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Relatos Si te gusta escribir, comparte tus experiencias o fantasías.

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Antiguo 06/01/2008, 21:54   #1
 
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Predeterminado Veo el mar

Hola a todos. Me gustaría ofreceros un pequeño relato que le regalé, hace ya bastante tiempo, a mi amada sumisa s. Estábamos dando los primeros pasos en nuestra relación, éramos los dos novatos y vivíamos con emoción cada momento, cada experiencia. Probablemente os parecerá a muchos de vosotros un poco blandito y naïf. Quizá sí, pero creo que conserva el encanto de los sentimientos auténticos y un erotismo suave. Yo tenía in mente escribir varios episodios más, en los que el tono se iría calentando y endureciendo al compás de nuestra relación. Al final se quedaron en el tintero.

Hoy, por desgracia, esa relación está acabada. Se rompió definitivamente hace un par de semanas. Cada recuerdo es como una herida abierta. He tenido la tentación de borrar todo lo relacionado con s., todas las cartas, canciones, poesías, relatos, fotos… Ya que no podía hacerla desaparecer de mi memoria, al menos que desapareciese de la memoria de mi ordenador. En el último momento me eché atrás. Me dio pena suprimir de un plumazo una parte tan bonita e intensa de mi vida, aunque ya hubiese terminado. También pensé que había cosas que podrían rescatarse para compartirlas con vosotros, los amigos del club. Es posible que a alguno de vosotros le resulte interesante o agradable… Al menos eso espero.

Lo primero que os ofrezco es, pues, este relato salvado de la quema. Os agradezco de antemano vuestra benevolencia al leerlo. Tened en cuenta que está escrito con el corazón. Gracias.

Anselmo

Última edición por Anselmo; 06/01/2008 a las 22:03
Anselmo está desconectado   Responder Citando
Antiguo 06/01/2008, 22:00   #2
 
Rol: Dominante
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Fecha de Ingreso: Apr 2006
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Predeterminado 1ª Parte

Veo el mar

Para mi dulce s.

Veo el mar, lo veo y lo siento en el color verde de tus ojos. Me invade lentamente el deseo de sumergirme en ese océano de tu mirada, de dejarme ir a lo profundo, dentro de ti, donde nada en el mundo tiene importancia, salvo tu cálida presencia… Estoy sentado frente a ti y no puedo evitar que me asalten estas sensaciones una y otra vez. No quiero que la gente del restaurante piense que me has hipnotizado, así que centro mi atención en otra parte de tu cara… en tu boca, sí, me sonríe, con sus labios tan jugosos, con los dientes tan… ¡Vaya, no puedo seguir así!. Creo que te has dado cuenta de mi estado de encantamiento y me coges de las manos y las aprietas entre la tuyas para deshacer el hechizo.

La cena ha sido abundante y sabrosa y el vino tinto la ha regado como se merecía. Nos vamos caminando al lado de la playa y el murmullo de las olas acompaña nuestros pasos, mientras hablamos y reímos. Planeamos un nuevo viaje. La noche es cálida y estrellada. Te llevo cogida del hombro y te estrecho contra mí para poder tocarte el pelo con mis labios y aspirar tu aroma. De pronto, te paras y me rodeas el cuello con tus brazos, mirándome a los ojos. La brisa hace que ondule preciosa tu melena. Antes de que pueda pensar nada, abrazo fuerte tu cintura y te beso, al principio suave y tierno, pero pronto con un crescendo de pasión en el que nuestros labios se buscan con deseo y tu lengua se insinúa traviesa para jugar con la mía. Es un instante eterno que da sentido a la vida; un milagro que hace bajar las estrellas del cielo para que giren a nuestro alrededor por un momento.

Volvemos al viejo hotel, vestigio del esplendor colonial de la Isla, caminando despacio, ceñidos el uno al otro. Allí nos aguarda una hermosa suite, amplia, confortable, con ventanales que dan a una terraza desde la que se contempla la inmensidad del océano. Es un paisaje que nos encanta. Una gran cama, coronada por un anacrónico dosel, domina la estancia. La acompañan un sofá chester, un robusto sillón acolchado y un inmenso escritorio tallado que compartimos anárquicamente tú y yo, donde se mezclan mis bocetos y notas con tus pequeños tesoros de buceo —conchas, corales, algunas monedas antiguas… Esa noche entramos abrazados en nuestro refugio, todavía bajo los efectos de los besos. Estás preciosa con tu blusa blanca sin mangas y los pantalones cortos. Observo admirado cómo te descalzas con la gracia de una bailarina y la agilidad de una atleta. ¡Mmm, me gustas! Te acercas con gesto pícaro y me dices ardientemente al oído: “¡quiero tener ante mí el animal que hay en tu interior, y saciar toda su sed!”. El contraste de tus palabras de fuego con tu cara de ángel me provoca una excitación salvaje. “¿Qué animal saldrá —te digo—: un toro o un osito de peluche?”. Te ríes, y eso acentúa todavía más tu atractivo. Noto una oleada de poder me sube desde la pelvis y tengo ganas de arrancarte la ropa allí mismo. “Definitivamente, ha salido el miura”, pienso alegre; pero compruebo que es de una casta muy especial, porque detiene, por ahora, la embestida. Me invade un súbito afán de control… Domino mi fuerza y deseo dominarte con ella. Te cojo de las muñecas y extiendo mis brazos, separándote suavemente, para poder contemplarte mejor. Hay en mis ojos una mirada especial, que conoces bien: presagia emociones fuertes. Esa expectativa estimula calor y presión en la parte baja de tu esternón, una sensación que se extiende como una onda expansiva por todo tu cuerpo y obliga a latir más fuerte a tu corazón. Te brillan más los ojos, tu respiración se acelera haciendo que el pecho suba y baje en rápida cadencia, resaltando su relieve en la camisa. Tu imagen me embriaga de placer. Quiero emborracharme de ti.

Te conduzco con suavidad, pero con firmeza, hasta la cama. “¿Qué… qué vas a hacer?”, me preguntas con una mezcla de incertidumbre y excitación. “Ahora lo sabrás”, respondo, mientras te tumbo sobre el mullido colchón. Me siento en el borde de la cama y me inclino sobre ti, sujetando con mis manos tus muñecas contra la almohada. “Estas en mi poder”, te digo. Mi actitud y mis palabras provocan un maremoto en tu interior surgiendo de lo más profundo de tu ser: un sentimiento incontenible de sumisión, de entrega en cuerpo y alma. Tus ojos me miran tiernos y suplicantes, con la mirada de un dulce cahorrito que sólo desea complacer a su Amo, y todo lo espera de él: mimos, regalos, juegos… o disciplina. “Soy tuya… sólo para ti… siempre tuya…”, dices con voz entrecortada, que aumenta el hervor de mi pecho: “Sí, eres mi posesión más preciada, lo más importante para mí. Te deseo con toda mi alma”. Sin soltar tus muñecas, beso tus labios, tus mejillas y tu frente para tranquilizarte.

Me levanto y me dirijo al escritorio. Saco de uno de los cajones unas cintas de terciopelo y una banda de tela ancha y oscura. Ato tus muñecas al cabecero de la cama y tus tobillos a los barrotes que sobresalen a los pies de la misma. Tú me sigues mirando con devoción, sin oponer resistencia, suspirando quedamente. Hago nudos flojos, que inmovilicen tus brazos y tus piernas sin hacerles daño. Cada poco tiempo acaricio tu cara con el dorso de mis dedos, y me sonríes agradecida. Luego te vendo los ojos con la banda de tela. En un primer momento quedas desorientada y te invade un súbito acceso de pánico… intentas incorporarte, pero las ligaduras de tus muñecas te lo impiden… no sabes qué está ocurriendo, no tienes control sobre lo que pasa a tu alrededor… Pero notas mis manos sobre tu frente, acariciándola despacio. “Confía en mí, suzette”, te tranquilizo con voz cálida. Eso basta para que vuelvas a relajarte. “Sí, deseo estar a tu merced”, me dices con voz todavía un poco temblorosa.

No puedes ver y eso hace que el resto de tus sentidos se agudicen. Percibes cualquier pequeño ruido, cualquier corriente de aire que denote movimiento en la habitación. Ruidos apagados… algo de poco peso está cayendo al suelo. Me estoy desvistiendo. Comienza a sonar una música suave. “¡Oh, qué bien!”, exclamas al oír las notas del “Yumenji´s Theme”. “Are you in the mood for love?”, te pregunto. “Yes I am!” respondes sedosamente.

Sientes mis pasos que se acercan y el movimiento del colchón al sentarme de nuevo en el borde de la cama. Tu pecho vuelve a agitarse y los botones de tu camisa parecen a punto de estallar. Mis dedos se entreveran en tu pelo y acaricio con las yemas la piel de tu cabeza, mientras los pulgares inician un suave masaje circular sobre tu frente y tus mejillas. Suspiras y sientes escalofríos que te llegan desde el cuero cabelludo hasta los pies. Mis dedos se deslizan hacia tu cuello y comprueban con delectación la suavidad de su piel. Contemplar la maravilla que me estaba siendo entregada y la perspectiva de poseerla plenamente me produce una oleada de placer. Mis manos siguen su viaje por los hombros de mi amada y los aprietan y contornean, y mis pulgares gozan acariciando la delicadeza de tus axilas, quedando impregnados con tu sudor. Me acerco los dedos a la cara y aspiro profundamente tu olor, tu esencia fuerte que me enardece. Ahora vuelvo a tus brazos para seguir el recorrido táctil por su cara interna, tersa y fina, hasta llegar a tus muñecas atadas, símbolo de tu sumisión. Las agarro con delicadeza y acerco mi cara a la tuya para besarte. Tomo entre mis labios tu labio inferior y lo succiono levemente y lo siento deliciosamente húmedo y elástico. Reaccionas con presteza haciendo lo propio con mi labio superior y luego intercambiamos y así jugamos un rato a la caza del beso, mientras acaricio tus manos atadas.

Notas como mi boca se desplaza sin despegarse de tu piel hasta el cuello. Lo extiendes hacia atrás para que pueda besarlo a placer. Muevo mi boca rozando tu cuello, abriendo y cerrando los labios lentamente para que sientas su caricia de seda, y lo combino con pequeños lametones. Comienzas a jadear levemente... Te gusta, sí. Hueles y sabes a limón, con un toque salado, que estimula mi salivación. Sigo descendiendo hacia el esternón, besando, chupando, lamiendo con fruición. Voy desabrochando lentamente los botones de tu camisa para dejar libre el camino de tu piel para mi boca. Cuando llego al abdomen, hundo mi cara en su suave blandura y meto mi lengua en la oquedad de tu ombligo, moviéndola en círculos. Mis manos aprietan la piel mullida de los laterales de tu cintura. Arqueas la espalda y te retuerces sinuosamente de placer. Eso hace que la camisa desabrochada se abra y deje al descubierto tus senos, apuntando al dosel con los pezones erectos por la excitación.

Última edición por Anselmo; 06/01/2008 a las 22:08
Anselmo está desconectado   Responder Citando
Antiguo 06/01/2008, 22:02   #3
 
Rol: Dominante
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Predeterminado 2ª Parte

“Quiero que pruebes algo”, te digo mientras me levanto. Mueves la cabeza, expectante, impaciente, intentando detectar hacia dónde se dirigen mis pasos. Sí, estoy abriendo la pequeña nevera del rincón. Sonríes ante tu agudeza y sientes una descarga de gusto anticipado. En un instante notas algo frío en los labios. “Mmm… es mousse… ¡de limón!”. “Es un sabor que combina bien contigo”, replico sonriendo. Chupas con fruición la cuchara y me deleito con la sensualidad del movimiento de tu boca. Luego pongo un poco de mousse entre mis labios y los acerco al los tuyos. Tu lengua lame con ganas y busca más dentro de mi boca, que la recibe con entusiasmo, saboreando el limón que hay en ella. Así estamos durante un rato, mientras una de mis manos te rasca suavemente la nuca y la otra acaricia la cara interna de tus muslos una y otra vez. “¡Te voy a saborear entera!”, exclamo. Primero deposito una pequeña porción de mousse en tu ombligo, y notas como tu barriguita me sirve de plato y como la chupo hasta que no queda ni rastro del dulce. Con dos dedos cojo un poco de la delicada espuma de limón y los acerco a tu boca para que los chupes. El contacto de tu lengua y de tus labios casi me hace perder la razón. Luego pongo otro poco entre tus pechos y los aprieto por los lados. Notas en el canal de tu busto la suave textura de la espuma y cómo se va escurriendo hacia abajo, poco a poco, saliendo de su elástico encierro al encuentro de mi boca, que lo recibe con largos lametones sobre tu piel. Te estremeces cada vez más por la mezcla del postre frío y mi lengua caliente. Coloco un poquito sobre tus pezones, estos se contraen y das un respingo, pero en seguida llega la calidez de mi boca a poner remedio. ¡Qué delicia! Entro en éxtasis cuando mi lengua se mueve lentamente alrededor de tus botones de piel suave. Arqueas la espalda para ofrecerme tus manjares. Te cojo un pecho con cada mano y los aprieto para disfrutar de su tersa elasticidad, y los junto para que se muestren en todo su esplendor. Tus pezones responden poniéndose grandes, largos y reventones. Mi corazón cabalga y noto cómo el tuyo hace lo mismo. Tus senos me hacen tocar el cielo. No paro de chuparlos, de lamerlos, de mordisquearlos suavecito con los labios y los dientes, de frotarlos contra mi cara. Sientes calor y electricidad en tu pecho. Una de mis manos no pierde el tiempo y ha comenzado a desabrochar tu short. Tus jadeos son cada vez más perceptibles y eso me excita todavía más. La sensación de presión que tengo en la entrepierna comienza ya a hacerse intolerable. Me detengo un instante para desatar tus tobillos y poder así quitarte los pantalones. Arrodillado sobre la cama, y te separo despacio las piernas para situarme entre ellas. La visión de tus braguitas me hace perder el control y me abalanzo para besarte el sexo por encima de la tela. Pero me repongo, porque aun hay mucho que disfrutar y no quiero perder ni un detalle. Te levanto las piernas y tiro de tus braguitas lentamente, mientras gozo con el maravilloso panorama que se me va ofreciendo poco a poco. Un trocito de tela de la braga se resiste levemente a desprenderse porque ha quedado atrapado entre tus nalgas prietas. ¡¡Cómo me gusta!! Tiro un poquito más para que se libere, disfrutando de cada milímetro descubierto y… “¡Ah, pero…!”, no puedo evitar una exclamación de alegre sorpresa. Te habías depilado los labios mayores de la vulva, dejando sólo el vello del monte de Venus. “Era un regalo que te tenía reservado”, me dices ilusionada y sonriente, adivinando mi cara de asombro.

Mi respiración parece un tren expreso. Quiero decirte algo, darte las gracias por ser tan maravillosa, pero soy incapaz de articular algo coherente. En ese momento estoy tan excitado que sólo mi cuerpo puede hablar. Deseo agradecértelo con algo más que palabras. Me despojo de mi camisa para tener más libertad de movimientos. Ahora sientes cómo acaricio en círculos, con la palma de mi mano, toda la superficie de tu sexo. ¡Está tan suave y caliente! Coloco mis dedos sobre tu vello púbico —“¡mmm, qué sedoso!”— y los voy bajando lentamente hasta que se encuentran con el comienzo del canal de los labios mayores. El dedo corazón se introduce levemente en él y sigue descendiendo despacio, entre la deliciosa y abundante humedad que denota tu placer, hasta que su yema encuentra el turgente promontorio del clítoris. “Bien, ahora te toca a ti, amiguito”, pienso regocijado. Te levanto las piernas y apoyo la planta de tus pies sobre mis hombros. “¡Oh! ¿qué haces?”, preguntas excitada. Al inclinarme hacia delante, obligo a tus caderas y rodillas a flexionarse y separarse, y tu sexo queda abierto ante mí como una flor exultante. Acerco mi cara a él para aspirar su delicioso aroma. Con la punta del dedo coloco un poquito de mousse en el clítoris, que cada vez se está poniendo más gordo y colorado y parece estar diciendo “¡cómeme!”. No lo dudo un instante y sigo con ganas sus indicaciones. ¡Oh, qué gozada el sabor de tus jugos mezclados con el limón! Los lametones hacen que gimas cada vez más y más. Con los dedos índice y pulgar retiro cuidadosamente los pliegues laterales de mucosa que cubren el pináculo de tu placer y dejo al descubierto el botón de color rosa intenso que ocultan. La punta de mi lengua juguetea con él de arriba abajo y noto como se pone duro, con una pequeña erección. ¡Quiero que se ponga tan duro como mi miembro! Mis manos acarician y aprietan la parte interna de tus muslos, descienden hacia tus nalgas para darles pequeños pellizcos y luego suben hacia tu vientre, masajeando, para llegar hasta los senos y gozar de su plenitud. Notas como la sangre te entra en ebullición. Te muerdes el labio inferior y respiras fuerte, con las aletas nasales dilatadas. Mi boca sigue en el paraíso, explorando todos sus rincones. Muevo en círculos mi lengua, delimitando la entrada de tu vagina y luego la introduzco un poco… ¡qué jugoso!... un poco más adentro… vuelvo a tus pechos para coger tus pezones entre los dedos índice y pulgar, y los aprieto y tiro levemente de ellos arriba y abajo. Levantas la pelvis instintivamente, para sentir más la penetración lingual, y aprovecho para agarrar tus nalgas y apretarlas con fuerza, separándolas un poco… “¡ah, ah, AH, AH…!” , gimes perdiendo el control… mientras aplico el dorso de la lengua al hinchado clítoris, moviéndola en pequeños pulsos cada vez más rápidos. “¡AH, AH, AH… SÍ… SÍ… MI AMO! ”, gritas casi en trance. Una descarga eléctrica recorre mi cuerpo al oírte. Siento un poder inmenso. Un único pensamiento se fija en mi mente: “¡¡Eres mía y tu placer es mi placer!!”. Noto cómo te llega una oleada de energía orgásmica, cómo se contrae rítmicamente tu musculatura perineal… ¡siento cómo te derramas en mi cara! … ¡quiero más, quiero más de ti, quiero todo el mar que llevas dentro! Mi lengua ha enloquecido y recorre incansable todo tu sexo haciendo que te retuerzas incontroladamente, hasta que una segunda ola llega incontenible e inunda tu ser… y el mío.

Te has quedado sin habla, de tu boca sólo salen pequeños quejidos, muy dulces. Me vuelves a parecer un cahorrito… eres mi cachorrita. Al incorporarme noto una gran presión en mi entrepierna. ¡Mi miembro parece a punto de reventar! Vuelvo a mirarte… eres tan hermosa… y me perteneces. Una punzada de deseo sube desde el vientre hasta mi garganta. Me coloco sobre ti, con una rodilla a cada lado de tu cuerpo. Encima de la mesita de noche he dejado un tubo de lubricante y pongo un poco en mi mano. Lo extiendo suavemente sobre tus senos y en el voluptuoso canal que delimitan. Enseguida sientes cómo mis manos juntan tus pechos entre sí… y algo duro y alargado que se desliza entre ellos… y vuelve a salir… y vuelve a entrar sin resistencia… Con los pulgares acaricio tus pezones haciendo círculos y apretando su botón. “Mmm, ¡qué gustito!”, murmuras con voz queda, como si estuvieras hipnotizada. Disfruto viendo mi miembro erecto penetrar en el lúbrico pasadizo de tus tetas brillantes una y otra vez, una y otra vez. Tu piel estimula la hipersensible piel de la zona inferior de mi glande, cada vez más grueso. “Sigue mi Amo, sigue…” murmuras como en sueños. Tus palabras sumisas desencadenan toda la fuerza que llevaba reteniendo desde el principio y me llevan al culmen de la excitación. Siento una energía interna que se expande como una explosión atómica desde el periné hasta alcanzar el último rincón de mi cuerpo. Algo empuja dentro de mí… quiere embestir… quiere salir… Noto una poderosa tracción en mis testículos y en la base del pene… fuerte…rítmica… Respiro rápido, resoplo… Mi pelvis se mueve en golpes cortos y repetidos, sintiendo la gloria de tus senos en mi miembro viril. Me derramo… sí… es una maravillosa liberación. Tú lo notas y sonríes, respirando despacio, relajada, feliz… Yo también soy feliz.

Paso con delicadeza una toalla por tu cuerpo y luego una esponja húmeda de agua tibia. Te agrada esa sensación. A continuación libero tus ataduras y quito la venda de tus ojos. Parpadeas un poco desorientada. Me tumbo a tu lado y acaricio tu pelo y tu espalda. “¡Mi cachorrita…!” Me miras con devoción, con esa mirada verde y sumisa que tanto me turba, que tanto me ilumina. Y puedo sentir en tus ojos las olas y la espuma, la brisa y la sal. Te abrazo con ternura… y veo el mar.
Anselmo está desconectado   Responder Citando
Antiguo 07/01/2008, 11:09   #4
 
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Predeterminado Pues a mi me parece....

HERMOSISIMO .. gracias por compartirlo con esta comunidad, por no borrarlo de un plumazo como decías y hacernos partícipes de una etapa de tu vida de la que debes quedarte con todos estos recuerdos.. todo es parte de nuestras vidad, de lo vivido y disfrutado.
Gracias.,
Luisa.
luisa sumisa de Axtur está desconectado   Responder Citando
Antiguo 07/01/2008, 16:15   #5
 
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Predeterminado Gracias, luisa

Querida luisa, gracias a ti, de corazón, por tus bonitas palabras de elogio. Has conseguido dibujar una sonrisa en mi cara

Me hace una ilusión muy especial que seas precisamente tú quien haya dejado el primer comentario a mi relato. Precisamente fue tu hilo uno de los que primero visité cuando accedí al club, y desde ese momento me quedé impresionado por tus experiencias, sentimientos y, todo hay que decirlo, prendado de tu belleza (por dentro y por fuera). Te dejé un post y tú tuviste la amabilidad de dejar uno en el hilo de mi presentación (por desgracia no me enteré en ese momento, lo vi meses más tarde y no pude agradecértelo a tiempo)

Hace unos días dejé un post en el hilo de arcilla "Escribiendo... juntos" en el que hablaba de las afinidades que encuentras al leer las diferentes discusiones. Me alegré mucho al encontrar un mensaje tuyo allí.

Reitero mi agradecimiento y admiración hacia ti, luisa. Me has animado mucho. Hay un soneto que escribí a raíz de este relato -"Veo el mar"-. Lo voy a añadir en cuanto tenga un ratito. Espero que te guste.

Con mis mejores deseos,

Anselmo
Anselmo está desconectado   Responder Citando
Antiguo 07/01/2008, 17:55   #6
 
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Predeterminado Soneto para s.

Tiempo después del relato, anduve atareado en la composición poética. Un nuevo regalo para mi sumisa. Aquí os lo dejo, junto a un fragmento de la carta donde la poesía iba inserta. Tengo la esperanza de que sea de vuestro agrado. Me encantaría que hicieseis comentarios. Gracias.

"Te envío algo muy especial: un poema, y no uno cualquiera, sino un soneto salido del corazón de tu Señor. El soneto es la estrofa poética clásica por antonomasia. Se cultivó con pasión en Italia y España, ya desde el siglo XIV. Al atractivo de su ritmo se le añadía el de su gran dificultad: hay que ceñirse a un espacio concreto y exiguo; hay que acomodar el pensamiento a un número exacto de sílabas y a una rima determinada; hay que impedir, en fin, que la materia de la que trata fuerce a los versos o los versos a la materia. Requiere partir de un buen pensamiento y tener la destreza adecuada para desarrollarlo. Me atrae mucho esta forma poética, así que he decidido ofrecértela a ti, la mujer más maravillosa, bella y fascinante que he conocido. Son las cosas de estar enamorado, y yo lo estoy, y mucho. Espero haber salido airoso de este empeño siguiendo el estilo de Quevedo y Lope: versos endecasílabos, dos cuartetos y dos tercetos encadenados (estos tercetos son muy apropiados al tema ). A ver si te gusta. Comienza con la misma frase de la fantasía que hace tiempo te mandé, -“Veo el mar...” -, para darle coherencia con nuestro mundo íntimo y aumentar la dificultad de la composición."

Soneto para s.

Veo el mar en el verde de tus ojos
Océano profundo de tu alma,
el agua brava que mi mano calma
cuando estás ante mí puesta de hinojos.

Y te entregas rendida a mis antojos
con fiebre ardiente que mi voz ensalma;
y dulcemente ofreces a la palma
tu cuerpo dibujado de sonrojos.

La llave del Jardín de tu deseo
me franqueó la entrada al Paraíso,
a sendas donde, dueño, yo paseo.

La tierna joya de tu amor sumiso
me ofreces; yo la acepto y te poseo
con noble orgullo de mi compromiso.
Anselmo está desconectado   Responder Citando
Antiguo 17/01/2008, 00:39   #7
 
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Predeterminado

Sinceramente... Anselmo... hubiera sido una lástima... eliminar... ese relato... y ese soneto.

Son precisamente... esos recuerdos... esas sensaciones vividas... las que hay que conservar como un tesoro... pues forman parte... de lo que hizo... que una relación... mereciera la pena.

Ese relato además... mete elementos... que son mi debilidad... la comida... ains ainsssssssssssssssssss... que eso no se haceeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee.

Espero que nos sigas deleitando... con mas retazos... de esa historia... que se adivina muy bella... a juzgar por la muestra.

No importa que terminara... ni como terminara... lo que importa es la vivencia... esos momentos.

Un saludo afectuso... junto con mis respetos,

arcilla
arcilla{MJ57} está desconectado   Responder Citando
Antiguo 30/01/2008, 00:04   #8
lc_
 
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Predeterminado Tarta de queso I

TARTA DE QUESO


La felicidad es como hacer la tarta de queso. Me puedes creer, en serio; cuando era pequeña en el colegio gané dos concursos de repostería ante mil feroces contrincantes. quizás no me entiendas, me suele pasar algunas veces....pero te lo puedo explicar, si quieres.

Y ya que estamos en harina, ni que decir que la mejor tarta de queso es la mía. A mi es que me encanta. Decía Commerson (un tipo genial este Commerson, debía ser amigo de Jerry) que el hombre más feliz es el que cree serlo. Por eso me gusta la que yo hago. Cada día me sale distinta, y los que la comparten conmigo no dejan de probarla siempre que pueden. Porque la felicidad se hace día a día. Y cada día es distinto.

Sé donde venden buenas tartas de queso, pero, al igual que la felicidad, las más ricas son las que se hacen en casa. Como la paella de mi padre o la leche frita de mi madre. La felicidad se hace, no se halla; brota del interior, no viene de fuera. La felicidad no es un destino al que llegar, sino una forma de viajar. (esto ya se que lo repito muchas veces....seguro que ya te lo he dicho)

Juro que los ingredientes se pueden encontrar en cualquier lugar, seguro que los tienes en tu despensa. No hacen falta grandes cantidades de cada ingrediente. Lo importante es como los preparas, como los mezclas, las proporciones. Porque no por echarle más queso sabe más rica, ni por tener lo mejor nos salen mejor las cosas. Es lo que mucha gente no sabe, y dónde se equivoca.

¿Quieres mi receta? Venga, si tienes un rato empieza a apuntarla. Es sencilla de hacer, lo que no significa que sea fácil; hay mucha gente que tarda años en encontrar el truco, aunque eso no tiene que desesperar. Lo importante es aprender cada día, para aprovecharlo para el siguiente intento. Y disfrutarlo, porque se disfruta tanto haciéndola como comiéndola. Me gusta la gente que después de caerse se levanta y sigue caminando. A la gente se la mide no por las veces que se equivoca y se cae, sino por las veces que es capaz de levantarse. No pierdas el tiempo recordando la piedra que te hizo tropezar. No te lamentes de lo que ya pasó, no te lamentes de que no te salga, porque los lamentos no valen para nada. Sé positivo. Es una forma de viajar, recuerda, no un destino. (ya sé, ya sé que te lo he dicho, pero yo me repito mucho...que quieres niño)

Eso si, aunque sea sencilla, te llevará su tiempo. Hay que hacerla con amor y con paz interior porque las cosas ricas llevan tiempo, y las prisas son malas compañeras. Las cosas más placenteras, las mejoras cosas, hay que hacerlas despacio. Piensa alguna de ellas. ¿Cuantas veces cenando deseabas que no llegaran nunca los postres? ¿no hubo momentos en los que darías lo que fuese porque la noche no se acabase? ¿no te gustan los besos cuando te los dan despacio? ¿y las caricias? ¿y el amor? ¿y el sexo? Cuando eres feliz, haces las cosas sin prisas, porque estás disfrutando del momento. Cuando cocinas ocurre lo mismo.

Lo importante es el queso. Por eso se llama tarta de queso. A mi me encanta el queso, no te lo dije el otro día?. Para mi el queso es esa persona especial que cada vez que suena el teléfono te vuelca el corazón pensando si es él. Que te acaba de dejar en casa, y ya estás deseándole volver a llamar. A mi también me gusta el queso. El queso llega a ser una droga buena, que no puedes vivir sin ella. Hay muchos tipos de queso, porque como las personas, cada uno tiene un matiz distinto. ¿cuál es el mejor para mi tarta? Pues no sé, pero a mí en el amor y en la tarta me gustan los quesos suaves, con matices, hechos con cariño. Me gustan todos los quesos, pero no para la tarta de la felicidad, perdón, de queso.

Siempre pensé que esa persona especial será la única que me sabrá perdonar en cualquier circunstancia y sin poner condiciones. Me tendrá que perdonar muchas veces, porque soy muy patosa. Será aquel que enredará su pierna en la mía cada noche, día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año. Lo tendré a mi lado siempre, a pesar de que sepa que me estoy equivocando. No me fallará. Me dará besos en el momento justo. Me regañará lo justo. Me enseñará lo que no sé, que son muchas cosas. Me mimará lo justito. Me mimará si, me gustan los mimos. Me empujará cuando me quede parada y me frenará cuando me haya embalado. Hará que el entorno sea fácil, con muchas puertas para entrar y otras muchas para salir. Dará luz a mi penumbra. Aunque nunca me lo diga, no podrá vivir sin mí.

Es cuestión de días o meses, puede que pasen años hasta encontrarle. A lo mejor lo tengo delante y no se da cuenta. A lo mejor me tiene él a mí delante y no ha sabido darme el empujón. Unos dicen que encontrarle es una lotería, otros afirman que es cuestión de tesón, y los más entendidos dicen que es química. Yo creo que son las tres cosas a la vez, y mil posibilidades más. Cada cual cuenta su historia según su propia experiencia. Tal vez Dios nos hace conocer a varias personas distintas antes de conocer a la persona correcta, para que sepamos valorar y agradecer la maravilla del regalo. Cuando la puerta de la felicidad se cierra otra se abre, pero a veces miramos tanto tiempo a aquella puerta que se cerró que no vemos la que se ha abierto ante nosotros. Solo los que lo hemos pasado mal alguna vez, o al menos los que no sabemos porque alguna vez nos lo han hecho pasar mal, valoramos un buen queso cuando lo tenemos delante. Lo saboreamos con paciencia. Porque nunca llovió tanto que luego no escampara.
lc_ está desconectado   Responder Citando
Antiguo 30/01/2008, 00:10   #9
lc_
 
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Predeterminado Tarta de queso II

Una vez elegido el queso todo es más fácil. Me voy a remangar porque siempre acabo manchada. Empezamos!!!

La base que lleva mi tarta es de galleta. De galleta María, que son las más baratas y las más ricas. Mi tarta lleva galletas sencillas, porque es una tarta sencilla. No quiero más y aunque quisiera no podía ser de otra forma, porque las base eres tu (es decir, en mi tarta soy yo). Hay mucha gente que no le gusta su base, que no se quiere, y no se da cuenta que la base es de donde se parte para hacer la tarta, y si no te gusta la base nunca te gustará la tarta. Tenemos que ser un poco narcisistas, y querernos a nosotros mismos. No hace falta que nos quieran todos los demás; hay gente que se equivoca y trata de que todo el mundo le quiera, y se amarga porque no lo consigue. No hay porque gustarle a todo el mundo. Es imposible, sino seríamos Dios. Solo encontrarás en el mundo a 7, 8 a lo sumo 10 personas que de verdad te quieran. Evita buscar más, son más que suficientes. Hay que aceptarse como cada uno es, conocer nuestros nuestras virtudes y nuestros errores, y día a día limarlos un poquito. Muchos quieren tapar la base con detalles exteriores superfluos. No merece la pena, estropean la tarta.

Leí una vez que si intentamos ser cada día tan sólo un 0,5 % mejores (solo eso, así de fácil), a lo largo del año habremos mejorado el doble. Y si nos comparamos con hace dos años somos 4 veces mejores. ¡¡Lo que se están perdiendo los que nos dejaron atrás!!

Sin la base, la tarta de queso se desharía en mis manos y nunca seríamos capaces de que fuese una tarta. Serían unas natillas de queso o algo así. En la base es donde depositas todos los sabores del queso que está encima, es el contraste al sabor del queso.

Para hacer la masa que haga la base, además de las galletas nos hace falta mantequilla y un chorrito de brandy, para darle un poco de sabor. Un chorrito nada más, eh!!!

La mantequilla le da cremosidad, le da la forma, hace que la galleta sea más moldeable, sea más consistente también. Es necesaria e imprescindible, porque sino los trocitos de galleta no se mantendrían unidos. ¿Qué es la mantequilla en la felicidad? Pues podrían ser los sueños que nos hacen levantarnos cada día, que nos obligan a ser mejores cada día. Dicen que los sueños son cosas de niños, que cuando uno se hace mayor debe enfrentarse a la realidad y nadie ni nada puede entrometerse. ME NIEGO. NO. Quiero seguir siendo una niña, lo necesito. Creo en la gente que sueña. Mis sueños me hacen conseguir las cosas que quiero, me hacen saber a donde quiero ir, me dan alas cuando en el camino encuentro obstáculos. Prefiero ser una niña, porque el soñar no tiene límites, ni impedimentos, ni trabas. Uno hace los sueños a su medida, y nadie ni nada puede entrometerse. Los sueños son infinitos. Creo en la gente capaz de mover el mundo con los ojos cerrados.

Cuando has mezclado la galleta con el brandy y con la mantequilla la debes pegar al molde que hayas conseguido, que es la vida. El molde le da forma a la masa de la galleta. Cada uno tiene un molde distinto, por eso a pesar de que se parta de los mismos ingredientes siempre acabamos haciendo tartas únicas, también en su forma. El molde, la vida, nos marca la cara con las arrugas, que nos indican la intensidad de lo que hemos vivido. La vida tiene aristas y formas redondeadas, es dura, fría y amarga a veces, pero siempre bonita. De la vida no debes despegarte nunca, porque la galleta se caería y ya no habría ni tarta, ni queso, ni nada. La vida es única e irrepetible. No hay que dejarla pasar por delante de uno, hay que vivirla. No hay que malgastarla pasándolo mal. No merece la pena, por eso yo siempre intento ser positiva. Por eso Lucas y Jerry también lo son. (los de los dibujos animados) Ya sabes, nosotros podíamos elegir cuando nos levantamos entre ser felices o no, y elegimos serlo. Vive la vida. No hagas mañana lo que puedas hacer hoy. Acelera, que este minuto nunca volverá a pasar.

También utilizo leche condensada, que mezclo con el queso y con la gelatina de limón. La leche condensada son esas cosas dulces que hay en la vida, y que nos la alegran día a día. Es la única parte de la tarta, si te fijas, que es dulce. Como dulce es la sonrisa de Anselmo (aunque creo que a él no le gusta su sonrisa, porque no me la quiere enseñar), como dulce son los besos, el sol en la piel, las caricias y los abrazos, la alegría, la noche, la familia, la velocidad, el sexo, las copas, dormir con la persona a la que quieres. Dormir. Las canciones de Sabina y de Los Secretos. El jamón serrano y la jibia a la plancha. La paella, como no. Como dulces son los momentos que nos hacen pasar los amigos. Los amigos de verdad, que no son más de 5 ó 6. Yo tengo muy buenos amigos, las mejores creo yo. Si me preguntas cuales son sus virtudes, no sabría explicártelo muy bien, pero a mi me gustan y no quiero tener más. Me llegan. Tengo una pequeña lista de espera, pero hace tiempo que no tengo vacantes. Además es muy duro ser amigo mío, hay que pasar cuatro duras pruebas que no se las recomiendo a nadie; quererme, entenderme, comprenderme y aguantarme. Mis amigos son imperfectos, como imperfecta soy yo. Lo sé. Pero son mis amigos. Las mejores. Y ellos podrán pedirme lo que quieran porque saben que lo mío es de ellos. Tengo también amiguetes, amiguillos, colegas para tomar unas copas, e incluso algún Judas, que le sigo dejando estar ahí a pesar de que sé que no ha pasado las pruebas que antes te comentaba.

También hace falta un chorrito de limón. Es curioso, pero para que la tarta sepa rica, hay que echarle limón que es ácido. Para ser feliz, hay que haber sido infeliz en algún momento también, porque sino nunca nos daríamos cuenta de lo que estamos consiguiendo, y nunca podríamos valorar lo que tenemos. Esas gotas de limón, que son como las lágrimas que llegan después de una tormenta. Yo cuando veo llorar a un niño o a un amigo, siento que todo va mal. Se me hunde el mundo y sé, que diga lo que diga, meteré la pata. Soy tan torpe, que tratándolo de arreglar creo más sollozos. Me siento culpable y desarmada, sola. Muy sola, pero con ganas de tratarlo de arreglar. Aún así me encantan; los beso y saben a limón, a frutas, a zumos de la tierra, a sol y a mar. A mar sobre todo. El limón son las lágrimas, si. Sin él, la tarta no sería la misma, porque después de ver llorar a un hombre, cualquier cosa maravillosa puede pasar, la vida ya no será igual que antes de que apareciesen.

Sólo nos queda la gelatina de limón. Ahora no se me ocurre que puede ser la gelatina de limón en la tarta de la felicidad. Es todo lo que falta para ser feliz. Lo que hemos visto, lo que aprendemos cada día, las imágenes que tenemos en la retina, nuestra experiencia, nuestra vida pasada. Para ser feliz hay que ser consciente de la vida pasada, respetarla, aprender de ella y aceptarla. Hay que aceptarla. Y no hay que dejar que el pasado amargo nos estropee un futuro esperanzador. Pero la gelatina es importante, porque le da consistencia a todo.

Ya tenemos todo. Fíjate que pocos ingredientes nos han hecho falta, porque para ser feliz no hacen falta muchas cosas, al revés, cuantas menos mejor. Mezclamos la leche condensada con el queso, el limón y la gelatina y lo vertemos sobre la base. Al mezclarlo todo, hacemos que cada cosa ya no vuelva a saber con su sabor independiente, que ya sea todo un uno. Como la tortilla de patata. Ya está. Ahora sólo queda dejarlo reposar un poco en la nevera y ya tendrás tu tarta de queso. Así de fácil. ¿Cómo es que no la habías hecho antes?

Lo bueno de la tarta de queso, es que cada uno la hace a su manera, y todas son tan buenas como la mía. Eso dicen. Pero quiero dejar claro que yo estoy segura que la mía es la mejor. A mi padre le gustaba la que hacía mi madre, al horno. No estaba mal, pero el no quería probar otra. A veces picaba algo de la mía. Otros la hacen con relleno de crema, otros utilizan yogurt, los más dulces la cubren con mermelada de arándanos (demasiado empalagosa pienso yo), y los más golosos utilizan nata. A mi me gusta la tarta cremosa y suave, ¿cuál te gusta a ti?

Espero que mi receta sirva de algo, me ha gustado dejarla aquí en tu hilo, por si alguna vez te animas a hacerla.
Con todo mi cariño
lc
lc_ está desconectado   Responder Citando
Antiguo 30/01/2008, 22:12   #10
 
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Predeterminado Soneto de despedida

Me despido de todos vosotros. Doy las gracias a los que habéis tenido la amabilidad de visitar este hilo y, sobre todo, a los que habéis dejado un comentario.

Os dejo con este soneto. Lo compuse en el desvelo de una noche triste. Es la elegía a una relación D/S, truncada cuando casi no había nacido. Te lo dedico a ti, lv. Gracias por tu tarta de queso.

Silencio

Silencio que me hiere hasta la entraña,
que rompe el corazón en un lamento:
¿Por qué merezco tanto sufrimiento?
¿Por qué este tormento en mí se ensaña?

El frío de tu ausencia mi alma daña.
No tengo ya el sustento de tu aliento.
Sediento estoy de ti y sigo sediento.
Me pierdo si tu luz no me acompaña.

De tu Jardín soy ahora un extranjero.
Cerrado está, y así mi amor padece
al no poder amarte como quiero

La escarcha de la noche me estremece
Desnudo estoy sin ti y solo espero
tu sol y tu calor... ¡mas no amanece!
Anselmo está desconectado   Responder Citando
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