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Antiguo 14/10/2007, 21:14   #1
 
Rol: sumiso
Sexo: Hombre
Fecha de Ingreso: Oct 2006
Mensajes: 1
Predeterminado Primer relato de unsumiso inexperto

Humildes saludos a tod@s l@s forer@s. Este relato es el sueño de un sumiso inexperto.

Karla entró de repente en el baño. Era mi compañera de trabajo y compartíamos una habitación doble en ese viaje de negocios. Estaba profundamente avergonzado porque me había visto mientras me introducía unas bolas en el ano. Ella me miró de manera extraña, se llevó mis ropas y cerró la puerta.

Estuve cinco minutos dentro del baño sin saber que hacer. Me había dejado desnudo en el baño, sin ropa ni toalla para taparme y profundamente avergonzado. Finalmente se deshizo el silencio.

- Sal de una vez perrito cobarde. No sabes lo bien que lo vamos a pasar, por lo menos yo.

Estaba desconcertado y asustado. Karla había descubierto mi condición de sumiso. Pero parecía no importarle.

- Vamos sal. Acabo de ver todas esas fotos en tu portátil. Me encanta verte mientras te azotas con el cinturón o ver cómo te derramas cera sobre el cuerpo. No te preocupes firma este contrato de adiestramiento.

Me acercó una hoja por debajo de la puerta. Estaba ligeramente excitado. Era incapaz de pensar con claridad y firmé ese contrato que fijaba las condiciones de nuestra relación ama - esclavo que estaba a punto de empezar. El lector comprenderá que evite tediosos detalles administrativos.

Abrí la puerta y salí completamente desnudo. Karla lleva una fusta en la mano derecha y un sugerente conjunto de lencería negro. Mi excitación se hizo evidente y no pude evitar doblarme cuando la fusta golpeó ligeramente en mis testículos.

- Quién te ha dado permiso para empalmarte.

Temblaba de manera completamente visible.

- No tengas miedo. Soy un ama muy buena.

Sonrió irónicamente y su mano derecha se estampó en mi cara.

- Arrodíllate y mira al suelo. Nunca me mirarás a los ojos y siempre dirás sí mi ama, no mi ama y gracias mi ama.

Me arrodillé y noté como algo se clavaba en mis rodillas. Había extendido una alfombra y estaba impregnada de pequeños granos de arroz que se clavaban en mis rodillas. Ví como se calzaba unos zapatos negros con un enorme tacón de aguja.

- Lámelo, basura.

Mi lengua lamió con fruicción ese tacón. Lo recorrí entero de arriba a abajo, babeando como un perro, primero con el izquierdo y luego con el derecho. Me ardían las rodillas y noté como mi pene volvía a ponerse erecto. Esto hizo enfuerecer a Karla.

- Eres un pésimo esclavo. No me queda otra que castigarte.

Ví como cogía una pala y se sentaba en una silla.

- Vamos siéntate en mi regazo. Y agradece como debes el castigo que vas a recibir.

Cuando estuve al alcance de su mano, su mano rodeó mis testículos. Los apretó sin compasión aparente. Grité desesperadamente y por primera vez en la sesión recurrí al código de colores.

- ¡¡¡Amarillo, amarillo!!!.

Karla soltó al cabo de unos segundos, mi pene estaba completamente flácido y el orgullo impedía que las lágrimas brotaran de mis ojos. Mi ama me acarició y me besó.

- Estás disfrutando cariño. Eres un puto vicioso. Esto te encanta.
- Gracias, mi ama.

Sin más historias, la paleta golpeó por primera vez mis nalgas. Apreté los dientes.

- Nadie es tan fuerte, cariño. Grita, llora, eres mío.

De repente empezaron a llover golpes sobre mi culo. Uno detrás de otro, sobre una nalga, sobre otra, sin posibilidad de adivinar por donde podían caer. Al principio apreté los puños y los dientes, tensé los músculos, pero el dolor no cesaba. Finalmente grité cada vez más alto y las lágrimas asomaron a mis ojos.

- ¿Cómo estas?

Habían pasado unos instantes interminables, mi culo ardía, estaba al límite pero no quería que parara.

- Bi, bi, bien mi ama.

- Verde,amarillo o rojo.

Estaba casi en rojo. Pero el dolor era placer y mentí.

- Verde.

Dos palazos enorme cerraron la serie. Mis gritos se debieron escuchar en la recepción del hotel por lo menos.

- La próxima vez no me mientas. Sé mejor que tú cuáles son tus limites y cuándo conseguirás superarlos.

- Sí mi ama.

- Ahora ponte de pie.

Mi ama me puso un espejo por detrás para que viera mi culo. Estaba completamente rojo y amoratado en algunos lugares.

- Para que reflexiones sobre hacerte el valiente, te sentarás en esa silla amordazado y encapuchado para que reflexiones sobre tu error.
- Gracias mi ama.

Cuando me senté en la silla no pude evitar un ligero quejido. Me puso la mordaza y luego tapó mis ojos con una capucha. Intentaba levantarme, porque no podía soportar el dolor de mis nalgas.

- Te ataré a la silla, así no podrás moverte.

Noté el esparto sobre mi cuerpo. Noté cómo la cuerda rodeba mis piernas que quedaban atadas a las patas de la mesa. La misma soga rodeaba mis testículos. Un dolor agudo se apoderó de mí cuando ajustó el nudo.

- Sujeta esta campanilla con las manos. Ahora que vas a estar atado no podrás comunicarte por colores. Si te pregunto si todo va bien, un toque de campana es que sí. Dos equivale a amarillo y tres que no puedes aguantar más. Tócala si me has entendido.

Agité la campanilla como afirmación. Ella me besó en la frente.

- Buen chico. Eres el mejor esclavo debutante que he tenido.

La soga iba recorriendo todo mi cuerpo. Ahora tenía las manos atadas a la espalda del respaldo. Estaba completamente inmovilizado no veía nada y sólo el ruido de sus tacones me indicaba por dónde se movía mi ama.

- En las fotos vi te gustaban las pinzas.

Segundos después noté un frío objeto metálico mordiéndome los pezones. Más tardes eran los muslos, los testículos y mi propia polla. Babeba a causa de la bola y mis quejidos eran ininteligibles. Respiraba de manera agitada. Ahora notaba el olor del incienso.

- Ya que estás en el infierno no te importará probar algo de fuego.

Las velas se aproximaban a mi piel. La notaba cercaba. A escasos centímetros de mi piel. Ahora la cera empezaba a caer. No tenía compasión, caía de manera ininterrumpida por todo mi cuerpo. Mi cuerpo se agitaba con cada gota. Pero Karla no paraba. Notaba mi cuerpo ardiendo, las velas eran muy distintas de las que usé en mis prácticas solitarias.

- Son buenas, eh, pura cera de abeja. Pero puedes acabar con este tormento cuando quieras. Toca la campana.

Retiró el prepucio y dejó caer una gota de cera a mi glande. Un gruñido indescifrable salió de entre la mordaza y mi cuerpo se agitó brutalmente, provocando que las sogas se clavaran en mi cuerpo. Toqué la campana, una, dos veces.

- Vamos una más - dijo Karla.

Me negué a tocarla una vez mas. Rápidamente sopló sobre mi glande y aplicó hielo y una crema.

- No habrías aguantado mucho más.

Me quitó la capucha. Y ví mi cuerpo completamente cubierto por la cera. Cortó las cuerdas, cuyas marcas eran visibles sobre mi cuerpo. Se puso de rodillos y comenzó a hacerme una mamada. Estaba a punto de correrme y paró. Así una, dos, tres, cuatro, no sé cuantas veces. Estaba a punto de volverme loco y supliqué.

- Ama, haré lo que quiera pero deje que me corra, se lo suplico.

Los testículos me dolían enormemente y estaba a punto de reventar.

- Está bien, primero te quitaré toda esa cera del pecho y las piernas.

Me tumbó y ató a la cama del hotel. Tenía la campanilla en la mano derecha pero era completamente inútil. Con la promesa de acabar lo que había empezado me dejaría hacer cualquier cosa.

- Un momento.

Buscó algo en su maleta y sacó un látigo. Ahora tenía claro que la entrada en el baño no había sido casual. Con destreza aplicó el látigo para retirar todas las pinzas que había colocado. El dolor era brutal. Pero al tiempo disfrutaba. Con rápidos y precisos latigazos la cera fue sustituida por las marcas del cuero. Estaba aún más excitado y sólo con rozar los genitales sería capaz de provocar una enorme eyaculación.

- Enhorabuena,has superado casi todos los límites.

Una sonrisa se esbozó en micara.

- No tan rápido. He visto que te gusta meterte cosas en el culo. Veremos de que eres capaz.

Me dió la vuelta y me colocó a cuatro patas. Cogió un tarro enorme de lubricante y unos guantes y comenzó a dilatar mi ano. Primero un dedo, luego dos y al cabo de un largo rato pudo introducir cuatro. Me dolía pero disfrutaba. Luego vinieron los plugs anales. Comenzó con uno pequeño que entró sin problemas. Poco a poco fue aumentando los tamaños hasta que me enseñó uno negro enorme. Mi mirada era de auténtico terror.

- Vamos, no eres tan valiente. Además ya sabes la recompensa.

Lo comenzó a meter poco a poco, pero cuando llevaba poco más de la mitad el dolor era insoportable. Agité la campanilla, una, dos y por fin tres veces. Las lágrimas inundaron mi rostro. Me sentía fatal por no haber podido satisfacer a mi ama. Pero ella me abrazó, e introdujo su pene en su vagina. Me corrí casi instantáneamente. Luego hubo muchos besos y masajes. Y me sentí la persona más feliz del mundo. Pese a que no había conseguido satisfacerla me recompensó por haberlo dado todo lo que podía por ella.

P.D: Perdonen los fallos. Es mi primer relato.
painhonour está desconectado   Responder Citando
Antiguo 15/10/2007, 10:06   #2
 
Rol: sumiso
Sexo: Mujer
Ubicación: México Lindo y Querido
Fecha de Ingreso: Oct 2006
Mensajes: 1.020
Predeterminado

Saludos respetuosos.

painhonour Pero que relato querido, ¿Estás seguro que eso te gustaría pasar todo eso en la primera sesión?

Yo casi a la mitad, ya me faltaba el aire, vas describiendo las cosas de tal manera, que no hay forma de no imaginarlo y hasta de estremecerse...

Me alegro que hayas subido este primer relato y espero de verdad los siguientes, y nada, no hay fallos para mi, me encantó.

Excelente manera de estrenar tu primer post, vamos, tienes mucho que compartir, estoy segura.

Sinceramente.

Feliz a Los Pies de Mi Amo
monique[V]

PD Sólo a manera de sugerencia, ponlos todos en un sólo hilo, para no andar brincoteando buscando tus relatos, ¿será posible?
monique[V] está desconectado   Responder Citando
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