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Antiguo 01/03/2008, 10:09   #101
 
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Predeterminado Respondiendo a mademoiselle Agnes

Estimada jovencita, como habréis observado he mantenido tensa mi atención en vuestras historias, en realidad, una iniciación al lado oscuro. Un viaje al otro lado del espejo de ti misma, que diría un amigo inglés ya mayor que tengo. Yo sé que es natural que ahora te quejes y que pienses que nunca te limpiarás bastante de tanto dolor, suciedad y horror como estás acumulando en vuestra piel y en vuestros orificios.

Dada vuestra baja clase social, deseable mademoselle, no creo que hayáis visto nunca un brillante: la tierra fangosa en la que manos roñosas lo indagan con ansiedad, casi como esas manos que hurgaban en vuestro sexo. Pues así os veo a vos. Da igual a lo que os sometan: pensad cómo golpean al hierro para conseguir de ese quebradizo metal la fortaleza del acero. Por más que os golpeen, os penetren o abran vuestra boca hasta llenarla de inmundias...os aseguro una cosa: nada afecta al brillo de vuestro corazón. Al revés, como los diamantes o el acero quizá necesita todas estas pruebas para
ser consciente de sí mismo, para verse en el espejo y saludarse así, más allá del venenoso azogue y la crueldad del paso del tiempo.

Siempre estaré cerca de vos. Al otro lado del cristal donde deben guardarse los diamantes y los aceros damasquinados de Toledo.

Un caballero español.

C2
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Antiguo 01/03/2008, 20:43   #102
 
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Predeterminado

Querida Jehanna,

Con permiso de mi Amo te diré que no sé a quien prefiero más, si a la Agnes que disfruta de su entrega total y plena con todo el sufrimiento que ello conlleva o la Agnes que necesita de mimos y cariño para superar las duras pruebas que le pone el destino. Supongo que todos gravitamos entre esas dos sensaciones, la de autosuficiencia (aunque parezca incongruente con la entrega, pero para mí es así) y la de dependencia, pero creo que hay momentos para todo y todos deben ser vividos con sinceridad e intensidad.

Tal como te ha dicho mi Amo te agradecemos muchísimo que hayas vuelto a deleitarnos con esta maravillosa historia que, estoy segura, una gran parte (por no decir todos) de los integrantes del club seguimos con verdadero interés. Es que, sinceramente, ¿cómo no dejarnos llevar por este relato que nos transporta a nuestro yo más profundo, cada cual en el papel en que más se siente reflejado?. Esperamos impacientes su continuación que, seguro, no va a defraudarnos.

Muchos besos, Jehanna, de parte de mi Amo y mía.

lv_myriam, a los pies de mi Amo CONSUL2, feliz y contenta de estarlo.
lv_myriam está desconectado   Responder Citando
Antiguo 01/03/2008, 22:54   #103
 
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Mensajes: 1.111
Predeterminado

mi querida Jehanna, q hace mucho q no te veía y ahora entiendo por qué

me dejarías imprimir tu relato?????

es fantastico y ya ves...me gusta respetarte y pedirte permiso para tenerlo con mis libros de cabecera

:-))))) besos preciosa, y sigue y sigue...

cadela{AD} esclava de Amoduro01
cadela{AD} está desconectado   Responder Citando
Antiguo 16/03/2008, 20:52   #104
 
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CAPITULO 25

La reunión en la Corte de los Milagros estaba llegando a su punto álgido. Las voces se elevaban a fin de poder imponerse a sus interlocutores. Cuando no era posible gritar más, con frecuencia se recurría a los insultos e incluso a las manos para acallar al oponente. Una voz se elevó por encima de la algarabía, en un rugido que helaba la sangre. La gigantesca figura de Toussaint Bonnechance se impuso por encima de las sombras a su alrededor y el silencio se hizo.

- ¡Basta, puñado de ineptos! –dijo descargando su puño sobre la mesa de roble en la que descansaban las pintas de cerveza y las botellas de vino que no desmerecían de la mesa de un conde. Al hacerlo, muchas saltaron por los aires derramando su contenido. Un mugriento mendigo al que le faltaba una pierna, dio un salto y soltó un breve juramente por lo bajo.

Una vez se hizo con el control de la situación, Toussaint se quitó el gorro verde que siempre llevaba y, con fiereza,sacudió su rizada melena negra surcada de hilos de plata. Parecía un príncipe, y eso es lo que era realmente, un Príncipe de Ladrones. La cicatriz brillaba pálida, en contraste con el color encolerizado de su rostro. Todos los mendigos, ladrones, maleantes, bribones, meretrices, estafadores y vagabundos, reunidos esa noche para intentar paliar los efectos de la última batalla que los había enfrentado a los soldados del rey le miraron con respeto.

Toussaint, había permanecido milagrosamente libre saltando de un escondite a otro desde la incursión en su guarida, cerca de la Torre de Nesle. Por supuesto tenía que defenderse no solo de la policía del reino sino también de los traidores en el seno de los suyos, que ansiaban hacía tiempo esa oportunidad para hacerse con el poder. El no iba a dejar que le arrebataran lo que con tanto esfuerzo había construido. Lo peor es que también habían atrapado a la pequeña en una de sus batidas y la tenían encerrada en el Chatêlet. La prudencia le aconsejaba ocuparse primero de afianzar su posición –en realidad también salvar la piel- antes de tratar de sacarla. Sabía que era posible hacerlo, pero no podía arriesgarse ahora que todo estaba aun caliente.
A pesar de su dureza, algo se removía en su interior al pensar que, por el momento, ella estaba fuera de su alcance. No soportaba la idea de que otros la usaran a su placer. Ella era solamente suya.

Centrándose, con leve esfuerzo, en los asuntos prioritarios se dispuso a dar las oportunas órdenes y terminar de una vez con el desastre de las dos semanas anteriores.

- Vamos a ver –tronó- !Timbalt!, !Bordelier!, ¿os habéis ocupado de taparle la boca al traidor que nos delató?

- Sí, Jefe, sí, le encontramos al final escondido debajo de la Cité, y le hemos dado una cristiana sepultura en el Sena –dijo sonriendo irónicamente-

El que así hablaba era el denominado Bordelier, un hombre joven de aspecto honrado, con un suave pelo castaño y unos ojos inocentes. A su lado el pequeño Timbalt asentía.

- Bien. Entonces, si se ha pagado lo acordado a los infiltrados en el cuerpo de policía, la situación vuelve a estar equilibrada...

Al decir esto último, se levantó de nuevo el coro de voces, que fue pronto acallado por uno de los sicarios de Toussaint, al lanzar una daga en dirección a los que más alborotaban. El silencio volvió a reinar.
Uno de los bribones de guante blanco habló con moderación:

- Hace falta más dinero, señor, porque si no volverá a haber una batalla, si no ahora, dentro de pocos meses -los murmullos de la gente a su alrededor le daban la razón- .Esos cerdos son ambiciosos y si no les pagamos lo que piden por su colaboración, nos traicionaran de nuevo.

Toussaint asintió, pensativo, una de sus largas piernas cabalgando sobre el brazo de su sillón, colocado allí como un trono.

- !No quiero una sola incursión más en nuestros dominios, sin que sepamos que van a entrar! –la voz de Toussaint se volvió de hielo al decirlo.

Los que le rodeaban sabían perfectamente lo que significaba ese tono gélido y de lo que era capaz. No en vano su extraordinaria determinación le había llevado a capitanearlos hacía ya algunos años. Otras personas, ocultas convenientemente en las sombras, entrecruzaron miradas que no eran exactamente de lealtad.

Toussaint prosiguió:

- Una vez solucionado este asunto, me gustaría que os pusierais a trabajar en un plan para sacar a mi zorra de la prisión. Tiene que ser algo limpio, que no provoque una nueva guerra, pero la quiero aquí de vuelta, lo antes posible.

Los murmullos crecieron, pero nadie osó contradecir al Jefe. La reunión concluyó mientras la luna estaba aun alta en el cielo. Lentamente las sombras furtivas fueron escabulléndose hacia sus refugios nocturnos.

Última edición por Jehanna; 16/03/2008 a las 21:18
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Antiguo 16/03/2008, 21:56   #105
 
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La cámara vuelve ahora a mostrarnos otra de las zonas de la acción: el campo de gobierno de Toussaint. Y aquí vemos los dos mundos masculinos entre los que oscila Agnes: los hombres/depredadores entusiasmados por ella, y también, en otros post, los hombres/compañeros enamorados de ella. De alguna manera, ella oscila entre el deseo y el amor, como entre dos partes de un espejo, aparentemente unidas, pero a veces tan alejadas como el cristal y el azogue.

Su camino de iniciación es también su camino de aprendizaje de lo que es y necesita ella realmente, pero también ruta de conocimiento para los lectores sobre sus propias encrucijadas.

C2
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Antiguo 23/04/2008, 19:29   #106
 
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CAPITULO 26

El aire se tornaba frío. Agnes sentada en el alfeizar de la ventana miraba el vuelo de las hojas que se arremolinaban cerca del suelo. Sumergida en sus pensamientos casi por entero, se sentía incapaz de tocar la superficie. Obstinadamente se negaba a que la realidad la tocara, cada día que pasaba se encontraba más fuerte en cuanto a su cuerpo pero algo en su núcleo parecía haberse endurecido para siempre. Ya no dormía tanto, ahora permanecía muchas horas despierta, casi todas ellas sentada cerca de la única ventana de la casucha de Jean-Jean. En ocasiones se escurría a la calle, siempre que podía escaparse a la vigilancia del joven mendigo, ya que éste tenía pánico de que alguien de la banda la reconociera. Agnes solo pensaba en marchar. Me iré, se dijo, partiré pronto hacia el sur, a un lugar dónde el sol caliente de verdad, quiero ver el otro mar.

A veces sentía pasar por su cerebro todas las escenas de su joven vida. Le parecía imposible que aun no hubiera cumplido los 18 años. Curiosamente, el recuerdo de William se estaba desvaneciendo, y la época anterior, la vida en la aldea inglesa que la vio nacer, la granja de su padre, el joven sacerdote con el que había pecado, su castigo público, la huída, guardaban un pálido recuerdo comparado con el rojo fuego con el que seguía viendo grabado en su mente su estancia en la prisión y su violación múltiple. Las torturas que allí había sufrido le parecían insoportables, pero por debajo de todo eso seguía teniendo una sensación de culpabilidad. Agnes se conocía bastante bien y sabía que no sentía del mismo modo que las otras muchachas. Ella seguía siendo la chica de la carreta. La muchacha que había gozado de un modo oscuro siendo exhibida, expuesta, azotada, insultada, puesta en el cepo y vejada por la multitud.

Ese conocimiento la hacía sufrir especialmente, porque no podía negar que una parte de ella, había disfrutado con ese tormento. Y ahora hablaba de lo innombrable. Sus ojos azules se giraron hacia Jean-Jean, que, silenciosamente, como siempre, había entrado en la casa y estaba detrás de ella, observándola en silencio. Agnes lo sabía. Conocía el amor que ella despertaba en el muchacho. También sabía que él no la comprendía en absoluto. Para Jean-Jean, Agnes era una víctima. Alguien puro e inocente que había caído en manos de malvados que la habían usado del peor modo posible. ¿Cómo explicarle a alguien como él que una parte de Agnes siempre desearía la degradación? Ser usada del modo mas brutal posible, pertenecer a un ser que no tuviera el menor escrúpulo en anteponer sus intereses a los de ella. ¿Cómo contarle y hacerle comprender que todo su amor desinteresado, toda su capacidad de dar, no significaban mucho para ella? Era un monstruo. Así sentía.

- ¿Tienes hambre? He preparado algo de sopa y una codorniz asada, ahora te lo traigo, dijo Jean-Jean.
- No, por favor, no me entraría nada…
- ¡Pero has de comer! Estás en los huesos!, te has mirado últimamente?

La joven le lanzó una mirada altiva a través de las largas pestañas, su mirada convertida en fuego azul.

- Déjame en paz! Y en un revuelo se giró para salir de la casa. Jean-Jean, la retuvo con una mano en su hombro.

- Por favor, no te vayas… es peligroso, Agnés –pronunciaba su nombre al estilo francés, de un modo que siempre la conmovía-
Jehanna está desconectado   Responder Citando
Antiguo 23/04/2008, 20:12   #107
 
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Predeterminado La capa de Hércules

¿Que ha representado esencialmente la modernidad? Respuesta: la generalización de la autoconciencia. Aquello que en tiempos de Montaigne sólo era dado a unas cuantas personas, es en los tiempos modernos (y tras las vanguardias, Nietzsche, Freud, etc) un espejo al alcance ya de muchas personas. El tenebroso espejo de Alice (y su viaje interior) ya es un puñal que muchas manos pueden empuñar en Occidente. Porque, atención, no estamos hablando sólo de la autonciencia de lo racional y lo apolíneo, sino de los lados oscuros del espejo: la autoconciencia del mal, de lo oscuro, de la caverna interior y sus largas sombras...

Y a eso es lo que va accediendo Agnes (transmutada casi en estas líneas de Jehanna en un espejo de la sumisa moderna en el BDSM).

Agnes está ahora sumida en esa perplejidad (casi de frío de hielo) que resulta de saberse diferente (¿acaso una vez más la metáfora del patito feo que resulta ser un cisne?).

Y ahora luchan en ella dos mensajes de su inconsciente hechos ya conscientes: el primero es saber que su placer nace de lo generalmente condenado e incomprendido, ("Ella seguía siendo la chica de la carreta. La muchacha que había gozado de un modo oscuro siendo exhibida, expuesta, azotada, insultada, puesta en el cepo y vejada por la multitud. Ese conocimiento la hacía sufrir especialmente, porque no podía negar que una parte de ella, había disfrutado con ese tormento"). Y el segundo, que el amor que le pueden ofrecer desde la simplicidad no le bastará nunca.

En realidad, ella necesita (como una rosa que se alimentara de veneno) el desamor. Y ya ella "sabe" lo que necesita: "Ser usada del modo mas brutal posible, pertenecer a un ser que no tuviera el menor escrúpulo en anteponer sus intereses a los de ella". Ella necesita perecer en los brazos de quien no la ame, y así pueda cargar con todas sus culpas. Necesita un culpable que lave su imaginaria culpabilidad. No necesita alguien que le dé Amor, sino que le dé Muerte. Que la libere para siempre de SI MISMA, de esa capa ardiente que, como la que quema a Hércules, le devora día día. Necesita un Amo de Hielo que apague para siempre su Dragón interior.


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Antiguo 28/06/2008, 21:55   #108
 
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CAPITULO 27

Apoyada en el puente, la joven mendiga contemplaba melancólica las sucias aguas del Sena. La tarde viraba con rapidez hacia el crepúsculo y el viento alborotaba sus rubios cabellos arrancándoles destellos. A pesar de sus harapos, su belleza y su juventud la hacían destacar con la pureza de un diamante. Los escasos transeúntes, atraídos por ella, se detenían un instante a mirarla, cavilando si ofrecerle su ayuda o no, sabiendo que una joven así sería una fuente inagotable de problemas, pero sintiéndose impelidos a rescatarla. Pero ella estaba tan enfrascada en sus negros pensamientos que ni siquiera notaba sus miradas. Un joven burgués, casi se detuvo del todo y clavó la mirada en el cuerpo de la doncella, enrojeciendo, luego se llevó la mano al bolsillo y el contacto de sus cosas familiares: la llave de su casa, el saquito con las monedas, el pañuelo de fino hilo bordado con sus iniciales, le devolvió a la realidad y continuó su camino casi corriendo. Agnes tenía la mirada perdida en las ondas del Sena, que retenían la última luz del día. Nunca se había sentido tan mal en toda su vida. No sabía a donde ir, no quería volver a casa de Jean-Jean, pero tampoco se atrevía a volver con Toussaint, y había perdido la esperanza de regresar al lado de William.

Sus pasos la llevaron hacia la plaza de Grève, no porque tuviera ninguna razón especial para estar allí, simplemente por inercia. Había mucha gente allí. Al doblar una esquina topó de cara con Michelet, su compañero de aquella noche en el Barrio de los Orfebres, uno de sus compinches en la Corte de los Ladrones. Nunca había simpatizado con él. Se miraron fijamente el uno a la otra. El hombre asombrado, estaba claro que no esperaba que estuviera libre. Ella no olvidaba que por su culpa la encerraron en la cárcel, la violaron, la torturaron... El quedó petrificado, pero sólo por un momento. Un instante después se llevó los dedos a la boca y emitió el silbido bajo y agudo que era la señal para que acudieran en su ayuda los del gremio. Agnes sabia que en pocos minutos el lugar se llenaría de mendigos y ladrones para ver qué ocurria. Y que iban a por ella. Por su cabeza pasaron mil cosas en unos segundos. Podía quedarse plantada allí y caer de nuevo en las manos de Toussaint, que la usaría del modo que mejor le placiese. Un estremecimiento que no era únicamente de pesar, la recorrió al pensar en ello. Su alma quería estar de nuevo en su poder y notar su fuerza, someterse a él. Luego recordó que él no había movido un dedo para sacarla de la prisión y también todo lo que había pasado allí dentro. Pensó que el pequeño Jean-Jean perdería la vida por su generosidad al rescatarla. Y, casi sin pensar, reaccionó como rayo y propinó un seco golpe con el canto de la mano en el puente de la prominente nariz del ladronzuelo y cuando éste se llevaba las manos a ella, entre gritos e improperios, le asestó un rodillazo en la entrepierna, dejándolo revolcándose en el suelo.

Asustada por lo que acababa de hacer, echó a correr por entre las callejuelas, siguiendo un camino que la apartaba del barrio de Nesle y de la guarida de los ladrones. Volaba, como alma que llevara el diablo, sin darse tiempo a llorar ni a pensar en nada más que fuera alejarse de allí y salir de Paris lo antes posible. Porque si no lo hacía la encontrarían, aunque se escondiera debajo de las piedras, y pobre de ella si caía de nuevo en las garras de Toussaint. Al pensar en él, retuvo un sollozo. Las piedras del pavimento se le clavaban en los zapatos, para correr más rápido se despojó de ellos y voló hacia la noche. Daba igual un rumbo que otro.
Jehanna está desconectado   Responder Citando
Antiguo 28/06/2008, 23:37   #109
 
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sigue............. sigue......................... ..

un beso amiga

cadela{AD} esclava de Amoduro01
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Antiguo 29/06/2008, 17:58   #110
 
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CAPITULO 28

Agnes despertó oliendo a heno. Por unos instantes se creyó de vuelta a la granja de su padre, como si todo lo que había vivido en el último año largo tan sólo hubiera sido un sueño del que ahora despertaba. Con un movimiento soñoliento, apartó el pelo caído sobre el rostro y miro a su alrededor. Al parecer había estado durmiendo en una barcaza de las muchas que surcaban el Sena con su cargamento. Se había acomodado entre el heno fresco medio tapada por los lienzos que protegían la carga y había resultado un buen escondite. La luz del alba, que teñía de colores el cielo parisiense, la había despertado.

Un retortijón le recordó que tenía hambre, que se moría de hambre en realidad. Y no resultaba sorprendente, no había probado bocado desde hacía casi 24 horas. Había salido de casa de Jean-Jean sin un florín, así que debía ingeniarselas para conseguir algo de alimento.

Y también estaba la cuestión de salir de Paris, murmuró para sí misma. Esa era otra. Era urgente que pusiera pies en polvorosa si no quería meterse en problemas serios con Toussaint y su gente. O con la policía del reino. No debía olvidar que había sido detenida como ladrona.

Salió de la barcaza y empezó a andar por el mercado, poniendo en orden su alborotada cabellera y sacudiéndose las briznas de heno que tenía por toda la ropa. Su aspecto, vestida con aquellas ropas viejas, era el de una joven mendiga,así que nadie le ofrecería trabajo. Movida por el hambre, se detuvo ante una parada que exhibía expuestas en cestas, unas enormes y brillantes manzanas rojas, clavando su mirada en la apetecible fruta. Pronto el vendedor la sacó de allí amenazándola con un grueso garrote.

Cuando se hallaba a una distancia prudencial, dejó caer sobre él todos los insultos que conocía en francés, que no eran pocos, dada su estrecha relación con bandidos y delincuentes. Siguió su camino casi llorando de rabia e impotencia. Se detuvo para secarse los ojos ante una puesto de venta de flores, admirando a través de las lágrimas que no podía contener, las rosas de todos los colores, azucenas, jacintos. El repentino esplendor la cautivó y le hizo recordar la campiña inglesa con una añoranza que no sentía desde hacía mucho. De detrás del mostrador de madera surgió la robusta figura de una matrona, parapetada detrás de un blanco delantal almidonado y una cofia que recogía sus grises cabellos. Agnes se disponía a seguir su camino antes de que la echaran, cuando delante de sus ojos, como por arte de magia, surgió una mano masculina que le ofrecía una bella rosa roja, moteada aún de gotas de rocío como gruesas perlas.

- ¡Alto ahí, petimetre! ¡No tan rápido! !Que el género se paga! –bramó la vendedora de flores-
- El hombre de mediana edad, vestido elegantemente, dejó caer con displicencia una moneda de oro en sus manos y la mujer mudó el semblante y se deshizo en reverencias, que éste atajó con un gesto.

Agnes estaba muy cansada, así que cuando el caballero la tomó por el brazo y la guió por la calle, no opuso la menor resistencia y le siguió. El hombre olía a tabaco caro y a perfume. Era fácil dejarse llevar por él. Alzó la cara para mirarle y se encontró con unos ojos grises y duros como piedras. No importa, susurró su voz interior, iré dónde me lleve así sea el fondo de un río.
Su brazo la ceñía por el codo con la suavidad de un hombre acostumbrado a las buenas maneras. El hombre permanecía en silencio, como si supiera que era lo más adecuado para ella. Pronto llegaron a una calle tranquila, cerca del barrio de Saint Honoré. Allí se detuvo ante una casa con un gran portal, abrió la cancela y entró con su propia llave. Al hacerlo, mantuvo la puerta entornada y miró a Agnes interrogativamente, ella siguió sus pasos, como una autómata y la puerta de cerró detrás de ella con un sonido patibulario.
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