Tu alma sin mordazas
En tu boca amordazada no hay espacio para el grito. Tus dientes se aprietan en la bola que silencia tus gemidos cuando mis dedos hurgan los húmedos pliegues de tu sexo penetrado y que ahoga tus quejidos cuando el látigo restalla sobre la carne desnuda de tus nalgas.
Te amordazo la boca para silenciarte el placer inevitable de mis labios que muerden tus pezones ofrecidos y turgentes, de mis manos que conquistan la ardorosa llanura de tu vientre agitado, que separan tus piernas para tomar posesión del indómito territorio que separa la doble hendidura que me entregas como ofrenda permanente de sumisa y de mujer.
Te amordazo la boca para acallar la súplica rebelde e indecisa, la furia de tus gritos que acompasan los besos del cuero lacerante que se enreda en tu cintura, que atrapa tu piel para marcarla con huellas posesivas y fugaces, el cuero anhelado del castigo que adoras y temes a la vez.
Los gritos del placer y del dolor apresados en tu boca amordazada y enmudecida, prisioneros en tus labios abiertos y apretados en la bola que tapona la imposible escapada de un gemido que rebota y se adentra otra vez en tu garganta, regresando impenitente al mismo punto de salida: el alma, tu alma sometida y desgarrada por los gritos silenciados, tu alma de mujer y de sumisa, tu alma sin mordazas, libre, libre para el gemido y para el llanto, para la súplica y el suspiro, para el clamor de tus deseos liberados, para el trueno del placer marcado a fuego en tus entrañas, con huellas posesivas e imborrables. Moonbrands |