitación mas allá de la simple conversación. Por mi mente pasaba desde hacía unos días pedir mi dimisión y cambiar de ciudad aunque fuese allí un totalmente desconocido, pero realmente pensaba en una ciudad lejana e incluso totalmente distinta ala que habitaba y trabajaba. Nuevas amistades y el reto de afrontar nuevas situaciones. Elaboraba un plan de enfermedad familiar, madre anciana que no tenía o la mejor mentira que no se me sancionase mi última paga sin derecho eficaz a reclamarla en un lugar lejano y sin deseos de regresar a la ciudad, al edificio donde se negociaba una disólución empresarial de eternas negociaciones donde ya no me sentía protagonista y había dado de mi todo lo que sabía a pesar de lelvar tan solo un par de meses en la empresa. Aparte que quería apartarla definitivamente de mi vida. Sea_Lord Última edición por Sea_Lord; 11/11/2007 a las 00:37 |
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| | #16 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Ubicación: Argentina Fecha de Ingreso: Oct 2006
Mensajes: 804
| Sea_Lord..., tienes al describir a tu yegua y a la relación que a ella te une , la minuciosidad del hombre que queda eterna y apasionadamente ligado a su objeto de deseo.... Te dejo un beso Rita |
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| | #17 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Ubicación: Buenos Aires-Argentina Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 1.882
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Y a mí me tiene muy intrigada cómo es que las conoces tanto.. Me encanta eso.. Te dejo una pintura a cambio de que sigas escribiendo sobre ellas.. Y un beso.. Karla.. |
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| | #18 |
| Rol: Dominante Sexo: Mujer Ubicación: Entre Guadalajara y Madrid Fecha de Ingreso: Oct 2006
Mensajes: 538
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Me uno a la peticion Sea Lord. Por favor por favor, concentrese y digame que pasa tanto con la yegua moribunda como con las negociaciones de empresa. Es mucho tiempo esperando ya. Saludos AmaAzu y sumi_pé |
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| | #19 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Apr 2006
Mensajes: 2.139
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Llegue a la puerta del ascensor. Secretamente la llame para mi fiesta de despedida: Ella no sabía que me trasladaría de ciudad. A mi personalmente no me importaban las referencias o recomendaciones y menos las posibles monsergas que se me avecinaban. Y como ya había ocurrido en alguna otra ocasión no me importaba empezar de cero. Soy austero y no me preocupa el porvenir garantizado en mínimos por algunos fondos de pensiones que escrupulosamente siempre he tenido al día. Monté aquella cena con una dedicación de casi tres días ingeniando posibles efectos sorprendentes. Solo le advertí y pedí que fuese atractiva y sexy, que quizas saldríamos por ahí y que quería salir esa noche con una yegua ejemplar. El olor de su perfume al abrirse el ascensor, era el que mas me gustaba, intenso, fresco y con cierta tendencia a incienso. Se presentó hermosa, con un escote amplio sin ningun tipo de tiras los hombros compuesto de una fina bisutería negra brillante, entretejidas con hilos dorados que apenas se apercibían pero que le daba un porte de zorra de alto standing: Un top hasta media cadera muy elegante terminado en un tejido también negro altamente traslucido donde se presentía las líneas de su ombligo, curva y nacimiento de su pélvis. Su pelo suelto y brillante y el collar de eslabones planos metálicos realzaban su cuello altivo. Sobre la cadera y formando en la misma pieza del top un caído y transparente tejido en forma de falda ajustada negra con una hermosa abertura en uno de los lados. Aros de plata en las lóbulos, maquillada sutilmente como de fiesta, tonos suaves trabajados quizas en un salón de belleza, finas medias posiblemente patíes y un calzado de puntaron tacones altos que hacían crecer su figura hacia la esbeltez provocadora de una sirena barriobajera ascendida a una elite en la que se encontraba a gusto. Estaba intrigada, cuando entró y no vio mesa alguna con cena, con un salón creado en ambiente de claroscuro con solo unos focos de fondo, música tenue y yo vestido para la ocasión pero con tejanos y camisa cerrada que había comprado unos días antes en una tienda con selección de tejidos indígenas y un jersey sobre los hombros. Acicalado, perfumado y arreglado para la ocasión con minuciosidad, en mi propio terreno muy seguro de mi mismo. - Pensé que cenaríamos aquí, comentó. - Claro que cenaremos aquí pero antes te quiero dar un pequeño regalo. Y así le señalé la extensión del salón. Había justo en el medio algo que tapaba una manta y le dije: - Tira de ella! Cuando cedió el tejido, sobre una mesa estrecha una silla de montar aparecía en el medio y sobre la alfombra que había debajo, dos fustas y un látigo. Ella casi susurró: - Menos mal: pensé que te habías vuelto mariquita o pajero por un tiempo, ya empezaba a sospecharlo y espero haberme equivocado. Procuré no hacer caso a su comentario y distraje la conversación hacía otros temas menos los laborales.. - Tomamos algo? - Lo que quieras, me contestó. Prepare un ron añejo con lima para ella y otro para mí. - De que hablamos?, dijo ella. - Bueno la verdad, dije entrecortado y balbuceando: como si no fuera capaz, como si no quisiera llegar, como si no quisiera seguir. Como si no quisiera atreverme. - La verdad es que te quiero dar una noticia muy importante y celebrarlo de cierta manera. Pero esperare hasta la media noche para decírtelo. - Hasta la media noche de cuando? porque como buen despistado no habrás reparado que la media noche paso hace quince minutos: Comentó. A lo que añadí - La noche no ha hecho sino empezar, hasta hoy has llevado tu la iniciativa, hoy intentaré llevarla yo, no te parece? Me dejaras intentarlo a menos? Ella sonrió pero por primera vez su sonrisa no era tan segura como la de la que solía hacer gala constantemente.: La presentí creyéndome incapaz de tomarla, de evitarla, pero el ambiente que se respiraba allí no la tenía esta vez totalmente convencida, de que estuviese totalmente segura que llevase el control esa vez, comenzó a gesticular de forma disimulada en aires neuróticos: Se puso nerviosa, algo arisca y se alejó unos pasos. - Juguemos por pasos, dije. - Hoy te doy el triunfo: Añadió ella, tirando un farol que creía poseer en sus manos. - Ya es hora de que alguna vez lo tuvieras o lo intentaras: quizas es que te lo doy yo, eso nunca lo olvides: Agregó. Y no lo dijo con un semblante para increparme sino con un aire de cierta inseguridad, dulzura y deseo al que yo había contenido o intentado forjar desde hacia algunas semanas mostrándome desinteresado. Aunque quizas las sorpresa de esa noche me podían salir muy caras. - Siempre puedes marcharte y no saber lo que te iba a decir: Dije. Entonces noté que aparentemente había tocado una de sus fibras con éxito, había tocado la curiosidad femenina en el lado mas hondo. Mi seguridad y mi soltura me permitían actuar así, se trataba de una despedida y si las cosas salían como había previsto una despedida a lo grande. Conociéndola, cual reacción impensable e imprevisible excitaban y me hacían hasta sentir el placer de tener hasta tener un poco de miedo de lo que ocurriese. No se provocar una reacción en cadena y salir ileso. Pensé, pero me gustaba la situación. Alguien tocó: Abrí la puerta y pregunto por mi una mujer ataviada en líneas modernas de acento fuertemente extranjero. Morena, con clase, vestida con un traje de chaqueta y pantalón y un corpiño ajustado de encaje. - No, nos e ha equivocado añadí. Ella se puso en guardia de inmediato, la observé y la note nerviosa tratando de zafarse de la situación, intentando saber si tomaba sus cosas y se marchaba o intentando preguntarme que hacía aquella mujer allí cuando invite a entrar a la extraña... Y luego a sentarse cómodamente en el sofá, preguntando cosas banales e ignorándola en temas como si había sido fácil encontrar la dirección o que tiempo hacía afuera. Ella, cada vez se ponía más nerviosa, alterada, pero sabia que la estaba retando. - Puedo sentarme?: Preguntó, a lo que le añadí: - No tu no! - por primera vez en mi vida descubrí que la había tocado totalmente, la velada se presentía larga, sin saber como terminaría y su reacción cuando le dijese que me marchaba lejos y la olvidaría.. El apartamento olía a pura electricidad, los esquemas se presentían rotos, la sorpresa de lo sorprendente. Tensar a la yegua. Hasta que límite? Sinceramente esperaba el resultado mas fatal pero previsible, como así ocurrió. Sea_Lord Última edición por Sea_Lord; 20/11/2007 a las 12:04 |
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No soy caótico en mis pensamientos, aunque proceden mis recuerdos en varios impulsos paralelos luchando a la vez por emerger sin orden cronológico, aunque si en el significado del momento y en el momento que regresa a nuestros pensamientos nuestros propios pensamientos anteriores. Y no pude recordar la escena anterior sin recordar primero el fin, o mas bien el final del cúmulo de escenas que hubieron quizas aunque excitantes, de menor importancia o no con policías tocando en la puerta y los vecinos en pijama en las escaleras de mi vivienda. El concepto equino de estampida paraecía haber pasado por todo mi apartamento, enese desorden ordenado que se produce cuando un detonante actúa sobre una presa al borde del reboso y arrasa la paz y el silencio natural de las altas horas de la madrugada, rompiendo moldes y todo lo que se ponga a paso de una riada furiosa. Y aun no se como fui capaz de hacer lo que hice, sabiendo que lo mas probable era que ocurriría lo ocurrido. Un apartamento destrozado con cristales rotos, la furia de una mujer burlada desatada por los cuatro costados fuera de toda contención y cordura. Los cuadros con imágenes equinas sesgados a cuchillo y yo a cubierto inicialmente en una esplendida sonrisa pasando después al mas absoluto miedo de no saber controlar otro concepto tan femenino como equino, desbocarse. La yegua había sanada bastante bién y había un pequeño retraso de partida para mover toda la manada. El pasto había empezado escasear cuando no a tomar un color amarillento verdoso que ni apetecía ni alimentaba. Y en un momento no espectado llego la mayor lacra de la naturaleza, la que es peor que un tornado, que cualquier inundación y que el mismo fuego avivado por el viento que no le deja insuflar ninguna tregua. El hombre! Llegaron de repente sobre hermanos fuertemente bridados, hermosos corceles y hermanos lustrosos, tan valientes como obedientes, tan corpulentos como ágiles: Comenzaron a seleccionar con la mirada a las yeguas de la manada: venían armados con armas de fuego y amenazaban con enormes cuerdas y lazos rompieron la armonía reinante. Entonces fue cuando se lanzaron a una señal tras la preciosa hembra alfa de imponente belleza que se desbocó irremisiblemente por la amenaza que se cernía sobre ella: su Macho Jefe salió tras ella al galope furioso para protegerla. Una fuerte estampida, como una nube que bajaba de las colinas y los montes a la llanura, por pasos agrestes, laderas y terrazas naturales buscando la libertad que presentían perder de estar quietos allí o ser atrapados. Todos como uno, como un solo cuerpo en medio de un ruido homogéneo semejante aun trueno en movimiento se movía la manada. Ella estaba desnuda pero aun sostenía en su mano como un arma una botella de whisky que fue a estamparse contra una pantalla de pie aumentando el estropicio que allí se estaba produciendo, el ventilador yacía en el suelo pisoteado. La música había subido a tantos decibelios que toda la vecindad se había despertado alarmada y sobresaltada. La comisaría más cercana recibía una tras otras, llamadas sobre altercados y fuertes escándalos en un apartamento no lejano: mi propio apartamento. Cuando la intentaron coger vociferaba como una posesa y me miraba con ojos ígneos, temía no justificar ni explicar u organizar para el siguiente día todo el desaguisado que se estaba produciendo, ni poder presupuestar los daños para escabullirme, temiendo un retraso en mi partida que no quería dilatar mas tiempo, ni siquiera un minuto. Todo pasó desde la necesidad de sorprender, a la de divertirme sin temer un desastre encadenado de consecuencias visibles tan solo tras haber ocurrido. Volaban libros y papeles. Sentí mareos cuando un pisapapeles rozó mi frente y me derribo en seco. Opté por huir en dirección a la puerta del descanso de la escalera del edifico. Pero nada paraba aquel furor. No había razonamiento ni explicación convincente que la parase. El caos se había apoderado de su mente y sus manos habían obedecían a la locura tomando todo lo que encontraba a su paso y lanzándolo contra cualquier otro objeto. - No te reirás mas de mi Cabrón! - No jugaras más conmigo, te lo aseguro. - Me vas a recordar el resto de tu puta vida! Veras como lo hago!. - Este día te juro que no lo olvidaras nunca, en tu vida! Y en medio des estas llamadas e increpaciones a los infiernos para que me tragasen, abrió una ventana al exterior del décimo piso, y comenzó a hacer volar por el exterior cojines, portarretratos, figuras que decoraban el salón y ceniceros. En algun momento temí que fuese a saltar ella .pero respire cuando no vi ese fin como previsible. Los Jinetes la siguieron a toda velocidad pero toda la manada formaban un indescifrable orden que multiplicaban intentando la defensa por el lado o flanco e que trataban interceptarla. Los silbidos y ladridos de los perros mas el sonidos de cientos de cascos galopando en líneas aparentemente desordenadas se habían convertido en un huracán de sonidos, un desequilibrio ensordecedor que todo hacia cambiar en décimas de segundos con un cambio inmediato y constante en la composición del grupo en rápido y veloz movimiento. Alguien disparó al aire y toda la manada inició una galopada despavorida, una estampida incomprensible. Era difícil atrapar a aquella yegua lo que les hacía olvidar o plantearse ala yegua herida que habían dejado atrás o llevársela. No tenían medio de transporte. Tuvo suerte de que aquellos hombres se alejaron de ella sin hacerle daño olvidándola. Aunque había sanado su fractura aun estaba débil y sin soldar lo suficientemente para poder huir con la manada. La policía trató de identificarnos, ella estaba presa de un ataque de nervios y yo me encogía de hombros ante las preguntas de los hombres uniformados que habían tomado el piso del edificio como si de un atraco aun banco se tratara. Aun recuerdo el momento cuando ebria y tras haber hecho lo inimaginable paracomplacerme hasta los mas extremos y sórdidos deseados, le dije. "Mañana me voy de esta ciudad para siempre". Lo instantes siguientes no los olvidaré jamás. Sea_Lord Última edición por Sea_Lord; 22/11/2007 a las 00:12 |
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