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hazlo sano... hazlo seguro... hazlo consensuado |
| | #31 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Apr 2006
Mensajes: 1.829
| Y todo lo que querais, pero quien fuese ese Pinoccio dichoso para poder meter esa nariz en en su raja, por ello sería el pata palo mas mentiroso de este mundo con tal de meter aunque fuese ese órgano olfativo en medio de tan espacio de placer a la mas mínima oportunidad y no el otro espacio lechoso y maderero que Maestro Geppeto haya construido entre las piernas de tan tierno personaje. Que mas daría entonces ser Pinoccio, Pumuky o El Zapatero Remendon con tal de inundarse en tan placenteros mejunjes, y su dueña, hay, su Dueña! Precioso y delicioso relato, te superas mucho Amapola y sabes que es calidad lo que escribes y los demas lo detectan. Sea_Lord Editado por Sea_Lord en 28/06/2008 a las 15:08. |
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| | #32 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Localización: BCN Fecha de Ingreso: Mar 2006
Mensajes: 718
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| | #33 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Apr 2006
Mensajes: 1.829
| Pues yo me quedo callado, porque si escribe bien no por ello la escritora es menos mujer atractiva de rompe y rasga, asi que me permito la licencia salvo que ella la impugne personalmente que lo bello es dos veces bellos si confluye su escrito y la preciosidad de su persona. Sea_Lord |
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| | #34 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Fecha de Ingreso: Jan 2007
Mensajes: 495
| Se puede llegar al mismo lugar por diferentes caminos. Son las circunstancias y cada elección individual, más las tomadas por quien comparte el viaje contigo, las que describen el curso. Una vez emprendido no vale mirar atrás y lamentarse es una pérdida de tiempo. Esquivar el miedo es útil para afrontar el devenir, una vez convencida que no depende sólo de ti, que estás dispuesta a sentir sin renuncias, y sabiendo que todo tiene un precio. El lugar a donde llegué era el lugar destinado para mí. La naturaleza palpita en lo más profundo del ser y tiene su propia ley. Pinocho me había traicionado la misma noche que salió del piso con él. Pero parecía que hubiera estado todo previsto, él no aparentaba estar decepcionado. Pinocho sólo fue un instrumento. Los días posteriores me mantuvo a distancia, terminaron las noches de divertimento y las caricias, y se calmó el deseo que me había torturado semanas atrás. Pero mi corazón permanecía angustiado, esperando su perdón y aguardando el momento del pago. Languidecían las horas en mi rostro y en mi ánimo y me sentía cada vez más pequeña, más vulgar, prescindible a su lado, huérfanos mis abrazos nocturnos y sonámbulos, insegura al vestirme, al maquillar mis ojos, al contacto con la gente, en mi trabajo. El temor y los celos me acechaban cuando me quedaba sola más tiempo del habitual, sin ninguna señal que me calmara, que me hiciera sentir su cuidado ni su complicidad. Y un día se desencadenó por fin lo que me convertiría en lo que no he dejado de ser, una perra ligada al olor necesario de su Dueño. Entró charlando entre risas con una chica del este, bella y muy joven. Iba a realizarle algunas fotografías sexys según me dijo. Yo no comprendía el idioma en el que hablaban y sólo sonreí forzadamente a la desconocida, con toda la cortesía que logré reunir en ese momento. Se sentaron en el sofá y me hizo sentarme también a su lado. La chica llevaba una falda extremadamente corta y él posaba su mano sobre sus largas y robustas piernas, recorriéndolas despreocupadamente, durante la animada conversación de la cual yo era ajena. Recordé en un flash la tarde junto a Pinocho, al ser consciente que sus ojos apuntaban mis bragas, en el momento en que vi la tanguita transparente de la intrusa, dibujando su raja rasurada, por el mismo ánimo relajado que aquella tarde sucumbí a mi alocado instinto. Mis pensamientos se tornaron oscuros y empecé a mirarla con los ojos de él. Una excitación extraña y perversa, dolorosa, empezó a punzar mi alma lo mismo que mi sexo. Ella se complacía con sus atenciones y ofrecía su cuerpo a su mirada con la complicidad que mi presencia le ofrecía. La hizo levantarse y situarse de espaldas frente a él. Puso sus manos sobre su fino talle, cerrando su pequeña cintura y seguido sobre sus caderas amplias. La hizo inclinarse hacia delante y quedaron descubiertas sus redondas nalgas, las palpó y le propinó algunos azotes que la hicieron gritar levemente y la dejaron inmóvil en esa posición. Entonces me mandó ir en busca de la cámara y de la mano la llevó al lugar más espaciado del salón. Todo mi cuerpo temblaba o quizás era mi alma. La hizo apoyarse en la mesa y azotó de nuevo el culo de la chica mientras la hablaba y ella respondía brevemente, acarició aferrando con sus manos y apartó después la tanguita. Gruñó calladamente al rozar con sus dedos los labios húmedos que guardaban una intimidad conquistada. Se llenó de rubor mi rostro y me asaltó un impulso enfebrecido que me hizo ir hasta el dormitorio cerrando la puerta de un golpe. Entró seguido y por primera vez sus ojos miraron mis ojos. Me preguntó quién me mandaba moverme de donde estaba. Sacó los pechos del sostén y masajeó ambos mientras inquiría una respuesta con expresión grave. Desabrochó su bragueta sin dejar de mirarme, su polla estaba dura y buscó mis labios y mi boca. Me mojé mientras la mamaba, mientras le oía decir que deseaba follar ese culo precioso que había en la sala y yo iba a disfrutarlo sin rechistar. Y entre la impotencia y la rabia sentí cuánto le amaba a la vez que mis muslos se encharcaban, entre atormentados celos y adoración, tragando desesperada y diligentemente su polla, deseando su placer a expensas de toda esa turbulencia que me anulaba, que me hacía sentirme suya, en el límite, bajo su control, perra por primera vez, entregándome a su placer sea cual fuera.. fuera de otra. Y me arrastró al salón donde una preciosidad rubia y sonriente esperaba con la tanguita bajada, ofreciendo su carnosa redondez, confiada y sensual. Me acomodó en un sillón cercano bajándome las bragas, apresando mis pechos mientras me besaba como no lo hacía desde aquella tarde en que partió con Pincocho, separando mis muslos y sonriendo al sentirme entre sus dedos anegada. Tócate nena, vas a correrte conmigo . . . Amapola Editado por Amapola_Blanca en 10/07/2008 a las 22:24. |
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| | #35 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Apr 2006
Mensajes: 1.829
| Joder Ama me has dejado traslucido el slip, no se puede ser tan traicionera, pensé que decaería tu Click y montas un rebote en mis entrañas que me ha dejado de puta pena. Enhorabuena por este nuevo capítulo, no pasa desapercibido! Sea_Lord |
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| | #36 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Fecha de Ingreso: Jan 2007
Mensajes: 495
| En las últimas semanas Él faltaba algunas noches a casa. A veces venía por la mañana a cambiarse y otras veces iba directamente al despacho. He pasado muchísimas horas llorando y he creído volverme loca, pero de nuevo he recobrado la calma y ha llegado el silencio, al menos. No me abandona y es lo único que me importa realmente, ni tampoco ha habido ningún reproche, ninguna exigencia de explicación, ninguna alusión nunca jamás. Puta, es lo único que dijo como salido del alma, cuando quizá no venía a cuento, una noche casera. Mis tías se iban a la playa y me vine con ellas. Me dio su permiso, aunque me preció ver un leve gesto de disgusto en su rostro, o quizás fue mi deseo y la esperanza que lo imaginaron, o quizás sea cierto que la esperanza y el deseo también a Él lo habitan. Todas las mañanas he estado viniendo aquí, bajo los toldos, y entre todo el paisaje he terminado enganchada a la imagen de un pescador recomponiendo su barca tras el trabajo. Me llamó la atención el color de su piel bronceada y su rudeza, su anatomía algo salvaje; su poco cuidado bajo los rayos hirientes del sol que yo tanto temo. Al principio no reparaba en mí y eso me hizo confiarme, leía el periódico y alzaba la vista de vez en cuando buscándole y complaciéndome con su presencia a pocos metros de mí, abajo en la arena, acompañándome y abstrayéndome su visión de mi pena. Pero a los pocos días el pescador obraba igual que yo, mirándome al principio furtivamente y después con algo más de comodidad. Mis pensamientos acabaron casi sin querer formando imágenes apasionadas, enlazada a su cuerpo, a sus brazos poderosos, a su pecho sembrado de vello, su nuca esbelta y morena, sus hombros, su vientre.. Cuando el sol desciende me acerco a la playa grande y la recorro sorteando las conchas y los guijarros bajo los pies, y luego me adentro en el mar, disfrutando en las nalgas el azote de cada ola, una tras otra, rememorando sus manos cuando Él las hace enrojecer, deseando que el tiempo de esas caricias regrese, más que ninguna otra cosa. Esta mañana las tías han desayunado conmigo bajo los toldos y he podido disfrutar a duras penas del pescador, hasta que he decidido romper el hábito y arriesgarme bajo el sol del mediodía por el paseo hasta la punta de la ría. Cuando llegaba a la caleta, donde ésta desemboca en el indómito océano, le he visto llegar en bicicleta por el camino que transcurre paralelo, al otro lado de las casas. He sentido flaquear mi ánimo a la vez que regocijarse mi corazón. He seguido hasta el punto más alejado mientras él se paraba allí también y caminaba aún más lejos entre las rocas del espigón, donde los pescadores tienden sus cañas, hasta desaparecer de mi vista, quedando muy cerca de mí su bici. La presencia del pescador me ha dado calma, me ha movido también por dentro, en mis entrañas y en mi pecho. Me he desembarazado de las ropas quedando en ropa interior, que uso a modo de bikini por ser de lycra negra, bastante discreta, y he caminado hasta la orilla. Otros días no he perdido pie en el agua, la playa se adentra en el mar muchos metros sin que te cubra, el océano es rabioso, siempre enfadado, las corrientes te llevan. Pero hoy no sentía ningún temor y he nadado hasta el punto mismo donde la ría y el mar se entremezclan arremolinados. Y entonces le he visto regresar del espigón, con el torso desnudo, oteando el mar y a la única nadadora, observadora a lo lejos de sus propios movimientos. Nada malo podía sucederme con ese hombre allí y todo tenía sentido. He saboreado cada minuto de esa cercanía, cuando después, enlazadas las miradas, tumbados en la arena, apenas a unos metros de distancia, me recorría el deseo de conocerle de ese modo en que no hay palabras, sólo tacto, sólo el misterio de los sentidos que muerden la carne. Hoy he estado más que ningún día en el agua, los barcos que iniciaban o terminaban la faena se cruzaban cerca de mí. Después he dado un paseo entre los pescadores hasta la punta del espigón y cuando me he dado la vuelta, para regresar de nuevo a la caleta, él estaba ahí resguardado entre dos grandes rocas, sentado y mirándome, diciéndome hola y a mi respuesta cegándome con su sonrisa. El tiempo a veces es muy silencioso y se para fundido en la pasión de los humanos.. Sobrevivir significa no preñarse de la tristeza hasta el punto que deje mella perenne en la mirada o en el gesto de los labios al sonreír, significa controlar la corriente, poder cubrir de nuevo tu cuerpo al regresar a la arena, no perder la íntima alegría, no desmoronarse y sucumbir, o sólo lo justo para no despeñarse y ser desahuciada. Él no me ha abandonado después de mi experiencia con su socio, pero sé bien que no me perdonaría un quiebro más, que me alejaría de sí como a apestada. Pero también sé que no me perdonaría que la tristeza me afeara o me enfermara. A diferencia de esto último, lo demás puede permanecer en mí oculto, puede vivir secreto en mi alma, guardado como el calor entre mis piernas . . . Amapola Editado por Amapola_Blanca en 08/08/2008 a las 19:34. |
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| | #37 |
| Rol: Switch Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Aug 2006
Mensajes: 1.321
| Uhmmmm... delicioso, inspirador, profundo. Maravillosamente escrito. Gracias por compartir con nosotros algo así, Amapola_Blanca. Saludos cordiales, tTiger |
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