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| | #1 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Apr 2006
Mensajes: 2.151
| Primera entrega: Paseábamos relajadamente cuando el sol caía de forma oblicua sobre nuestros cuerpos al caminar y hablábamos distendidamente. Nada anormal nos podía suceder y nuestro paso era sereno y lento, disfrutando todo y lo que cada uno daba de si al otro; hasta en la mas mínima expresión o pensamiento que íbamos compartiendo en ese trayecto. La mas mínima mirada o el mas mínimo gesto y hablábamos de las personas, de sus personalidades o sus cambios de comportamiento; de cómo el mundo cambia y las costumbres cambian mientras nosotros permanecemos. Constaté que no era ninguna mujer sin educación y tus rasgos te hacían elegante y a la vez de fresca juventud ya terminado su etapa para iniciarse en la madurez que tanto hace interesante a una mujer inteligente. Hablar contigo era algo completo porque cruzábamos opiniones, aunque, siempre había una tendencia a que tu me dejases dirigir la conversación. Una extraña sumisión de lo que poco hablamos y poco teníamos que explicarnos, sencillamente era un efecto y una idea que compartíamos evitando el desencanto de lo soez, la grosería e incluso la provocación característica de algunos estilos de vida o tribus urbanas. Recuerdo que cruzamos calles sin prisas jalonadas de álamos , que doblamos esquinas con el mismo paso cadencial y sin cansarnos de hablar como si nuestra temática no tuviese fin y cada vez fuese mas completa nuestra conversación. Hasta los cafés con sus sillas en las calzadas y esquinas se nos quedaba atrás y pasábamos de largo en esos lugares donde cómodamente hubiésemos podido descansar si se nos hubiese apetecido: Nos sentíamos bien así, muy bien, caminando, juntos, sin rozarnos y sin hablar de manera escandalosa, altisonante o diferente a una conversación de dos personas con cierta cultura o un mínimo de capacidad de observación de las cosas que nos rodean y una especial capacidad de comunicárnosla y compartit nuestros puntos de vista. Me preguntaste si en realidad me apetecía, y recuerdo que asentí leve y suavemente con la cabeza pues me inspirabas un profundo respeto y admiración. No solo era tu figura ni tus ideas sobre esto o aquello, también era diferente el aire que se respiraba junto o que provenía de ti. Claro que no me sentía indeciso, sencillamente disfrutaba cada momento juntos en el que manteníamos el mismo paso, nos reíamos y charlábamos como dos personas con un elevado grado de empatía mutua. Mirábamos los escaparates e incluso me preguntabas sobre aquella o esta torre o aquel edificio en tu infinita curiosidad de conocer el mundo que te rodeaba. Te recuerdo con tu chaqueta de ante cerrada y los pantalones muy ajustados de pana a juego con el color de tu maquillaje, tus botas, tu bolso y tu cabellera larga, tus ojos que parecían abstraído de la realidad. Recuerdo hasta pararnos en los kioscos de prensa para leer las portadas y parecíamos vagar por aquella ciudad sin necesidad de llegar a ninguna parte o hacía ningun fin. Nos inquirimos poco apoco si teníamos las ideas claras, si compartíamos opiniones y si valía la pena tomar decisiones precipitadas. Y todo en ella era afirmación, curiosidad y una mirada que irradiaba dulzura innata no solo por mi, sino por la forma optimista de ver las cosas, entender las cuestiones, leer en los ojos de los demás u observar cuanto le rodeaba en insaciable curiosidad. - Creo que es allí - le dije - y ella agregó - Seguramente que si - Y era el lugar que andábamos buscando sin prisas, como si todo el tiempo del mundo fuese nuestro y el futuro o el pasado no existiera, pendientes de no precipitar ningún final a unos momentos quizás irrepetibles.. En aquella recepción ni siquiera estábamos nerviosos, su compañía era inigualable, segura de si misma, agradable, y solo compartir con ella esos momentos valían la pena, eran indescriptibles: hermosos y serenos. Tomamos el ascensor y llegamos a la sexta planta y nos dirigimos siguiendo las indicaciones del directorio de planta a la habitación que se nos había asignado: En medio del pasillo corría una alfombra granate y las paredes eran de una limpieza absoluta. Las puertas estaban señaladas con números dorados de tres dígitos , fluí el aire acondicionado por los pasillos y siguiendo la ruta prescrita llegamos al numero que figuraba en nuestra tarjeta de bienvenida,. Ella me miro sonriente, dulce como un ángel, y me espeto. - Anda, que parecemos dos pasmadotes aquí. Abrí la puerta con la tarjeta magnética y teníamos frente a nosotros una preciosa habitación con un pequeño hall antes del dormitorio con un baño de lujo a uno de los lados. Ella avanzo y se sentó sobre el borde de la cama como probado su elasticidad de forma juguetona, yo apoye mi hombro sin haber entrado y la contemplaba, me parecía la mujer mas atractiva del mundo aunque solo fuese para mi y me sentía dichoso de estar allí. Y a ella se le veía feliz.. Me pidió que fuese quien realmente era, que me desestresase, que me desinhibiese y que no huyese de mi mismo, y sentí hasta una caricia de sus delgadas manos sobre mi hombro cuando inhale su olor al sentir su cercanía. Me senté y se puso frente a mi. La hice esperarme y deje la luz en medio de un tono semi apagado y volví asentarme en el borde de la cama teniéndola a ella de frente de pie y silenciosa con mi mirada entre sus pechos y su vientre.. Deje de ver sus ojos porque comenzaron a mirar al suelo con su cabello caído y afloje lentamente su chaqueta que fue cediendo poco apoco sintiendo su ayuda para desembarazarse de aquella prenda. Bajo ella un top de tejido elástico y hebras brillantes plateadas que lo surcaban en mil y unas líneas paralelas. Ella se volvió inerte y estuve unos minutos observándola, respiración sobre respiración. Tire suavemente sintiendo el calor de su piel el top y tropecé con su sujetador que realzaba la periferia de sus senos: ella con un movimiento pausado y singular y sin elevar mucho la cabeza ayudo a retirar la prenda una vez mas pero de forma parsimoniosa y con cierta elegancia no fingida. El sujetador era negro y con muchos puntos brillantes de copas bajas que daban forma a sus pechos embelleciendo su figura. Empecé a oler a excitación pero no por ese deseo corríamos, éramos los dueños de nuestro tiempo y teníamos toda la intimidad que deseábamos alcanzar tener para nosotros mismos. Abrí la cremallera de su pantalón no sin ates separar el botón que lo cerraba en su vientre y haber desabrochado su cinto dejando la hebilla y el lado opuesto de forma caída y al llegar a su punto inferior sentí el deseo irrefrenable de ver la prenda interior que protegía su sexo, y continue bajando la cremallera y la prenda que había abierto de par en par unos segundos antes. Era bonito sentir aquel calor de frente y verla con solo su sujetador y su culotte de un ejido volátil y tan suave como la seda a mitad de camino entre un tanga y una prenda mas amplia pero fina, negro y del mismo tejido del sujetador. Su olor era exuberante y mi corazón se aceleraba. Vi gotas de saliva entre sus labios y pase el dedo para limpiarla, ella me preguntó? - Se lo puedo lamer?- a lo que asentí con mayor ternura, y, así comenzó con elegancia, pero como una perra cariñosa, empezó a mover su lengua sobre mis dedos sin mover sus manos ni sus brazos: yo sentía estar en la gloria y alargar aquella situación todo el tiempo que me fuese posible. Sea_Lord Continuará Última edición por Sea_Lord; 25/04/2008 a las 07:07 |
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| | #2 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Apr 2006
Mensajes: 2.151
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- Sabeis? me dijo: no creo en ninguna teoría, tampoco creo en las etiquetas, a veces pienso que eres como un niño sin afecto, y desde hace mucho te sigo por esa linea para ti oculta, para mi casi rectilínea y me llama la atención, tu actitud y tu carisma desde hace tiempo, realmente, y lo decía casi susurrando, busco la manera de acercarme a algo que tu desconoces y sin embargo está dentro de ti. - He visitado librerías especializadas y he buscado libros perversos, obscenos, afilados para prepararme, para aparearme con algo extremadamente sensual y provocador, para buscar el momento, si no es contigo, sin ti, y quizas de alguna manera para conocerte, conocerme sin permiso; y realmente si no fueras como eres no me intrigarías, sentiría el hielo y no esta materia que me consume en silencio ya no tan lentamente. El café de esa tertulia, cuando dije no, aun no!: se saboreaba y realzaba el placer del gusto y el olfato, y yo siendo la parte dominante la atendía, la escuchaba como un niño, y todo lo de adulto de mi se disipaba mientras sonaba en el hilo musical, Romeo y Julieta de Sergei Prokokiev Opus 64, y mi corazón: Oh mi corazón por momentos parecía acelerarse en una frecuencia dislocada, casi arrítmica, y en otros instante de la oscilación un relajarse como una orla decreciente en un estado casi hipnótico y catatónico. Y el ambiente trasportando a paisajes de odaliscas, a sueños de jazmines, a atardeceres sobre el Bósforo y la visión de grandes velas latinas surcando mares rumbo a puertos desconocidos. Y quizas, ella: ella que había viajado mucho me estaba dejando volar en su alfombra mágica y recorría en sus cadentes palabras los paisajes que recorrió Aladino sin poder frenar el impulso de una aventura casi obligada en mil y una noches de insomnio, continuado sobre las olas del Indico o las altas torres de Damasco, o quizas en un mucho mas elevado; tan alto como que se pudiese ver la Gran Muralla. Estábamos excitados, pero una idea enlazaba con la otra, la elongación de una onda con otra. Cada pensamiento trasmitía otro pensamiento regresando al mismo pensamiento, como una cascada que no frena y cae por inercia, como una vibración aguda que debilita las redes cristalina de un cristal fundido para romperse a la mínima expresión de un diapasón inverosímil. Ella en la penumbra semidesnuda, su sombra sobre la pared, se había puesto cómoda y me hablaba de si, pero extrañamente, a ratos, una mirada brillante fulminaba su mirada y giraba la cabeza hacia una cortina ondulante, bajo el peso de la brisa, buscando un punto de apoyo en su volar para posarse: no podía mirar a mis ojos fijamente y hablaba con condescendencia, intranquila y segura ala vez, según la oleada que la envolvía, sintiendo la cresta, la pared, los labios y huecos de lo que emergía y se ahondonaba para volver a emerger. Me acerque a ella, y como un movimiento reflejo, impensado, no buscado, no estudiado, no premeditado, imprevisto y en decadente como la llama de una vela que se crece e ilumina, y desciende al averno y recupera la chispa, y agoniza entre sus propias sombras, así la miraba, así me miraba ella a mí, jadeando: Parecía están, parecíamos estar en un ensueño frente a nuestras mirada en intervalos de silencios cada vez as pronunciados y en un impulso impremeditado me arrodille junto a ella, y rebusqué entre las sabanas: me pareció haber dejado un collar de aros, un collar que podría atar dos mundos en una sinfonía de deseos, y , sin embargo sabía que yo no quería atarme: y al acercarme: al acercarme, vi volar sobre mí todos los peligros de la atracción humana, como una graznido constante, y sentir todas las esencias cabalgar como jinetes y trompetas enfrentadas al mismo paraíso que las desafió, y sentir como el mismo paraíso se le enfrentaba e invertía los sentimientos profundos. No hizo nada, no se movió, no cambió su posición, olvidó su frase y su juramento "jamás usaré un collar" de hecho se irguió evadiendo sus propios juramentos y como el ritmo de la música en su movimiento en - La danza de los caballeros-, bajó su cerviz inexplicablemente y sus ojos se dibujaron como si reflejaran un bosque misterioso de enjutos álamos cuando la luna llena se cuela entre ellos y se adivinan estrellas tras de si. y me sentía atrapado frente aquella Cirse, en un acto tan simple que me hacía caer en el abismo bajo un extraño efecto de subyugación a una sumisión no planificada, la de ella? enfrentado al temor de una tormenta de polvo cósmico, desatada atravesando igual me daba, el conocimiento o el desvarío, en un desierto, y sus palabras me atravesándome como puñales, y me desangraba de deseo de mi propio Hades del que no quería salir.. Y cerraba la hebilla del collar, y ella continuaba hablando muy despacio, girando el cuello como una felina que sabe que no habrá peligro en quien así lo hace, como una liebre minutos antes que la tomasen las zarpas de un águila, y parecía estar preparada para el sacrificio, y me preguntaba mas a mí mismo que ella a si misma. Los pensamientos giraban como torbellinos en medio de aquella estancia y las preguntas se quedaban sin respuestas, y no se las pedíamos, porque las bocanadas, el vaho y las olas comenzaban a cubrir las rocas más altas y no se divisaba ya tierra firme, sin temer a arrecifes, bajas y bancos. Las espumas sobre aguas verde cristalinas chocaban contra una embarcación contra la proa asestando resacas, haciendo erigir las cuadernas y los listones de la borda, de una nave que zozobraba por instantes buscando un punto de anclaje cuando jugando di un chasquido de fusta sobre un lado de la cama y vi que no se inmutaba. Era humana o un ser mitológico, era la sombra de la tentación misma? algo que me incitaba a bajar a mi sadismo, a esencias improbables, inseguras en mis mazmorras, a sueños desvanecidos al llegar la etapa adulta, a desinhibición de educaciones de lo que se debe ser y no de lo que se desea hacer: y de repente como en un acto de una ópera prima en un lenguaje sin palabras se llevó las manos a lo alto de su cabello y separó de él un punzón afilado de marfil, y mis ojos observaban el movimiento de sus dedos como una danza macabra danzada con una ralentización infernal, y ala vez mi alma de niño se elevaba dando giros en el aire e forma helicoidal como quien lo domina un embate térmico y se posiciona volando en una posición casi de no tener la libertad de volar.. Y sus manos; sus manos se acercaron, y sin alcanzarme sentí que me quemaban hasta la médula, y sentí su contra palma dejar en mi palma su punzón sobre su punta afilada, y sintiendo su silencio leía su lenguaje insonoro; sin palabras, momentos inseguros, instantes temblorosos, espasmos como paloma a punto de perder la vida sin poder elevar el vuelo y una mirada ensimismada, entre dulce y enferma, ansiosa contenida, con proyección oblicua a una esquina de la estancia, y más silencio, y su punzón que se clava en mis manos y que toma las mías para que lo tome. Y que me hacen tomar el punzón y la sigo: Y la siento casi obligarme a la fuerza, a no oponer resistencia, sin pensar en orgullos o cobardías, a mi propio sadismo, y haciéndome tomar el arma acerca su punta hacia si misma y presiona, y me mira, y me implora que lo empuje y la sostengo por uno de los aros en su cuello porque no se si me podré contener. En mis ojos se dibujan lágrimas, de que? De que son?. No sé y en los de ella otras más. Su pelo caído y desnuda hasta la cintura y más, como una sirena embarrancada, como una palmípeda con una pata herida que camina sobre lodo, sin movilidad ni equilibrio, zozobrando a duras penas, y con, y sin embargo sus ojos inyectados de felicidad. Y mi continua pegunta: - Sabes lo que quieres? sabes lo que haces? sabes lo que buscas? Sabes lo que deseas?:y sin palabras una respuesta implacable que es capaz de convertirse en el eje de mil mundos con una energía sin rumbo, sin vectores, y me pregunto hasta donde el siguiente movimiento: Quien soy yo en ese acto y como busco al personaje que no siendo yo furiosamente a dado un segundo golpe de fusta, mas fuerte, mas sonoro y mas lacerante, y ella ni se ha inmutado. Quizas esté convirtiéndose en la diosa de alfareros y talladores, de pulidores y orfebres y este evocando a todos mis malos espíritus, a todos mis instintos, a todas mis locuras, a todos mis Dyonisios a toda mis miedos y me arrojo casi sobre el punzón y lloro más aun sin que asome una sola lágrima, y ella aspira y jadea, y se enarbola y doy un tercer y tremendo chasquido de fusta, y suena. -Tenemos que tomar aire, se incorpora, se viste pero camina eclipsada y de repente me contesta sin pregunta, no me quitaré el collar. Sea_Lord continuará Última edición por Sea_Lord; 11/08/2008 a las 23:42 |
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| | #3 |
| Rol: sumiso Sexo: Mujer Fecha de Ingreso: Jan 2007
Mensajes: 717
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Me ha gustado descender ágilmente entre las líneas de su escrito, acariciando cada palabra sin exigir más a mi razón, como en un relajado juego o como degustación de una sabrosa bebida que va dejando un poso, esencia de su aroma y su sabor. Un beso Amapola |
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| | #4 |
| Rol: Dominante Sexo: Hombre Fecha de Ingreso: Apr 2006
Mensajes: 2.151
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Y me quedo sin palabras y hurgo en tus pensamientos, y te escribo un poema con ellos, sin palabras: Te hice yo esa marca? cuando? como? porque te dejastes?. Tus palabras sin lugar a duda solo podían provenir de ti. gracias Amapola_Blanca Sea_Lord |
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