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Antiguo 09/10/2007, 16:22   #1
 
Rol: Dominante
Sexo: Hombre
Fecha de Ingreso: Jan 2007
Mensajes: 33
Predeterminado Pervers y Lia

Cada una de sus manos estaba atada a las piernas. Al estar a cuatro
patas, las tetas le colgaban fuera del sujetador y escapan por la
camisa a pesar de estar apenas desabotonada. Cuando deambulaba por la
sala, siguiendo el circuito que su Amo le había marcado, su tetas se
bamboleaban y las pinzas que llevaban en los pezones sujetas por la
cadena que ella mordía le arrancaban tirones, chillidos y gemidos que
ella amortiguaba para mostrarse seductora ante su Amo.

No podía mantener la cabeza clara, el deseo y el ardor que le producían la
tortura a la que su Amo la sometía la volvía loca y la hacían perder
todos los nortes.Tan pronto éste la escupía, como la abofeteaba. Tan
pronto sentía la fusta o el látigo castigandola el lomo, las tetas o
las piernas como sentía a su Amo arrancandole prendas a tirones.
Cuando comenzó a desgarrar su tanga sintió como la raja se le abria y
la tela le rozaba asperamente los labios menores, humedecidos y
semiabiertos a estas alturas. Escuchar como su Amo la insultaba y la
maldecía, como la humillaba e inducía a someterse la mantenía en una
nube deliciosa que solo ella sabía apreciar y disfrutar como la zorra
que se sentía ser.

Cuando su Amo se paró ante ella y la agarró de la cabellerá sintió como las pinzas mordían y jalaban de la delicada piel de sus pezones, haciendola cerrar los dientes en un rictus que tan solo sirvió para levantar sus inmensas tetas colgando de la cadena. Su Amo, sin ninguna consideración la abrió la boca y le sacó la cadena dejandolas descolgarse de golpe, con lo que el peso de las
pinzas la arrancó un alarido que esta vez no contuvo, ofreciendoselo
a su Amo para intentar excitarlo."Abre la boca, mala puta, y procura
respirar bien por la nariz, no me gustaría tener que reanimarte" y se
rió con esa sonrisa tranquilizadora para ella que igual podía
significar que no iba a hacerlo como que lo iba a hacer, con lo que
no pudo evitar que un hilillo de saliva cayera por la comisura de sus
labios, justo por el lugar que su Amo abofeteó duramente, haciendola
bajar la mirada y abriendo la boca inmediatamente.

Cuando sintió la boca llena se dió cuenta de que no era su miembro lo que le había introducido su Amo, como ella deseaba y ansiaba, sino varios dedos de
su mano que hurgaban en su boca y entraba en su garganta, arrancandola arcadas que ella se esforzaba en controlar respirando profundamente por la nariz y relajandola. Cuando su Amo volvió a llenarla la boca por segunda vez se dió cuenta de que esta vez si era la diosa la que la ocupaba. Estaba enhiesta y estirada pero aún no estaba tan dura como ella sabía que podía endurecerse en su interior.

Sin embargo, su Amo se la metió sin contemplaciones hasta el fondo de
la garganta, metiendosela aún más después de que ella la relajara una vez superada la primera sorpresa. Cuando quiso darse cuenta la polla de su Amo estaba clavada profundamente en su garganta con las pelotas en su barbilla que chorreaba babas profusamente sin que ella tuviese ninguna capacidad para evitarlo. Su Amo no sacaba la polla y ella tuvo que hacer un esfuerzo para respirar lentamente para no ahogarse notando como él había empezado a mover sus caderas de forma que ademas de estar completamenta atragantada se veía obligada a tener la boca completamente abierta, a punto de desencajar sus mandibulas.

El tacto de sus manos en las tetas la recordó algo que había olvidado, el dolor de sus pezones. De pronto la liberó las pinzas a la vez que comenzaba a retirar su miembro lentamente con los que los gemidos que ella no pudo evitar los emitió con la boca aún medio llena de glande. Movió la boca para desentumecer su mandibula lo que le valió un tirón del pelo que le obligó a levantar la cabeza y un escupitajo en mitad de la cara."No te he dicho que cierres tu sucia boca, babosa. ¿Quieres decir algo ahora que puedes hablar?" Ella, so pena de sentir nuevamente a su Amo golpeandola levantó la vista y mirandole a la cara, su gesto y su mirada, los más sucios y ansiosos que el hubiera visto en ella jamás, le suplico casi susurrando en una oración:"Amo,
no soy más que una puta cerda deseosa de que tu, mi Amo, me cuelgues
por las tetas y me metas todo lo que puedas en mi puto agujero". Y en
lugar de sentir el dorso de la mano abofeteándola la mejilla, otra
vez volvió a enfrentarse a aquella sonrisa de su Amo que tanto la
humedecía el coño como la aterraba, erizandola el pelo de la nuca.
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