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hazlo sano... hazlo seguro... hazlo consensuado |
| | #41 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: En algun lugar de tu imaginacion... Fecha de Ingreso: Jul 2006
Mensajes: 631
| Estimada Jehanna. Como te han comentado por aquí ya mucha gente, estos cuentos son geniales, te llevan a vivir los a ser el capitán William Clifford, El Sr. Arrogante (cada uno tomamos el personaje deseado claro está). Creo que nunca he disfrutado tanto de unos cuentos como ahora, jejeje. Como digo en el titulo estoy deseoso de mas, cada parada, cada espera en el relato me cabrea, (jejeje) porqué deseo leer más y más. Sigue así, lleva nos donde tu mente y deseo quiere, que muchos de nosotros te seguiremos. Besos LordBdsm*(orgulloso de su esclava Itzel*) |
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| | #42 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Localización: Madrid Fecha de Ingreso: Jan 2006
Mensajes: 2.059
| ¿Dónde estará aquel estudiante que tomaba notas de las torturas de Agnes? ¿Se acercó al atardecer al cepo para mojar con un pañuelo empapado en agua y vinagre los labios de Agnes? ¿Será él quien delate al capitán Clifford ante los justicias del Conde de Wessex? (¿cuántos siglos tendrán que pasar para que otro conde de Wessex, acompañado de sus hermanos, el príncipe de Gales y el duque de York, vele a la luz de las velas el cadáver de la Reina madre de Inglaterra?). ¿Quizá el joven estudiante acabará ingresando en la Orden del Temple e indagando en el destino de aquella joven que conmovió su juventud? ¿Es esa joven el Nombre de la Rosa que citará Umberto Eco al final de su historia y que también marcará la historia de otro estudiante? ¿Quién acabará domando a quién: el capitán o su víctima? ¿Acaso la desolación del cordero Agnes no será finalmente la desolación de la Quimera que dijo el poeta? ¿Justine, Diderot o Walter Scott? La maravilla de contar historias: en la punta de los dedos de Miguel Angel la tentación del demiurgo. Todo es posible en el universo de tinta de las palabras. Sigue viajando por nosotros, Jehanna. Tus viajes son los nuestros. C2 |
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| | #43 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: Girona Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 1.381
| De nuevo os doy las gracias a quienes me seguís desde un principio en mi aventura medieval y también a los que os habeis incorporado después. Es muy estimulante saber que te leen. Me temo que lo que empezó como una fantasía compartida con otra sumisa, va camino de convertirse en un relato interminable. Pero que le voy a hacer, me está saliendo así y parece tener vida propia Tengo algo más escrito de las aventuras de Agnes y William, pero no es suficiente como para colgarlo, prefiero acabar ese capitulo por entero, se saborea mejor. Querido CONSUL 2, gracias por tu hermoso post, por seguirme con ese interés que sé auténtico, por plantearte todas esas preguntas, algunas de las cuales también me las planteo yo , tal vez ese estudiante se convierta realmente en un templario o quizá jamás su destino se cruce de nuevo con la dulce Agnes. Los caminos se cruzan y entrecruzan por ironías de la vida o porque hay un destino predeterminado para todos nosotros?. Lo que es cierto es que él la vio realmente ese día en el poste de los tormentos y que ella dejó una huella en él (no es lo mismo mirar que ver). Nada es gratuito. Y respondiendo a tu pregunta, te diré que si puedo escoger, una mezcla de Justine y Ivanhoe estaría muy muy bien .La maravilla de contar historias es que complace tanto al que las cuenta como al que las escucha, no es asi?. Compremos un billete para la Fantasía.Apreciado LordBdsm*, creo que es la primera vez que compartimos comentarios, ante todo un saludo para ti y para tu sumisa Itzel*. Entiendo que tus tendencias te lleven a sentirte identificado con el Sr. Arrogante (me encanta ese hombre) o con el capitán William Clifford. Yo, por mi parte, comprendo muy bien a mi cenicienta y a Agnes, así como a la mujer sin nombre de "En la Sombra del Lobo". Gracias por seguir mi relato con agrado. Siento las paradas (son inevitables), ya me gustaría poder tener tiempo para escribirlo de un tirón. Querida lv das en el clavo con tu comentario, porque precisamente comparto tu opinión: es la mezcla de ternura, violencia, crueldad, orgullo y entrega o abandono, lo que proporciona intensidad a algo que es sencillamente un cuento algo largo, decimonónico, que diría un buen amigo mío. cadela{AD} , guapa, no sabes la sonrisa que me has sacado (de oreja a oreja). Espero tener un ratito y ponerme de nuevo, para que lo disfrutes, aunque te confieso que lo estoy pasando tan bien escribiéndolo que no deseo terminarlo. Un saludo a todos, Jehanna Editado por Jehanna en 24/10/2007 a las 20:32. |
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| | #44 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: Girona Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 1.381
| CAPITULO 7 Agnes estaba aprendiendo en este periodo de su vida muchas más cosas que en todos los años anteriores. Por ejemplo, que vivían en el año del Señor de 1325 y que en Inglaterra reinaba Eduardo (el segundo de los Eduardos). Sentía mucha curiosidad por aprender y su Señor, el capitán William Clifford le estaba enseñando a leer, con infinita paciencia, aunque decía que era una buena alumna. Jamás había tenido tiempo libre para ella, demasiado ocupada con las tareas de la granja de sus padres, La limpieza, las comidas, el cuidado de sus hermanos pequeños, ayudando en la siembra, en la cosecha, conservando los alimentos para sobrevivir en el duro invierno, cuidando de los animales. Ahora, esta vida, en cierto modo ociosa si la comparaba con la anterior, le parecía un sueño. Entrecerró los ojos y echo la cabeza hacia atrás, arrastrando al hacerlo el peso de su cabellera. Si algo en su nueva vida le hacía añorar la anterior era la falta de libertad de movimientos. Echaba de menos pasear por el bosque, nadar en el estanque, chapotear en el río y saltar de piedra en piedra en sus correrías. Sabía que, por su propia seguridad y –más importante aún- por la de su Amo, debía permanecer encerrada en aquellas tres estancias y el pequeño escondite detrás del tapiz. Eso la hizo sonreír, jamás había visto un tapiz, ni sabía de la existencia de esas telas tan lujosas y bellamente decoradas. Mucho menos para cubrir un sólido muro de piedra. Las experiencias vividas al lado de William (en su corazón le llamaba así, por su nombre, aunque nunca en su presencia y jamás le tuteaba), la colmaban de felicidad y de un placer tan intenso, que los escarceos con Walter, el capellán de Saint Mary Margaret, le parecían aburridos, ingenuos, desprovistos de auténtica intensidad. Era, ciertamente, un placer oscuro, tal vez, incluso, perverso. No hacía falta ser una joven noble o una monja dedicada al servicio de Dios para comprender que lo que él hacía con ella distaba mucho de ser algo aprobado por las leyes de Dios ni por las de los hombres. Sin embargo le importa un ardite. Agnes solo sabía que cuando estaba en sus manos se borraban los muros que la encerraban en aquella parte del castillo y sentía que estaba bajo un manto estrellado. Se abrió la puerta de la habitación y entró William, desabrochándose el tahalí, soltando la espada, sentándose ceñudo en el sillón. - Desnúdate!, pequeña zorra, le ordenó con voz tajante y mirada turbia. Al momento ella se despojó de su vestido –lo había olvidado, había olvidado las instrucciones de estar en todo momento desnuda y a su disposición- y azorada se arrojó al suelo, de rodillas. - Eso está un poco mejor, pero ya hablaremos de tu merecido castigo… en su momento… ahora ven, acércate. Su mirada la impelía a obedecerle aun más que sus palabras, y el tono que usaba, suave y enérgico al mismo tiempo, sin gritos. Agnes se puso a cuatro patas y avanzó hasta ponerse a sus pies. Con la pericia que daba la práctica le sacó una de sus botas, estirando con fuerza. Luego la otra. Tocó con la frente el suelo de piedra y en esa misma posición, de rodillas, culo en pompa, espalda baja, empezó a besarle los pies, a masajearlos con la boca, a lamer uno a uno cada uno de los dedos, chupándolos, besando el pie entero, desde el empeine hasta la punta , y cuando el lo levantó, besó, lamió, acarició toda la planta con deleite. Se sentía muy a gusto. Un círculo de fuego les envolvía, encerrándoles dentro, lejos de todo. Cuando algo indefinible en la posición de él cambió, sin mediar palabra, ella supo qué tenía que hacer (había tenido un buen maestro) así que se alzó ligeramente del suelo para poder despojarlo, sin que se moviera del sillón dónde estaba sentado, de sus calzas, sacándoselas con la mayor suavidad posible. Después le besó y acarició sus musculosas pantorrillas, entreteniéndose largo rato en la parte interior de las rodillas, masajeando con sus dedos, su lengua, sus mejillas, cada centímetro de sus piernas, mientras iba ascendiendo. Por un momento, la mano de él se posó en su cabello, tirando con fuerza hacia atrás, reuniéndolo en un moño en lo alto de su cabeza, - Quiero verte esa cara de furcia que tienes!… le dijo Arrebolada, se dejó hacer, sintiendo como siempre la extraña excitación, el calor de su cuerpo, el olor del hombre que tenia a su lado. A continuación, mirándole a los ojos con infinita dulzura, separó las rodillas de William y acarició sus muslos, la parte interna, tan sensible, admirando su cuerpo, tan masculino, tan hermoso, sin un miligramo de grasa. Sus dedos arañaban con delicadeza el escroto, acariciaban la piel de los testículos, rozaban apenas el miembro. William tenía los ojos bien abiertos y la miraba con una sonrisa que bailaba en la comisura de sus labios, controlando la situación. - Que zorra eres… pero mientras decía esto le sonreia - Agnes lamía ahora la punta de la polla de él, con una mano sujetando los huevos, trazando semicírculos de fuego. Poco a poco, metía toda la polla en su boca, comiéndola, cubriéndola con la lengua doblada, envolviéndola en un círculo de carne, chupando y lamiendo al mismo tiempo, escondiendo los dientes. La mano de William se posó en su nuca y presionó allí, obligándola a metérsela hasta el fondo, a tragarla del todo. A él le gustaban las penetraciones profundas, tan profundas que ella a veces sentía que no podía respirar, que se ahogaba, como un gatito amorrado a un plato de leche, sin poder salir. Algunas veces tenía arcadas y un temor atroz a vomitar todo el contenido de su estómago. Por eso, comía muy poco, ya que nunca sabía cuando a él le apetecería usarla ni de qué modo. El se lo había dejado muy claro desde un principio. - Vamos a dejar las cosas claras, pequeña zorra, le había dicho aquel primer día, después de su recuperación, cuando por fin fue consciente de donde estaba y con quién. - Has nacido de nuevo. Olvida toda tu vida pasada. Eres mía, mía por completo. Mientras le hablaba, paseaba a grandes zancadas por la estancia, y ella, sentada en el suelo, desnuda, con las rodillas separadas y las manos vueltas hacia arriba (tal como le había ordenado que estuviera) le escuchaba. - Aquí la cuestión no es lo que tú quieres. Ni lo que tú piensas. No tienes que querer más que lo que yo quiero. Yo dirijo, la responsabilidad es mía. Cuidaré de ti en todo momento, como cuido de todo lo que es mío. Harás exactamente lo que yo te diga y cómo yo te lo mande. - Si crees que no puedes hacer lo que te mando, me lo dirás y veremos como logramos que al final consigas hacerlo. - Nunca te pediré nada que no puedas hacer. Te conozco, putita. Te conozco mejor que tu misma. - Te usaré cómo, cuando y siempre que lo desee, del modo en que yo quiera. - Si fallas en complacerme de forma involuntaria no lo tendré en cuenta, pero deberás esforzarte al máximo por darme placer. Y lo que más me complace es tu obediencia ciega. - Si te niegas conscientemente a hacer algo que te ordene, serás inmediatamente castigada. - A veces te haré daño, porque eso me da placer, pero no buscaré hacerte daño tan sólo. Quiero tu entrega y tu complicidad. Quiero tu lealtad y te prometo la mía. Tienes que ser un libro abierto para mí, nada de secretos. Deseo tu intimidad, tus deseos más íntimos, tu cuerpo, tu mente, tu esencia, tu voluntad. - Te deseo a ti, mi ramera. Y eres mía. Editado por Jehanna en 24/10/2007 a las 23:58. |
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| | #45 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: Barcelona Fecha de Ingreso: Dec 2005
Mensajes: 48
| Querida Jehanna, nos tienes a todos pendientes de tu relato. Cada uno ya ha escogido su papel, y ahora ya estamos lanzados todos pendiente abajo, sin nada a donde agarrarnos. Lo vivimos y lo sentimos en nuestra propia piel. Mi frase : Un círculo de fuego les envolvía, encerrándoles dentro, lejos de todo. Reconozco que, en mi caso, es en esos momentos cuando pierdo de vista el mundo y no existe nada más. No tardes, Jehanna, en seguir tu relato, por favor. lv, a los pies de mi Amo CONSUL2, feliz y contenta de estarlo. |
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| | #46 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: Girona Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 1.381
| CAPITULO 7 (CONTINUACION) William la tiró del pelo con fuerza, haciéndole daño, sacándole la polla de boca. La abofeteó con la mano con tanta fuerza que su cabeza se tambaleó hacia un lado y perdió el equilibrio, cayendo al suelo. La vista se le nubló por un momento, le miró con los ojos llenos de lágrimas. - No estabas concentrada en mi, puta!, dijo con voz serena, cosa que alarmó aun más a Agnes. Acercó su rostro a escasos milímetros del de ella, que furiosa gritó: - Estaba pensando en ti!!!, estaba recordando la primera vez!!!. Se había erguido, apartado de él, yendo al otro extremo de la habitación, aun enfadada por la bofetada que sentía injusta y le miraba encendida. El se limitó a mirarla y luego se levantó. Se arregló la ropa, se calzó las botas y, sin mirarla siquiera, se fue de la habitación. Agnes mantuvo la posición hasta que William salió del cuarto, pero estalló en llanto nada más se fue, cerrando la puerta tras de sí con llave. Se echó en la cama, desconsolada, temblando. Deseaba más que nada en el mundo que él volviera. Sabía que habría un castigo. Hasta lo deseaba, porque así, todas las cosas quizás volverían a su lugar. Sentía que era necesaria una penitencia, un sacrificio para que su Dueño la perdonara. Meditó sobre esto y pensó en la conversación que tuvo con William al principio, cuando hablaban del padre de Agnes y de su uso de los castigos. El dijo que no creía demasiado en los castigos. Que, por ejemplo, en el caso de ellos dos y del lugar que ocupaba cada uno, pensaba que no tenían más utilidad en sí, que hacerla comprender, cuando había obrado mal e incurrido en el desagrado de su Dueño y Señor, pero que en realidad ella, por sí sola, debería ser consciente de eso. En su momento, cuando se lo explicó no lo comprendió, pero ahora si. Después de sentir su mirada de desagrado, clavada en ella, lo entendió muy bien. Porque no había peor castigo que esa mirada, que le había dolido tanto. Porque saber, como ella sabía ahora, que, por culpa de su mal genio, por su maldito carácter rebelde, le había desafiado, le había defraudado, que había bajado en su consideración, dejado de ser su juguete, su golfa, su niña (podía ser por unos momentos, por unas horas, por unos días o para siempre) le dolía más que todas las pinzas, los azotes, las delicadas torturas, las velas, la inseguridad que sentía siempre sobre lo que vendría después, esa, en cierta forma, excitante incertidumbre, las humillaciones. No podía soportar recordar esa mirada y la tenía clavada en el alma. Ahora sollozaba sin poder evitarlo. Esperaba que él volviera, le suplicaría su perdón, porque entendía que su enfado no era porque estuviera pensando en la primera vez que habían jugado juntos, sino porque estuviera pensando en ello mientras estaba en su poder, en el círculo de fuego. De algún modo, William sintió que la mente de Agnes -una parte de ella al menos- estaba lejana, cuando él solo quería tenerla alli, por entero, como un animalillo... sintiendo... sólo sintiendo. Despojada de su armadura, vulnerable, sin mantener nada de ella misma aparte, ofreciéndose en un todo. Lentamente pasaron las horas y Agnes, acurrucada en el lecho se quedó dormida. William aquel día no regresó Editado por Jehanna en 26/10/2007 a las 19:11. |
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| | #47 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: Madrid Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 408
| Jehanna, te aseguro que no exagero si te digo que este relato me parece genial. no sólo es que la trama me resulte realmente excitante, es que además literariamente es un gusto leerlo. Muchas gracias por compartirlo con todos. zule |
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| | #48 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Localización: Madrid Fecha de Ingreso: Jan 2006
Mensajes: 2.059
| Supongo que nadie te explicó, Agnes, que sólo ha pasado un año, fue en el año del Señor de 1324, que el gran viajero, el hombre que cambió los ojos de Europa, Marco Polo, había muerto en su querida Venecia, algo que seguramente ni se sabrá en el castillo de esta campiña siempre embarrada y mala para mensajeros. Y poblada de analfabetos y animales de cuadra. Son cosas que sólo sé yo en este pueblo miserable. Que me hubiera gustado contarte al oído. Pero ya conozco (me han llegado noticias) que ahora estás muy ocupada satisfaciendo los deseos desviados de ese soldado de poca monta. Cumpliendo sus lubricidades de patán que seguramente rellenan su vida vacía y que le dan la sensación de ser alguien. Querrá poseer toda tu vida, porque lo hueco siempre está ansioso de ser llenado. Y tú confundirás su vacío con su amor. Te torturará y tú gritarás que quieres más: en realidad sólo quieres ser importante para alguien, tener la sensación de que eres el centro para una persona, aunque sea de esta manera. Aunque a veces, te lo reconozco, me gustaría ser el que está ahora de pie ante ti mientras le satisfaces como una ramera. Sobre todo ver, por un momento, tu mirada de puta. Aunque bien sé que es imposible: para mis ojos, cuando te veía, en la carreta, eras como una princesa, nunca más princesa que así, insultada, humillada y sucia: “la reine de mon coeur”, escribirá un poeta dentro de seiscientos años. Pero, finalmente, mi mirada te ha hecho imposible para mí. Aunque yo tendré de ti lo que él nunca conocerá. Como él tendrá de ti aquello que yo jamás poseeré. Ahora, mi imaginación ya no está en ti, sino en ese maldito castillo que te encierra. Me imagino que en el patio de armas los oficiales seguirán rumiando todavía lo ocurrido en la década anterior: aquella desdichada batalla de Bannockburn, donde Roberto I Bruce venció a nuestro amado y odiado Eduardo II. Los escoceses doblegaron las armas inglesas en un caluroso junio de 1314. Aunque pronto todos van a tener otra preocupación: la abdicación del rey dentro de dos años, en 1327, y su muerte en la cárcel. Y un año después, el inicio de la guerra de los Cien Años: nada volverá a ser igual. Quizá porque nada es igual nunca. (¿Sabes tú, acaso, que hace casi veinte años quemaban en París a mi último Maestre? Pero los perros de la guerra no prevalecerán contra Nosotros. Por Ellos, por su sabiduría oculta, sé lo que sucederá). Y así, espero que en estas próximas guerras tu militar encuentre entonces mejores asuntos en que entretenerse o que le acaben comiendo los gusanos que se merece. Pero ahora, cuando pienso en tu pelo rubio, brillante al sol sobre la carreta (yo te miraba y tomaba apuntes para un diario de estos años tan infelices), quizá recuerdo que lejos, muy lejos de aquí, Dante agonizaba hace cuatro años. ¿No sabes que te pareces, Agnes, un poco a su Beatriz? También tú nos llevas hacia el Infierno, pequeña. C2 |
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| | #49 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: Girona Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 1.381
| Tenéis razón, señor estudiante, desconocía todas esas cuestiones que me planteáis. Lo cual, si vamos a mirar, no es de extrañar en una moza como yo, que hasta hace unos meses casi todo lo desconocía, ocupada como estaba trabajando como una esclava en la granja de mi padre. Sin embargo, andáis errado al suponer que en este castillo, que es ahora mi morada, sólo hayan analfabetos y seres sin conocimiento. Mi Señor, el capitán Clifford, hijo es de un noble caballero y de una dama. Lord Wessex le tiene en especial consideración por méritos propios, así pues no se trata en absoluto de un patán. Su gusto particular le ha llevado a amar el conocimiento de las cosas, afición harto extraño desde el punto de vista de sus compañeros militares, así como también de algunos de sus otros amigos. O eso es lo que él me dice, cuando me hace confidencias. Sí están en lo cierto los rumores que os han contado que estoy harto ocupada atendiendo a mi Dueño y Señor y satisfaciendo hasta el más nimio de sus deseos. Me preocupa bastante que lo que él intenta guardar para sí, como algo oculto a los ojos de la gente, se haya convertido en un secreto a voces. Probablemente eso traerá problemas a mi Señor. El destino es incierto y no podemos prever que ocurrirá el mañana. Esas cosas que me habéis contado y que hubierais deseado contarme al oído, seguramente me hubieran gustado en otros momentos. Pero, lo único que sé ahora, es que estoy en el lugar en el que quiero estar y con la única persona que deseo estar. Como si todas las constelaciones del cielo se hubieran agrupado de la única forma correcta. Y, sí, él quiere poseer mi vida entera y yo ardo en deseos de entregársela. Nadie me ha hecho sentir lo que ahora siento, desde luego no me lo hizo sentir Walter, el capellán, que en realidad me odiaba. Fijaos bien, señor estudiante, que no todas las cosas son tan claras, ni siquiera para alguien como vos, acostumbrado al estudio y a las letras, porque no, no confundo lo que siento. Siento que por fin, estoy en mi sitio. Sé que al fin, alguien, al otro lado, me comprende. Poco entiendo del galimatías de fechas, palabras rimbombantes, nombres y batallas que me contáis. Ni siquiera sé quien es ese Gran Maestre, ni por qué murió. Pero yo, Agnes, la muchacha que subió a esa carreta, sabe con seguridad que no hubiera podido ser nunca esa reina de la que me habláis. Con mucho respeto, Agnes, propiedad de William Clifford Editado por Jehanna en 27/10/2007 a las 15:13. Razón: acentos y otras chorradas por el estilo |
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| | #50 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Localización: Girona Fecha de Ingreso: Nov 2005
Mensajes: 1.381
| Querida zule, me da una alegría que te guste nuestra fantasía compartida, porque eres responsable de qué la escriba. Después de ésto, ya me veo dando forma a la mujer encadenada en el castillo del Pueblo de los Malditos, aunque me parece que hay "chica de la carreta" para rato (tengo 13 capitulos esbozados). Un beso, Jehanna |
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