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hazlo sano... hazlo seguro... hazlo consensuado |
| | #31 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: Girona Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 1.381
| Muchas gracias a todos P.Xado, CONSUL2, Karla, lv, zule por la cálida acogida que le habeis dado a mi relato. Os agradezco, de corazón, vuestros elogios, me incentivais a continuar, aunque no podré hacerlo hasta, por lo menos, mañana por la tarde, os lo aviso se me ha echado el tiempo encima. Debo reconocer que me estoy metiendo de lleno en el ambiente que he creado y estoy gozando de las características de mis personajes. Así que, zule, no eres la única que está en ese cepo, , aunque nos queda poco rato para disfrutarlo.CONSUL, me ha gustado que me pusieras el significado del nombre Agnes en griego, lo desconocía. Celebro mucho que os guste, al fin y al cabo, esa es la función que tienen, compartir sensaciones, meterse de lleno en la historia que se cuenta. Un cálido abrazo, Jehanna |
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| | #32 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Localización: Mallorca, dins sa foscor d'un espès alzinar. Fecha de Ingreso: Jul 2005
Mensajes: 583
| Sencillamente sublime, Jehanna, y no voy a añadir nada más pues sería redundar en lo que de manera magistral han expuesto P.Xado, CONSUL2, Karla, lv y zule . Ayer dedicaba el comic que subí a la sección de Fotos para las dos heroínas de la carreta: Zule y tú, Jehanna. Es algo que está bastante en la línea de tu relato. Espero que lo disfruteís tanto como yo estoy disfrutando de tus siempre bien recibidos relatos. Siempre asombrado. Nostramo. Editado por Nostramo en 21/10/2007 a las 21:59. |
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| | #33 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: sevilla Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 1.061
| vaya tela amiga!!!! que forma de escribir tienes corazon....me has tenido presa del ordenata desde hace un buen rato, sin poder levantar la vista de la pantalla uffffff no se a ti, pero a mi me ha puesto a mil!!! cuantas fantasias y pensamientos se agolpan al leerte...me encanta tu forma y por supuesto el contenido.... lo disfrutare a menudo....es fluido y te engancha...maravilloso y como te comenté....el hilo que me adelantaste me recordó el comic de Nostramo, bellisimo tb , verdad? te leere, seré una fans permanente guapetona besos cadela{AD} esclava de Amoduro01 |
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| | #34 |
| Rol: Switch Sexo: Mujer Localización: Las Palmas de Gran Canaria Fecha de Ingreso: Oct 2005
Mensajes: 298
| Jehanna, mi niña......más de que te han dicho y de lo que te dije, no puedo decir.....así que me dejas muda de asombro....cómo siempre!! Un abrazo. mayera. |
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| | #35 |
| Rol: Switch Sexo: Mujer Localización: Las Palmas de Gran Canaria Fecha de Ingreso: Oct 2005
Mensajes: 298
| Nostramo, mi niño.....primero que nada......muchísimas gracias por la recomendación del libro!!!!!.....lo tengo en mi casa hace tiempo pero todavía no he podido "pegar" con él. Y, segundo.......pedirte peNNNNNdón por la tardanza en contestarte, pero, aunque me dé vergüenza decirlo, hasta ayer no vi tu mensaje porque no me di cuenta que había otra página en el hilo....sin comentarios, verdad?? Un beso. mayera. |
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| | #36 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: Girona Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 1.381
| Ni un minuto después de caer la noche, un ruido de caballos la despertó del estado de somnolencia en el que había caído. Una compañía de soldados hizo su estruendosa entrada en la plaza, levantando mucho polvo y haciéndola toser. Al mando de ellos estaba el capitán William Clifford, que se apeó con un salto, dejando las bridas en manos de uno de sus soldados. Se acercó a grandes zancadas hacia el cepo donde estaba encerrada. Con mucho cuidado sacó la llave y lo abrió. Agnes se desplomó en el suelo como un saco. William la cubrió con su capa y la cargó sobre sus hombros, subió al caballo, dejándola momentáneamente en el suelo y la cargó de través sobre su propio regazo, dando la voz de mando para regresar al castillo. En las ventanas de las casas se movían las cortinas. Ojos curiosos espiaban desde su interior, preguntándose cual sería el destino final de la joven deshonrada. La compañía de soldados enfiló hacia el castillo y, poco después, hizo su entrada en el patio de armas. William entregó las bridas al palafrenero y saltó del caballo con presteza, cargando sobre los hombros el peso muerto de Agnes. Sin entrar en la torre del homenaje, dio las órdenes oportunas a sus hombres y desapareció con su carga por una puerta lateral medio escondida en una de las torres del foso. Desde allí se dirigió por un camino alternativo, mucho más largo pero más discreto, a sus aposentos. A su paso por la cocina se hizo el silencio que siempre reinaba ante la presencia de un noble. Cocineros, marmitones, mozos de cuadra y lacayos, quedaron un tiempo como en suspenso, hasta que él les ordenó que continuaran con sus tareas. William era alto, en la treintena, y tenía ese porte arrogante que da la buena crianza, el nacer en una noble cuna. Ese algo indefinible, del que él no era consciente, imposible de adoptar si no has crecido entre sábanas del más fino hilo. Enfiló por la parte trasera del pasadizo y subió las escaleras hasta que por fin cerró la gruesa puerta de sus habitaciones con doble llave. Su cara se despojó de su expresión granítica y pareció de pronto mucho más joven. Con un cierto aire de preocupación, depositó a Agnes cuidadosamente sobre el lecho y encendió el candelabro que tenía a su alcance. Corrió las cortinas de la ventana, llenó la palangana de agua del balde que estaba en una esquina y llamó con aspereza a su asistente. - John !!! dónde te has metido? pedazo de haragán malcriado!!! - Estoy aquí, mi Señor!!, estoy aquí!, presto para serviros, respondió el mozo, que había estado dormitando en un rincón de la estancia más alejada y que acudió al momento, con grandes reverencias y esa sonrisa simpática que le había ganado la confianza y el aprecio de su amo. Sin devolverle, en esos momentos, la sonrisa, harto preocupado por el estado de la joven, le dio instrucciones para ir a las cocinas y regresar con premura, con alimentos abundantes, un pollo, cerveza, miel, verduras asadas, sopa de gallina, vino con especias, agua fresca, recién sacada del pozo y vendas limpias, así como un ungüento para las heridas que elaboraba una vieja criada y que tenía bien ganada la fama de milagroso remedio para toda clase de males. Mientras John volaba a cumplir sus órdenes, después de echar una curiosa ojeada a los rubios cabellos de Agnes y sus hombros desnudos, que eran prácticamente lo único que se veía de ella, William despojó a la muchacha de su capa, la colocó con delicadeza, desnuda como estaba en la cama, boca abajo y con mucha suavidad empezó a lavar su espalda con un blanco lienzo limpio. Las ronchas de la espalda no parecían infectadas, pero estaba sucia de tierra, polvo y toda clase de inmundicias que le habían arrojado. Tenía el cuerpo cubierto de heridas, las piernas, las nalgas, los muslos, la espalda. En el ano tenía una erupción roja y toda esa parte estaba muy irritada como si la hubieran arañado con algo violentamente. Habían zonas que habían sido pellizcadas, azotadas, machacadas. En las muñecas y el cuello se marcaban cruelmente las señales de todo un día de permanencia en el cepo. Y encima estaba el hecho de que había permanecido desnuda desde el alba al anochecer a la intemperie. Pensó, con disgusto, que la mayor parte de las heridas de Agnes no se debían a la acción de su látigo y maldijo por lo bajo a los malnacidos,que la habían dejado en ese estado. Agnes tiritaba de frio. Tocó su frente con la mano y notó que ardía. La envolvió en una gruesa colcha de lana forrada de raso, puso una almohada de plumas bajo su cabeza. Después lavó meticulosamente cada una de las heridas, mientras ella se quejaba suavemente, su voz, débil ahora como la de un gatito enfermo, era completamente distinta de la de la chica de la carreta, la que había recorrido toda la aldea, bien erguida con las manos atadas a la espalda, completamente desnuda y con una expresión de orgullo en su rostro, de serena dignidad, a pesar de la humillación que estaba sufriendo. La que él había estado observando con tanta atención porque le había cautivado. (CONTINUARÁ) Editado por Jehanna en 23/10/2007 a las 01:14. |
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| | #37 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: sevilla Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 1.061
| mi querida Jehanna, me lo estoy imprimiendo en papel y es mi libro de cabecera junto con el documento que Ttiger ha escrito sobre el sadomasoquismo.... anoche disfrute tremendamente en releerte....gracias preciosa besos cadela{AD} esclava de Amoduro01 |
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| | #38 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: Barcelona Fecha de Ingreso: Dec 2005
Mensajes: 48
| Querida Jehanna, Esa combinación de crueldad y ternura, de orgullo y abandono que describes en tu relato me atraviesa hasta lo más hondo. Lo siempre soñado y pocas, muy pocas veces conseguido. Creo que siendo términos contrapuestos, el difícil equilibrio logrado entre ellos es lo que consigue suscitar las emociones más profundas. Espero ansiosa poder seguir leyendo los avatares de Agnes y William. lv, a los pies de mi Amo CONSUL2, feliz y contenta de estarlo |
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| | #39 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: Girona Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 1.381
| William oyó ruidos de charla en la puerta y la voz de una mujer que reía. Unos golpes en la puerta y John que entraba en la habitación, cargado con una bandeja humeante. -Vaya… ya era hora!, acercate y veamos qué traes… - Todo lo que me habeis pedido, mi señor William: un pollo asado, caldo de gallina, cerveza, hidromiel, vino…. - El ungüento, has traído el dichoso ungüento?, le interrumpio William con brusquedad. – Sí, por supuesto, contestó John, mientras se apartaba un largo mechón de pelo castaño de la frente, - esto que me ha costado darle mucho jabón a la vieja Rita , porque se ha puesto a refunfuñar que le dolían todos los huesos… - Basta!, le interrumpió, William, cansado, - déjate de tus bellaquerías y trae ese ungüento, no ves que la muchacha lo necesita? Le arrebató el recipiente de las manos y estuvo en un tris de hacer caer la bandeja con la comida, pero John la rescató justo a tiempo. - Enciende la chimenea. La pequeña tiene frio, está ardiendo de fiebre. Quiero un buen fuego en esta estancia, ahora mismo. El joven criado se apresuró a cumplir su cometido, entendiendo que su amo no estaba para alegre charla en esos momentos. William, sentado en el borde de la cama, untaba las heridas con la pasta de color violáceo, que olía desagradablemente pero de la que conocía sus virtuosas propiedades en carne propia, ya que le habían ayudado a cerrar numerosas heridas de guerra. Agnes murmuraba incoherencias. El le acarició los cabellos y los arregló con un peine de madera, esparciéndolos sobre la almohada. Quería darle la vuelta para curarle también las heridas y cortes que tenía, cosa que hizo a pesar de los gritos de protesta de ella. El fuego chisporroteaba alegremente cuando despidió de la estancia a su criado para toda la noche. Mientras el ambiente se caldeaba, hizo beber agua con miel y zumo de limón a la enferma, que se atragantaba pero bebía obedientemente. La estuvo velando toda la noche. Al alba, la fiebre había remitido y ya no se quejaba, cayendo en un sueño plácido. Antes de dormitar a su lado, sentado en el sillón, susurró al oído de Agnes: - Tranquila, pequeña zorra. Eres mía. A partir de hoy empieza tu doma, pero antes debes recuperarte. No debes preocuparte por nada. Yo cuido de mis pertenencias. Cayó en un sueño profundo, mientras el cielo rompía a clarear. Editado por Jehanna en 23/10/2007 a las 23:30. |
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| | #40 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: Girona Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 1.381
| Agnes estaba en la más pequeña de las estancias que componían los aposentos del capitán William Clifford, en el castillo de su Señor, Geoffrey Spencer, Conde de Wessex. El cuarto no tenía ventanas. Se accedía a él por una pequeña puerta oculta, disimulada detrás de un tapiz, decorado con escenas bíblicas de la Creación, que cubría el muro de piedra. Se hallaba en el centro de la estancia, desnuda, con los brazos alzados. Las muñecas delicadas sujetas por grilletes con cadenas que colgaban del techo. Tenía muy buen aspecto, pensó William. Un observador avezado no hubiera podido descubrir ninguna señal del castigo al que fue sometida no hacía mucho más de un mes. Su piel blanca, como correspondía a su tipo nórdico, a sus rubios cabellos y sus ojos azules, tenía una coloración sana. Un ligero rubor cubría sus mejillas y encendía sus labios. Su cuerpo esbelto, perfectamente expuesto a la vista, tenía redondeadas formas, aunque su cintura fuera muy pronunciada. La carne cubría sus huesos, los cuales no se marcaban en la piel, excepto en las clavículas, dónde sobresalían con gracia. Sus senos turgentes parecían desafiar la ley de la gravedad. Sus pezones, como tiernas rosas, apuntaban al cielo. Erguidos. Provocadores. Su coño ya no estaba recubierto de suave vello dorado sino que se hallaba expuesto también, perfectamente depilado por él, con su propia navaja de afeitar. Al recordar esto, notó los primeros síntomas de una erección. Era tremendo el efecto que ella tenía sobre él, pero jamás debía notarlo. Ella era su juguete. Su posesión. William iba vestido para montar a caballo. Llevaba una túnica de color negro, calzas gris oscuro complementadas con altas botas, una camisa blanca abierta que asomaba por debajo de la túnica y una capa carmesí abrochada con un cordón dorado. Paseaba alrededor de Agnes, con su fusta en la mano. Daba vueltas, al estilo militar, en torno a ella. Agnes en cambio tenía los ojos tapados por un pañuelo negro. No le veía. Pero él si la contemplaba y gozaba de su indefensión, de tenerla así, completamente expuesta, de la rotundidad de su trasero (un precioso culo blanco, pensó él, y es mío, como toda ella lo es). Al ritmo de este último pensamiento, la fusta descargó un azote en la nalga derecha. Agnes dio un respingo y contuvo la respiración. El juego empezaba. |
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