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Viejo 22/03/2008, 16:13   #1
 
Rol: sumiso
Sexo: Mujer
Fecha de Ingreso: Jan 2007
Mensajes: 539
Predeterminado El click

Hay tiempos en los que una está fuera de juego, incapacitada para hacer las cosas, para pensar de un modo consciente. Todo va saliendo pero es automático, mecánico, a nivel superficial porque ya está aprendido, pero no hay sentido de nada, y el tiempo es un todo único, indistinto, amorfo, donde lo único que cuenta es estar conectada.
Ocurría a veces.

Me di cuenta nada más verle traspasar la puerta y mirarme de arriba abajo, cruzando deprisa por delante. Iba a ser una de esas veces, de duración indeterminada. Regresó frente a mí y con expresión severa en el rostro dijo que me desnudara y me pusiera a gatas sobre la mesa. Se aceleró mi pulso y siguieron concatenados todos los demás efectos que activan cada parte de mi cuerpo. Ya sobre la mesa, me reconoció con sus manos de pies a cabeza, ligera y escrupulosamente, como quien va a adquirir un animal. Entonces caí en la cuenta de que había comprado esas hortalizas que vi inocentemente sobre el mármol por la mañana, y que no estaba improvisando. Le vi elegir una y untarla con lubricante, y la sentí entrar en mi culo. De esa forma me quedé mientras él iba y venía entre sus cosas y realizaba algunas llamadas telefónicas. Luego se acercó a la mesa, una mesa muy amplia para doce personas, y se sentó frente a mi. Se recostó en la silla y me observó tranquilamente. Me preguntó algunas cosas esenciales, cotidianas, acerca del comer y del dormir y le respondí a todo, clara y eficientemente, mi situación obligaba. Tomó mis pechos con mirada determinante, con esos ojos suyos ocultos de mí bajo su ceño bronceado, y supe que iba a ordeñarme. Su rictus era serio y yo sabía bien lo que eso significaba. Como aquella vez en que me impidió ir al baño a mear cinco días seguidos. Ubicó en el rincón un cuenco donde tenía que hacerlo, estuviera él en casa o no estuviera. Al principio creyó que bebía poco y me lo reprochaba, pensaba que me era humillante y que evitaba hacerlo. Yo no me cuestionaba, porque no servía de nada, él activaba mi sexualidad cuando la quería para sí y cualquier cosa era válida. En esas circunstancias cualquier cosa valía y él ponía el límite.

Esos días me desabrochaba el pantalón y me agachaba para mear despacio y no salpicar, en el rincón, fijándome bien porque el cuenco no era muy grande. Él me miraba igual que entonces, sus ojos me traspasaban y su rictus me parecía temible y a la vez tenía una sensación de felicidad boba, de que nada malo podía suceder porque el mundo no podía alcanzarme. Luego me mandaba ir a vaciarlo y devolverlo limpio al rincón. Sin embargo, cuando horas después de pronto reparaba en él y lo veía vacío suponiendo, con razón, que había vuelto a ser usado me preguntaba y me reñía por haberlo vaciado. Debía dejarlo ahí hasta tener permiso para limpiarlo. Pero cuando en otros momentos lo veía lleno me reñía también, me decía que debía mantenerlo higiénico y que era una guarra por dejarlo ahí. Con lo que, hiciera lo que hiciera me reñía y empecé a sentirme triste por no saber cómo actuar. Una de las veces fui al baño y se me escapó. Meé sin querer. Al rato pensé que tardaría quizás horas en volver a hacerlo y se me ocurrió decírselo. Me tuvo en cuclillas con las bragas bajadas sobre el cuenco hasta orinar. Me llevó parte de la tarde, el mismo deseo de hacerlo lo eternizó dolorosamente. Recuerdo que sentí las mejillas calentarse de repente. Me las imaginaba rojas de rubor y mantuve la cabeza baja por vergüenza, me resultaba humillante estar así pero, a la vez, un calor extremo me alcanzaba hasta las entrañas.

Ahora me hacía mucho daño porque apretaba con fuerza, lo hacía rápido. Deseaba más que ninguna otra cosa que acabara, se había propuesto hacerme brotar y lo estaba consiguiendo. Tenía la sensación de que mis pechos iban a aumentar y me angustiaba . .


***

Amapola

Editado por Amapola_Blanca en 22/03/2008 a las 16:21.
Amapola_Blanca está fuera de línea   Citar y responder
Viejo 22/03/2008, 19:58   #2
 
Rol: sumiso
Sexo: Mujer
Localización: bcn
Fecha de Ingreso: Oct 2006
Mensajes: 504
Predeterminado

Espero que no cese el click, realmente me ha encantado. Gracias por deleitarnos con tus sensaciones.
sum_isa está fuera de línea   Citar y responder
Viejo 22/03/2008, 21:50   #3
McQ
 
Rol: Dominante
Sexo: Hombre
Localización: BCN
Fecha de Ingreso: Mar 2006
Mensajes: 718
Predeterminado

Escatológicamente GENIAL.

Menos mal que todavia no sufro de prostata, seria un relato de terror en ese caso...

Y pues eso que me parecio que es pa mear y no echar gota...
McQ está fuera de línea   Citar y responder
Viejo 22/03/2008, 22:18   #4
 
Rol: Dominante
Sexo: Hombre
Localización: Madrid
Fecha de Ingreso: Jan 2006
Mensajes: 2.056
Predeterminado El triunfo secreto

La mirada sobre la perra desorientada. Ella no sabe si lo hace bien o mal. Da lo mismo, siempre recibirá un castigo. Así es la enseñanza: la culpa está en ella. Y debe ser expiada. Porque ella lo necesita: saber que es culpable, que alguien lo sabe y la perdona a través del castigo. Y El es la persona que la puede sacar del limbo de su decisión: El la va a castigar sin remedio y en su injusticia ella encuentra su justicia.

Doblada sobre el recipiente, presiona su vejiga. La boca abierta, tensos los labios. Los ojos miran al suelo donde ella está humillada como una perra. Y entonces, justamente, entonces, ella, secretamente, vuelve a ser libre.

C2
CONSUL2 está fuera de línea   Citar y responder
Viejo 23/03/2008, 12:30   #5
 
Rol: sumiso
Sexo: Mujer
Fecha de Ingreso: Jan 2007
Mensajes: 539
Predeterminado

Gracias a ti por leerme sum_isa. Me alegra que te haya gustado.

McQ, no sé qué decir. No era mi intención evocar terror ni dolencias futuras..

Querido CONSUL, la perra no se siente culpable ni desea sentirse culpable. Al menos no siempre. Quizás me ilumine con otros relatos y pueda explicárselo . Agradezco sus bellas palabras. Un beso.

Editado por Amapola_Blanca en 23/03/2008 a las 12:36.
Amapola_Blanca está fuera de línea   Citar y responder
Viejo 25/03/2008, 00:36   #6
 
Rol: sumiso
Sexo: Mujer
Fecha de Ingreso: Jan 2007
Mensajes: 539
Predeterminado El click: dos.

Él pasaba poco tiempo en casa y cuando lo hacía la comunicación era difusa. Mucha corrección pero distancia, sólo conversaciones leves y vagas. Miradas furtivas me recordaban que la conexión podía, sin embargo, ser posible en cualquier momento. Mientras tanto se sucedían los días y se apoderaba de mi con frecuencia la melancolía. Era muy distinto cuando él me activaba. Entonces mi pensamiento se ceñía ocupado en lo inmediato: mi cuerpo, él, sus deseos y demandas.

Usaba prendas cortas como me ordenó de principio, y siempre algo rojo que me recordara su pertenencia. Una mañana fue un bikini rojo. Se preocupó de que ninguno de los tres triángulos de tela cubriera lo que justificaba su presencia, así que estaba peor que desnuda sobre la arena, en una playa apartada incluso de la orilla del mar, de rodillas frente a él que, de pie, abrió su bragueta y me ofreció su virilidad sensible a mis labios y a mi lengua que lamía y chupaba con apetencia. Me encantaba hacer eso, y dado que nunca se preocupaba si yo quedaba o no satisfecha, más al contrario, le gustaba verme siempre deseando más, aguardando sus caricias, disimulando a veces, y otras veces no, su complacencia y lo divertido que le parecía mi comportamiento de perra en celo cuando todo ardía dentro de mí, así, dada mi sensibilidad por él aumentada, podía suceder fácilmente que me corriera sin remedio en esa situación, cuando le atendía de esa forma. Pero intuyó en mis ojos, los cuales se elevaban místicos según me decía que ocurría en esas circunstancias, que un torrente se desataba en mi interior y lo impidió. Me tapó los orificios de la nariz mientras le tenía en mi boca y me hizo abrirla para tomar aire y entonces embistió hasta el fondo de la garganta repetidas veces, atrayendo con su mano mi cabeza, lo que me provocó extraños espasmos que me sacudían al tiempo que ríos de lágrimas brotaban de mis ojos. Duró lo que el sueño, pues desperté de repente en la oscuridad de la habitación dormitorio, él pegado tras de mí con sus dedos recorriendo la raja entre mis piernas. Sentí dentro que el deseo me mordía y que discurría el flujo de corriente hacia donde fuese que él me quisiera llevar. Me moví frotándome contra su cuerpo pero le molestó y me dio una bofetada diciendo que estuviera quieta. Quedé inmóvil mientras me inspeccionaba y logró que hasta los muslos me quedara bañada de la dulzura que me dio a sentir.

Me cogió por los tobillos y me arrastró hasta el extremo inferior de la cama y me dejó así boca abajo con el pubis en el borde mismo. Me untaba el culo con mis propios jugos y metía dentro los dedos. Me abría y sentí que empujaba con su erección, aplastando y separando las nalgas con sus manos. Cuando estuvo dentro se retiró un poco y creí que iba a empujar de nuevo y a penetrarme hasta explotar como otras veces, pero no fue así. Permaneció quieto unos momentos llenándome a continuación de lo que no identifiqué al principio. Sentí una extraña presión y me di cuenta de que estaba meando dentro. Aquella sensación me llenaba y recordé la fiesta de aniversario, en que me había maquillado especialmente como a él le gusta y me sentía bella. Estábamos en el local, me apartó de los demás y de la mano me condujo al baño para que se la mamara. Explotó sobre mi cara todo su placer rociándome una y otra vez sobre los ojos, embadurnando las pestañas, sobre los labios, la nariz y las mejillas y esparciéndolo todo por mi rostro mientras muy excitada le decía te quiero y otros cariños que iban derivando en lo obsceno, pero creo que él ya no me oía. Se recomponía para regresar a la fiesta. Al salir mis amigas me preguntaron si me pasaba algo porque apenas quedaban rastros del maquillaje, no fui precavida y sólo llevé pintalabios. Le vi en la barra observándome sonriente con una cerveza en la mano. Fui hasta él y apoyé el culo contra su cuerpo apenas dándome cuenta que había mojado las bragas y que deseaba sus caricias más que nada. Dijo entonces que algún día mearía en este culo de zorra.

Todos los días llegan alguna vez y este era otro más. Me mandó ir a vaciar y cuando regresé me chupó la boca y los pechos, me hizo adoptar la misma posición y volvió a arremeter dentro de mí, esta vez haciéndome babear sobre la sábana el inhumano placer de contenerle, sacudiéndome al ritmo de su vaivén mientras sus manos sobre mis nalgas empujaban y me abrían como si fueran a rasgarme . .

***

Amapola

Editado por Amapola_Blanca en 25/03/2008 a las 00:40.
Amapola_Blanca está fuera de línea   Citar y responder
Viejo 25/03/2008, 12:32   #7
 
Rol: Dominante
Sexo: Hombre
Localización: Madrid
Fecha de Ingreso: Apr 2006
Mensajes: 1.154
Predeterminado

Poco a poco recuperamos el ritmo, Amapoli,....
Al final, la Semana Santa no ha resultado tan trágica como se esperaba y la cabra tira pal monte de nuevo.

Tan contenta.

Gracias.
Black&White está fuera de línea   Citar y responder
Viejo 28/03/2008, 09:13   #8
 
Rol: sumiso
Sexo: Mujer
Localización: bcn
Fecha de Ingreso: Oct 2006
Mensajes: 504
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Gracias preciosa por continuar el relato. Espero leer el click:tres. Miles de gracias y mis respetos.
sum_isa está fuera de línea   Citar y responder
Viejo 28/03/2008, 17:29   #9
 
Rol: sumiso
Sexo: Mujer
Fecha de Ingreso: Jan 2007
Mensajes: 539
Predeterminado El click: tres.

Una mañana me llamó desde el trabajo sólo para oírme según me dijo y estuvo muy cariñoso. Como eso no era del todo frecuente me dejó flotando en una nube feliz. Me comunicó que comía con sus amigos y que me llamaría de nuevo cuando estuvieran con el café. Aquella conversación me inspiró a ir al baño, desnudarme e inspeccionar. Arreglarme el vello, las cejas y a darme finalmente un espumoso baño y acicalarme y vestirme especialmente para él. En algún momento aparecería y sentía que algo iba a suceder.

Pero cuando me llamó dijo que me reuniera con ellos, en el piso de uno de sus amigos que yo ya conocía, y fui. Estaban tranquilamente sentados en el salón hablando de viajes y tierras maravillosas y apurando una aromática cafetera. Me senté al lado de él en una especie de diván y les escuché superficialmente abstraída en sus gestos y expresiones, percibiendo más la personalidad de cada uno, sus gustos y caracteres. En el transcurso de la conversación alargó hacia mi sus manos y desabrochó la blusa dejándome descubiertos los senos y acariciando suavemente, moldeando, exponiendo a la visión de los demás, reconociendo las formas y avivándolos. Ellos, interesados y absortos miraban sin perder detalle los movimientos de sus manos, enfocando con precisión mi piel, como si fuera independiente de mí, como si de hecho yo no existiera, mientras las palabras pausadamente se sucedían en un relajado coloquio. A veces los párpados me vencían a esas caricias, que despertaban lánguidas mi deseo y desbocaban todos los ángeles que ebrios me convocaban desde el interior. Así transcurrió el tiempo, a ratos apartaba sus manos, otros parecía ofrecerles para su conocimiento las posibilidades de cada caricia y las diferentes formas como si fuera una curiosidad intelectual, sin referirse explícitamente a ello, quizás sonriendo en complicidad algunos momentos pero hilando sus discusiones y relatos como si aquello fuese lo corriente. Sin embargo yo notaba sus deseos flotar en la habitación y su excitación envolverme invisiblemente, y me preguntaba hasta dónde iba a llegar.

Mi incógnita se fue despejando, él deseaba humillarme y lo iba a conseguir porque siempre conseguía cuanto se proponía, por eso yo le admiraba, aunque tuviese que pagar enormes piezas de humildad, toda la que se almacenaba los otros días en que se iba registrando en algún compartimiento de mi alma la vuelta de toda presunción y todo capricho, cualquier brizna de orgullo o vanidad. Aunque nunca me olvidaba que cuando era yo y explotaba en mi interior, cuando me conectaba a él y sentía latir cada átomo de mi ser, sólo era cosa, sólo carne para su diversión que usaba mientras yo aprendía que el mayor goce dependía de despertar sus antojos más perversos y rendirme luego a su efecto. Aunque él iba siempre por su cuenta, en un mundo paralelo en el que me gustaba asomarme y que adoraba descubrir. Separó un muslo de otro y retiró la falda, y preguntó a sus amigos si les gustaría verle correrme. Me ruboricé hasta sentir el golpe del llanto en mi cara pero permanecí inmóvil y al instante noté mis bragas mojarse. Él me brindaba la contradicción en estado puro y yo a él mi cuerpo y voluntad. Tiró de la cinta del bikini y aun más me hizo separar una pierna de otra y suavemente con las yemas de sus dedos empezó a abrir, a rizar los labios y acariciar. Sus amigos se volcaban hacia mi observando muy cerca y emitiendo a veces suspiros, gruñidos mudos de aprobación, mientras por dentro yo me abría bajo la caricia malvada que no cesaba y me invadía progresivamente de todo el cielo y todo el infierno, y buscaba sus ojos sin que pudiera encontrarlos, huérfana del mundo, siendo sólo cuerpo, deseo y sentido.

Me hizo hacerlo, también con su voz cuando les hablaba a ellos frotándome a mi, ignorándome interesado sólo en ofrecer mi sexo, mi sexualidad obscena orquestada por él. Líquidas venas, chorros vergonzosos estallaron en el rostro de uno de sus amigos y en su blusa, encharcando el anochecer y la velada de placer imposible . .


***

Amapola

Editado por Amapola_Blanca en 28/03/2008 a las 17:35.
Amapola_Blanca está fuera de línea   Citar y responder
Viejo 29/03/2008, 00:11   #10
 
Rol: Dominante
Sexo: Hombre
Fecha de Ingreso: Apr 2006
Mensajes: 1.880
Predeterminado

Se calienta uno con este puto click, quien atraiga a una perra así puede andar por la Gran Vía demostrando que el paquete no es redondo como lo figuran los pantalones jean en los anuncios, sino alargado y de amplio espectro como los antibióticos.

Enhorabuena por ese genial relato ! Amapola_Blanca

Sea_Lord
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